Hemos dicho ya que el análisis de las formas superiores de conducta constituye la forma principal y básica de nuestra investigación; sin embargo, la situación existente en la psicología actual nos impone la necesidad de plantear e problema del propio análisis antes de abordar el análisis de los problemas.
Debido a la crisis que afecta a los mismos cimientos de la psicología moderna podemos apreciar con claridad los cambios que experimentan sus fundamentos metodológicos. En este sentido se ha producido en la psicología una situación que desconocen ciencias más desarrolladas. Cuando hablamos de análisis químicos es evidente para todo el mundo a lo que nos referimos. Sin embargo la situación es muy distinta si se trata del análisis psicológico. El propio concepto de análisis psicológico es polisémico, incluye definiciones que a veces nada tienen de común entre sí y que, a veces, se hallan en relaciones antagónicas. En los t diez años, el concepto de análisis psicológico como técnica fundamental de la psicología descriptiva ha tenido un desarrollo particularmente grande. La psicología descriptiva era llamada a veces analítica, contraponiendo así su concepción a la psicología científica contemporánea. De hecho, el método analítico se acercaba al fenomenológico y la tarea de la investigación psicológica se reducía a por eso a fraccionar el complicado conjunto de las vivencias o de los datos directos de la conciencia en sus elementos componentes. En concordancia con ese criterio, el análisis coincidía con el fraccionamiento de las vivencias y de hecho contraponía esa concepción a la psicología explicativa.
En la psicología tradicional, habitualmente denominada asociacionista, el análisis prevalece en un sentido algo distinto. Se basaba de hecho en la idea atomística, según la cual los procesos superiores se forman mediante la suma de ciertos elementos aislados; la tarea de la investigación se reducía nuevamente a presentar el proceso superior como una suma de elementos simplísimos asociados de cierta manera. Estarnos aquí en realidad, ante una psicología de los elementos y aunque esta psicología se planteaba tareas algo distintas, en las cuales se incluía la explicación de los fenómenos, sin embargo aquí también se manifiesta el estrecho vínculo entre esta concepción del análisis y el predominio del punto de vista fenomenológico en psicología. K. Lewin’ señala atinadamente que esta concepción se basa en la idea de que los 97 procesos psíquicos superiores son más complejos o Compuestos, incluyen mayor cantidad de elementos y agrupaciones de elementos que los inferiores. Los investigadores han tratado de fraccionar los procesos complejos
en procesos independientes que los componen con sus nexos asociativos. El predominio de la concepción atomística llevó como consecuencia, a atribuir una mayor importancia al problema puramente fenomenológico que, como subraya Lewin, tenía ya de por sí una indudable y decisiva importancia, pero que encubría en la vieja psicología un problema dinámico-causal más profundo. Así pues, el análisis en las dos formas fundamentales que conoce la vieja psicología, o bien se contrapone a la explicación (como ocurre en la psicología descriptiva), o bien se reduce a describir y fraccionar exclusivamente las vivencias, siendo incapaz de revelar el nexo dinámico-causal y las relaciones que subyacen en algunos procesos complejos.
El desarrollo de la psicología contemporánea modificó de raíz el significado y la orientación del análisis. La tendencia a estudiar los procesos íntegros y el intento de descubrir las estructuras que subyacen en los fenómenos psicológicos, se contrapone al viejo análisis basado en la idea atomística sobre la psique. El gran desarrollo de la psicología estructural en los últimos tiempos es, a nuestro juicio, una reacción frente a la psicología de los elementos y frente al lugar que ocupa en la teoría el análisis elemental. De hecho, la propia nueva psicología se contrapone conscientemente a la psicología de los elementos y su rasgo más esencial consiste en ser una psicología de procesos íntegros.
Por una parte, el amplio desarrollo de la psicología del comportamiento en todas sus formas es, sin duda alguna, una reacción al predominio de tendencias puramente fenomenológicas de la vieja psicología. En algunas formas de la psicología de la conducta hay intentos de pasar desde el análisis descriptivo al explicativo. Así pues, si quisiéramos resumir el estado actual de este problema deberíamos decir que ambos momentos que fueron representados en la vieja psicología, a las cuales renuncia decididamente la nueva, han producido la división en las dos corrientes fundamentales de la nueva psicología.
