En cuanto a la distribución por biotopos de la muestra malacológica analizada (Tabla 18), se observó que las especies correspondientes al biotopo arenoso fueron las más frecuentes, con 6024 individuos (79.69%); seguido por las de biotopo rocoso, con 110
individuos (14.68%); y, finalmente, las de biotopo arenoso – rocoso, con 425 individuos (5.62%) (Gráfico 16).
El análisis de la distribución vertical de las especies identificadas en La Joyada mostró que la mayor cantidad de individuos registrados provienen tanto de la zona infralitoral como de la mesolitoral, registrándose 6 928 individuos (91.65%). Los individuos que pertenecen exclusivamente a la zona infralitoral fueron 618 (8.18%), mientras que los pertenecientes solo al mesolitoral fueron 11 (0.15%). Finalmente, se registraron 2 individuos (0.03%) pertenecientes a las zonas mesolitoral y supralitoral conjuntamente (Gráfico 17).
5.2.3. Distribución estratigráfica
La Tabla 19 muestra la distribución de los individuos identificados según su correspondencia estratigráfica.
De este modo, correspondientes a la Primera Fase Ocupacional se registraron 2792 individuos, distribuidos entre 2737 individuos de Donax obesulus (98.03%), 36 individuos de Stramonita haemastoma (1.29%), 14 individuos de Stramonita chocolata (0.50%), 3 individuos de Prisogaster niger (0.11%) y 1 individuo de Spondylus princeps y Balanus sp. (0.04%).
En la Segunda Fase Ocupacional se registraron 1305 individuos, distribuidos entre 1153 individuos de Donax obesulus (88.35%), 54 individuos de Prisogaster niger (4.14%), 31 individuos de Stramonita chocolata (2.38%), 25 individuos de Olivella columellaris (1.92%), 17 individuos de Stramonita haemastoma (1.30%), 12 individuos de Mitra orientalis (0.92%), 3 individuos de Choromytilus chorus, Polinices uber y Oliva peruviana (0.23%), 2 individuos de Platyxanthus orbignyi y 1 individuo de Trachycardium procerum y Balanus sp. (0.08%).
Por otro lado, en la Tercera Fase Ocupacional se registraron 3424 individuos, distribuidos entre 1960 individuos de Donax obesulus (57.24%), 557 individuos de Stramonita haemastoma (16.27%), 424 individuos de Prisogaster niger (12.38%), 375 individuos de Stramonita chocolata (10.95%), 67 individuos de Olivella columellaris (1.96%), 21 individuos de Mitra orientalis (0.61%), 11 individuos de Polinices uber (0.32%), 8 individuos de Choromytilus chorus (0.23%) y 1 individuo de Trachycardium procerum (0.03%).
Finalmente, en la Capa Superficial se registraron 29 individuos de Donax obesulus (76.3%), 2 individuos de Spondylus princeps, Stramonita haemastoma y Stramonita chocolata (5.26%), y 1 individuo de Trachycardium procerum, Prisogaster niger y Cerithidea mazatlanica (2.63%).
En cuanto a la distribución de los individuos malacológicos identificados según su clase y filo se observa los bivalvos predominaron notoriamente durante la primera fase, mientras que durante los momentos consiguientes se mantuvo una proporción similar entre bivalvos y gasterópodos (Gráfico 18).
Si se considera la distribución estratigráfica de los biotopos a los que pertenecen los individuos analizados, se observa la misma tendencia que en el caso de la distribución por clase y filo, manteniéndose una proporción superior de individuos del biotopo
arenoso durante la primera fase, que luego desciende abruptamente hasta ser superada por los del biotopo rocoso durante la tercera (Gráfico 19).
Una tendencia similar se observa en la distribución vertical por zonas de las especies identificadas, donde si bien las especies procedentes del infra – mesolitoral presentan mayor cantidad de individuos, la variación cronológica es similar a las del infralitoral (Gráfico 20).
