PARTE I: MARCO TEÓRICO
1.2 Alteración de la salud en la persona inmigrada.Duelo
Emigrar se está convirtiendo hoy para millones de personas en un proceso que provoca niveles de estrés tan intensos que llegan a superar la capacidad de adaptación de los seres humanos, lo cual está generando alteraciones de la salud específicas en este colectivo (33). Aunque el hecho de emigrar nunca ha sido fácil, en los últimos años, muchas personas que inician un proyecto migratorio están viviendo unas circunstancias especialmente difíciles que agravan el afrontamiento del proceso de duelo migratorio que habitualmente ocurre de forma paralela.
El término duelo deriva del latín y se relaciona con los conceptos
dolus –dolor- o duellum -combate o lucha con algo adverso- (34).
y psicosociales, sociales, antropológicos y económicos que siguen a la pérdida de una persona con la que el sujeto en duelo -deudo- estaba psicosocialmente vinculado”. Autores como Bowlby (36)
dan gran importancia al vínculo y en su Teoría del Apego, relacionan el afrontamiento del duelo con un proceso de reorganización de la persona tras la pérdida de algo o alguien con lo que existía un nexo significativo para el sujeto. La pérdida puede venir dada por diversos motivos, ya sean impuestos o, a veces, elegidos, Tizón (35) distingue cuatro tipos principales de pérdida: pérdidas relacionales, intrapersonales, materiales y evolutivas. Las primeras se refieren al ámbito de las relaciones sociales humanas, es decir, al duelo que se produce cuando desaparece de forma parcial o total el contacto con la familia, amigos o redes sociales habituales, o existen cambios del estatus social; las intrapersonales conciernen al mundo interno de la persona, es decir, a su escala de valores, ideas y sentimientos; las materiales, tienen que ver, principalmente, con la pérdida de estabilidad a través de los bienes o del estatus socio-económico; y finalmente las evolutivas se refieren a los cambios que se suceden en las distintas transiciones de una etapa vital a otra, incluido el momento de la muerte (35).
El duelo generado por estas situaciones no se considera un estado sino un proceso que evoluciona en el tiempo y el espacio
atravesando diversas fases o etapas. Existen diversas denominaciones para dichas etapas, no obstante la mayoría de autores confluyen en el contenido de las mismas, según Tizón las principales son: impacto, crisis o shock; aflicción o caos y turbulencia afectiva; pena y desesperanza; reorganización y/o desapego (35). Estas no son superadas de manera lineal sino que la persona puede fluctuar en la percepción de las mismas según el afrontamiento de dicho proceso. Otras autoras como Scarso (37) las resumen en tres: primera fase de negación o evitación; segunda fase de enojo o agresión; tercera fase de aceptación y superación del duelo. Y otros como Brink y Saunders (38) describieron estas etapas, concretamente para el duelo migratorio, denominándolas de la siguiente manera: Luna de miel, etapa depresiva, etapa de adaptación y etapa del rechazo de la cultura original. La primera etapa se caracteriza por una fase en la que la persona presenta unas expectativas muy altas sobre el cambio y traslado al otro país. Tiene grandes ilusiones y está convencida de que esta vida nueva le reportará grandes beneficios y mejorará su vida actual. La etapa depresiva viene determinada por la toma de conciencia de la pérdida, de lo que ha dejado en su lugar de origen, en relación a su identidad, cultura, lengua, familia…si esta fase se prolonga en exceso el duelo puede llegar a ser patológico(37). La etapa de adaptación ocurre cuando la mujer, en este caso, consigue ir concretando y progresando en la realización
de su proyecto migratorio (39). Este período se caracteriza por la asimilación e incorporación de las diversas novedades provenientes de la cultura de acogida al estilo de vida cotidiano de la persona. En este aspecto hay factores influyentes tales como la capacidad de adquirir trabajo, vivienda, redes de acogida…(37).
