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ANÁLISIS CUESTIONARIOS

1. MADUREZ PSICOLÓGICA

En esta persona predomina de forma muy significativa la concepción Humanista- Constructivista de la Madurez (6.75). Zacarés y Serra (1999) afirman que las personas que se ubican en esta categoría entienden la madurez como un proceso íntimamente ligado a su experiencia interna; es decir, se juzga a las personas como maduras o inmaduras, no tanto por el tipo de experiencias observables externamente que hayan ido sucediéndose en sus vidas, sino por la forma en que han afrontado dichas experiencias. Para las personas en las que prevalece esta concepción la madurez proviene de procesos de afrontamiento y construcción internos, no estando relacionados con criterios sociales de éxito. La madurez se entiende como un logro deseable para todo ser humano. Ello implica tener que ejercitarse en encontrar un sentido y significado a lo que se vive de forma que la propia vida va construyéndose con conciencia y provecho. Según Zacarés y Serra (1998) se podría decir que las personas en las que predomina esta Teoría consideran que lo que nos hace más maduros

01 TE O R ÍA S IM P L ÍC ITA S HUMANISTA- CONSTRUCTIVISTA 6.75 EVOLUTIVA- NORMATIVA 2.66 PETER PAN 3.88 RELATIVISTA- ESCÉPTICA 1.87 RESISTENCIA 3.87

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no es la cantidad de experiencias que vivamos, sino el modo en que las asumimos y les damos significado.

Con un menor grado de relevancia aparecen también las teorías de Peter Pan (3.88) y la Teoría de la Resistencia (3.87). Desde la perspectiva de la Teoría de Peter Pan, Zacarés y Serra (1997) afirman que la creencia representativa sería la de que la persona madura sería aquella que mejor hubiera realizado sus sueños e ilusiones adolescentes. Las personas que están de acuerdo con esta teoría entienden que la madurez implica la fidelidad a uno mismo al margen de los convencionalismos sociales. Se entiende que madurar es llegar a desarrollar las potencialidades y características idiosincráticas de uno mismo sin ningún tipo de cortapisas que limiten desde el exterior la propia libertad. En cierto sentido se manifiesta un rechazo a la normalidad adulta como ideal de madurez.

Prácticamente con un peso similar (3.87) aparece la Teoría de la Resistencia. Para esta teoría el logro de la madurez está en relación con el sufrimiento (“si no se ha sufrido, no se ha podido madurar”). En esta perspectiva predomina una concepción pasiva del ser humano y de su maduración psicológica siendo lo más importante resistir ante las dificultades que, inexorablemente, la vida presenta.

Resulta significativo el dato de que la Teoría Relativista- Escéptica arroje una puntuación de 1,87. Esta teoría es la que sintetiza en opinión de Zacarés y Serra (1999) las visiones que más cuestionan el propio constructo de madurez.

Como conclusión de la concepción de Madurez humana del sujeto 01 podemos señalar que tiene un concepto determinado de madurez, no difuso ni escéptico. Concibe la madurez como un logro deseable para la persona a través de un proceso interno de sentido y significación de todo lo que le acontece sin estar pendiente de los criterios de plausibilidad sociales. También relaciona la madurez con el cumplimiento y logro de los propios sueños e

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ideales personales al margen de los convencionalismos y en los que será importante, también en cierta medida, resistir a las dificultades que la vida vaya presentando.

2. MADUREZ ESPIRITUAL

a. JUICIO RELIGIOSO

El sujeto 01 presenta una puntuación de 3.8 en la Teoría de los Estadios de su desarrollo religioso de Osser y Gmünder (1998). De ello se deduce que esta persona presenta un juicio religioso enmarcable como avanzado estado de transición del estadio 3 al 4 estando muy cercano al Estadio 4. En este estadio de transición la responsabilidad del ser humano sigue estando intacta pero irrumpe la conciencia de que entre Dios y la persona existe una relación de mediación que se intuye simultánea; es decir, se toma consciencia de la fuerza operativa trascendente –a la vez que inmanente- y, progresivamente, se irá construyendo un nuevo modelo posibilitador de la conciliación de ambas dimensiones.

