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ANÁLISIS DE FACTIBILIDAD Y POSIBLES CURSOS DE ACCIÓN

FUNDACIÓN DE LA ORDEN S.D.A.

I – OBJETIVOS DECLARADOS

II. ANÁLISIS DE FACTIBILIDAD Y POSIBLES CURSOS DE ACCIÓN

(a) Para desarrollar una Estrategia destinada a cumplir los objetivos anteriormente expuestos, debe partirse de tres elementos rigurosamente necesarios:

1 – Los HOMBRES capaces de llevar a cabo la Estrategia A1.

2 – Los MEDIOS necesarios para que los hombres adecuados puedan llevar a cabo la Estrategia A1. 3 – El MÉTODO para que los hombres, en posesión de los medios necesarios, cumplan los pasos justos que les permitan llevar a cab la Estrategia A1.

(b) ANÁLISIS DEL ELEMENTO (1)

Los hombres capaces de cumplir los objetivos propuestos deben reunir ciertos requisitos indispensa- bles:

- Pureza racial “nórdica” (germana, anglosajona, danesa, etc.) rigurosamente demostrable. - Lealtad absoluta a los principios declarados; deben responder con su cabeza por ello.

- Poseer vínculos exotéricos entre sí para que las reuniones secretas que debiesen hacerse con el fin de cumplir los objetivos, no den jamás lugar a sospecha alguna.

- Los hombres que lleven adelante la Estrategia A1 deben ser capaces también de detectar con la debida antelación y absoluta seguridad quiénes habrán de ser sus seguidores. Éstos serán seleccionados con tal precisión que llegado el momento de ser iniciados en los Misterios de la Sabiduría Hiperbórea jamás debe- rán retroceder. Si ocurriese un caso semejante, EL INICIADO SERÁ EJECUTADO JUNTO CON SU INI- CIADOR.

- etc.

Por estos y otros muchos requisitos por el estilo es que la única alternativa posible, para asegurar la provisión de los hombres adecuados, parece ser la de formar una casta cosanguínea depositaria del secreto, es decir, una auténtica aristocracia de sangre, guardiana y regente de la Sabiduría Hiperbórea.

CURSO DE ACCIÓN

Este problema fue solucionado de la siguiente manera por John Dee y Wilhelm von Rosemberg. Entre ambos eligieron ocho nobles pertenecientes a los más puros y antiguos linajes de Austria, Bohemia, Baviera, Sajonia, Mecklemburgo y Brandenburgo, iniciándolos en la Sabiduría Hiperbórea e incorporándolos al Gran Combate.

Estos príncipes iniciados firmaron con su sangre un pergamino, en el año 1589, por el que se compro- metían a cumplir los objetivos y a respetar y hacer respetar la ley del secreto, estableciendo además una alianza perpetua entre sus estirpes de tal modo que los descendientes estuviesen siempre ligados por lazos de cosanguineidad y parentesco. Se fijaron asimismo, en dicho protocolo, las normas precisas que se debe- rían seguir en materia de convenios matrimoniales, quedando totalmente excluido del secreto familiar cual- quier descendiente que no lograse acreditar, en toda época posterior a 1589, la única herencia sanguínea de los ocho linajes pactantes. Es decir, que si algún descendiente NO INICIADO decidía unirse en matrimonio con una persona ajena a los ocho troncos de la Dinastía, NO SERÍA MOLESTADO; pero su progenie quedaría definitivamente excluída de acceder a la Sabiduría Hiperbórea. Para cumplir estas normas y evitar errores irreparables entre los miembros iniciados de la familia, se comprometerían a llevar cuidadosamente libros genealógicos que indefectiblemente deberían ser consultados al celebrarse una boda o en el momento de elegir a aquellos afortunados parientes merecedores de conocer el secreto familiar.

