1. MADUREZ PSICOLÓGICA
En el grupo de los acompañantes espirituales de los colegios escolapios de Santiago de Chile predomina, como se puede observar en la anterior tabla, la concepción correspondiente a la Teoría Humanista-Constructivista de la madurez psicológica comprendida desde la perspectiva lega de la madurez psicológica. Zacarés (2016) afirman que s un resultado general en la mayoría de grupos evaluados el alto grado de aceptación de la teoría humanista constructivista, a modo de "consenso cultural".
El logro de la madurez, desde la perspectiva de esta teoría, es una meta deseable y perseguida por todo ser humano con independencia de los acontecimientos y vivencias que le acontezcan en el transcurso de la vida. Esta teoría considera que la madurez proviene de los procesos de afrontamiento y construcción internos con independencia de los criterios sociales predominantes de éxito o criterios de plausibilidad social. Ello implica tener que ejercitarse en encontrar un sentido y significado a lo que se vive de forma que la propia vida va construyéndose con conciencia y provecho. Según Zacarés y Serra (1998) se podría decir
GRUPO TE O R ÍA S IM P L ÍC ITA S HUMANISTA- CONSTRUCTIVISTA 6.49 EVOLUTIVA- NORMATIVA 3.58 PETER PAN 4.36 RELATIVISTA- ESCÉPTICA 3.24 RESISTENCIA 3.51
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que las personas en las que predomina esta Teoría consideran que lo que nos hace más maduros no es la cantidad de experiencias que se viven, sino el modo en que éstas son asumidas y el modo en que se les dota de sentido y significado.
Como segunda teoría presente en este grupo de acompañantes espirituales aparece la Teoría de Peter Pan. Según esta teoría la persona madura sería aquella quien mejor hubiera realizado sus sueños e ilusiones adolescentes. En esta perspectiva se considera, asimismo, importante la fidelidad a uno mismo al margen de los convencionalismos sociales; se entiende que madurar es llegar a desarrollar las potencialidades y características idiosincráticas de uno mismo sin ningún tipo de cortapisas que limiten desde el exterior la propia libertad manifestándose, en cierto sentido, un rechazo a la normalidad adulta predominante como ideal de madurez.
Las tres teorías restantes obtienen una puntuación similar no existiendo discriminación en favor de ninguna de ellas.
Como conclusión del concepto de madurez psicológica de este grupo podemos señalar que, aunque predomina la visión o Teoría humanista-constructiva, no existe una visión muy definida ni común sobre el concepto de madurez psicológica. Zacarés (2016) afirma que es más importante y significativo observar el perfil general de aceptación o rechazo de las teorías observando cuáles tienden a aceptarse y cuáles son rechazadas o descartadas que ver si las personas o grupos aceptan una teoría y rechazan todas las demás lo cual, afirma, suele ser más la excepción que la norma.
171 2. MADUREZ ESPIRITUAL a. JUICIO RELIGIOSO. GRUPO 1 a 3 1 b 3 1 c 4 2 3/4 3 a 3/4 3 b 4 4 3/4 5 a 3/4 5 b 3/4 5 c 3/4 5 d 3 6 3 7 a 3/4 7 b 3/4 7 c 4 8 3 ESTADIO 3/4
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El grupo objeto de estudio se encuadra dentro en la transición del estadio 3 al 4 dentro de la teoría de los Estadios del desarrollo religioso formulada por Osser y Gmünder (1998). Los autores señalan que en esta fase las personas comienzan a cuestionarse la concepción propia del estadio anterior, el 3. En el estadio 3, Perspectiva de la autonomía absoluta y del deísmo, la persona separa claramente los ámbitos del propio Yo y los propios de la Referencia Último, el Incondicional que, en el caso del grupo que nos ocupa, es Dios. Las personas son conscientes y se atribuyen una gran responsabilidad a la hora de planificar y de decidir estableciendo una clara diferenciación entre la Referencia Última que en nuestro es caso es Dios y el ámbito operativo propio de la persona, apareciendo lo que Osser y Gmünder (1998) denominan una “suerte de teoría de los dos reinos”) p. 108). En el estadio 3 las personas se conciben y perciben autodeterminativas y responsables conscientes de su propia competencia de decisión distinguiéndose del campo de actuación de Dios. Se trata de un juicio religioso no idéntico con la estructura de sentido: la persona en el estadio 3 va estableciendo sus fronteras respecto el influjo de Dios en la medida en la que acentúa el señoreo del propio campo decisorio.