El sujeto 01 presenta una concepción de autonomía religiosa y del plan de salvación en una perspectiva integradora. Osser y Gmünder (1998) afirman que en este estadio se presenta una nueva conciliación entre la plena autonomía de decisión de la persona junto a la aceptación de una Referencia Última que, en este caso, sería Dios. El mundo no aparece como determinando sino que lo terrenal se vivencia como “ecuación de lo Divino” (Osser y Gmünder, 1998, p.111) en donde se vivencia que Dios no hace directamente la Historia sino que pone las condiciones de posibilidad de la operativa humana. Esto significa que la persona tiene capacidad de deliberación y que se concibe como decisivo en la historia del plan de salvación. Esta libertad que siente la persona inserta en este estadio hace que se sienta sujeto

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de su propia historia ya que se siente y percibe como sujeto fijado en la libertad. Y percibe esta libertad gobernada “desde fuera” en el sentido de sentirse ser fijado en la libertad.

b. IMAGEN DE DIOS

El sujeto 01 representa a Dios en una imagen con tres espirales:

Ante la pregunta de cómo es Dios para usted, la respuesta es la siguiente: “Es como un muelle en espiral que no tiene inicio ni final. Es como un resorte. Un Dios que se va abriendo, que se va dando a conocer a medida que la historia avanza. Un Dios que sale de sí mismo, de su mismidad y que se abre cada vez más al hombre, para acogerlo, para acoger a todos los que quieran cobijarse dentro de Él. No es cerrado: permite que el ser humano pueda estar dentro y pueda estar fuera de él: respeta la libertad. No es inmutable: cambia, se mueve permanentemente; capaz de constreñirse para cobijar y resguardar y capaz de estirarse para alcanzar a más y para no aprisionar a nadie. Quien lo desea puede penetrar en él y quien lo desee puede salir de él. No es cerrado; todo en él es apertura, tolerancia, respeto a la libertad. Siempre abierto. Todos pueden tener cabida en Él. Lo suficientemente flexible para constreñirse y resguardar y proteger y también para alargarse y querer acoger a todos.”

Básicamente la imagen de Dios que aparece no se corresponde con una visión animista, ni antropomórfica, ni mágica. En el relato que hace sobre la imagen podemos considerar algunos rasgos de una imagen antropomórfica afectiva: “Un Dios que sale de sí

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mismo, de su mismidad y que se abre cada vez más al hombre, para acogerlo, para acoger a todos los que quieran cobijarse dentro de Él. No es cerrado: permite que el ser humano pueda estar dentro y pueda estar fuera de él: respeta la libertad“. Siguiendo a Núñez (2004) es una imagen más evolucionada que revela una superación de la funcionalidad de la relación con lo espiritual en la que se evidencia que la relación de la persona con Dios no está al servicio de sus temores e incapacidades. Núñez (2004) afirma que esto es indicador de un alto nivel de desarrollo personal en el que es necesario poseer una madurez psicológica; la persona ha de sentirse segura de sí misma, satisfecha y con capacidad. Esto hace que ponga al servicio de Dios todos sus recursos; la persona está dispuesta a entregarse antes que a pedir y a conceder antes que a demandar. En este caso Dios viene a hacer plena su existencia en lugar de a cubrir y satisfacer las propias debilidades y necesidades. Nüñez (2004) señala, asimiso,que se trata de una imagen más evolucionada indicador de una espiritualización en donde lo divino se vuelve más abstracto, asociado a una mayor subjetividad y sensibilidad personal, conservando sus atributos pero desprendiéndose de las limitantes de forma, tiempo y espacio. Afirma, asimismo, que esto es lo que debería producirse pero que no es lo que se observa normalmente en todas las personas.

