La tradición académica indica que cuando un nuevo Miembro de Número es elegido a esta alta categoría moral, intelectual y profesional, otro Académi co de Número exponga los antece dentes y merecimientos del reciente mente electo que por modestia no ex pondría y que esto, si es posible, sea un acto público que también denote la alegría y aprobación de la Institución por quien realmente ahora, en este acto puesto que recibe sus atributos, accede al Cuerpo, es decir se incorpo ra.
Agradezco, profundamente honra do, al Dr. CarlosTeobaldo Rosenbusch, el haber sido invitado para oficiar de padrino académico compromiso que procuraré cumplir con brevedad, con cisión y claridad teniendo en cuenta que éste es un día de Rosenbusch. Verdaderamente nunca pensé que el hijo de quien fuera uno de mis profe sores y a quien bien recuerdo no sólo por su neta personalidad sino también por la sapiencia de sus enseñanzas en la cátedra y fuera de ella, fuera a ser presentado a Uds. por un alumno de su padre.
Seré breve como dije.
El nombre Rosenbusch no es des conocido para la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria pues es el segundo de ese nombre que ocupa un
sitial, habiéndolo hecho antes su pa dre. Diría sin exagerar que no es tam poco desconocido por miríadas de co legas que no sólo recibieron enseñan zas y apoyo profesional y técnico sino también manejaron y utilizaron los productos de su renombrado laborato rio que, con una de sus fórmulas tras cendió nuestras fronteras, hecho poco común y no sé si inédito.
El Dr. Carlos T. Rosenbusch se gra duó de Médico Veterinario en 1936 en el Colegio de Veterinaria de lowa, en Ames, Estados Unidos, una de las instituciones de enseñanza e investi gación de las ciencias veterinarias de mayor jerarquía mundial y obtuvo, en la misma institución, el ahora tan menta do PhD en 1938. No es muy conocido que paralelamente siguió estudios de Agronomía, pero me dijo que las obli gaciones que tenía con Veterinaria no le permitieron concluirlos; dejaron, sin embargo, su impronta.
Ya en Ames se perfiló su especiali- zación microbiològica la que profundi zó en el Instituto Rockefeller, en Princeton, casi una catedral del saber, realizando también estudios en la Uni versidad de Baltimore y en el Instituto de Biología Marina de Woodshole en Massachussets.
En esas instituciones de primera fila trabajó con personalidades del fuste de Merchant, Shope, Sabin, Olitsky,
Traub, Ten Broek y Baker, científicos de nombradla uno de los cuales, Sabin, mereció el premio Nobel.
Esa preparación y entrenamiento no podían dejar de dar frutos y en este sentido y de todos ellos, que son mu chos, rescato uno quizás porque apela más a mí espíritu de microbiólogo, como fue poner orden por ende taxonómico, en algo que en su tiempo era un ver dadero caos, aquel Chaos de que ha bló Linneo. Eso fue que junto con Merchant unificó, con los métodos de entonces, el desordenado género microbiano llamado Pasteurella, cau sante de gravísimas enfermedades del ganado tales como la fiebre del trans porte y las genéricamente llamadas septicemias hemorrágicas de práctica mente casi todas las especies mamí- feras. Demostraron que no había tan tas especies de pasteurellas como es pecies animales a las que afectaba como así se creía y enseñaba sino una sola la denom inada Pasteurella multocida. apropiadísimo nombre, con lo cual y sin exagerar ni perder dimen sión y tampoco sin ditirambo, sostengo que ambos, tanto Merchant como Rosenbusch, ingresaron, para que darse, a la historia de la microbiología. Esta es, para el que habla, su prin cipal contribución a la ciencia: sólida, clara y simple, como todas las verda des.
Sé sobradamente que su modesta personalidad no debe estar muy có moda con esta exposición pero Uds. la merecen, por lo que iré abreviando. Sus intereses científicos alcanzan al virus rábico, el aftoso, el encefalo- mielítico y el de Newcastle, la bacteridia carbunclosa y la Brucellaabortüs. todo lo cual contribuyó a darle un amplio panorama de la patología veterinaria, especialmente la argentina, por lo cual se constituyó en un hombre de consulta.
Creo que es muy interesante desta car aunque supongo que Rosenbusch algo nos ha de relatar al respecto, que participó activamente en la ya casi le gendaria campaña antiaftosa de Méjico de 1946-50 la cual causó grandes es tragos en su ganadería y constituyó un enorme peligro para la vecina pecuaria estadounidense. Todo ello significó un tremendo esfuerzo conjunto mejicano- estadounidense y una activa colabora ción latinoamericana, creemos que especialmente Argentina, en la cual estuvieron involucrados los dos Rosenbusch, uno aquí y otro allí.
Vale la pena decir que esa erradicación de la fiebre aftosa comen zó con el sacrificio de enfermos y con tactos y que al desbordarse la enzootia y los gastos, siguió y concluyó con vacunación; con una vacuna desarro llada, no es muy extraño, por los Rosenbusch en su laboratorio de Buenos Aires. Ahora y desde 1950 la policíasanitaria mantiene a Méjico libre de la plaga. Todo un ejemplo.
Es también importante consignar que el Dr. Rosenbusch fue merecedor de la medalla "Dean Stange" -Decano Stange- en 1990 por su alma mater, en razón de sus investigaciones. Con se guridad que este reconocimiento será no sólo su satisfación sino también la de su esposa e hijos que lo han acompañado en esa vida dedicada al trabajo creando el ambiente apropiado para la labor científica.
La personalidad de Carlos Rosenbusch, modesta en extremo, ha hecho casi imposible efectuar mayor sondeo para presentarles su faceta humana. Ha practicado el remo y la natación e intensamente el treking de montaña, cultiva plantas, entre ellas orquídeas y es un amante de monta ñas, lagos y árboles. Puedo decirles que está adornado por las más apre
ciadas virtudes humanas que todos deseamos poseer. Ha vivido siempre alejado del ruido, susurros y luces de los salones; no ha ocupado nunca un cargo público pero como dice Ibsen en una parabóla de una de sus obras, se levantó todos los días a trabajar, llevó sus hijos al colegio, reparó el techo de su casa y cortó leña para su hogar.
De acuerdo también a la tradición el Dr. Rosenbusch, previamente a su di sertación, se ha de referir a la persona lidad del profesor Dr. Abel A. ñottgardt, su antecesor en el sitial Nfi 6 que ha de ocupar y que fuera como él lo es, un microbiólogo de nota y también un maestro de quien habla.
Dr. Rosenbusch sea bienvenido. Ahora escuchémoslo.