5.2.4. Discusión
El análisis de los restos malacológicos de La Joyada demostró que la gran mayoría de los individuos registrados pertenecen a especies explotadas para el consumo. De este modo, las especies más frecuentes (Donax obesulus, Stramonita haemastoma, Prisogaster niger, Stramonita chocolata y Olivella columellaris) se encuentran ampliamente disponibles en el entorno local de La Joyada, el cual presenta los biotopos a los que corresponden tales especies: arenoso y rocoso. Así mismo, la distribución vertical de los especímenes confirma el acceso directo que tenían los pobladores de La Joyada a este tipo de productos marinos.
Este no es el caso de las valvas de Spondylus prínceps que, como es ampliamente conocido, se tratan de una especie foránea procedente de aguas calientes septentrionales. Si bien dos de los individuos registrados se hallaron descontextualizados en la Capa Superficial, el tercero se halló en un contexto cerrado: el entierro de un cánido. Esta problemática se discute más a fondo en la sección correspondiente al análisis de restos óseos de mamíferos.
En cuanto a la distribución estratigráfica de la muestra analizada, se observa una marcada distinción entre la Primera Fase Ocupacional y las consiguientes. Esto se debe a la gran cantidad de Donax obesulus registrada en dicha ocupación, lo que repercute en la distribución por biotopos y zonas de distribución vertical. Durante la segunda y tercera fase se observa una distribución más homogénea de especies, razón por la cual se propone que el primer uso de este espacio del asentamiento correspondió a una zona de desechos malacológicos, probablemente un conchal. Posteriormente dicho uso se amplió a un espacio de deposición de residuos correspondientes a la totalidad de la ocupación de la población, incluyendo otros tipos de desechos.
La recolección de este tipo de especímenes ha sido etnográficamente documentada por Prieto, quien demuestra que este tipo de actividad, pese a ser aparentemente sencilla, involucra una serie de conocimientos sistematizados sobre el entorno a explotar con el fin de maximizar la producción y reducir riesgos. Del mismo modo, el autor observa que esta actividad está relegada a la población femenina, mientras que la pesca es una labor netamente masculina. Finalmente, hace mención de los utensilios necesarios para estas faenas, enumerando diversos tipos de cestas, bolsas de red e instrumentos filosos, aparejos que han sido registrados en La Joyada, como se observa en la sección correspondiente a restos misceláneos (Prieto, 2009, 2015a).
Los Restos Vegetales
5.3.1. Análisis taxonómico
El análisis de restos vegetales recuperados de La Joyada, se centró en la identificación taxonómica de los 724 restos macrobotánicos registrados. Para dicho procedimiento, se
utilizó la técnica de cuantificación por Número de Especímenes Identificados (NISP), debido a la naturaleza del material en cuestión.
En total se registraron 17 especies vegetales en la muestra, entre las cuales la más común fue la guanábana (Annona muricata), con 208 especímenes (28.73%); seguida por el maíz (Zea mayz), con 160 especímenes (22.10%); la lúcuma (Pouteria lucuma), con 118 especímenes (16.30%); el mate (Lagenaria sp.), con 83 especímenes; el zapallo (Cucurbita maxima), con 48 especímenes (6.63%); el pacae (Inga feuilleei), con 39 especímenes (5.39%); la achupalla (Tillandsia sp.), con 25 especímenes (3.45%); la palta (Persea americana), con 13 especímenes (1.80%); el maní (Arachis hypogaea), con 8 especímenes (1.10%); la caña brava (Gynerium sagittatum), con 6 especímenes (0.83%); el bambú (Guadua sp.), con 5 especímenes (0.69%); el algodón (Gossypium sp.), con 4 especímenes (0.55%); el frejol (Phaseolus vulgaris) y el ají (Capsicum sp.), con 2 especímenes (0.28%) cada uno y, finalmente, el durazno (Prunus persica), el huarango (Acacia macracantha), y la grama salada (Distichlis spicata), con 1 espécimen (0.14%) cada uno (Tabla 20).