Según Garrido (1996) el sujeto 01 presenta algunos rasgos de imagen racionalizada de Dios aunque están presentes elementos afectivos (“apertura, tolerancia, respeto, cobijo, libertad…”) que indican el modo de relación. Garrido (1996, p. 250) afirma que cuando la afectividad es teologal las imágenes de Dios comienzan a ser fundamentalmente un soporte simbólico para expresar la relación con Dios. En la fase teologal señala que predomina la presencia inobjetivable del Dios personal, atemáticamente percibido desde la fe y que es

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capaz realizar síntesis de contrarios (cercanía y distancia; conciencia de la gratuidad y de la culpa, etc.).

Siguiendo a Garrido (2000, p. 148) podemos señalar que el sujeto 01 resuelve bien el conflicto psicoafectivo con Dios de manera adulta relacionándose con Él como amor incondicional, que no se entromete en nuestras vidas; un Dios que ama sin ser posesivo, que quiere la autonomía de la persona y con quien puedo establecer una relación interpersonal de amor liberado de la necesidad infantil de ser aprobado o de tener miedo al rechazo no siendo necesario defenderse de Dios para ser uno mismo. La grandeza de su amor está en que quiere ser amado así, sin que le necesitemos, entregados a la transformación responsable de la condición humana apoyando a la persona y respaldándola afectivamente pero sin intervenir directamente. Garrido (2000) afirma que esta imagen refleja, ciertamente a un Dios incondicional, pero señala que Dios, aquí, no tiene autoridad de Dios ya que promueve la autonomía, pero no salva; Dios no soluciona nuestros problemas pero ha dejado de ser omnipotente.

La imagen de Dios presente es una imagen evolucionada y sana psicoafectivamente. Desde el punto de vista espiritual, en opinión de Garrido (2000), habría que considerar aún esta persona no expresa las características específicas de una “infancia espiritual”, síntesis única que sólo el Espíritu Santo puede realizar entre necesidad, libertad y sentido, a la medida de la adultez propia de Jesús, más allá de heteronomía y autonomía” que al final de un proceso de relación teologal con Dios

112 3. SÍNTESIS

En cuanto a la madurez psicológica podemos señalar que en esta persona predomina la concepción Humanista- Constructivista de la Madurez; ello revela que prevalece en ella un concepto de la madurez entendido como logro deseable para todo ser humano y proveniente de procesos de afrontamiento y construcción internos, no estando relacionados con criterios sociales de éxito.

En cuanto a la madurez espiritual se sitúa prácticamente en el Estadio 4 del Juicio Religioso en el que la persona y Dios están circunscritos en el fundamento de la existencia; la persona actúa y fundamenta su vida y existencia en Dios desde una óptica más abstracta, más existencia y trascendente. Dios está presente en todas las decisiones pero desde la autonomía de la persona. Esta persona funda una búsqueda de la interpretación de Dios en todos los ámbitos e intenta descubrir cómo Dios se revela en todas las cosas. Su libertad se encuentra referenciada y condicionada por Dios pero todavía no configura su libertad de manera total y absoluta a la libertad de Dios ya que prevalece su libertad a la salvación de Dios. Esto se corrobora y reafirma con la representación gráfica de Dios y con la respuesta dada a lo que es Dios para esta persona; se presenta a un Dios que “sale de sí mismo” y que “se abre cada más al hombre” respetando su libertad. En la descripción de la imagen de Dios, este Dios respeta absolutamente la libertad del hombre. Esta descripción de la libertad de la persona respecto a Dios es propia del Estadio 5 del desarrollo del juicio religioso descrito por Oser y Gmünder (1998).

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En cuanto a la representación gráfica de Dios presenta una imagen evolucionada con presencia de atributos afectivos en la descripción de la imagen.