Sería largo enumerar las formidables previsiones tomadas por los ocho príncipes para asegurar el elemento (1), los hombres capaces de llevar adelante la Estrategia de John Dee y Wilhelm von Rosemberg. Sólo agregaremos, para finalizar este análisis, que como el número de miembros iniciados (por razones esotéricas que analizaremos más adelante) jamás debería ser mayor de 16 ni menor de 8, quedaba convenido desde el principio que se procuraría completar estos números AUN CON MUJERES, las cuales tendrían los mismos derechos a la iniciación hiperbórea que sus parientes masculinos. También se introdujeron cláusu- las que contemplaban la posible extinción de alguna de las estirpes y discurrían sobre la manera de proceder en tales casos. El pergamino, en el que se documentaba este pacto de sangre, fue depositado, junto a la Esteganografía y a los tratados en lengua enoquiana, en el antiguo baúl reforzado con flejes de acero que perteneciera a Cornelio Agrippa von Nettesheim y que John Dee transportara hasta Praga. Justamente dicho baúl constituyó durante trescientos años el símbolo mismo del secreto familiar legado por aquellos ocho príncipes esotéricamente conjurado.

familiar, a los cien años de su fundación ya se sospechaba que la misma existía. Ello resultó inevitable debido a ciertas operaciones financieras realizadas por los iniciados, que comentaremos en el siguiente análisis. En el siglo XVIII se habló de una “Sociedad de Alquimistas” que funcionaría en el mayor secreto e integrada exclusivamente por miembros de la nobleza protestante de Alemania, y hasta se especuló con que podría tratarse de los misteriosos Rosacruces o de una sociedad de francmasones. Quien primero sospe- chó y realizó indagaciones, aunque sin mayores consecuencias, fue la Iglesia Católica. Sin embargo, en el siglo XIX se investigó seriamente tratando de descubrir y destruir a la Sociedad Secreta familiar. El ataque no provenía ahora de la Iglesia Católica, que por el contrario poseía intereses comunes con la Dinastía, sino del ILUMINISMO, la Secta fundada en Baviera por ADAN WEISHAUPT en 1776. Esta sociedad paramasónica fue uno de los motores ocultos que impulsaron a los movimientos revolucionairos que asola- ron Europa a partir del siglo XVIII y de hecho constituyó una pieza importante en la gran ofensiva sinárquica del siglo XIX. El Iluminismo era el primer intento serio de destruir la civilización cristiana; empleaba tácticas subversivas y revolucionarias y proponía liquidar a las aristocracias de sangre para repartir el poder entre ricos comerciantes y burgueses, y no menos ricos judíos. Se comprende, entonces, que los iluministas considerasen como enemigos mortales a los miembros de una Sociedad Secreta como la que estamos co- mentando, portadora de la Sabiduría Hiperbórea, es decir, poseedora del conocimiento necesario y suficien- te como para contrarrestar la ofensiva sinárquica. Y aunque sólo se disponía de la sospecha de su existencia, podemos decir que una terrible guerra secreta fue librada durante todo el siglo XIX contra la Dinastía; de la cual no daremos los detalles para no prolongar demasiado el relato, salvo uno que consideramos altamente significativo: fueron los iluministas quienes denominaron S.D.A., a falta del nombre verdadero, a la Socie- dad Secreta familiar. El nombre lo tomaron de la antigua divisa “SAPIENS DONABITUR ASTRIS”, del blasón de uno de los ocho príncipes que fundaron la Dinastía, dado que el escudo heráldico correspondiente se hallaba a la vista en un castillo prusiano adonde los iluministas suponían que funcionaba la Sociedad Secreta. Como nadie desmintió jamás esta cuestión, se la continuó denominando S.D.A., criterio que segui- remos nosotros también de aquí en adelante; pero no sin antes aclarar que los miembros iniciados de la Dinastia empleaban entre ellos un nombre para referirse a la Sociedad Secreta Familiar.

En efecto, el hombre secreto de la S.D.A. era EINHERJAR1, vocablo que alude a la élite de ODIN y

que, desde hace miles de años se emplea para señalar a las sociedades de guerreros-iniciados.

De cualquier manera, como por S.D.A. fue conocida en el mundo, S.D.A. la seguiremos llamando a lo largo del relato.

(c) ANÁLISIS DEL ELEMENTO (2)

Considerando la solución dada al problema de hallar los hombres capaces de llevar adelante la Estra- tegia –mediante una Dinastía iniciática- el segundo elemento, LOS MEDIOS necesarios para que los inicia- dos cumplan sus objetivos, puede reducirse a dos aspectos principales: “MEDIOS FINANCIEROS” y “ME- DIOS LOGÍSTICOS” (o de “infraestructura”).