Con el fin de comprender mejor la dinámica de explotación de recursos agrícolas de la población de La Joyada, las especies vegetales identificadas fueron clasificadas según 3 criterios: su hábitat, su condición de crecimiento y su uso primario. Para establecer dicha clasificación se utilizó los lineamientos planteados por Prieto (2015a), quien en base a estudios etnográficos y exploraciones, estableció los criterios mencionados para las especies vegetales más frecuentes en el registro arqueológico del valle de Moche, y con mayor precisión en los alrededores de Huanchaco. La Tabla 21 muestra las especies vegetales identificadas en La Joyada en relación a sus respectivos tipos de habitad, condición de crecimiento y uso primario planteados por el mencionado autor.
El primer criterio, el hábitat, se entiende como el entorno natural al que determinada especie vegetal está naturalmente adecuada y cuyas condiciones ecológicas son necesarias para su supervivencia. De este modo, se identificaron 4 distintos tipos de hábitat de los que procedían las especies vegetales analizadas: valle, humedal, valle/humedal y loma. Aquellas especies ligadas al valle son aquellas que requieren determinadas condiciones de humedad y de suelo para su crecimiento, condiciones a menudo cumplidas en áreas de cultivo cercanas a riveras de ríos o abastecidas por canales de irrigación. Entre estas se identificó principalmente árboles frutales como la guanábana (Annona muricata), la lúcuma (Pouteria lucuma), la palta (Persea americana), el pacae (Inga feuilleei) y el durazno (Prunus persica); así como el ají (Capsicum sp.) y el maní (Arachis hypogaea). Por otro lado, las especies ligadas a humedales requieren ambientes con índices de humedad muy altos, encontrados típicamente en riveras de ríos y, en el caso de las áreas circundantes a Huanchaco, en los huachaques, los que a menudo también poseían índices de salinidad elevados. Entre estas especies se identificó cucurbitáceas como el zapallo (Cucurbita maxima) y el mate (Lagenaria sp.); gramíneas como el bambú (Guadua sp.) y la caña brava (Gynerium sagittatum) y, finalmente, la grama salada (Distichlis spicata). En la tercera categoría se ubican las especies que pueden crecer tanto en condiciones de valle como de humedal; teniendo en cuenta que en La Joyada se aplicó la técnica de hoyas de cultivo, que permitía a los pobladores emular condiciones ambientales típicas del valle en zonas que eran originalmente humedales mediante técnicas adecuadas de desalinización (Soldi 1982). Entre estas especies se identificó al frijol (Phaseolus vulgaris), el maíz (Zea
mays) y el algodón (Gossypium sp.). Finalmente, la única especie propia del habitad de lomas fue la achupalla (Tillandsia sp.).
Las especies propias del valle fueron las predominantes, identificándose 390 especímenes (53.87%); seguido por aquellas propias tanto del valle como de humedales, con 166 especímenes (22.93%); luego las especies de humedales, con 143 especímenes (19.75%) y, finalmente, aquellas procedentes del hábitat de loma, con 25 especímenes (3.45%) (Gráfico 21).
En este contexto, todos los hábitats citados eran accesibles a los pobladores de La Joyada, bien sea directamente en el asentamiento o en los alrededores: el valle del ahora Río Seco de Huanchaco, el equidistante valle de Chicama, los humedales a lo largo del litoral Trujillano, las hoyas de cultivo y las lomas de Cerro Campana.
La condición de crecimiento se refiere a la necesidad de intervención humana que una especie vegetal requiere para su germinación y crecimiento, considerando su futura explotación. En este aspecto, se considera las especies silvestres, cultivadas y aquellas que pueden ser tanto silvestres como cultivadas. Entre las especies silvestres se identificó gramíneas como el bambú (Guadua sp.) y la caña brava (Gynerium sagittatum); árboles como el huarango (Acacia macracantha) y herbáceas como la achupalla (Tillandsia sp.) y la grama salada (Distichlis spicata). Por otro lado, las especies cultivadas corresponden legumbres como el frijol (Phaseolus vulgaris) y el maní (Arachis hypogaea); cucurbitáceas, como el zapallo (Cucurbita maxima) y el mate (Lagenaria sp.); cereales, como el maíz (Zea mays) y solanáceas, como el ají (Capsicum sp.). Finalmente, entre aquellas especies que podían ser tanto cultivadas como silvestres se identificó principalmente árboles frutales, que podrían crecer en riveras de ríos o bien cultivados en huertas, tales como la guanábana (Annona muricata), la lúcuma (Pouteria lucuma), la palta (Persea americana), el pacae (Inga feuilleei) y el durazno (Prunus persica); el algodón (Gossypium sp.) también es considerado en esta categoría.