Por otra parte, se van formando ante nosotros diversas corrientes psicológica que intentan basar el método psicológico en el análisis explicativo. Así son, por ejemplo, algunas corrientes de la psicología del comportamiento que conservan en esencia el carácter atomístico de la vieja psicología y consideran todos los procesos superiores como sumas o cadenas de procesos o reacciones más elementales. Por ejemplo, la escuela psicológica de la Gestalt’ es la corriente más importante de la psicología contemporánea. Esta escuela subraya la importancia y el significado del conjunto global y de sus propiedades peculiares, renunciando al análisis de esa totalidad y por ello se ve obligada a quedarse en los limites de la psicología descriptiva. En estos últimos años, muchas corrientes psicológicas de carácter sintético procuran superar la división de los dos momentos.
Somos testigos igualmente de cómo se va formando la nueva concepción 98 del análisis psicológico. M. Y. Basov es creador de la primera y más clara teoría de esa nueva forma de análisis. Basov trata de unificar en el método del análisis estructural las dos líneas de investigación: la del análisis y la del. enfoque integral de la personalidad.
El intento de unir el análisis y el enfoque integral distingue favorablemente el método de Basov de aquellas dos corrientes que aplican habitualmente tino u otro de estos puntos de vista señalados. Lo vemos, por una parte, en el ejemplo del behaviorismo extremo que de la tesis correcta «todo es consecuencia del reflejo», deduce erróneamente que «todo es reflejo». Vemos, por otra parte lo mismo en el ejemplo de psicología integral contemporánea, para quien la estructura es una propiedad general y los procesos psíquicos (íntegros puntos de partida, situándose por ello en otra línea extrema y no encontrando el camino para el análisis y la investigación genética, y entonces tampoco para la construcción de una base científica del desarrollo de la conducta.
Nos parece imprescindible examinar con mayor detalle la nueva forma del análisis psicológico que encuentra su desarrollo ulterior en el método de investigación utilizado por nosotros. Basov destaca los elementos reales, objetivos de que se compone el proceso dado y ya luego los diferencia. Para él se trata de fenómenos genuinos que tienen existencia independiente, pero busca, sin embargo, sus partes componentes con la condición de que cada parte conserve las propiedades del todo. Por ejemplo, al analizar el agua, la molécula H será un elemento objetivamente real del agua aunque infinita mente pequeño por su volumen, será homogéneo por la composición. De acuerdo con este fraccionamiento, las partículas del agua deben considerarse como elementos esenciales de la formación que se estudia.
El análisis estructural estudia esos elementos reales objetivamente existentes, y se plantea como tarea no sólo la de segregarlos, sino también la de esclarecer los nexos y las relaciones entre ellos que determinan la estructura de la forma y del tipo de actividad originados por la agrupación dinámica de tales elementos.
También la psicología integral llega últimamente a las mismas conclusiones. H. Volkelt, por ejemplo, señala que el rasgo más distintivo de la investigación psicológica actual es su tendencia al estudio integral. Sin embargo, las tareas que plantea el análisis persisten en la misma medida que antes y, además, han de persistir mientras exista la psicología. Volkelt diferencia dos líneas de tal análisis. Podríamos denominar la primera de análisis integral es decir, que no pierde de vista el carácter integral del objeto estudiado y la segunda de análisis elemental que consiste en aislar y estudiar elementos sueltos. Hasta la fecha predominaba en psicología el segundo tipo. Son muchos los que piensan que la nueva psicología renuncia, en general, al análisis. Pero, de hecho, se limita tan sólo a modificar el sentido o las tareas del análisis, y aplica el primer tipo del mismo. Y se entiende claramente que el propio sentido del análisis debe modificarse de raíz. Su tarea fundamental no es descomponer el todo psicológico en partes e incluso en fragmentos, sino destacar del conjunto 99 psicológico integral determinados rasgos y momentos que conserven la primacía del todo. Creemos que en lo que acabamos de decir se trasluce claramente la idea de que es preciso unificar en psicología el enfoque estructural y el analítico. Resulta evidente, sin embargo, que al evitar uno de los errores de la vieja psicología, el atomismo, el nuevo análisis cae en otro y su misión no es realmente la de explicar ni poner de manifiesto los nexos y las relaciones reates que forman el fenómeno dado. Este análisis, como dice Volkelt, se apoya en la separación descriptiva de las propiedades integrales del proceso, ya que como toda descripción destaca siempre algunos rasgos determinados, las promueve a primer plano e intenta comprenderlos. Vemos, por lo tanto, que estamos lejos de haber superado los errores de la vieja psicología y que numerosas teorías, en su afán de evitar el atomismo de la vieja psicología, se dedican a investigaciones puramente descriptivas. Tal es el destino de la teoría estructural. Hay asimismo otro grupo de psicólogos que en su deseo de salirse de los límites de una psicología puramente descriptiva llegan a una concepción atomística de la conducta. Somos testigos, sin embargo, de que se van sentando los primeros cimientos de una interpretación sintetizadora y unificadora de ambas teorías. El análisis en la psicología va cambiando de carácter ante nuestros ojos. Tras las diversas formas de interpretación y aplicación del análisis se ocultan distintas concepciones del hecho psicológico. Se comprende fácilmente que la interpretación del análisis en la psicología descriptiva está directamente vinculada al dogma fundamental de esa psicología, es decir, a la tesis que niega la posibilidad de explicar científicamente los procesos psíquicos. Del mismo modo, en la psicología de los elementos el análisis está relacionado con una interpretación determinada del hecho psicológico, con la tesis según la cual todo proceso superior se estructura mediante la unión asociativa de una serie de procesos elementales.