En la fase de transición del Estadio 3 al 4 la conciencia de responsabilidad de las personas sigue intacta pero irrumpe la conciencia de que entre Dios y la persona existe una relación de mediación. Osser y Gmünder (1998) afirman que en adelante se irá abriendo una brecha en la que se intuye la simultaneidad de la fuerza trascendente proveniente de Dios a la vez que se toma consciencia de la inmanencia. Progresivamente se va construyendo un nuevo modelo que posibilitará la conciliación de ambas dimensiones integrándolas y unificándolas
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en un mismo ámbito de sentido. Afirman asimismo los autores que la crisis de este período se articula en la negación de los extremos habiéndose de aprender a considerar lo diversos en el sentido de que el reino de Dios sólo se puede realizar en el reconocimiento de que la totalidad de las propias acciones tienen algo que ver con este Absoluto que es Dios.
Este estadio de transición del estadio 3 al 4 podrá, en su momento, dar paso al estadio 4: Perspectiva de la autonomía religiosa y del plan de salvación en el que se da una conciliación entre la plena autonomía de decisión de las propias personas y la aceptación de Dios como la Referencia Última entendiendo que Dios no es quien hace directamente la historia sino en tanto en cuanto, fundamento del mundo y de las personas, pone las condiciones de posibilidad de la operatividad humana. En este cuarto estadio la persona tiene una estructura interna, Selbst, que conlleva la posibilidad de la capacidad de deliberación y que le propicia situarse en una relación de mediación correlativa respecto de Dios como Ser Último, como la Referencia Última.
174 b. IMAGEN DE DIOS
Figuras representadas que muestran la imagen de Dios
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Respuestas dadas a la pregunta de ¿Cómo es Dios para usted?
“Es como un muelle en espiral que no tiene inicio ni final. Es como un resorte. Un Dios que se va abriendo, que se va dando a conocer a medida que la historia avanza. Un Dios que sale de sí mismo, de su mismidad y que se abre cada vez más al hombre, para acogerlo, para acoger a todos los que quieran cobijarse dentro de Él. No es cerrado: permite que el ser humano pueda estar dentro y pueda estar fuera de él: respeta la libertad. No es inmutable: cambia, se mueve permanentemente; capaz de constreñirse para cobijar y resguardar y capaz de estirarse para alcanzar a más y para no aprisionar a nadie. Quien lo desea puede penetrar en él y quien lo desee puede salir de él. No es cerrado; todo en él es apertura, tolerancia, respeto a la libertad. Siempre abierto. Todos pueden tener cabida en Él. Lo suficientemente flexible para constreñirse y resguardar y proteger y también para alargarse y querer acoger a todos.”
“Para mí, Dios es un padre, amoroso, tierno y dador de vida, que sólo quiere mi felicidad. Hoy, no puedo separar la imagen de Dios de la relación que tiene Jesús con su Padre. Por lo tanto, me imagino a un Dios padre, como el padre del hijo prodigo. Un Dios que perdona, acompaña, anima, orienta y ama. Es la imagen de un padre anciano, porque los ancianos tienen sabiduría y experiencia. Es una imagen de un Dios grande, porque Dios es el fundamento de la vida.”
“Es importante la pregunta, cómo definir a Dios. Es nombre sagrado creador del universo. Que guía y protege. Que se hace presente en la naturaliza, en la palabra, en el ser humano y en Jesús. Nos ayuda a vivir en armonía y alegría con los demás seres vivos, a vivir en familia, en comunidad. A dar gracias por lo que somos y tenemos. Por lo que
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vivimos, lo bueno que nos enriquece y lo malo que nos nace consciente de nuestras limitaciones. Y ante esto nos mira con misericordia. Nos escucha ante las súplicas de las necesidades”.
“Mi Dios es Padre y Madre, cuya infinita misericordia acepta al pecador arrepentido y lo hace gratuitamente. Es un Dios que no quiere que el hombre le dé clases sobre cómo debe ser en su divinidad. Es Dios "preocupado" por cada uno de sus hijos. Mi Dios, que es misericordia, nunca justifica cualquier forma de la violencia contra un hombre. Es lleno de humildad. Asume todas las decisiones de su hijo. Es Dios que, lleno de esperanza, sabe esperar el regreso de su hijo. Es Dios que ama tal como sólo madre puede y sabe amar. Su amor es desinteresado, lleno de ternura, más fiel que cualquier sentimiento humano. Es valiente en el amor. Su autoridad paternal no se basa en la distancia, sino en el amor que Él expresa abiertamente. Es un Dios que no es un prisionero del egoísmo divino. Dios que es capaz alegrarse de regreso de su hijo. Pero que también sabe sufrir y este sufrimiento tiene su fuente en la compasión, en el amor del Padre.”
“Para mi Dios es mi Padre, un ser rico en misericordia, amor, piedad, Dios es mi Padre”. “Es un ser vivo infinitamente grande, vivo, amoroso, misericordioso, amable, tierno, padre y madre, omnipresente, omnisciente, sabio, en fin es un todo que te abarca, te penetra, pero siempre respetando tu libertad. Es todo en mí y en cada creación”.