La etapa de rechazo de la cultura original, se alcanza cuando la persona en su proceso de adaptación adopta como estrategia la de ignorar sus claves culturales de origen. Lo cual no ocurre en todos los casos, algunos autores consideran que cuando se adopta esta estrategia se produce un proceso de empobrecimiento personal puesto que el individuo pierde parte de su identidad (38).
El duelo migratorio se caracteriza por ser parcial, múltiple y recurrente (40). Es parcial ya que el objeto de la pérdida no desaparece por completo, sino que se mantiene físicamente - puesto que el lugar de origen y allegados siguen existiendo- esto dificulta la elaboración del duelo debido a que, el primer paso o tarea, para afrontarlo es, precisamente, el de aceptar la ausencia física del ser u objeto querido, lo cual se hace muy difícil cuando existe la posibilidad real de volver (41). Es recurrente porque puede reactivarse con mucha facilidad, el simple contacto con otras personas compatriotas, la comunicación intermitente con la familia, las noticias sobre el país de origen reavivan la sensación
de anhelo. Y es múltiple porque implica diversas pérdidas, la familia y amigos, en muchos casos, el idioma, la cultura, la tierra, la identidad…(40).
González (40) expresa que la mujer inmigrante vive ambiguamente entre la adhesión y la resistencia hacia el país de acogida, con sentimientos de idealización y rabia por haber tenido que abandonarlo. El duelo migratorio es además un duelo transgeneracional, en el que los descendientes inmigrantes no se sienten completamente vinculados a un país y cultura determinada. La inclusión no es completa en el país de acogida, sin embargo, tampoco lo es en el país de origen y los que se quedan en este también lo sufren (40).
La mujer emigrada en su contacto con una sociedad de acogida diferente a la de origen siempre se ve sometida a un proceso de aculturación en el que se generan una serie de cambios en ambas direcciones, los cuales promueven la integración en mayor o menor medida(42). Se pueden emplear diversas estrategias para ello: la de integración es la estrategia que genera menos estrés en la persona y en el entorno de acogida y se produce cuando la persona es capaz de mantener la cultura de origen al tiempo que adopta la cultura dominante(43); la asimilación también ayuda a estabilizar el estrés ya que disminuye los conflictos externos con la cultura de acogida, consiste en la adopción de la cultura de
acogida en detrimento de la de origen(43); la separación ocurre cuando se conserva la cultura de origen y se rechaza la cultura de la sociedad de acogida, aunque aparentemente se produce desafección no está exenta de provocar estrés debido a la intolerancia a las diferencias culturales (43); la marginación es otra de las estrategias y se produce cuando la persona inmigrada abandona toda su identidad cultural, suele ser generadora de gran estrés debido a la desadaptación al medio y de la pérdida de identidad o arraigo (43).
En el caso de la mujer se encuentra, además, en múltiples ocasiones, con grandes dificultades en la sociedad de acogida, dando lugar al denominado fenómeno de doble exclusión referido al hecho de ser inmigrante y mujer, en el que confluyen las barreras que ambos roles implican, es decir, por un lado las diferencias culturales y desconocimiento del entorno y por otro, la dificultad para la integración social y laboral, especialmente de aquellas provenientes de culturas con fuerte dependencia masculina y baja formación socio-educativa o nula alfabetización por el hecho de ser mujer (44).
La adaptación de la mujer depende de múltiples factores, entre los que destacan: los motivos que le llevaron a emigrar, la proximidad cultural, la existencia de redes familiares, comunitarias y/o sociales afines, así como las características más
personales, relacionadas con la edad, el capital de salud y la formación, los cuales disminuyen o aumentan la tensión y ansiedad social que sufre la persona inmigrante en su proceso de integración. A esta ansiedad se une la denominada fatiga cultural provocada por la sobrecarga cognitiva que se debe al continuo esfuerzo de operar de forma consciente y voluntaria para adaptarse a la nueva realidad (46).
