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Génesis de las funciones psíquicas superiores

In document Vygotsky Obras Escogidas TOMO 3 (página 94-117)

El tercer momento de nuestra investigación se halla estrechamente relacionado con nuestro modo de enfocar históricamente las formas superiores de conducta. El análisis y la estructura de los procesos psíquicos superiores nos llevan de lleno al esclarecimiento de la cuestión básica de toda la historia del desarrollo cultural del niño, al esclarecimiento de la génesis de las formas superiores del comportamiento, es decir, del origen y del desarrollo de aquellas formas psíquicas que son objeto de nuestra investigación.

La psicología, según s. Hall, considera que la explicación genética está por encima de la lógica. A la psicología le interesa saber de dónde y a dónde o sea, cuál es su origen y en qué trata de convenirse el fenómeno dado.

Para el psicólogo genético, la explicación histórica es la mejor de todas las posibles. Para él, la respuesta a la pregunta de ¿qué representa la forma de conducta dada significa descubrir su origen, la historia de su desarrollo hasta el momento actual. En este sentido podemos repetir con Blonski que el comportamiento puede ser comprendido sólo como historia de la conducta.

Antes de pasar a la génesis de las formas superiores de conducta, debemos esclarecer el propio concepto del desarrollo, tal como lo hacíamos en los capítulos dedicados al análisis y a la estructura de los procesos psíquicos superiores. Debido a la profunda crisis de la psicología, todos los conceptos se han hecho polisémicos y confusos, y se modifican según el punto de vista básico que elige el investigador sobre el objeto. En los diversos sistemas de la psicología orientados a diversos principios metodológicos, las categorías fundamentales de la investigación, incluida la de génesis, adquieren distinto significado.

Otra consideración que nos obliga a detenernos en el problema de la génesis consiste en que la peculiaridad del proceso del desarrollo de las formas superiores de conducta, que constituyen el objeto de nuestra investigación, no ha sido suficientemente comprendida por la psicología contemporánea. El desarrollo cultural del niño, tal como hemos intentado explicar anteriormente,

presenta a la psicología un plan completamente nuevo por el desarrollo infantil que no sólo no se ha estudiado suficientemente, sino que ni siquiera figuraba como objeto de especial estudio. Si nos fijamos en el concepto de desarrollo, tal como figura en la psicología actual, veremos que abundan en él muchos momentos que han de 139 ser superados en las investigaciones modernas. El primer momento es un oculto vestigio del preformismo15 en la teoría del desarrollo infantil, penosa reminiscencia del pensamiento precientífico en psicología. Las viejas ideas y las teorías erróneas, al desaparecer de la ciencia, dejan restos, vestigios en forma de hábitos del pensamiento. A pesar de que en la formulación científica general sobre el niño se ha desechado ya hace tiempo la idea de que el niño se diferencia del adulto únicamente por las proporciones de su cuerpo, por su volumen, esta idea sigue existiendo en la psicología infantil, en forma encubierta. Ningún tratado de psicología infantil puede repetir ahora abiertamente las verdades hace tiempo refutadas de que el niño es un adulto en miniatura, sin embargo, semejante concepción, perdura, en forma oculta, en casi todas las investigaciones psicológicas.

Basta con decir que tan sólo ahora empiezan a salir, de este callejón los capítulos más importantes de la psicología infantil (teoría sobre la memoria, la atención, el pensamiento); empieza a tomarse conciencia del proceso del desarrollo psíquico en toda su complejidad real. Pero en su inmensa mayoría, las investigaciones científicas se atienden en forma oculta a la concepción que explica el desarrollo del niño como un fenómeno puramente cuantitativo.

Hace tiempo, la embriología compartía semejante concepción. La teoría que se basaba en ella, lleva el nombre de preformismo o teoría de la preformación. La esencia de tal teoría radica en suponer que el embrión lleva implícito en sí un organismo plenamente acabado, ya formado, pero de proporciones reducidas. Según esa teoría, una semilla de roble contiene todo el roble futuro con sus raíces, tronco y ramas, pero en miniatura. En la semilla del hombre está contenido el organismo humano ya formado, pero en una proporción extremadamente reducida.

Visto así, todo el proceso del desarrollo parece muy simple: no es más que el aumento puramente cuantitativo de las proporciones contenidas desde el principio en el embrión, que aumenta gradualmente, crece y se convierte así en un organismo maduro. El punto de vista indicado fue desechado ya hace tiempo por la embriología y ofrece tan sólo un interés histórico. Sigue, sin embargo, existiendo este punto de vista en la práctica psicológica aunque en la teoría ha sido ya abandonada.

