Rubén Kaztman
B. Segmentaciones en el mundo del trabajo
2. Algunos determinantes de la segmentación de los servicios
a) La deserción de las clases medias de los servicios públicos
Si ahora se vuelve la mirada hacia los servicios básicos, se puede observar que, en paralelo con la ampliación de las desigualdades vinculadas al mundo del trabajo, la globalización también trajo consigo la creación de nuevos tipos de servicios, un aumento en el rango de variación en las calidades de las prestaciones, y una mayor difusión de información sobre ellas. El nuevo escenario atrajo en particular a los sectores de las clases medias que, al haber ganado con la globalización, disponían de recursos como para comenzar a adquirir educación, salud, seguridad pública y previsión social en el sector privado.
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En el abandono de los servicios públicos incidieron múltiples factores, la mayoría de los cuales se plantearon como oportunidades, como recursos y como motivaciones. Naturalmente, las oportunidades se presentan cuando comienzan a ofertarse servicios que compiten con los públicos. Entre las ciudades puede haber marcadas variaciones en el pool de servicios privados, cuyo peso relativo con respecto a los públicos es directamente proporcional al tamaño de los centros urbanos. Esto es así, porque, a medida que crece la población en esos centros, y que se constituye en ellos una masa crítica de potenciales usuarios, las prestaciones privadas comienzan a resultar un negocio lucrativo para agentes económicos particulares8. En
tales circunstancias, una parte de las clases medias –por lo general, la más afluente– migra del sector público al privado. A corto o largo plazos, ese traslado reducirá su compromiso con la permanencia y con el mejoramiento del conjunto de bienes públicos que sus familias ya no utilizan.
La formación de una masa crítica de potenciales usuarios de servicios privados depende no solo del tamaño de la ciudad, sino también de la proporción de sus residentes que dispone de recursos para adquirirlos en el mercado, lo que suelen ser los sectores de las clases medias mejor articulados con las estructuras globalizadas de la producción (Sémbler, 2006). Por ende, no es de extrañar que las tendencias a la deserción de las clases medias de los espacios públicos y a la consecuente segmentación de los servicios se fortalezcan en contextos de alta desigualdad de los ingresos.
Además de los cambios en las oportunidades y en los recursos disponibles es necesario tomar en cuenta las motivaciones de las clases medias urbanas para compartir o no compartir espacios de interacción con las clases bajas. Aquí cabe considerar varios factores: i) la ampliación de la libertad de decisión de las clases medias; ii) la intensidad de su inclinación a marcar las diferencias entre su posición presente y la de origen; iii) el deseo de participar en redes que constituyen fuentes de capital social valioso; iv) el deseo de evitar el contacto con grupos estigmatizados. Examinemos estos cuatro factores con algún detalle:
Primero, el clima de cercanías y la frecuencia de contactos personales que caracterizan a las ciudades pequeñas favorecen la formación de redes de sociabilidad que se interconectan entre sí, y en las que participa la gran mayoría de sus habitantes. Con mecanismos informales esas redes suelen
8 El punto de inflexión a partir del cual el tamaño de las ciudades permite la formación de masas críticas
de sectores medios con capacidad de adquirir servicios privados en el mercado, ciertamente varía con la formas de las pirámides de estratificación urbanas.
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mostrar una alta eficiencia para controlar desviaciones con respecto a los hábitos y estilos de vida de las mayorías, lo que tiende a frenar los impulsos de las clases medias y altas a separarse de los principales espacios de sociabilidad y convivencia. A medida que aumenta el tamaño de las ciudades se debilita la presión comunitaria hacia la uniformidad de comportamientos, lo que expande los márgenes de elección de aquellos que desean y son capaces de aprovechar las nuevas oportunidades de adquisición de bienes y servicios fuera de los ámbitos públicos.