Cada paradigma y sociedad tiene unos códigos culturales no explícitos sobre el modo correcto de actuar en cada momento, y su interpretación es, por tanto, parte de la cultura compartida inconscientemente. Las personas provenientes de otros lugares con claves diferentes tienen que ir comprendiendo a través de intentos ensayo-error, lo que conlleva el riesgo de malentendidos y estrés. El estrés aculturativo que sufre la persona que emigra tiene entre sus síntomas más comunes la expresión de nostalgia por cuestiones como la familia y los amigos, por la lengua natal, y la sensación de imposición de tener que aprender un nuevo idioma.
CARACTERÍSTICAS ESPECÍFICAS DEL DUELO MIGRATORIO 1. Es un duelo parcial: no hay una desaparición, sino una separación 2. Es un duelo recurrente: va y viene durante la vida del sujeto 3. Es un duelo vinculado a aspectos infantiles muy arraigados 4. Es un duelo múltiple: los 7 duelos de la migración
5. Da lugar a un cambio en la identidad 6. Da lugar a una regresión
7. Tiene lugar en una serie de fases
8. Supone la puesta en marcha de mecanismos de defensa y de errores cognitivos en el procesamiento de la información
9. Se acompaña de sentimientos de ambivalencia
10. El duelo migratorio también lo viven los autóctonos y los que se quedan en el país de origen
11. El regreso del inmigrante es una nueva migración
Características específicas del duelo migratorio. Achotegui, J.; Estrés y duelo migratorio. 2009 (45).
También se siente añoranza por elementos culturales tales como la alimentación, el uso del tiempo, el ocio, la religión, la escala de valores y normas morales sociales; por la tierra, en referencia al tipo de paisaje, geografía, entorno rural o urbano; o bien, por el cambio de estatus social; por la pérdida de contacto con el grupo étnico o nacional, ligado al sentimiento de identidad, de pertenencia, frente a lo extranjero y al sentimiento de diferencia; los factores relacionados con el riesgo migratorio y el asentamiento; el choque cultural que supone la adopción de nuevos roles en ocasiones incoherentes con normas y costumbres
anteriores de la persona emigrada, así como el sentimiento de discriminación percibido a causa del sexo, raza, religión o etnia (47). Achotegui (48) habla, en este sentido, de estresores o duelos, este autor refiere que la mujer experimenta un estrés prolongado e intenso, entendido como un desequilibrio entre las demandas ambientales y la capacidad de respuesta de la persona.
Así, el duelo migratorio también es hoy conocido como Síndrome
del inmigrante con estrés crónico y múltiple, o Síndrome de Ulises en alusión al héroe griego que padeció innumerables
adversidades y peligros lejos de sus seres queridos (33). Es un cuadro clínico que constituye hoy un problema de salud emergente en los países de acogida de los inmigrantes, y que surge, en el contexto de una globalización injustamente planteada en la que las condiciones de vida de los que llegan han empeorado notablemente (33).
Los principales estresores relacionados con este síndrome según Achotegui (48), son:
Soledad, referida a la pérdida de la familia y los seres queridos.
En el caso de la mujer implica en múltiples ocasiones dejar en su lugar de origen a hijos e hijas, a cargo de sus progenitores o redes cercanas, de las que antes eran cuidadoras fundamentales. Esto aumenta especialmente la sensación de soledad, que se extiende al otro lado, ya que los hijos e hijas de estas mujeres se ven
obligados a vivir, de alguna manera, un estado de orfandad, el cual genera en ocasiones una huella imborrable, según la edad y madurez que presenten. La propia Teoría del Apego apoya la importancia de la crianza para la estabilidad emocional y psicológica del ser humano que se ve interrumpida o profundamente alterada con este tipo de situaciones (36).