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Los MEDIOS FINANCIEROS, tratándose de una Sociedad Secreta familiar, podrían cubrirse con el patrimonio personal de los miembros iniciados de la Dinastía. Sin embargo, esta solución no pareció satis- factoria a los ocho príncipes pues generaba demasiadas alternativas probables y, consecuentemente, pocas garantías de seguridad. Por ejemplo, ¿qué ocurriría si determinadas circunstancias produjesen la quiebra personal de algunos de los miembros? ¿arrastraría en su ruina a la Sociedad Secreta familiar sellando así la suerte de la Sabiduría Hiperbórea? Esta posibilidad, o cualquier otra por el estilo, resultaba inaceptable para los príncipes, de modo que optaron por una solución diferente. Decidieron dotar a la S.D.A. de un tesoro propio, el cual, a fin de independizarla de toda suerte de contingencias, debería obrar como una reserva extraordinaria de la que sólo se podría echar mano en casos excepcionales. Prácticamente el tesoro consistía en un arca de seguridad en la que se había depositado, EN METÁLICO, una importante cantidad de oro y plata a la que contribuyeron los ocho por igual. A este fondo de reserva los iniciados denominaban tradicio- nalmente: LEGATUM AUREUS.

Por MEDIOS LOGÍSTICOS se entiende: “todos aquellos elementos materiales que contribuyen al desarrollo de la Estrategia A1 y aseguren su ejecución”. De aquí que los medios variasen, naturalmente, con el correr de los años de acuerdo a las necesidades, y no puedan describirse fuera del contexto histórico. Por ejemplo, en el tiempo de la fundación, se estimó como medios logísticos fundamentales: la disposición de un sitio libre de miradas inquisidoras para efectuar los estudios de la Sabiduría Hiperbórea y otorgar la

(1) EINHERJAR: término obtenido por la contracción de las palabras AINA-HARIJA de origen escandinavo. La segunda de ellas, HARIJA, se refiere a los legendarios HARII, los guerreros-iniciados cuyo indómito valor infunde el terror en los enemigos.

Iniciación Hiperbórea; y una cámara secreta, lo suficientemente segura para guardar el Legatum Aureus y los baúles con manuscritos en lengua enoquiana, la Esteganografía, etc. La infraestructura inicial con que se contó para cumplir estas necesidades, consistió simplemente en un castillo amurallado, al cual se le constru- yeron sectores secretos a los que sólo tenían acceso los iniciados. Sin embargo, como se verá más adelante, estas medidas resultaron insuficientes en corto plazo a causa de la Guerra de los Treinta Años y, luego de concluida esta contienda, a raíz de diversas razones históricas, los medios logísticos fueron requiriendo de distintos elementos no previstos en la planificación inicial de la Estrategia A1.

Para conocer con cierta precisión la suerte corrida por la S.D.A. entre los sigls XVII y XX, y evaluar parte de lo hecho en materia de medios financieros y logísticos, daremos al final de estos análisis un ES- QUEMA HISTÓRICO DE LA ESTRATEGIA “O”.

(d) ANALISIS DEL ELEMENTO (3)

El método debe cumplir, entre otras cosas, las siguientes condiciones principales:

1º tiene que dar, en cualquier época, una indicación OBJETIVA de la situación propia y de la posición enemiga.

2º determinará con absouta seguridad el momento en que la PAUTA H.H.H. “SE ESTÉ POR CUMPLIR”. 3º permitirá a la S.D.A. RECONOCER INEQUÍVOCAMENTE AL ENVIADO DE WOTAN, ese jefe germano invencible de quien depende la pauta H.H.H.