Las especies que podían desarrollarse tanto de forma silvestre como cultivada fueron las más frecuentes en la muestra analizada, correspondiendo a 383 especímenes (52.90%); seguidas por las especies cultivadas, con 303 especímenes (41.85%) y, finalmente, las silvestres, con 38 individuos (5.25%) (Gráfico 22).
Finalmente, el uso primario que se le dio a las especies vegetales identificadas también fue considerado en este análisis, diferenciándose dos categorías: consumo y uso artesanal. La categoría de consumo alberga a todas las especies que fueron utilizadas con fines alimenticios, incluyendo frutas como la guanábana (Annona muricata), la lúcuma (Pouteria lucuma), la palta (Persea americana), el pacae (Inga feuilleei) y el durazno (Prunus persica); cereales, como el maíz (Zea mays); legumbres como el frijol (Phaseolus vulgaris) y el maní (Arachis hypogaea); cucurbitáceas, como la calabaza (Cucurbita maxima) y solanáceas, como el ají (Capsicum sp.). Por otro lado, se consideraron como plantas de uso artesanal a aquellas que los pobladores de La Joyada utilizaron principalmente como materia prima. Entre estas tenemos al bambú (Guadua sp.), la caña brava (Gynerium sagittatum) y el huarango (Acacia macracantha), usados con fines artesanales; el algodón (Gossypium sp.) que en su estado de materia prima fue registrado en tonalidades marrones y cremas; el mate (Lagenaria sp.), que se utilizó como vajilla, explicando la mínima frecuencia de platos, escudillas y cuencos en el
registro cerámico. Finalmente, la achupalla (Tillandsia sp.) y la grama salada (Distichlis spicata), herbáceas utilizadas como combustible, registrándose comúnmente carbonizadas. De éstas, dos muestras de Tillandsia sp. carbonizadas fueron tomadas para su fechado radiocarbónico, tópico que se discute en la sección correspondiente a la ocupación de La Joyada. Se acentúa la diferencia de uso primario por la multiplicidad de formas de explotación y aprovechamiento al máximo de los recursos disponibles que se solía dar en este tipo de poblaciones, lo que conlleva a identificar el uso principal para el que se disponía determinada especie vegetal, independientemente de otras aplicaciones adicionales.
Del total de especímenes analizados, 599 (82.73%) correspondieron a plantas de consumo, mientras que 125 (17.27%) correspondieron a plantas de uso artesanal (Gráfico 23).
5.3.2. Distribución estratigráfica
La Tabla 22 muestra la distribución de los especímenes identificados según el estrato en el que fueron registrados.
De este modo, la Primera Fase Ocupacional presentó una proporción relativamente baja de especímenes, sumando un total de 89 elementos. Entre éstos, la especie más frecuente fue el maíz (Zea mays), con 44 especímenes (49.44%); seguido por la guanábana (Annona muricata), con 20 especímenes (22.47%); la lúcuma (Pouteria lucuma), con 15 especímenes (16.85%); el mate (Lagenaria sp.), con 4 especímenes (4.49%); el frijol (Phaseolus vulgaris) y la calabaza (Cucurbita maxima), con 2 especímenes (2.25%) cada uno y, finalmente, la palta (Persea americana) y el algodón (Gossypium sp.), con un único espécimen cada uno (1.12%).