Duelo por el fracaso del proyecto migratorio, en relación a los
sentimientos de desesperanza y frustración que provoca en la persona inmigrada el no poder conseguir su objetivo de mejorar su calidad de vida y la de su familia. El proyecto migratorio, tiene que ver con la disposición de ánimo que cubre todo el periplo migratorio, en el que se pueden mezclar idealizaciones, informaciones veraces sobre la llegada y adaptación al lugar de destino con la realidad de no conseguir disponer de una mínima oportunidad para ello (39). Esta realidad puede venir dada por dificultades para el acceso a los papeles, al mercado de trabajo, o a padecer condiciones de explotación y/o exclusión. Para estas personas, que han realizado un tremendo esfuerzo a nivel económico y emocional, que han corrido riesgos físicos..., es tremendamente penoso ver que no consiguen salir adelante, y la frustración que provoca tener que regresar sin ningún logro resulta aún más estresante (33).
vivienda. Este colectivo suele alimentarse mal debido a factores provocados por la diferencia gastronómica entre la cultura de origen y la de destino, que disminuye la capacidad de acceder a los productos con los que están familiarizados y son de su agrado; o también su escasa economía, ya que los ingresos conseguidos suelen ser enviados en su mayor parte a sus familias de origen, sobre todo en el caso de las mujeres. El resultado es que tienden a comer alimentos de baja calidad con muchas grasas saturadas, bajo índice de proteínas y poco nutritivos (48).
En cuanto a la vivienda, es frecuente encontrar a personas que conviven hacinadas, sin posibilidades de un descanso adecuado y sin derecho a la intimidad. Ambas circunstancias dificultan y pueden alterar un correcto proceso de embarazo, parto y puerperio, en el que la alimentación y el descanso son fundamentales para su correcta evolución.
Miedo, principalmente ligado a los peligros físicos experimentados durante viajes clandestinos en unas condiciones de escasa seguridad. También hay que contar con la constante incertidumbre sobre la posibilidad de ser perseguida, la detención y expulsión, que actúan como generadores de gran estrés. Se sabe que el estrés crónico da lugar a una potenciación del condicionamiento del miedo, tanto sensorial como contextual, respondiéndose con miedo ante las situaciones de estrés futuras
(48). El miedo es patente en los niños inmigrantes, los cuales se muestran asustados cuando sus padres -indocumentados- se retrasan apenas un rato en llegar a casa. En seguida se sienten angustiados por pensar que quizás los han deportado y que se quedarán solos aquí, lo cual puede ser una realidad perfectamente posible, no una fantasía infantil.
A estos estresores o duelos hay que unir, en el caso de la mujer gestante y puérpera, otros factores, específicos de este momento vital, que aumentan su vulnerabilidad ante un hecho que puede ser traumático como el parto y crianza en un lugar extraño. Los factores personales son determinantes en cada caso, entre ellos influyen cuestiones de tipo biográfico tales como la historia de victimización en la infancia (abusos sexuales, malos tratos...) o antecedentes de otros embarazos o partos traumáticos en el pasado; de tipo psicológico, la presencia de escasos recursos de afrontamiento, mala adaptación a los cambios, inestabilidad emocional previa, conductas neuróticas, baja resistencia al estrés o bien, antecedentes de carácter psicopatológico tales como la existencia de trastornos psiquiátricos anteriores, de ansiedad, adicciones u otros; de tipo social, aparecen factores como la falta de apoyo familiar, social, institucional, o bien la presión emocional sufrida cuando existen otros hijos/as que han quedado en el lugar de origen a cargo de otros familiares o amigos (49).
Las emociones más comunes son las de ansiedad, tristeza, hostilidad, miedo, culpa, negación y retraimiento (49).
Collazo y otros (47), no obstante, defienden que la inmigración, en sí, no es un factor de estrés ni de riesgo. Lo que provoca tal estrés no es el contacto intercultural sino la dificultad de la persona para afrontar los múltiples factores estresantes cotidianamente.
