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PARTE I: MARCO TEÓRICO

1.3 La intervención sanitaria ante una población multicultural

1.3.3 Los cuidados transculturales en el proceso de embarazo,

Madeleine Leininger, como fruto de la reflexión surgida del contacto cotidiano con una realidad multicultural, formuló diversos conceptos, principios y prácticas que dieron base a la

Teoría de la diversidad y la universalidad. Esta teoría persigue

documentar, conocer, predecir y explicar de forma sistemática qué es lo diverso y qué lo universal, en cuanto a necesidades de salud se refiere, en las culturas objeto de atención (116). Entre sus características distintivas destacan la presencia de dos dimensiones una abstracta y otra práctica, la primera trata de descubrir los puntos de vista personales o culturales sobre cómo se entienden y se aplican los cuidados para posteriormente

emplear estos conocimientos como base de las prácticas asistenciales (117); fundamenta, además, que el cuidado es universal pero las acciones que se realizan y las formas de expresión del mismo, pueden ser diferentes, generando diversidad de cuidados culturales, los cuales deben ser tenidos en cuenta con el fin de apoyar o facilitar las medidas asistenciales dirigidas a las personas (116), (117). De esta reflexión surgen los denominados

cuidados transculturales, según Leininger (118), se trata de

administrar unos cuidados responsables y coherentes culturalmente, que se ajusten de modo razonable a las necesidades, valores, creencias y modos de vida de las personas. Estos pueden estar dirigidos a los individuos, las familias, los grupos y las instituciones (117). Para esta autora algunos elementos tales como la ceguera cultural, los choques entre culturas, las imposiciones y el etnocentrismo, frutos de la dificultad para la autocrítica, influyen negativamente en la calidad de la atención prestada por los profesionales de la salud a personas de otras culturas (118). Así, si el imaginario social y cultural de la mujer durante el proceso de embarazo, parto y puerperio no se tiene en cuenta a nivel profesional la atención sanitaria ofrecida no reúne los requisitos mínimos para ser considerada equitativa y de calidad (107). Es constatable que las intervenciones sanitarias que no tienen en cuenta los factores culturales tienen más riesgos de producir resultados desfavorables

relacionados con la inadecuada comunicación y prejuicios, en ocasiones con consecuencias graves como, por ejemplo, una incorrecta o nula adhesión al tratamiento o la muerte fetal por una eclampsia no controlada (117), (119). El cuidado transcultural bajo los esquemas de una sociedad globalizada es el intento de unir la práctica del cuidado, el conocimiento antropológico y la intención de ofrecer una mejor atención a una ciudadanía cada día más heterogénea (118). De la profesionalización de estos cuidados surge la propuesta denominada por Leininger como

Enfermería Transcultural, la cual se define como “el área formal de estudio y trabajo centrado en el cuidado y basado en la cultura, creencias de la salud o enfermedad, valores y prácticas de las personas, para ayudarlas a mantener o recuperar su salud, hacer frente a sus discapacidades o a su muerte” (118). Para

Leininger (118) el conocimiento y las competencias interculturales son elementos imprescindibles en la formación y el desempeño de la labor asistencial de las personas que trabajan como agentes de salud. En su opinión dichos elementos dotan de capacidad para orientar las acciones y las decisiones con el fin de obtener resultados positivos y eficaces (117). En esta línea autores como Colasanti (120) afirman que los profesionales no pueden olvidar que la atención sanitaria no es una actuación ante los virus y parásitos raros, que traen las personas procedentes de otras culturas, sino la atención de mujeres y hombres que se diferencian

en la forma de expresar su sufrimiento, en el modo de concebir la enfermedad, la atención a la salud, el dolor o la muerte. Es decir,

“de unos enfermos que esperan de nuestro mundo sanitario una tecnología carismática que los salve, pero que no aciertan a hacer comprender sus problemas interiores a médicos y sanitarios” (120). Desde esta perspectiva, Leininger (118) creó

una nueva propuesta desde la que practicar los cuidados transculturales, a través del modelo denominado Sunrise, Sol Naciente, representando gráficamente las diversas dimensiones y entornos del ser humano que permiten comprender una visión integral e integrada del mismo y que por tanto justifica la necesidad de tener en cuenta los factores sociales y culturales del individuo.

Este modelo consta de cuatro áreas o niveles, graduadas de mayor a menor abstracción, del primero al cuarto. Los tres primeros niveles proporcionan una base de conocimientos para administrar cuidados satisfactorios, efectivos y culturalmente coherentes, y el cuarto nivel sería el que permite su desarrollo.

En un primer nivel se representa la visión del mundo y los sistemas sociales. Se favorece el estudio de la naturaleza, significado y atributos de los cuidados desde tres perspectivas: una microperspectiva, referente a los individuos de una cultura; una perspectiva media, relacionada con los factores más

complejos existentes en una estructura social y sanitaria específica; una macroperspectiva, correspondiente a los fenómenos transversales que acontecen en las distintas culturas y etnias (117).

Un segundo nivel en el que se proporciona información acerca de los individuos, las familias, los grupos e instituciones en diferentes sistemas de salud, así como sobre los significados y expresiones específicas relacionadas con los cuidados (117). En estos niveles, en relación al proceso reproductivo, las preguntas claves se encuentran en torno a cómo las mujeres se cuidan para regular su fecundidad, cómo se cuidan a sí mismas y a sus bebés durante la gestación, el parto y el puerperio, y cuáles de esos cuidados se pueden preservar, negociar o reestructurar (121).Se realiza el contraste entre las dimensiones socioculturales que influyen en el significado que le asigna la madre a las prácticas que realiza durante el embarazo, parto y puerperio.