La psicología rechazó hace mucho la idea de que el desarrollo del niño es un proceso puramente cuantitativo. Todos están de acuerdo que se trata de un proceso mucho más complejo que no se limita a simples cambios cuantitativos. En la práctica psicológica queda aún por descubrir este complejo proceso del desarrollo en toda su plenitud real y captar todos los cambios y transformaciones cualitativas que modifican la conducta del niño.

En el prólogo al libro de J. Piaget16, E. Claparéde dice con pleno fundamento que el problema del pensamiento infantil fue tratado habitual mente en psicología como una cuestión cuantitativa y que tan sólo las nuevas investigaciones permiten reducirla al problema cualitativo. En corriente, dice Claparéde, considerar que el desarrollo del intelecto infantil era el resultado de un determinado número de sumas y restas, del incremento de nuevas experiencias y del abandono de ciertos errores. Las investigaciones actuales nos demuestran que el intelecto del niño cambia gradualmente su propio carácter.

15 Preformismo. teoría según la cual se hallaban en las células sexuales de los organismos estructuras materiales determinantes del desarrollo del embrión, así como los

rasgos del organismo que se formará a base del mismo.

Si tuviéramos que determinar de manera general qué exigencia básica se plantea el problema del desarrollo en las investigaciones modernas, la respuesta sería que lo fundamental es el estudio de las peculiaridades positivas del comportamiento infantil. Lo último precisa una cierta aclaración. Hasta ahora todos los métodos psicológicos aplicados en la investigación de la conducta del niño normal y anormal, pese a su enorme variedad y diferencias poseen un rasgo común que los hermana en cieno sentido. Este rasgo es la caracterización negativa del niño que se consigue con ayuda de los medios existentes. Todos los métodos nos hablan de aquello que no tiene el niño en comparación con el adulto y de lo que no tiene el niño anormal en comparación con el normal. Tenemos siempre presente el «negativo» de su personalidad, el negativo que nada nos dice de las peculiaridades positivas que diferencian al niño del adulto y al niño anormal del normal.

La tarea que se le plantea hoy día a la psicología es la de captar la peculiaridad real de la conducta del niño en toda su plenitud y riqueza de expansión y presentar el positivo de su personalidad. Sin embargo el positivo puede hacerse tan sólo en el caso de que se modifique de raíz la concepción sobre el desarrollo infantil y se comprenda que se trata de un complejo proceso dialéctico que se distingue por una complicada periodicidad, la desproporción en el desarrollo de las diversas funciones, las metamorfosis o transformación cualitativa de unas formas en otras, un entrelazamiento complejo de procesos evolutivos e involutivos, el complejo cruce de factores externos e internos, un complejo proceso de superación de dificultades y de adaptación.

El segundo momento que ha de superarse para dejar expedito el camino de la investigación genética actual es el evolucionismo oculto que sigue predominando hasta ahora en la psicología infantil. La evolución o el desarrollo mediante la acumulación lenta y gradual de cambios aislados sigue considerándose como la única forma de desarrollo infantil y se incluyen en ella todos los procesos conocidos. En los razonamientos sobre el desarrollo infantil de hecho se percibe la oculta analogía con los procesos de crecimiento de las plantas.

La psicología infantil no quiere saber nada de aquellos cambios crucia les, revolucionarios y a saltos que tanto abundan en la historia del desarrollo infantil y que a menudo se encuentran en la historia del desarrollo cultural. Una conciencia ingenua considera que son incompatibles la revolución y la evolución, que el desarrollo histórico sigue produciéndose mientras se atiene a una línea recta. La conciencia ingenua no ve más que catástrofes, ruina y ruptura cuando se rompe la trama histórica y se producen cambios y saltos bruscos. La historia deja de existir para ella mientras no retorne al camino recto y uniforme.

La conciencia científica, por el contrario, considera que la revolución y la 141 evolución son dos formas de desarrollo vinculadas entre sí, formas que se presuponen recíprocamente. Para la conciencia científica el propio salto que se produce durante estos cambios en el desarrollo del niño es un punto determinado en toda la línea del desarrollo.

La tesis que acabamos de formular tiene un significado muy importante para la historia del desarrollo cultural ya que, como veremos más adelante, la historia del desarrollo cultural transcurre en gran medida a costa de esos cambios cruciales y a saltos. La propia esencia del desarrollo cultural radica en la colisión de los desarrollos de las formas culturales de la conducta, que va conociendo el niño, con las formas primitivas que caracterizan su propio comportamiento.