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En cuanto a la imagen de Dios del grupo investigado podemos afirmar que cuatro de los miembros representan gráficamente una imagen de Dios antropomórfica afectiva, dos de ellos con características de protección, y dos de los miembros una imagen racionalizada de Dios aunque en el texto de cómo es Dios para usted también manifestarán rasgos de una imagen antropomórfica con rasgos afectivos.
Milanesi y Aletti (1974), quienes a su vez se refieren a Godin, designan antropomorfismo afectivo a la tendencia a proyectar, en la relación afectiva con Dios, el conjunto de las actitudes conscientes y, muchas veces, inconscientes, que se han estructurado a través de las relaciones familiares de la primera infancia. Consideran, asimismo, que esta forma de antropomorfismo es la más cargada de consecuencias. Afirman también que el antropomorfismo es una especie de “paso obligado” (p. 178) de la religiosidad en cualquier edad de la vida ya que es imposible hablar de Dios en términos que no deriven de la experiencia humana. En el análisis de la representación gráfica de Dios señalan que es importante verificar si la persona está en situación de distanciarse de la propia órbita egocéntrica de forma que sea posible entrever la diversidad y la alteridad de ella respecto a Dios y viceversa.
Núñez (2004) afirma que el antropomorfismo afectivo hace referencia a las categorías con que nos referimos a Dios y que comprenden alusiones afectivas. Dentro del antropomorfismo afectivo distingue el antropomorfismo afectivo protector que alude a todas las referencias a las diversas formas de amor de Dios (“Dios nos ama” / “Dios nos protege” / “Dios nos guía” / etc.). Es el caso de las cuatro sujetos citados anteriormente.
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En tres de los casos hay una representación de la imagen de Dios con características de antropomorfismo material. Núñez (2004) señala que en este tipo de representación se conservan las referencias a la trascendencia y, por ello, se utilizan categorías físicas y espaciales. Milanesi y Aletti (1974) señalan, citando a Clavier, que la concepción antropomórfica material de Dios va disminuyendo progresivamente en la infancia para dar paso a un antropomorfismo mitigado y, posteriormente, a una espiritualización. Consideran que el camino de la progresiva espiritualización se activa por las experiencias vividas y por una especie de asentamiento o relativa paralización emotiva.
En dos de los casos se representa una imagen racionalizada de Dios. Núñez (2004) afirma que se trata de una imagen más evolucionada indicador de una espiritualización en donde lo divino se vuelve más abstracto, asociado a una mayor subjetividad y sensibilidad personal, conservando sus atributos pero desprendiéndose de las limitantes de forma, tiempo y espacio. Afirma, asimismo, que esto es lo que debería producirse pero que no es lo que se observa normalmente en todas las personas.
Es destacable que en ninguna de las personas objeto de la presente investigación aparezcan signos de magismo, de animismo punitivo ni protector, así como ningún signo de antropomorfismo afectivo punitivo.
Garrido (1996) afirma que la afectividad en relación se apoya en las imágenes del tú, de tal modo que, al transformarse la relación, cambia la imagen y viceversa; al transformarse la imagen cambia, también, la relación. Garrido entiende por el término “imagen” no la imagen racionalizada, la idea, sino la imagen afectiva.
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Tomando en consideración junto a las imágenes representadas gráficamente de Dios los relatos derivados de la pregunta de cómo es Dios para usted, se puede observar los siguientes atributos, características o roles que se asignan a Dios: Dios-Padre (5), Dios-Madre (2) y Dios-Abuelo (3).
Dios-Padre. Imagen que aparece en cinco de los sujetos investigados.
Vergote (1975) afirma que la figura del padre es la instancia que introduce lo real en las profundidades afectivas ya que en el edificio edípico, la figura paternal se revela en su verdadera función, puesto que el padre es a la vez el autor de la ley que prohíbe, el modelo a quien el niño puede identificarse, y el garante que promete la dicha futura. En la unión afectiva de la madre y el niño, introduce la renuncia y la orientación dinámica hacia un futuro por construir. Dios se presenta con las mismas cualidades que el padre, autor de una ley moral, formulada negativamente en razón de la exigencia de espiritualización que contiene, como un modelo de santidad a imitar y como, providencia por la donación de una promesa que orienta al ser humano hacia una felicidad final cumbre de la espiritualización humana y no hacia el concepto de paraíso arcaico. Vergote (1975) profundiza en esta imagen de Dios- Padre afirmando que la paternidad de Dios es mucho más completa que la del ser humano y que aparece como la armonía de los contrarios integrando y reunificando todas las cualidades parentales.