Podemos concluir señalando que para el sujeto 01 es importante encontrar un sentido y significado a lo que se vive asumiéndolo y dotándolo de sentido referido a un Dios que lo asume como Referencia Última. Un Dios que no va a actuar directamente en la historia sino a través de que la persona acepte lo que considera su voluntad. De este modo el sujeto 01 se concibe como decisivo en esta historia de salvación sintiéndose absolutamente libre para aceptar o rechazar esa oferta de salvación y no utilizando a Dios como recurso para satisfacer las propias necesidades y demandas personales.

Consecuencias para su vinculación con los otros, para el trabajo pastoral y para sí mismo.

El sujeto 01 es una persona con clara conciencia de sí mismo y concibe la vida y la relación con Dios como un proceso. La relación con los otros se realizará, presumiblemente, desde una concepción de la persona en continuo proceso de crecimiento y con alta valoración del logro de la autonomía personal. En consecuencia esperará de los otros que tengan una actitud de crecimiento personal huyendo de cierta concepción vigente de que la madurez psicológica de la persona coincide con la fase adulta de la vida. El sujeto 01, asimismo, entregará muy probablemente a las personas con quienes entre en contacto en su actividad pastoral esta visión dinámica y de continua construcción y logro de la realización personal basada en el descubrimiento de la propia identidad personal y de la propia vocación más que en los criterios de plausibilidad social vigentes.

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Al ser su imagen de Dios una imagen evolucionada en la que Dios es una Referencia Última posibilitadora y facilitadora para la vida de las personas, a nivel pastoral operará desde una imagen integradora, unificadora y posibilitadora de un Dios cercano a la propia persona que se concebirá en continuo proceso de desarrollo que posibilitará el trabajo en una perspectiva de pastoral de procesos. Tal vez el desafío pastoral y espiritual del sujeto 01 esté en ir trabajando personalmente la actitud de la indiferencia espiritual en el sentido de que la misión se libere de la necesidad de resultados y de frutos conforme a sus propios deseos en la línea de la justificación de la fe y no de las obras (Rom. 3, 28) o en el “sólo Dios basta” de Santa Teresa.

A nivel personal tal vez su desafío esté en aceptar, a nivel existencial y espiritual más que a nivel cognitivo, que sólo Dios salva y que desde la fe, desde el corazón de Dios, puede encarar las contradicciones que la vida va deparando. Debido a su concepto de madurez como proceso de desarrollo tal vez esté en su horizonte el imaginario de la autorrealización en clave de autonomía personal pero referida a Dios más que en una integración comunicativa.

115 SUJETO 02

1. MADUREZ PSICOLÓGICA

La concepción Humanista- Constructivista de la Madurez (6.62) es la predominante en esta persona. Según Zacarés y Serra (1999) podemos afirmar que esta persona entiende la madurez como un proceso íntimamente ligado a su experiencia interna; es decir, define a las personas como maduras o inmaduras, no tanto por el tipo de experiencias observables externamente que hayan ido sucediéndose en sus vidas sino por la forma en que han afrontado dichas experiencias. Para las personas en las que prevalece esta concepción la madurez proviene de procesos de afrontamiento y construcción internos, no estando relacionados con criterios sociales de éxito. La madurez se entiende como un logro deseable para todo ser humano. Ello implica tener que ejercitarse en encontrar un sentido y significado a lo que se vive de forma que la propia vida va construyéndose con conciencia y provecho. Según Zacarés y Serra (1998) se podría decir que las personas en las que predomina esta Teoría consideran que “lo que nos hace más maduros no es la cantidad de experiencias que vivamos, sino el modo en que las asumimos y les damos significado.