La participación en servicios privados tiene también una dimensión de búsqueda de diferenciación social. Esta disposición se manifiesta sobre todo en aquellos sectores de la sociedad que experimentan procesos de movilidad ascendente, lo que se explica por el contenido simbólico que adquiere la utilización de servicios privados como señal de que, por un lado, refrenda la legitimidad del ascenso social y, por otro, establece marcas claras de cuánto se ha avanzado desde la posición socioeconómica de origen.
Más allá de la calidad de las prestaciones ofrecidas y de las gratificaciones simbólicas que se obtienen con la participación en instituciones de estatus social reconocido, el atractivo de los servicios privados también puede estar enraizado en cálculos muy precisos acerca de su utilidad práctica como fuentes de capital social. Sean instituciones educativas o lugares exclusivos de esparcimiento, por ejemplo, la interacción en los ámbitos donde se brindan estos servicios también se valora por su capacidad de generar información y contactos útiles para el desempeño de actividades fuera de las fronteras de esos espacios educativos o de esparcimiento.
Una cuarta dimensión que subyace a la decisión de abandonar los servicios públicos es el rechazo al contacto con los grupos sociales que comienzan a beneficiarse con la expansión de la cobertura de esos servicios. Un parte de ese rechazo posiblemente se asocie a las diferencias entre las características socioculturales de los antiguos y nuevos residentes urbanos. Cuanto mayores las diferencias, mayor es la probabilidad de que las viejas clases urbanas construyan imágenes estigmatizadas de los nuevos sectores populares, las que, a su vez, alimentarán en las primeras sentimientos de temor y de amenaza ante la proximidad física de los nuevos pobres urbanos. Estas situaciones son frecuentes en ciudades que reciben contingentes importantes de migrantes de áreas rurales o pueblos pequeños, y reflejan las desigualdades y diversidades regionales dentro del país. Cuanto más amplias esas desigualdades y diversidades, mayores serán las diferencias en los hábitos y orientaciones a la acción de los migrantes con respecto a los nativos de la ciudad. La presencia de extraños con comportamientos
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“exóticos” en los lugares donde se prestan servicios públicos puede inducir a segmentos de las clases medias a apartarse de esos lugares tan pronto encuentran espacios alternativos y accesibles en donde puedan adquirir esos servicios.
Q Gráfico II.2
Factores que inciden en la disposición de las clases medias urbanas a desertar de los espacios públicos
Fuente: Elaboración propia.
Disposición de las clases medias a desertar de los servicios y bienes públicos. Tamaño de las ciudades y emergencias de ofertas
de servicios privados que compiten con los públicos (oportunidades)
Diversidad en la composición social de la población de la ciudad. Temor al contacto con otras clases
(motivaciones)
Modalidades de acumulación y desigualdades en la distribución de ingresos (recursos)
El reconocimiento de estos problemas amplía la comprensión de los desafíos que plantea la construcción colectiva de patrones de convivencia en la desigualdad, la profundidad de los problemas de asimilación de los migrantes, así como las resistencias de las clases medias a reconocer a los nuevos pobres urbanos la plenitud de sus derechos ciudadanos.
b) El ritmo de urbanización
Cuando se evalúan los posibles efectos de estos procesos sobre la cohesión social, también importa considerar el ritmo de urbanización. La velocidad con la que crecen las ciudades incide en por lo menos dos fenómenos que afectan la salud de sus tejidos sociales. Por un lado, cuanto más rápido el crecimiento más estrecho es el margen de maniobra de que disponen sus actores principales para ajustar los sistemas de bienestar a las nuevas configuraciones de riesgo que aportan los migrantes. En el marco de la discusión del acápite anterior, conviene subrayar que una expansión muy rápida de la demanda de servicios puede desbordar las capacidades institucionales del gobierno de las ciudades para mantener la calidad de los servicios públicos. Por otro lado, la rapidez del ritmo de urbanización también impide que puedan sedimentar de manera ordenada y pacífica las
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transformaciones en los patrones convencionales de convivencia urbana que se requieren para integrar en ellos a los nuevos residentes urbanos.
3. Consecuencias de la segmentación en los servicios