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La anatomía vocal y respiratoria en la antigua Grecia

In document La voz y el canto en la antigua Grecia (página 82-114)

III. El instrumento del canto

3. La anatomía vocal y respiratoria en la antigua Grecia

(a) Preliminares

Como acabamos de ver, es complicado rastrear en las obras más antiguas los datos que pueden sernos de relevancia acerca de los estudios sobre el aparato vocal y respiratorio, dado el carácter fragmentario de los textos conservados. Vamos a dedicar este capítulo a extraer, en la medida de lo posible, las ideas que hemos encontrado en los estudios de diversos auto- res para establecer una comprensión diacrónica de la evolución del conocimiento de la anti- gua Grecia sobre el aparato vocal y respiratorio.

Las primeras referencias importantes para nuestro estudio las hallamos en el corpus

hippocraticum, cuya descripción de la epiglotis, de la tráquea y de los bronquios es aceptable,

aunque la tráquea y el esófago no suelen distinguirse entre sí. Incluso se habla de una comu- nicación directa entre la tráquea y la vejiga urinaria152

. Se describen los pulmones como un órgano de estructura esponjosa con cinco lóbulos, comunicados vascularmente con el cora- zón. Por extraño que nos parezca, esta escuela no pensó que el aire que inspiramos puede lle- gar a los pulmones a través de la tráquea. Para ellos, el pneuma se dirigía primero al encéfalo a través de los canales del etmoides, cuyo tejido en forma de celdillas es parte de la base de la fosa craneal, estando, por lo tanto, en la zona superior interna de la cavidad nasal. Del encéfa- lo pasaría al vientre y, de allí, a los pulmones, siguiendo a través de las venas por todo el cuerpo. Produce la inteligencia en el cerebro, sirve de alimento para el corazón y el pulmón, cuya temperatura regula, y refresca igualmente el vientre. Sin embargo, en Carn. (18.10-16) se confirma, quizá por primera vez, el hecho de que la función propia del pneuma es la fona- ción. Además, alimenta, impulsa, refrigera y vivifica el organismo, en el que penetra por la boca y la nariz, así como también por toda la superficie del cuerpo. Se atestigua en todo el

corpus hipocrático el uso de los términos διαπνοή (espiración) y ἀναπνοή (inspiración o

también respiración en sentido general)153

.

Para Demócrito, la característica de la vida pertenece de un modo primordial al movi- miento de una clase especial de átomos. Los compuestos poseen vida en virtud de la presen- cia de estos átomos, los más capaces por su figura de penetrar en los cuerpos (67 A 28). El rasgo característico de la vida es la respiración, y los cuerpos vivirán en tanto sean capaces de mantener en su interior, por medio de la respiración, los átomos esféricos responsables del

152. Laín Entralgo (1970: 139)

calor y el movimiento. La muerte se produce por un desequilibrio provocado por la incapaci- dad del cuerpo de seguir reteniendo y renovando estos átomos frente a la presión exterior (68 A 106)154

. El aire es, por tanto, el elemento principal que sostiene el alma con vida. Anaxíme- nes (13 A 8) lo identificó como un todo continuo, infinito y dotado de movimiento espontá- neo de expansion y contracción alternadas que hacen que experimente alteraciones de densi- dad para transformarse en viento o en nube, y, a mayor densidad, se convierta en agua, tierra y rocas, origen de todo lo demás. Esta doctrina tiene su explicación en que desde época arcai- ca, el alma (ψυχή) tiene la misma esencia del espíritu (πνεῦμα), término con el que también se designa el soplo vital:

“οἷον ἡ ψυχή, φησίν, ἡ ἡμετέρα ἀὴρ οὖσα συγκρατεῖ ἡμᾶς καὶ ὅλον τὸν κόσμον πνεῦμα καὶ ἀὴρ περιέχει”.

“Al igual que nuestra alma mantiene nuestra cohesión por su naturaleza aérea, así también es soplo y aire lo que abraza a todo el universo155

”.