La teoría psicológica modifica la interpretación del análisis dependiendo del enfoque general básico de los problemas psicológicos. Tras una u otra aplicación del análisis se oculta una determinada
concepción del hecho analizado. Por esta razón, al mismo tiempo que se modifica la base del enfoque metodológico de la investigación psicológica, se modifica inevitable mente también el propio carácter del análisis psicológico.
Podemos señalar tres momentos determinantes sobre los cuales se apoya el análisis de las formas superiores del comportamiento y que constituyen la base de nuestras investigaciones.
El primero nos lleva a diferenciar el análisis del objeto del análisis del proceso Hasta ahora, para el análisis psicológico el proceso analizado casi siempre era un cierto objeto. La formación psíquica se entendía como una cierta forma estable y sólida; la tarea de análisis se reducía de hecho a descomponerla en panes aisladas. Por este motivo ha prevalecido hasta la fecha en este análisis psicológico la lógica de los cuerpos sólidos. K. Koffka dice que el proceso psíquico se estudiaba y analizaba como un mosaico de partes sólidas e invariables. 100
El análisis del objeto debe contraponerse al análisis del proceso el cual, de hecho, se reduce al despliegue dinámico de los momentos importantes que constituyen la tendencia histórica del proceso dado.
No es la psicología experimental, sino la genética la que nos lleva a esa nueva concepción del análisis. Si quisiéramos señalar cuál es la modificación principal que la psicología genética introduce en la general, habríamos de reconocer, junto con Werner, que este cambio se reduce a la introducción del punto de vista genético a la psicología experimental. El propio proceso psíquico, independientemente de si se trata del desarrollo del pensamiento o de la voluntad, es un proceso que ante nuestros ojos sufre ciertos cambios. Como por ejemplo en las percepciones normales, el desarrollo puede limitarse a varios segundos o, incluso, fracciones de segundo, como en los complejos procesos del pensamiento el desarrollo puede tardar días o semanas. En determinadas condiciones este desarrollo puede ser observado. Werner explica cómo puede aplicarse el punto de vista genético a la investigación experimental de modo que se consigue producir experimentalmente, en el laboratorio, un determinado desarrollo que para el hombre actual constituye un proceso ya culminado hace tiempo.
Anteriormente señalábamos que podía calificarse a nuestro método de genético-experimental en la medida en que provoca y crea de modo artificial el proceso genético del desarrollo psíquico. Cabe decir ahora que en ello radica la tarea fundamental del análisis dinámico a que nos referimos. Si en lugar de analizar el objeto analizáramos el proceso, nuestra misión principal sería, como es natural, la de restablecer genéticamente todos los momentos del desarrollo de dicho proceso. En ese caso la tarea fundamental del análisis sería la de volver el proceso a su etapa inicial o, dicho de otro, modo, convertir el objeto en proceso. El intento de semejante experimento consiste en fundir cada forma psicológica fósil, estancada, convertirla en un torrente de momentos aislados que se sustituyen recíprocamente. Dicho en pocas palabras, la tarea que se plantea un análisis así se reduce a presentar experimentalmente toda forma superior de conducta no como un objeto, sino como un proceso, y a estudiarlo en movimiento, para no ir del objeto a sus partes, sino del proceso a sus momentos aislados.