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Como método general, en tiempos de la fundación, John Dee y Wilhelm adoptaron una de las siete vías secretas de liberación espiritual que enseña la Sabiduría Hiperbórea. Con esta vía, llamada “DE LA OPOSI- CIÓN ESTRATÉGICA”, fueron iniciados exitosamente los ocho príncipes de la Dinastía; decidiéndose que, en lo sucesivo, la S.D.A. se consagrase a cultivar la TÉCNICA SECRETA correspondiente, cuyo nombre (actualizado) es : TÉCNICA ARQUEMÓNICA.1 Para cumplir con las condiciones antes mencio-

nadas se procedió de la siguiente manera: empleando técnicas hiperbóreas antiquísimas (que sin embargo puede conocer siempre un iniciado hperbóreo) John Dee diseñó un DETECTOR SINCRONÍSTICO DE ESTADO, instrumento que permite conocer en cualquier momento la situación estratégica propia y la posi- ción enemiga.2

El Detector presenta el aspecto exterior de un juego de azar, lo que no debe sorprender dado que numerosos “juegos” tales como el I-CHING de los chinos, el juego de porotos pallares inca, el juego de dados greco-romano, el ajedrez hindú, el go chino-japonés, etc., son todos la expresión profana de antiguos detectores cuyo uso esotérico se perdió y a los que, luego de una “caída exotérica”, se destinó para “pasa- tiempo” o “entretenimiento”. La ciencia actual sólo pudo cuantificar el “azar” a partir de las “matemáticas discretas”, pero sin llegar a resultados significativos por haberse perdido la relación entre el sentido metafí- sico del número y su realidad óntica. Es decir, se desconoce la relación acausal que existe entre los arqueti- pos colectivos del inconsciente humano, de los cuales los números forman parte, y los arquetipos colectivos psicoideos que soportan las formas del mundo concreto, matemáticas reductibles. Por este motivo, la IGNO- RANCIA DE PRINCIPIOS ESENCIALES, ni aun contando con la extraordinaria ciencia de la CIBERNÉ- TICA, es posible todavía comprender y explicar el “funcionamiento” de un “juego” tan sencillo como el I- CHING. Éste es uno de los llamados “juegos adivinatorios” cuyo aparente poder es el de “detectar” “lo que va a ocurrir” en “respuesta” a preguntas formuladas previamente por el jugador. Se arrojan AL AZAR los palillos o las monedas SIMULTÁNEAMENTE con la formulación de la pregunta. A continuación se IN- TERPRETA la POSICIÓN de los palillos (o monedas), de acuerdo al “hexagrama” obtenido, empleando un PROCEDIMIENTO ANALÓGICO DE REDUCCIÓN SIMBÓLICA basado en la Tradición, en la consulta de “libros sagrados” o “manuales filosóficos” dictados para tal fin por sabios que vivieron hace milenios. Aquí es donde se aprecia la “caída” del juego; pues LOS DETECTORES SINCRONÍSTICOS DE ESTADO NO EMPLEAN REGLAMENTO. Todo reglamento o regla formal es ajena a su sentido, contraria a su naturaleza y segura muestra de que se desconoce (sea porque se “olvidó”, sea porque el iniciado que lo diseñó no lo reveló) su uso.

Por último, cualquier detector sincronístico constituye un ELEMENTO TÁCTICO, tal como un radar, una alarma o un atalaya, diseñado exclusivamente para su empleo en una estrategia determinada. En el detector lo más importante es su función táctica, a la cual se ha “ajustado” la construcción del mismo, de

(1) Declinación de ARQUÉMONA, palabra compuesta por dos vocablos griegos : arch = PRINCIPIO y monaz = UNIDAD. La iniciación por la TÉCNICA ARQUEMÓNICA permite arribar a un PRINCIPIO ÚNICO de la psique, es decir, a la individuación y al VRIL.

modo que fuera de su estrategia no posee utilidad alguna ni sus “resultados” pueden ser razonables para nadie. Es lo que ocurre con los juegos mencionados, en verdad detectores, que son residuos de remotas estrategias cuya clave se perdió hace milenios y con ella su significado, debiéndose adosar un “reglamento” para forzar una significación que, desde luego, ya no es la misma ni jamás lo será.

Al instrumento diseñado por John Dee, Wilhelm von Rosemberg lo denominó irónicamente JUEGO DEL MESÍAS; dado que el mismo permitiría descubrir aquel tiempo final en que habría de manifestarse el enviado ... de los Siddhas Hiperbóreos.1 Pero no era éste el único motivo de tal denominación. Para prevenir

