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Al descubrir que había tocado el árbol de la vida, me abrí a la vida

Somos Águeda y Rafael Hernández, pertenecemos a la Pa - rroquia Perpetuo Socorro. Habíamos concebido tres niñas con espacio de dos años entre cada una de ellas, estaba planifica- da con anticonceptivos orales y al tener mi tercera hija decidí esterilizarme ya que consideraba que tres hijos eran más que suficientes aunque me dolía hacerlo por el hecho de no tener hijos varones y fue así que al cumplir mi niña dos meses fui al hospital a que me operaran para no tener más hijos. Tenía veinti- séis años cuando tomé esa decisión la cual dio un giro a mi vida, no sé como explicarlo, pero algo se fue de mí, mi vida se volvió una monotonía, me sentía triste, las relaciones con mi esposo se volvieron una rutina.

Más tarde recibimos una llamada de Dios a través del Camino Neocatecumenal y

entramos en la Iglesia y comenzamos a apren- der cosas distintas que hasta entonces no sabíamos. Nos dimos cuenta que habían muchas cosas equivocadas en nuestra relación, libramos un combate muy grande. Fue así como nos dimos cuenta que habíamos tocado el árbol de la vida al esterilizarme. Sin pen- sarlo mucho fuimos donde el doctor

(católico) quien me recanali- zó las Trompas.

Sufrí mucho después de la cirugía pues no me fue muy bien con la anestesia sin embargo lo sufrí animada y esperanzada de volver a tener la alegría que da la maternidad, pasado los siete meses salí embarazada pero lo perdí. Un poco más tarde salí de nuevo

embarazada y tuve un varón. Este parto fue para mí un memorial, pues en el momento de dar a luz me encontraba en un hospital público, los doctores mientras trabajaban hablaban y ha- blaban, mientras yo estaba casi dando a luz sin ninguna vigilancia en ese momento me ve otro doctor y me pregunta ¿y a usted quién la atiende?, a lo que le respondí: El Señor cuida de mí y con El tendré este hijo. Viví en la fe. Y así fue, cuando la doctora pudo venir a mi cama encontró que el niño había nacido, di a luz sola, fue fácil para mí. Pues como dice un midras hebreo: “A las ma- dres piadosas Dios las libra del sufrimiento.”

Recuerdo otro momento, en otro parto el médico, al ver la ci - catriz en mi abdomen me pregunta ¿para cuándo es su cesárea? y le dije: “todos mis partos han sido normales, esa cicatriz es de una recanalización que me ha dado la oportunidad de tener hijos de nue- vo”. El doctor al escuchar esto se admiró y se alegró. Ahora en el 2007 espero mi cuarto hijo después de la cirugía y tengo tres niños: Samuel nació en el 2001, José Misael en el 2002 y Ruth Esther en el 2004, estoy muy contenta. He descubierto que el haber estado cerra- da a la vida era estar esclavizada. Hoy soy libre. (Foto de portada)

Soy Elida Antonia Acosta, pertenezco a la Parroquia Nuestra Señora de la Altagracia de Herrera, Santo Domingo. Me casé el 18 de octubre del 1986 y al año siguiente tuvimos nuestro primer hijo y para el año 1992 nos habían nacido cuatro varones. Aun teniendo gran deseo de tener una niña, empujados por el acoso y la crítica de tanta gente que no aceptaban que tuviéramos tantos hijos, creyéndonos dueños y señores de nosotros mismos, decidi- mos operarme para no tener más hijos.

Así pasó el tiempo y estando en la Iglesia se comenzó a trans - formar nuestra vida. Luego fuimos entendiendo que Dios es el dueño de la vida. Más tarde hemos vivido una linda experiencia, acudimos al médico con la finalidad de operarme, para que re-

construyera mis órganos, que me abriera a la vida.

Pasaron tres años y pensaba que ya no iba a embarazarme. Logré quedar encinta, pero los dos primeros embarazos los per- dí. Quedé embarazada por tercera vez después de recanalizarme pero siempre me asaltaba la duda de si iba a perder de nuevo este

La nueva familia de Elida Antonia Acosta embarazo y milagrosamente llegó a feliz

término. ¡Qué alegría!

Dios nos regaló la niña que tanto habíamos anhelado: María del Carmen. Hoy estamos muy contentos y agradecidos de Dios y de todas las personas que contribuyeron a que me abriera a la vida.

También tuve persecuciones de muchas personas, de algunos médicos que consideraban absurdo estar abierto a la vida, pero con la ayuda de Dios pude vencer tal persecución, pues es verdad que esto se daba, pero también eran muchos los que celebraban nuestra decisión y se alegraban con nosotros.

Esta experiencia ha transformado a toda mi familia, esta niña ha sido una alegría para todos y nuestro matrimonio se ha renova- do en todos los sentidos. Por eso hoy día damos gracias al Señor que siendo Dios se hizo hombre y aceptó entrar en el sufrimiento, para enseñarnos a obedecer sufriendo y ser así testigos de la vic- toria de Cristo sobre la muerte. Descubrí que nada es imposible para Dios. He visto que apoyada en Él, he salido victoriosa y la paga de todo esto ha sido la alegría que tenemos con esta niña. Espero que esta experiencia pueda animar a cualquier mujer a no tener miedo de estar abierta a la vida.