Mi nombre es Elia Meléndez, tengo 40 años, estoy casada con José hace 22 años por la gracia de Dios. Somos nicaragüenses, pero por la revolución en nuestro país nos vimos obligados a emigrar a los EE.UU. donde residimos hace más 15 años. Cuando arribamos traíamos dos hijos, Isaac y Elia María, luego nacieron dos más, Josué y Emmanuel, pero por la situación económica, migratoria (estábamos ilegales) y también por la presión de las personas que nos rodeaban, nos decían que en este país no se puede tener muchos hijos (cosa que no es cierto, es un engaño) tomamos la decisión de cerrarme a la vida. Comprendí cual es profundamente el pecado del hombre: SER ÉL DIOS. Dice en el libro del Génesis 3, 22a: “y dijo Yahvé Dios “!resulta que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros en cuanto a conocer el bien y el mal!” De manera, que la felicidad no está en mis magníficas decisiones. He aprendido que Dios, mi padre, es quien tiene el poder de saber lo que es bueno o malo para mi, si me dará o no más hijos.
A raíz de esto mi matrimonio cambió por completo, sin darnos cuenta todo se vino abajo, nuestras vidas estaban destruidas, con muchos sufrimientos. En esta situación
escuchamos una “Bue- na Noticia”, entramos al Camino Neocatecumenal y poco a poco todo comenzó a cambiar, a través de la Palabra y con la ayuda de nuestros catequistas, descubrimos de donde nos venían los sufri- mientos: había cortado mi relación con Dios, queriendo ser yo el dios de la historia de mi vida.
Sabiendo esto, libremente decidimos hacer las diligencias de ver cómo recanalizaba mis trompas. En los Estados Unidos en- contré muchos inconvenientes para hacer la cirugía, tanto por el alto costo de la misma como por la mentalidad de los médicos que
Elia Meléndez y José con sus siete hijos
veían en esta experiencia una locura, consideran que lo más co - rrecto es estar cerrada a la vida. Entonces viajé a Santo Domingo, fue una experiencia de fe, pude ver la
comunión de los hermanos, me acogieron, me sentí como en familia, al igual que con el mé- dico que me operó. El es un médico cristiano, me ayudó mucho.
Esta experiencia de abrirme a la vida, me hizo sentir libre, en paz conmigo misma y con Dios. Después de la cirugía perdí un embarazo, luego Dios nos ha bendecido con tres hijos más, Ga- briela con 7 años, Miguel Ángel de 5 años y Marian de 2 años.
Nuestras vidas han cambiado totalmente, Dios provee para no - sotros cada día y
estamos abiertos a su voluntad. El nunca nos ha defraudado, somos una familia de bajos recursos económicos, mas vemos como Dios conduce nuestras vidas, ponernos en sus manos es lo mejor, somos testigos de que quien cree en Él jamás queda defraudado.
Me has seducido Señor y me he dejado seducir
Mi nombre es Rocío M. Paulino de González, casada con José Luis, tenemos cinco niños, pertenezco a la Parroquia La Altagra- cia, Santo Domingo.
Yo fui esterilizada, cuando tenía tres hijo, cortadas mis trom - pas y desde ese momento entré en lo más profundo de la muerte, mi vida no tenía sentido. Estaba muerta desde que me cerré a la vida, porque sentí que había roto el plan de salvación que Dios había hecho conmigo. Me sentía tan mal, mi vida cambió porque ya no podía tener hijos y me sentía como un árbol seco.
Rocío M. Paulino de González y José Luis con sus cinco hijos.
Pero, el Señor que es un padre misericordioso, me regaló una oportunidad. Un día me habló a través del profeta Jeremías que dice. “Me has seducido Señor y me he dejado seducir” (Jer. 20, 7) y de verdad me he encontrado con el cielo abierto, el Señor me regaló una esperanza, “sentía en mi corazón como un fuego ar- diente que corría por mis huesos, y sé que el está conmigo como héroe valeroso”.
Siendo yo tan pecadora y sin merecérmelo, el Señor me dio la oportunidad de realizarme una recanalización tubárica, donde Él me ha bendecido, me ha devuelto la vida, me ha hecho feliz, me ha salvado de lo profundo de la muerte.
Me operé para abrirme a la vida y el Señor me ha rega - lado cinco hijos después de haber tenido las trompas cortadas, tres están con el Señor. En el 2001 nació Génesis María y Abigail nació en el 2003, en medio de persecuciones donde la gente no
comprende; como dice el salmo 92,7: “Los caminos y designios de Dios el ignorante no los entiende, ni el necio se da cuenta”.
Hoy les digo a todas las mujeres: “no acepten nunca que les corten sus trompas, no se cierren a la vida, no busquen experi- mentar la muerte como lo hice yo y me fue tan mal, arriésguense en el Señor y verán la gloria de Dios que nos salva”.