Finalmente, se destaca la importancia de identificar las influencias que, sobre el cuidado y la cultura, ejercen algunos factores como el educativo y económico, las creencias y los estilos de vida, así como factores tecnológicos, sociales y de parentesco, políticos, religiosos y filosóficos (122).

Un tercer nivel que identifica las características de universalidad y diversidad de los cuidados culturales, es decir, en el que se tiene en cuenta de que a pesar de que los cuidados son universales por

ser una necesidad inherente a las personas, la concepción de la salud y la forma de administrar cuidados viene determinada por las diversas culturas y que los y las profesionales de la salud están inmersas en ellas (117). En este nivel se incluye la información y conocimientos sobre los Sistemas de Medicina Tradicional y Complementaria que posee la persona. En el caso que nos ocupa la universalidad de los cuidados se centra en el cuidado del inicio de la vida, intrínseca y universalmente ligado al ser. Si se especifica aún más, se reconocen como universales temas como la lactancia materna, el equilibrio frío/calor, la alimentación, la cuarentena, el reposo y la protección del recién nacido, no obstante, y a pesar de las semejanzas, se detecta que cada cultura tiene creencias propias las cuales diferencian el significado y la posibilidad de cuidados en relación a estos temas universales propios del proceso reproductivo (122).

El cuarto nivel determina las acciones y decisiones de los cuidados enfermeros, e incluye la ineludible necesidad de preservación, acomodación y remodelación de los cuidados culturales (117). La preservación de los cuidados culturales, que hace referencia a aquellas acciones y decisiones que ayudan a la persona, en una cultura específica, a mantener o preservar su salud, recuperarse de una enfermedad o enfrentarse a la muerte; la acomodación de los cuidados culturales, en relación a las

acciones y decisiones que ayudan al individuo, en una determinada cultura, a adaptarse o negociar un estado de salud beneficioso o a enfrentarse a la muerte; la remodelación de los cuidados culturales, respecto a aquellas acciones y decisiones que ayudan a las personas a reestructurar o cambiar sus estilos de vida por patrones nuevos o diferentes que son significativos, satisfactorios o el soporte de una vida saludable (121); en definitiva lo que Leinninger (118) denominaba el desarrollo de los

cuidados culturalmente coherentes y sensitivos, es decir, unos

cuidados que muestren sensibilidad y competencia cultural. Con los que se evita el choque cultural que se produce entre profesionales de la salud y usuarias cuando las acciones sanitarias no corresponden con las expectativas, creencias, valores y normas de las personas. Por ejemplo, cuando una madre se niega a amamantar a su hijo porque refiere que no le baja la leche y la enfermera hace hincapié en que lo amamante insistiéndole en que sí le baja la leche y que eso es lo mejor (121).

Por todo ello, el modelo Sol Naciente describe a los seres humanos de forma inseparable de sus referencias culturales y su estructura social, desde su visión del mundo, historia y contexto ambiental. Se contemplan desde un punto de vista holístico y no de forma independiente o fragmentaria (117). En cuanto a los modos de prestar cuidados transculturales se identifican tres

tipos de actuaciones y decisiones: la preservación de los cuidados culturales, que hace referencia a aquellas acciones y decisiones que ayudan a la persona, en una cultura específica, a mantener o preservar su salud, recuperarse de una enfermedad o enfrentarse a la muerte; la acomodación de los cuidados culturales, en relación a las acciones y decisiones que ayudan al individuo, en una determinada cultura, a adaptarse o negociar un estado de salud beneficioso o a enfrentarse a la muerte; la remodelación de los cuidados culturales, respecto a aquellas acciones y decisiones que ayudan a las personas a reestructurar o cambiar sus estilos de vida por patrones nuevos o diferentes que son significativos, satisfactorios o el soporte de una vida saludable (117).

La Teoría de la diversidad y universalidad y los cuidados transculturales que de ella se derivan, posibilitan un método científico y de atención para, por un lado, acercarse y conocer las prácticas de cuidado de los pueblos y grupos culturales durante el proceso de embarazo, parto y puerperio, y por otro, propiciar una atención ajustada a las necesidades de la mujer en proceso reproductivo. En la interrelación entre la o el profesional de la salud y las mujeres en proceso reproductivo es necesario coordinar acciones de preservación, mantenimiento o reestructuración. La información obtenida sobre cómo, desde su lógica cultural, las gestantes se cuidan a sí mismas y a sus hijos

permite la integración de un cúmulo de conocimientos valiosos y brinda cuidados coherentes y beneficiosos a este importante fenómeno natural (123). La envergadura del tema requiere de su inclusión en los currículum formativos de las disciplinas que conforman las Ciencias Médicas y de la Salud, en la práctica profesional y en las definiciones de normatividad y políticas de salud (123). En esta línea, Universidades de países como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia, cuentan tanto para cursos de grado como postgrado e incluso para la formación práctica hospitalaria, con materias académicas y métodos para el desarrollo y aprendizaje en competencia cultural (124). En España, en los últimos cinco años, ha comenzado a introducirse la formación relacionada con este tipo de cuidados, aunque aún es puntual, valgan de ejemplo, los cursos especializados en Cuidados Transculturales impartidos por la Universidad Ramón Llull de Barcelona y de la Universidad de Alicante(124).

Capítulo 2: Perspectivas culturales del