FACTORES POTENCIADORES DE ESTRÉS ( S. ULISES)
A. Multiplicidad: los estresores no se suman, sino que se potencian entre ellos. B. Cronicidad: a mayor tiempo de exposición más riesgo de afectación. Efecto acumulativo. Estas personas no tienen un mal día, sino una mala vida.
C. Ausencia de control sobre los estresores: indefensión aprendida (Seligman1975), ausencia de self-eficacy (Bandura, 1983)
D. Gran intensidad y relevancia: afectan a todas las esferas vitales básicas. E. Ausencia de redes de apoyo social. Fuerte déficit de capital social (Coleman, 1984).
F. A estos estresores se les añaden los duelos clásicos de la migración: lengua, cultura, paisaje, xenofobia…el estrés aculturativo vivido de modo extremo G. Además el inmigrante padece toda una serie de síntomas que le dificultan seguir luchando. La salud es su capital y lo va perdiendo.
H. El sistema sanitario no diagnostica ni trata adecuadamente este cuadro: –Por banalización o desinterés (por no conocer el tema, por falta de sensibilidad, por racismo).
–Porque son diagnosticados erróneamente y tratados como depresivos, psicóticos o como enfermos somáticos, actuando así el sistema sanitario como un nuevo estresor.
Factores que potencian la intensidad de los estresores del Síndrome de Ulises.Achotegui, J.; El Síndrome de Ulises. 2009. (48)
Los síntomas presentes en este síndrome se manifiestan en diferentes áreas (48):
Desde el área de la psicopatología con síntomas más frecuentes son la tristeza, la culpa, el llanto y las ideas de muerte, debidas principalmente a la sensación de soledad y fracaso. Las relacionadas con la ansiedad suelen reflejarse con síntomas como la tensión, la irritabilidad, preocupaciones intensas y recurrentes, así como la alteración del sueño e insomnio
A nivel somático, aparecen la fatiga y las cefaleas, las cuáles pueden estar ligadas no sólo a la tensión emocional, sino a la mala alimentación que presenta gran parte de este colectivo. La fatiga, la inestabilidad domiciliaria e itinerancia, así como el choque de ritmos biológicos y sociales entre la cultura de origen y la de acogida, provocan disfunciones relacionadas con estados de confusión, en los que predominan una sensación de fallos de la memoria, de la atención, sensación de estar perdido, incluso perderse físicamente, o hallarse desorientados a nivel temporal. Toda esta sintomatología, presente en el Síndrome de Ulises, por su especificidad y complejidad, se sitúa en una nueva área de la salud mental relacionada con la perspectiva de los trastornos adaptativos por estrés (48).
En el caso de la mujer en proceso de embarazo, parto o puerperio, esta sintomatología puede verse especialmente agudizada, ya que
ese momento vital se caracteriza psicológica y antropológicamente por la necesidad del afecto y apoyo de las redes cercanas familiares o de personas allegadas, sobre todo en aquellas culturas en las que este tiene un sentido comunitario (50,51).
Aparecen sensaciones de soledad, abandono, desarraigo, desorientación y miedo ante la falta de redes de soporte, las cuáles se ven acompañadas, con frecuencia, por sentimientos de frustración ante la imposibilidad de acceder al mercado laboral cuando se encuentra en proceso reproductivo (48). Siendo precisamente la búsqueda de recursos económicos a través de la actividad laboral uno de los objetivos fundamentales que dan sentido al proyecto migratorio (39).
La atención a problemas como el duelo migratorio desde el campo profesional implica a diferentes ámbitos y recursos. La aparición, a nivel social, de entidades que pretenden aliviar y orientar en la elaboración del duelo migratorio es una realidad que va en aumento, tal es el caso del Centro de Humanización para la salud en su proyecto Centro de Escucha San Camilo, actualmente extendido por diversas comunidades autónomas; muchos de estos centros funcionan en colaboración con las instituciones sanitarias públicas, o bien están promovidos por