Fromm (1980) afirma que la naturaleza del amor paternal conlleva exigencias a la vez que establece principios y leyes de las cuales depende el amor y la compasión de Dios. Por ello el hijo debe obedecer y respetar su orden, su dominio, para ganarse el amor del padre. Fromm considera que la relación que se establece con Dios está determinada por esta diferencia entre el amor paternal o maternal.
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Garrido (2000) señala que esta imagen reflejaría que la persona se identifica con un Padre omnipotente siendo esto evidencia de que el conflicto con Dios es reprimido y sublimado. Dios es un Tú real, absoluto y no es amor de fusión (madre), sino autoridad salvadora que asume la finitud de la persona incluido en ello la realidad de pecado. A este Tú real la persona puede siempre recurrir siempre que la libertad personal y los conflictos de la vida le hagan tomar conciencia de la propia pequeñez y fragilidad.En contraposición con la imagen del Dios Padre-Ley la imagen de Dios-Padre supone la elaboración adecuada del complejo de Edipo; la integración positiva del conflicto con la Ley en la relación de confianza con el padre. Garrido (1996) en este punto observa una debilidad de esta imagen: se trata de una elaboración psicológica pero no existencial ni teologal.
Esta imagen refleja también a un Dios que soluciona los problemas personales; la persona tiene la sensación de que Dios le ayuda a ser mejor y más feliz que a quienes no creen en Él. En términos teológicos este Dios-Padre omnipotente sería un ídolo en el que la identificación psicológica va unida a la proyección imaginaria en Dios de los propios deseos de omnipotencia.
Afirma Garrido (1996) que esta imagen de Dios-Padre tiene su lado positivo ya que es una imagen que se encuentra en personas de ámbito familiar privilegiado que han tenido la fortuna de tener unos padres maduros afectivamente que han facilitado la adecuada integración del amor incondicional (ser queridos, contar siempre con el padre sin amenaza de pérdida), y de la responsabilidad moral (iniciativa, actitudes éticas,
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generosidad). Basándose en esta positiva vinculación y experiencia la relación con Dios presenta las mismas características de confianza incondicional y de sentido moral. Vista así la relación pudiera parecer perfecta y considera el autor que hasta la adolescencia poder estructurar de este modo la imagen de Dios es altamente positivo. Pero a partir de la adolescencia el joven ha de hacer su propia síntesis y esta imagen tan positiva se puede tornar una dificultad ya que el joven se ha podido acostumbrar a la armonía y a la ausencia de cualquier tipo de conflicto o de crisis.
La debilidad que Garrido (1996) encuentra a esta imagen de Dios es que a la persona le parece “normal” ser querida por Dios como si de un derecho que tuviera se tratase. Opina que ello delata que la afectividad no ha sido confrontada con los conflictos del adulto en el ámbito y social que la conciencia de pecado no ha pasado por crisis existenciales. Cuando Dios no responde a las propias expectativas el “ídolo omnipotente” proyectado en Dios quedará destrozado ya que no cumple las expectativas de la persona. Afirma, asimismo, que la transposición de la imagen parental a Dios es la que produce que el amor parezca normal, parezca un derecho. Este tipo de relación así expresada es indicador de que en la relación con Dios predomina lo psicoafectivo.
Sobre la imagen de Dios-Padre Correa (2010) afirma que la primacía del Dios paternal no implica que lo maternal haya desaparecido ya que considera que ello supondría alejarse completamente de la realidad al ocupar lo maternal un espacio muy importante en el imaginario religioso, y en especial, en Latinoamérica.
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Para Garrido (1996) esta imagen de Dios presenta un rostro personal. Evidencia una relación de confianza y tan positiva que únicamente para contar y ser significativo lo gratificante. Es un Dios de la armonía sin conflicto que proporciona seguridad a la persona. De alguna manera es una especie de seno protector que exime al sujeto de cualquier tipo de responsabilidad. Esta imagen tiene, según este autor, múltiples manifestaciones entre las que señala las siguientes:
o En la conciencia de los creyentes cuando el pecado nos más que ignorancia o un fallo que se considera “normal” y que no tiene relación con Dios, ni que afecta a la relación de la persona con Él.
o En la tendencia a vivir lo religioso como búsqueda de armonía persona pero fuera del ámbito de la relación interpersonal y del compromiso.
o En la afirmación de la gratuidad de la Salvación como algo objetivo que ya está asegurado y en el que no es necesaria la implicación de la propia persona.
Afirma Garrido (1996) que, tras esta aparente imagen positiva de Dios, hay mucho de reaccional en cuanto que frente a la imagen autoritaria de Dios aparece una imagen permisiva que puede dar origen a una fe sin ética, carente de compromiso. Observa también en esta imagen de Dios una tendencia regresiva a evitar la angustia de separación o el miedo a la responsabilidad. Señala que lo malo de este imagen es que se racionaliza en la Teología