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5. Discusión

5.3. Análisis del tiempo de uso de pantalla

Para la realización de la presente investigación, la variable tiempo de uso de pantalla se ha considerado con valor 1 si se usaban las pantallas tecnológicas un máximo de 3 horas diarias, el valor 0 si se superaban las 3 horas. En el grupo experimental, tanto en el pre-test como en el post-test, el 100% de los niños y niñas se exponen a las pantallas un máximo de 3 horas diarias. En el grupo control, en el pre-test el 100% de los niños/as cumplían el máximo de hasta 3 horas, pero tras el programa de intervención, uno de los niños, el 10% del grupo control, aumenta su tiempo de uso de pantalla a más de 3 horas. Tras estos resultados, podríamos indicar que los niños/as que han llevado a cabo el programa de intervención aún usando los avances tecnológicos de forma motriz, no han aumentado su exposición a las pantallas tecnológicas, lo que resulta un signo que no contribuye al sedentarismo; por el contrario, el grupo control empeora posiblemente al no seguir un programa contra el sedentarismo y sobrepeso, contra la inactividad física. Estos resultados se producen acorde con la disminución del IMC del grupo experimental y el aumento en el grupo control, resultados respaldados por estudios como el de Van Ekris et al. (2016; cit. in Stiglic & Viner, 2016) que constataron una relación fuerte entre el tiempo de pantalla y el IMC, con incidencia evidente en el sobrepeso y obesidad a lo largo del tiempo, aunque no aumentaba directamente con cada aumento de hora de tiempo de pantalla.

Respecto al umbral de las 3 horas de tiempo de uso de pantalla de nuestro análisis, la Asociación Española de Pediatría (AEP, 2019), considera que los niños/as menores de 2 años no deben exponerse a las pantallas tecnológicas, de 2 a 4 años como máximo 1 hora, de los 5 a los 17 años como máximo 2 horas al día. De la misma manera, el informe

Riesgo cardiovascular desde la infancia (Sociedad Española de Cardiología, 2019),

incluye como causa de sedentarismo el tiempo de uso de pantalla, considerando inadecuado la exposición de los niños/as a móviles y tablets en menores de 2 años, nunca dos horas antes de dormir. Manonelles-Marqueta et al. (2008) incluye además la necesidad de que los padres y madres limiten el tiempo de pantalla a menos de 2 horas diarias a los niños/as dando alternativas de actividades y juegos motrices. Stiglic & Viner (2019) consideran que un tiempo de pantalla de dos horas o superior al día disminuye la

calidad de vida y la salud de los niños/as. Reid-Chassiakos et al. (2016) corrobora la relación entre usar las pantallas 2 o más horas y los problemas de sobrepeso; además, como nos indica Wen et al. (2014; cit. in Reid-Chassiakos et al., 2016), para niños menores de un año, el IMC aumenta por cada hora a la semana de exposición a las pantallas tecnológicas.

El tiempo de uso de pantalla a partir del cual se considera causante del sobrepeso ha ido aumentando a lo largo de los años. En un estudio efectuado en 1996 en niños/as de 5 a 10 años, se constató que los jóvenes con más de 5 horas al día delante del televisor tenían mayores posibilidades de sobrepeso que los que se exponían un máximo de 2 horas (Gortmaker et al., 1996; cit. in Reid-Chassiakos et al., 2016). Un estudio más actual realizado entre niños de 4 a 13 años indica que permanecer delante del televisor más de 1.5 horas al día ya es relevante para la obesidad (De Jong et al., 2013; cit. in Reid- Chassiakos et al., 2016), mientras que una investigación con una muestra cercana a los 300000 niños/as y jóvenes concluyó que un uso de pantallas entre 1 y 3 horas puede aumentar la obesidad de un 10% a un 27% (Braithwaite et al., 2013; cit. in Reid- Chassiakos et al., 2016). Tras los estudios más actuales, Reid-Chassiakos et al. (2016) abre la posibilidad de que el umbral de tiempo de uso de pantalla debería ubicarse entre 1 y 1.5 horas al día para evitar el exceso de peso infantil y juvenil, más restrictivo que las 2 horas al día actualmente propuestas, como es el caso de la Academia Americana de Pediatría; lo que supone un umbral mucho más restrictivo que el de las 3 horas usado en nuestra investigación. El informe Riesgo cardiovascular desde la infancia (Sociedad Española de Cardiología, 2019) indica que entre el 21% y el 40% de los niños/as españoles pasa menos de 1 hora al día frente a las pantallas tecnológicas.

Por el contrario, existen autores que no atribuyen tanta importancia del tiempo de pantalla en cuanto a su relación causante del sobrepeso y la obesidad, es el caso del estudio llevado a cabo por Mitchell et al. (2013; cit. in Reid-Chassiakos et al., 2016) que identificó relación significativa entre el tiempo de pantalla de televisión y la obesidad solamente para los niños/as que ya tenían un IMC muy elevado. Sisson et al. (2010; cit. in Reid-Chassiakos et al., 2016) determinó que era la unión entre inactividad física y muchas horas de pantalla lo que provocaba exceso de peso, no sólo el tiempo de pantalla. Siguiendo en esta línea, Stiglic & Viner (2019) nos recuerda que existen autores

determinados contenidos digitales, interesantes para el desarrollo de los niños/as; las pantallas digitales promueven la salud física, social y cognitiva, menospreciando los efectos perjudiciales.

En la actualidad, Reid-Chassikos et al. (2016) nos indica la importancia de aplicaciones actuales para móvil o tablet, también otros dispositivos tecnológicos, que contribuyen a la actividad motriz, como aquellos que contabilizan los pasos, el ritmo de carrera, el tiempo y la distancia, etc., reforzando por tanto los comportamientos activos. Markowitz et al. (2018), han demostrado el uso de la realidad virtual como promotor del aprendizaje en niños/as y jóvenes, en concreto aplicado al conocimiento del cambio climático; mejorando la actitud social y ambiental tras la inmersión en los océanos a través de la realidad virtual, aumentando su conocimiento y curiosidad. La realidad virtual se puede usar también para mejorar aspectos psicológicos y sociales, incluso usarse sin su vertiente motriz para facilitar el aprendizaje (Ver Dede, 2009; Merchant et al., 2014; cit. in Markowitz et al., 2018).

Sandercock et al. (2012) estudió en los niños/as la relación del tiempo de uso de pantalla y nuestra siguiente variable de estudio, el desplazamiento pasivo al colegio, en su aptitud cardiorrespiratoria; concluyendo que la combinación de altos niveles de pantalla y desplazamientos pasivos al colegio parece asociarse a una menor aptitud cardiorrespiratoria infantil.

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