La segunda tesis en que se basa nuestra concepción del análisis consiste en contraponer las tareas descriptivas y explicativas del análisis. Hemos visto que en la vieja psicología el concepto de análisis coincidía de hecho con el concepto de descripción y era contrario a la tarea de explicar los fenómenos. Sin embargo, la verdadera misión del análisis en cualquier ciencia es justamente la de revelar o poner de manifiesto las relaciones y nexos dinámico-causales que constituyen la base de todo fenómeno. En esta proporción, el análisis se convierte de hecho en la explicación científica del fenómeno que se estudia y no sólo su descripción desde el punto de vista fenoménico. En este sentido nos parece sumamente importante la distinción que establece Lewin en la psicología actual entre los dos puntos de vista sobre los procesos psíquicos. Esta división de hecho en su tiempo
elevó a un 101 nivel superior todas las ciencias biológicas que pasaron a ser ciencias en el verdadero sentido de la palabra y dejaron de hacer una descripción simple, empírica de los fenómenos y dedicándose al estudio explicativo de los mismos. –
Según la certera observación de Lewin, todas las ciencias recorrieron en su tiempo ese camino, pasando desde la descripción a la explicación, que es ahora la característica más fundamental de la crisis que sufre la psicología. La investigación histérica demuestra que el intento de limitar el análisis a las tareas puramente descriptivas no es un rasgo específico de la psicología. En los antiguos tratados sobre biología se afirmaba que la biología, a diferencia de la física, podía ser, por principio, una ciencia solamente descriptiva: concepción reconocida hoy día como inconsistente. Cabe preguntarse si el paso de la descripción a la explicación no es un proceso de maduración típico para todas las ciencias. Porque han sido muchas las ciencias en que el carácter descriptivo de la investigación ha constituido una característica propia. Así es precisamente como define Dilthey la misión de la psicología descriptiva.
El paso del concepto descriptivo al explicativo no se realiza por medio de la simple sustitución de unos conceptos por otros. La ampliación de la definición descriptiva puede incluir en sí también el paso a la definición del nexo genético y en la medida que se desarrolla la ciencia se conviene en explicativa. Lewin cita muchos conceptos biológicos fundamentales que gracias a la ampliación y el reforzamiento de sus nexos genéticos realizaban el paso de la categoría de la descripción a la explicación.
A nuestro juicio, este es el camino verdadero de la maduración de la ciencia.
Antes de Darwin, la biología fue una ciencia puramente descriptiva, basada en el análisis descriptivo de los rasgos o propiedades del organismo ya que, al no conocer su origen, no podía explicar su aparición. La botánica, por ejemplo, clasificaba las plantas en determinados grupos por la forma de sus hojas o flores de acuerdo con sus propiedades fenotípicas. Se vio, sin embargo, que una misma planta podía ser extremadamente distinta según creciera en un valle o en una montaña. Vemos, pues, que un mismo organismo, en función de las diversas condiciones externas, presenta esencialísimas diferencias exteriores y viceversa: al encontrarse en condiciones externas similares organismos de origen muy distinto adquieren, una cierta semejanza exterior, aunque continúen siendo esencialmente muy distintas por su naturaleza.
En biología, el punto de vista fenotípico descriptivo fue superado gracias al descubrimiento de Darwin. El origen de las especies descubierto por él sentó la base para una clasificación completamente nueva de los organismos, según el tipo completamente nuevo de formación de rasgos científicos que Lewin, en oposición al criterio fenomenológico, basado en manifestaciones externas, ha denominado genético-condicional. El fenómeno no se define por su forma externa, sino por su origen real. La diferencia entre estos dos 102 puntos de vista se ve claramente en cualquier ejemplo biológico. La ballena, -por ejemplo, vista externamente se parece más a los peces que a los mamíferos, no obstante por su naturaleza biológica tiene mayor afinidad con una vaca o con un reno que con un sollo o un tiburón.
El análisis fenomenológico o descriptivo toma el fenómeno tal como es externamente y supone con toda ingenuidad que el aspecto exterior o la apariencia del objeto coincide con el nexo real, dinámico-causal que constituye su base. El análisis genético-condicional se inicia poniendo de manifiesto las relaciones efectivas que se ocultan tras la apariencia externa de algún proceso. El último análisis se interesa por el surgimiento y la desaparición, las causas y las condiciones y por