Hoy soy testigo de esto porque el Señor ha hecho maravillas en mi vida. No tengo con qué pagar el bien que me ha hecho. ¡Cuánta misericordia ha tenido mi Padre conmigo!
¡Cuidado! Siempre hay un Herodes que intenta matar al niño (Mt. 2, 13)
Somos José y Rita López, ecuatorianos, vivimos en Plain - field, New Jersey, desde1988, tenemos 14 años de casados. Después de tener mi primera hija, Dennisse María, hoy tiene 14 años, pensamos que era imposible tener más hijos, debido a nuestra precariedad económica, y yo tenía que trabajar. Fue así como decidimos que me
pusieran el Dispositivo Intrauterino (DIU), para no tener más hijos. Pero la niña siempre anhelaba tener un hermanito y cuando ella tuvo 5 años me retiré el DIU y cinco meses después concebí de nuevo, tuve a Brian José que hoy tiene 7 años. Pero a pesar de la inmensa alegría que sentía- mos al tener este niño, engañada por la mentalidad
económica, teniendo la parejita ideal, al día siguiente fui operada para ce- rrarme a la vida, ¡qué tonta fui!.
Cuatro años más tarde conocí al Señor Jesús y me encontré con Él a través de un
sacerdote que nos ayudó bastante y de pron- to comencé a ver una gran luz, vi mi familia y mi matrimonio destruidos como consecuencia de haber cortado con la vida. Así fue como movida por una fuerza inexplicable me fui a Santo Do- mingo ya que era el lugar que me ofrecía todas las facilidades. En los EE.UU. intenté recanalizar mis trompas, pero además de lo excesivamente costoso, me creyeron loca. Ya en Santo Domin- gome
acogieron una familia de la Parroquia María Auxiliadora, y me condujeron a un médico católico, quien reparó mis órganos.
José y Rita López
Ya en Santo Domingo me acogieron una familia de la Parro - quia María Auxiliadora, y me condujeron a un médico católico, quien reparó mis órganos de una manera tan pacífica que de in- mediato experimenté una gran alegría, a pesar de que tenía mu- cho miedo, apenas sufrí un poquito.
Al tercer mes después de la cirugía, salí embarazada y al mo - mento me asusté, por mi falta de fe. Estando tan asustada me fui donde mi doctor en New Jersey. Este doctor fue un Herodes para mí y el niño que llevaba en mi vientre. Este médico desde aquel día clavó una espina en mi corazón. Me dijo que estaba loca por tener hijos después de los
30 años. Que tenía un 95% de probabi- lidad de tener una criatura con Síndrome de Down (un niño mon- gólico). Me insistió en que debía hacerme una amniocentecis para confirmar lo que el sospechaba. Yo me quedé paralizada; a la vez que lo escuchaba sentía cómo un ángel posaba su mano sobre mí y me revestía de una fuerza que no venía de mí. Seguido de esto me dio tres alternativas: interrumpir el embarazo o si decidíamos tenerlo y era Sindrómico, podíamos darlo en adopción y si deci- día quedarme con él, entonces debía capacitarme sicológicamente para tratar una criatura Sindrómica.
¡Qué horror! Salí de allí en un gran combate entre la mentali - dad de aquel hombre y el germen de vida que Dios había puesto en mi a través del bautismo. Cuando le dije que no me haría el estudio, que nada cambiaría mi decisión de conservar la vida que Dios ponía en mi vientre, que lo aceptaría como El me lo man- dase, me hizo firmar un montón de papeles legales de que yo no aceptaba ninguna de las sugerencias que me hacía y dejaba en mi toda la responsabilidad. Y fue así como a pesar de nuestros temo- res y angustias aprendimos como José y María a defender a este niño de Herodes. Así nació una niña, Martha, perfecta sin ningu- na deformación, bella. Hoy esta niña tan alegre es nuestra alegría, sus hermanos están felices y la alegría reina en nuestro hogar. Al tenerla a ella dejé el trabajo y veo como ha sido una gracia. Luego nació Débora y luego Noemí. Dios a través de mi esposo provee para nosotros y yo cuido de mi familia, le dedico más tiempo a la Iglesia que me enseña día a día cual es la voluntad de Dios, me va mucho mejor, me siento realizada como mujer y abierta a la vida, deseando que en mi debilidad se haga siempre la voluntad de mi Padre.
Yo José, (el esposo) veo como a través de este acontecimiento, Dios cambió mi mentalidad, y a través de esta persecución del médico aprendí a depender del Padre, necesitaba estar unido a El a través de la oración y aprendí a valorar una mujer, una madre, solo de ver a mi esposa en esta situación lloraba, empecé a respe- tarla y a quererla más y hoy somos una familia agradecida. Tam- bién comencé a amar a mis padres. Dependemos del impulso de Dios, pues nuestra debilidad esta siempre presente, mas Dios es grande y generoso y he visto como dice San Pablo: Todo lo puedo con
Aquel que me da fuerzas. (Flp. 4, 13).