Para Platón (Ti. 47c-d), la harmonía fue concedida por las Musas al que se sirve de ella con inteligencia para ordenar la revolución disharmónica de nuestra alma y acordarla consigo misma, es decir para crear estabilidad y equilibrio en el alma de los hombres (εἰς κατακόσμησιν καὶ συμφωνίαν ἑαυτῇ σύμμαχος ὑπὸ Μουσῶν δέδοται). Las dos princi- pales herramientas de que se sirve con tal fin son tanto la voz (φωνή) como el oído (ἀκοή). Los antiguos pensaban que la voz se producía cuando dos cuerpos chocaban entre sí. De este modo, el oído cobraba una relevancia especial en la transmisión de la onda sonora. Así, Pla- tón declara que la voz se transmite por el aire a modo de golpe que penetra las orejas, el ce- rebro y la sangre para alcanzar nuestra alma. Este golpe genera, a su vez, un movimiento en la cabeza para terminar en la sede hepática, la audición (τελευτῶσαν δὲ περὶ τὴν τοῦ ἥπατος ἕδραν, ἀκοήν), de modo que cuando es rápida, es aguda; si es más lenta, es más

grave; y la regular es uniforme y suave; la contraria, áspera; potente, la que es abundante; y la opuesta, débil (ὅση δ’ αὐτῆς ταχεῖα, ὀξεῖαν, ὅση δὲ βραδυτέρα, βαρυτέραν· τὴν δὲ

ὁμοίαν ὁμαλήν τε καὶ λείαν, τὴν δὲ ἐναντίαν τραχεῖαν· μεγάλην δὲ τὴν πολλήν, ὅση δὲ ἐναντία, σμικράν)156

.

Platón (Ti. 77e-79a.) nos relata cómo el Demiurgo creó el sistema respiratorio y sus funciones en el ser humano. En la descripción se observa una tradición presocrática bien cla-

154. Díaz (2004: 3) 155. Anaximen. 13 B 2. 156. Pl. Ti. 67a 7.

ra, que adscribe a las funciones del cuerpo las de los cuatro elementos básicos (fuego, agua, aire y tierra), causantes de insuflar vida al alma. Para Platón, desde la cabeza se prepara la irrigación (ὑδραγωγίαν) que presupone que todo lo que está compuesto por elementos me- nores es impenetrable a los mayores (πάντα ὅσα ἐξ ἐλαττόνων συνίσταται στέγει τὰ μείζω), pero lo que está compuesto de mayores no puede detener a los menores (τὰ δὲ ἐκ μειζόνων τὰ σμικρότερα οὐ δύναται). Por otro lado, el fuego es el elemento que tiene las partículas más pequeñas, por lo que atraviesa agua, aire y tierra y todo lo que está hecho de estos elementos, pero ninguno de ellos puede impedirle el paso (πῦρ δὲ πάντων γενῶν σμικρομερέστατον, ὅθεν δι᾽ ὕδατος καὶ γῆς ἀέρος τε καὶ ὅσα ἐκ τούτων συνίσταται διαχωρεῖ καὶ στέγειν οὐδὲν αὐτὸ δύναται –scil. στέγειν–). Este mismo sistema se obser- va en la cavidad de nuestro tronco, que obstruye el paso de las comidas y bebidas cuando caen en ella, pero no puede detener el aire ni el fuego, dado que están compuestos de partícu- las menores que las que tiene su estructura (ταὐτὸν δὴ καὶ περὶ τῆς παρ᾽ ἡμῖν κοιλίας διανοητέον, ὅτι σιτία μὲν καὶ ποτὰ ὅταν εἰς αὐτὴν ἐμπέσῃ, στέγει, πνεῦμα δὲ καὶ πῦρ σμικρομερέστερα ὄντα τῆς αὑτῆς συστάσεως οὐ δύναται).