La deducción inmediata de lo expuesto es el cambio del punto de vista generalmente admitido sobre los procesos del desarrollo psíquico del niño y las ideas acerca del carácter de la estructura y del transcurso de tales procesos. Habitualmente, todos los procesos del desarrollo infantil se presentan como procesos estereotipados. Se considera que el desarrollo embrionario es un modelo del desarrollo al que se comparan todas las de más formas. Este tipo de desarrollo

depende mínimamente del medio externo, a él puede referirse con toda razón la palabra «desarrollo, en su sentido literal, es decir, el desenvolvimiento de las posibilidades implícitas en el embrión de forma comprimida. Pero el desarrollo embrionario no puede considerarse como modelo de todo proceso del desarrollo en el estricto sentido de la palabra. Es más bien su resultado o balance. Se trata de un proceso estable, terminado, que transcurre de manera más o menos estereotipada.

Es suficiente comparar el proceso del desarrollo embrionario con el proceso de la evolución de las especies animales, con el origen real de las especies tal como las describió Darwin para comprender la diferencia radical entre ambos tipos de desarrollo. Las especies aparecían y desaparecían, cambiaban de aspecto y se desarrollaban en la lucha por la existencia, en el proceso de adaptación al medio circundante, Si quisiéramos establecer una analogía entre el proceso del desarrollo infantil y cualquier otro proceso del desarrollo tendríamos que elegir más bien la evolución de las especies animales que el desarrollo embrionario.

El proceso del desarrollo infantil no se parece en absoluto a un proceso estereotipado, al resguardo de influencias externas; el desarrollo y el cambio del niño, se producen en una activa adaptación al medio exterior. En este proceso se originan cada vez formas nuevas y no se reproducen simplemente de• modo estereotipado los eslabones de la cadena antes formada. Toda nueva etapa en el desarrollo del embrión, ya incluida potencialmente en la antecedente, se produce gracias al desenvolvimiento de las potencias internas, es un proceso de crecimiento y maduración, más que de desarrollo Esta forma, ese tipo, se da también en el desarrollo psíquico del niño; pero en la historia del desarrollo cultural el segundo tipo, la segunda forma, ocupa un lugar mucho más importante ya que la nueva etapa 142 no se origina por el desenvolvimiento de las potencias implícitas en la fase anterior, sino que es el resultado de un choque real entre el organismo y el medio, el resultado de la activa adaptación al medio.

En la psicología infantil moderna existen dos puntos de vista fundaméntales sobre los procesos del desarrollo infantil. Uno de ellos pertenece a J. Lamarck y el otro a Darwin. BühIer dice con toda razón que el tratado de Koffka17 sobre el desarrollo psíquico del niño debe ser considerado como un intento de conferir a la idea de Lamarck un sentido psicológico moderno.

La concepción de Koffka consiste, en lo fundamental, en que para explicar las formas inferiores de conducta se utiliza c mismo principio que se emplea habitualmente para explicar las formas superiores del comportamiento mientras que hasta ahora ocurría lo contrario —se aplicaba a la etapa superior el principio de que se valía el psicólogo para explicar la conducta primitiva. Este procedimiento —dice Koffka— nada tiene que ver con el antropomorfismo. Uno de los logros metodológicos más importantes de la psicología contemporánea es el reconocimiento de una diferencia muy importante entre el antropomorfismo ingenuo y el crítico.

Mientras que la teoría ingenua reconoce — este es su punto de partida— que las funciones son idénticas en las diversas etapas del desarrollo, el antropomorfismo crítico inicia su andadura desde las formas ‘superiores, que conocemos en el hombre, y estudia el desarrollo de la estructura psicológica, descendiendo por la escalera del desarrollo psíquico. Koffka y Köhler, en sus trabajos, defienden el antropomorfismo crítico. Aunque esta teoría introduzca sensibles mejorías, no deja de aplicar el principio de que se valía para explicar las formas superiores de la conducta al estudio de las inferiores.

A diferencia de ellos, Bühler intenta continuar las ideas de Darwin en su estudio de la psicología infantil.