La Segunda Fase Ocupacional presentó la mayor cantidad de material vegetal, sumando un total de 329 elementos. Entre éstos, la más frecuente fue la guanábana (Annona muricata), con 82 especímenes (33.06%); seguida por el maíz (Zea mays), con 60 especímenes (24.19%); el mate (Lagenaria sp.), con 56 especímenes (22.58%); la lúcuma (Pouteria lucuma), con 46 especímenes (18.55%); la achupalla (Tillandsia sp.), con 25 especímenes (10.08%); el pacae (Inga feuilleei), con 23 especímenes (9.27%); la calabaza (Cucurbita maxima), con 22 especímenes (8.87%); el maní (Arachis hypogaea), con 6 especímenes (2.42%); el bambú (Guadua sp.) y la caña brava (Gynerium sagittatum), con 3 especímenes (1.21%) cada uno; el algodón (Gossypium sp.), con 2 especímenes (0.81%) y, finalmente, el ají (Capsicum sp.), con un único espécimen identificado (0.40%).
La Tercera Fase Ocupacional presentó una menor densidad de restos en comparación al anterior, sumando un total de 248 especímenes. Entre éstos, la especie más frecuente la guanábana (Annona muricata), con 101 especímenes (40.89%); seguida por la lúcuma (Pouteria lucuma), con 47 especímenes (19.03%); el maíz (Zea mays), con 32 especímenes (12.96%); la calabaza (Cucurbita maxima), con 24 especímenes (9.72%); el mate (Lagenaria sp.), con 14 especímenes (5.67%); la palta (Persea americana), con 12 especímenes (4.86%); el pacae (Inga feuilleei), con 8 especímenes (3.24%); el maní (Arachis hypogaea) y el algodón (Gossypium sp.), con 2 especímenes (0.81%) cada uno y, finalmente, el ají (Capsicum sp.), el bambú (Guadua sp.); el durazno (Prunus persica), la caña brava (Gynerium sagittatum), la grama salada (Distichlis spicata) y el huarango (Acacia macracantha), con 1 espécimen (0.40%) cada uno.
Finalmente, en la Capa Superficial presentó 59 especímenes. Entre éstos, la especie más frecuente fue el maíz (Zea mays), con 24 especímenes (40.68%); seguido por la lúcuma (Pouteria lucuma), con 10 especímenes (16.95%); el mate (Lagenaria sp.), con 9 especímenes (15.25%); el pacae (Inga feuilleei), con 8 especímenes (13.56%); la guanábana (Annona muricata), con 5 especímenes (8.47%); la caña brava (Gynerium sagittatum), con 2 especímenes (3.39%); y, finalmente, el bambú (Guadua sp.) con 1 espécimen (1.69%).
El análisis de la distribución estratigráfica de los especímenes registrados según su hábitat comprobó que, durante todas las fases ocupacionales, las especies procedentes del valle presentaron una mayor proporción, la cual es particularmente elevada durante la segunda y tercera fase. El caso de las especies de humedal o tanto de valle como humedal es más estable a lo largo de la ocupación del sitio, del mismo modo que las de loma, cuya presencia es muy baja (Gráfico 24).
En el caso de la distribución estratigráfica de los especímenes registrados según su condición de crecimiento, se observa que aquellas especies cultivadas por el hombre, ya sea totalmente o de forma paralela a su crecimiento en condiciones silvestres, predominaron con mucha diferencia sobre las especies únicamente silvestres. Del mismo modo que en el caso anterior, esta distinción se observa con mayor claridad en la segunda y tercera fase (Gráfico 25).
En última instancia, la distribución estratigráfica de los especímenes según su uso primario muestra que aquellas especies ligadas al consumo directo fueron las más frecuentes a lo largo de todas las fases ocupacionales del asentamiento, con picos registrados en la segunda y tercera, tal como los casos anteriores (Gráfico 26).
5.3.3. Discusión
Como se mencionó líneas arriba, todas las especies vegetales identificadas se encontraban completamente accesibles a los pobladores de La Joyada, quienes podían producirlos en las hoyas, explotarlos de áreas cercanas o bien obtenerlos mediante intercambio.
Del mismo modo que en el caso de los restos malacológicos, el análisis de restos vegetales muestra una inclinación clara hacia las especies dirigidas al consumo.