02 TE O R ÍA S IM P L ÍC ITA S HUMANISTA- CONSTRUCTIVISTA 6.62 EVOLUTIVA- NORMATIVA 2.22 PETER PAN 3.77 RELATIVISTA- ESCÉPTICA 0.87 RESISTENCIA 3.50

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Con un menor grado de relevancia aparece también la teoría de Peter Pan (3.77) según la cual la persona madura sería aquella que mejor hubiera realizado sus sueños e ilusiones adolescentes. En esta perspectiva se considera, asimismo, importante la fidelidad a uno mismo al margen de los convencionalismos sociales. Se entiende que madurar es llegar a desarrollar las potencialidades y características idiosincráticas de uno mismo sin ningún tipo de cortapisas que limiten desde el exterior la propia libertad. En cierto sentido se manifiesta un rechazo a la normalidad adulta como ideal de madurez.

Con una puntuación similar aparece, en tercer lugar, la Teoría de la Resistencia (3.50) en la que el logro de la madurez está en relación con el sufrimiento (“si no se ha sufrido, no se ha podido madurar”). En esta perspectiva predomina una concepción pasiva del ser humano y de su maduración psicológica siendo lo más importante resistir ante las dificultades que, inexorablemente, la vida presenta. Según Zacarés y Serra (1999) de acuerdo a esta creencia y visión es imposible que una persona sea madura si en su vida no ha tenido que enfrentarse y resistir a los obstáculos que se le han ido presentado. Enfrentarse a los obstáculos y resistirlos habrá contribuido a curtir el carácter

La concepción relativista-escéptica (0.87) es prácticamente inexistente en esta persona lo cual significa que para el sujeto tiene una concepción determinada y asumida de la madurez lejos de la percepción sectorizada y menos holística que representa la concepción relativista—escéptica. Ello está en consonancia con la clara predominancia de la concepción humanista-constructivista predominante en el sujeto 02.

117 2. MADUREZ ESPIRITUAL

a. JUICIO RELIGIOSO

El sujeto 02 presenta una puntuación de 3.9 en la Teoría de los Estadios del Juicio religioso formulada por Osser y Gmünder (1998) que se corresponde a un estadio de Transición, muy avanzado entre el Estadio 3 (Perspectiva de la autonomía absoluta y del deísmo) y el Estadio 4 (Perspectiva de la autonomía religiosa y del plan de salvación).

Permaneciendo intacta la autonomía de la persona irrumpe la conciencia de que entre la persona y Dios existe una relación de mediación, aunque en este estado de transición aún no se presenta del todo conciliada. Osser y Gmünder (1998, p.110) afirman que en estos momentos de transición, considerados críticos, son momentos de inquietud transformativa. La crisis de este estado de transición se articula por la negación de los extremos; la persona va descubriendo que los problemas no se resuelven disociando el ámbito de Dios del propio ámbito personal. La crisis de este estadio es vivida en un primer momento en forma de regresión al ver la persona que no puede responder tan satisfactoriamente como desearía las preguntas sobre la fundamentación de la existencia, de la comunicación, etc.

Superar esta fase crítica le ha propiciado al sujeto 02 una nueva conciliación entre la plena autonomía de decisión y la aceptación de Dios como Referencia Última que le posibilita vivenciar a Dios como condición de posibilidad de toda decisión y de toda acción. Dios es percibido y reconocido en muchos ámbitos (naturaleza, cultura, en la capacidad de amar, etc.) así como es percibido como fundamento del mundo y de la existencia humana; Dios no interviene directamente en el devenir y en las acciones concretas de la historia sino

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que se presenta como fundamento y marco de posibilidad. Ante esto la persona se percibe con propia capacidad de deliberación y discernimiento. La persona toma conciencia de que es un actor decisivo dentro del plan o de la historia de la salvación y se ve y siente partícipe de un plan, orientando su libertad de modo casi absoluto. Osser y Gmünder (1998) afirman que

lo fundamental en la estructura del estadio 4 es que este plan (de salvación), por un lado, y la Referencia Última, por otro, no son ya abolidos o suspendidos por la autonomía internalizada del estadio 3, sino que son justamente ellos los que la posibilitan. (p. 112)

Resulta significativo, asimismo, que haya dos respuestas que son claramente del

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