Darwin conocía una sola esfera del desarrollo, Bühler, en cambio, habla de dos nuevas en las que se confirma y justifica, a su juicio, el principio de se lección enunciado por Darwin. Es cierro que Bühler intenta unir el punto de vista de Darwin y Lamarck, aplicando lo dicho por E. Hering quien afirma que de Las dos teorías, de Darwin y Lamarck, expuestas con genial unilateralidad, él se formó un cuadro general sobre el desarrollo histórico de todo lo viviente, que experimentó lo mismo que la persona que mira por un estereoscopio: al principio capta dos imágenes que se cruzan y pugnan entre sí hasta que se juntan, formando una sola imagen clara gracias a la tercera medición. Continúa Bühler con la comparación y dice que el neodarwinismo sin Lamarck es demasiado ciego y estático, pero que Lamarck sin Darwin no llega a comprender la multifacética riqueza de las formas vitales. La teoría del desarrollo dará un gran paso hacia delante cuando se clarifique en la psicología infantil, mejor que hasta ahora, de qué modo esos dos investigadores están vinculados entre sí.

Vemos, por lo tanto, que el propio concepto de desarrollo infantil no significa lo mismo para los diversos investigadores. 143

De la teoría de Bühler nos parece extraordinariamente fructífera su idea sobre las diversas esferas del desarrollo. Bühler dice que Darwin conocía de hecho tan sólo una esfera; él, por el contrario, habla de tres esferas delimitadas entre sí. Opina que el desarrollo de la conducta pasa por tres etapas fundamentales, que el proceso de desarrollo del comportamiento radica en el cambio del lugar de la selección. La adaptación, según Darwin, se realiza mediante la eliminación de los individuos peor organizados, se trata en este caso de vida y muerte. La adaptación mediante el adiestramiento tiene lugar en el interior del individuo que selecciona los viejos métodos del comportamiento y crea otros nuevos. Su zona de acción es la esfera de las actividades corporales y su coste ya no es la vida, sino el movimiento corporal, abundantemente producido y prodigado del mismo modo en que lo hace la naturaleza.

Bühler afirma que hay posibilidades ulteriores de desarrollo. Si el movimiento corporal resulta todavía demasiado costoso o insuficiente por cualquier motivo, el lugar de la selección debe trasladarse al terreno de las representaciones e ideas.

Es preciso, dice Bühler, reducir a un común denominador tanto las formas superiores del invento y descubrimiento, hechos por el hombre, como las más primitivas que se conocen en el niño y en el chimpancé y comprender teóricamente lo que tienen de común. De ese modo, el concepto de prueba interna o pruebas mentales, que equivalen a la prueba en el propio objeto, permite a Bühler extender la fórmula de la selección darwiniana a toda la psicología humana. La aparición del principio de la selección racional en tres esferas distintas (instinto, adiestramiento e intelecto), en tres zonas de actividad seleccionadora, se explica a partir de un principio único. En opinión de Bühler, su teoría es la continuación consecuente de la teoría del desarrollo contemporánea de tendencia darwiniana.

Nos gustaría detenernos con mayor detalle en la teoría de las tres etapas en el desarrollo de la conducta, que abarca las formas más importantes de la misma y las distribuye por las tres etapas de la escala evolutiva. La primera etapa lo constituyen los instintos o bien el fondo innato, hereditario, de los procedimientos de la conducta. Sobre esta primera etapa se alza la segunda que podemos calificar, lo mismo que Bühler, de adiestramiento o etapa de los hábitos o reflejos condicionados, es decir, de reacciones condicionadas aprendidas, adquiridas en la experiencia personal y, finalmente, encima de ellos se superpone la tercera etapa, el del intelecto o reacciones intelectuales que realizan la función de adaptación a las nuevas condiciones y que, según Thorndike, constituyen una jerarquía organizada de hábitos orientados a la solución de las nuevas tareas.

Sigue siendo discutible, hasta la fecha, la tercera etapa del esquema, que es la menos estudiada y la más compleja. Muchos autores han tratado de limitar el esquema del desarrollo a dos etapas tan sólo, al considerar que las reacciones intelectuales no deben separarse como una clase especial, sino como tinas formas de hábitos sumamente complejas. La investigación experimental 144 moderna nos permite suponer con pleno fundamento que la discusión ya está resuelta a favor del reconocimiento de la tercera etapa. La reacción intelectual, que se distingue por muchos rasgos específicos del origen del funcionamiento, incluso en la esfera de la conducta animal, como han demostrado las investigaciones de Köhler, no puede ser comparada con la formación mecánica de hábitos que se han configurado mediante ensayos y errores.

No debe olvidarse, ciertamente, que la etapa de las reacciones intelectuales se halla estrechamente vinculada a la segunda etapa en el desarrollo de la conducta y que se apoya en ella. Se trata de un fenómeno general que puede aplicarse por igual a la segunda etapa en el

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