Si bien los especímenes correspondientes a árboles frutales son los más frecuentes, especies como el frejol (Phaseolus vulgaris) y el ají (Capsicum sp.) debieron ser consumidas en cantidades mucho mayores que las registradas, pero debido a que su aprovechamiento incluye el uso de casi la totalidad del producto, así como su frágil condición de conservación, el registro de los mismos fue muy bajo. Misma suerte debieron correr productos similares.
Las corontas de maíz registradas (Zea mays) midieron entre 8 y 10 cm de largo, presentando, la gran mayoría, 10 hileras de granos (Fig. 54). Como se discutió en un inicio, los análisis microbotánicos de Kautz y Keatinge (1977) concluyeron que las hoyas de cultivo ubicadas en el sitio fueron utilizadas para cultivarlo. Sin embargo, otras especies vegetales pudieron ser cultivadas con la misma técnica, tanto locales como introducidas posteriormente a la irrupción española (Soldi, 1982).
Figura 54. Corontas de maíz recuperadas de La Joyada
Otras especies, aunque en menor cantidad, fueron utilizadas para manufacturar diversos productos, como la caña brava (Gynerium sagittatum), el bambú (Guadua sp.) y el huarango (Acacia macracantha).
Los mates (Lagenaria sp.), por su lado, fueron explotados en gran cantidad en La Joyada. Esto se debe, en primer lugar, a la cercanía del asentamiento a los ecosistemas donde crece esta planta, típica de humedales. Estos fueron registrados tanto fragmentados como completos, donde se observa que fueron manufacturados para ser utilizados como vajilla de distintas formas y tamaños. El registro cerámico indicó una muy baja frecuencia de platos, escudillas y cuencos, lo que fue compensado con mates (Fig. 55). Sin embargo, su uso no se limitó únicamente a esto, pues se registró algunos ejemplares con decoración y ciertos elementos que los asocian a actividades más rituales. Dichos elementos son discutidos en la sección correspondiente a restos misceláneos.
El algodón (Gossypium sp.) registrado en estado natural presentó 2 tonalidades: marrón y crema. Es esta segunda variedad la que se usó como materia prima para trabajar los hilos, textiles, redes y kaitos que fueron recuperados del yacimiento, los que son abordados en sus secciones correspondientes.
Otras especies como la grama salada (Distichlis spicata) y la achupalla (Tillandsia sp.) fueron utilizadas como combustible, registrándose con frecuencia carbonizadas y asociadas a acumulaciones de ceniza.
De este modo, todas las especies anteriormente descritas son propias de una ocupación doméstica, enfocada principalmente en el autoconsumo.
En cuanto a la distribución cronológica de las especies vegetales, se ha observado no solo un incremento de la densidad de las mismas durante la segunda y tercera fase, sino que también se refleja un patrón de preferencia en dichos momentos hacia las especies cultivables ligadas directamente al consumo humano directo. En contraste, la Primera Fase Ocupacional presenta menor proporción de las mismas, lo que sustenta la tesis del uso original del espacio como un conchal; que posteriormente se asoció a una ocupación doméstica más completa, con la acumulación de desechos domésticos más densa y variada que ello implica.
Los Restos óseos
Los restos óseos recuperados de La Joyada fueron sometidos a un análisis taxonómico con el fin de identificar las especies que fueron explotadas por los pobladores del asentamiento a lo largo de su ocupación, así como identificar patrones de uso y consumo en las mismas. Dicho análisis utilizó las técnicas de conteo por NISP y NMI acorde a cada situación y de acuerdo a los estándares establecidos por el Programa Arqueológico Huanchaco.
En este contexto, se analizaron 958 restos óseos, correspondiendo 523 (54.59%) a peces, 257 a mamíferos (26.83%) y 178 a aves (18.58%). De esta muestra, se logró identificar un mínimo de 208 individuos, correspondiendo 78 a peces (37.50%), 67 a mamíferos (32.21%) y 63 a aves (30.29%) (Tabla 23, Gráfico 27).
Cabe mencionar que tanto peces como mamíferos y aves mostraron una proporción similar en cuanto a la cantidad de especímenes e individuos identificados en relación a la muestra general lo que sugiere que cualquier aproximación a usar en cuanto a interpretación sea NISP o NMI dará similares resultados.