la posible caída del detector en manos profanas (cosa que no ocurrió nunca), se lo construyó disimulado en una “MAQUETTE” de pesebre navideño, de suerte tal que nadie que no estuviese en el secreto podría ver en él otra cosa que una bella representación del “nacimiento del niño Jesús”. El detector en sí consistía en un tablero y en tres cuerpos que se debían arrojar sobre él. El tablero exhibía en su superficie hábilmente dibujadas una cantidad de signos y runas, las cuales guardan una cierta relación con las construcciones megalíticas de Europa.2; los cuerpos eran tres diferentes poliedros, también con signos grabados en las

caras. Como “CAMOUFLAGE” se procedía a colocar sobre el tablero, una “cabaña” de reducidas dimen- siones a modo de establo, rodeada por infinidad de pequeñas figuras exquisitamente talladas: la cunita con el niño Dios; la virgen madre; los reyes magos, José el carpintero; diversos animales como el caballo, el burro, la cabra; algunos árboles y matorrales; relieves de roca; etc. Entre tantas miniaturas nadie hubiese podido descubrir a los poliedros, perfectamente ensamblados en algunas estatuillas, ni es probable que prestase atención al tablero que servía de piso pues, por menos fe que tuviese el observador, seguramente quedaría maravillado al comprobar la minuciosidad evangélica con que se había logrado representar el sagrado nacimiento.

Pero dejemos por un momento de lado las medidas de seguridad tomadas por John Dee y Wilhelm von Rosemberg; despojemos al “juego del mesías” de sus elementos accesorios y preguntemos: ¿de qué manera podía este juego cumplir con las condiciones expuestas en el análisis del elemento (3)? La respuesta es que el detector sólo satisfacía (lo que es realmente mucho) a las dos primeras condiciones: daba una indicación objetiva de la situación propia y de la posición enemiga EN CUALQUIER MOMENTO, CON SÓLO ARRO- JAR LOS CUERPOS SOBRE EL TABLERO. Y también permitiría conocer el Tiempo en que EL ENVIA- DO DE LOS SIDDHAS habría de manifestarse, atendiendo a la POSICIÓN GANADORA de los poliedros sobre el tablero. En efecto, si bien no existe reglamento para el juego del mesías, sí está bien determinada la única posición de las piezas que indica EL FIN DE LA ESTRATEGIA PROPIA, es decir, LA CONCLU- SIÓN DE LOS OBJETIVOS FIJADOS, con lo cual se torna inútil toda acción ulterior pues carecería de motivación estratégica. Del mismo modo, al desaparecer la estrategia que le dio lugar, se anula el sentido del Juego ya que, al no existir conflicto (OPOSICIÓN), no hay posiciones estratégicas que detectar. Por eso es que se ha determinado una posición ganadora: para indicar que ha terminado el juego.

Por supuesto, esta ingenua afirmación oculta la terrible consecuencia real que se desprende de la “posición ganadora”, o sea de la finalización del juego: que el Tiempo del mesías ha llegado ...

Se comprende que un instrumento de esta naturaleza debe ser manipulado con extremo cuidado; pero seguramente el lector desprevenido se sorprenderá al saber el modo riguroso en que era operado por los iniciados de la S.D.A. y el tiempo que transcurría entre cada “tirada”. Para dar una idea de lo primero basta considerar que el tablero debía “orientarse” geográficamente y que el iniciado que arrojaba los poliedros debía proceder de acuerdo a una forma ritual, en la que era necesario atender a la posición del cuerpo y durante la cual se pronunciaban temibles palabras en lengua enoquiana. Sobre lo segundo, quizá lo más sorprendente lo constituya el hecho de que el Juego del Mesías debía ser jugado cada treinta y cinco años. Es decir: el “Juego” como detector, podía “consultarse” en el momento en que las circunstancias lo requiriesen, por ejemplo durante una crisis o para evaluar alternativas. Pero, salvo casos de extraordinaria necesidad, el método fijado por los fundadores establecía que la “tirada normal” se realizaría cada treinta y cinco años, a partir de 1589, en día y hora a determinar cada vez según pautas astrológicas impuestas desde un principio por John Dee.

De este modo resultó que el Juego del mesías era operado por los iniciados de la S.D.A. sólo dos veces por siglo, en ocasiones que revestían la máxima importancia para ellos. Como otras pautas dadas por los fundadores en materia de incorporación de nuevos miembros de la Dinastía a la S.D.A, establecían que las iniciaciones debían practicarse en fechas fijas, cada diecisiete años y medio, se comprende que cada dos