Continúa Platón explicando que el Demiurgo utilizó el fuego y el aire como los dos ele- mentos del sistema de irrigación que va de la cavidad del tronco hacia las venas, un tejido de aire y fuego como las nasas que sirven para atrapar peces (πλέγμα ἐξ ἀέρος καὶ πυρὸς οἷον οἱ κύρτοι συνυφηνάμενος), con ingresos dobles en la entrada, de los que, a su vez, uno tie- ne una bifurcación (διπλᾶ κατὰ τὴν εἴσοδον ἐγκύρτια ἔχον, ὧν θάτερον αὖ πάλιν διέπλεξεν δίκρουν). Desde los pasajes de entrada extendió como aderras alrededor de todo el órgano, hasta el extremo del tejido (καὶ ἀπὸ τῶν ἐγκυρτίων δὴ διετείνατο οἷον σχοίνους κύκλῳ διὰ παντὸς πρὸς τὰ ἔσχατα τοῦ πλέγματος) e hizo todo el interior del tejido de fuego, y la entrada y la cavidad de aire (τὰ μὲν οὖν ἔνδον ἐκ πυρὸς συνεστήσατο τοῦ πλοκάνου ἅπαντα, τὰ δ᾽ ἐγκύρτια καὶ τὸ κύτος ἀεροειδῆ). A continuación, puso la doble entrada en la boca (τὸ μὲν τῶν ἐγκυρτίων εἰς τὸ στόμα μεθῆκεν) e hizo bajar una parte de los tubos bronquiales hacia el pulmón y la otra a lo largo de ellos a la cavidad del tronco (διπλοῦ δὲ ὄντος αὐτοῦ κατὰ μὲν τὰς ἀρτηρίας εἰς τὸν πλεύμονα καθῆκεν θάτερον, τὸ δ᾽ εἰς τὴν κοιλίαν παρὰ τὰς ἀρτηρίας). Dividió después el otro acceso en dos e hizo terminar cada parte conjuntamente en los conductos de la nariz, de modo que cuando no funciona la boca, desde esa entrada se pueden llenar todos sus flujos (τὸ δ᾽ ἕτερον σχίσας τὸ μέρος ἑκάτερον κατὰ τοὺς ὀχετοὺς τῆς ῥινὸς ἀφῆκεν κοινόν, ὥσθ᾽ ὅτε μὴ κατὰ στόμα ἴοι θάτερον, ἐκ τούτου πάντα καὶ τὰ ἐκείνου ῥεύματα ἀναπληροῦσθαι). Hizo crecer el resto de la cavidad de la nasa alrededor de toda la concavidad de nuestro cuerpo (τὸ δὲ ἄλλο κύτος τοῦ κύρτου περὶ τὸ σῶμα ὅσον κοῖλον ἡμῶν περιέφυσεν) y que, unas veces, todo confluya suavemente hacia los accesos, puesto que es de aire, y, otras, que las entradas refluyan y que el tejido, como el cuerpo es poroso, se hunda hacia adentro a través

de él y nuevamente salga (καὶ πᾶν δὴ τοῦτο τοτὲ μὲν εἰς τὰ ἐγκύρτια συρρεῖν μαλακῶς, ἅτε ἀέρα ὄντα, ἐποίησεν, τοτὲ δὲ ἀναρρεῖν μὲν τὰ ἐγκύρτια, τὸ δὲ πλέγμα, ὡς ὄντος τοῦ σώματος μανοῦ, δύεσθαι εἴσω δι᾽ αὐτοῦ καὶ πάλιν ἔξω). Los rayos de fuego interior, atados, siguen en ambas direcciones el aire que entra, y esto no deja de suceder mientras el animal está con vida (τὰς δὲ ἐντὸς τοῦ πυρὸς ἀκτῖνας διαδεδεμένας ἀκολουθεῖν ἐφ᾽ ἑκάτερα ἰόντος τοῦ ἀέρος, καὶ τοῦτο, ἕωσπερ ἂν τὸ θνητὸν συνεστήκῃ ζῷον). Estos procesos toman el nombre de inspiración y espiración (ἀναπνοὴν καὶ ἐκπνοήν), fenómeno que permite humedecer y enfriar nuestro cuerpo para que pueda vivir y alimentarse: cuando en el interior el fuego toma contacto con el aire que entra y sale y lo sigue, se eleva continua- mente para introducirse a través de la cavidad, donde recibe los alimentos y bebidas que di- suelve y divide en pequeñas partículas, conduciéndolas a través de las salidas por las que ha- bía entrado, las vierte en las venas como desde una fuente en los canales y hace fluir los humores de las venas a través del cuerpo, como a través de un acueducto (ὁπόταν γὰρ εἴσω καὶ ἔξω τῆς ἀναπνοῆς ἰούσης τὸ πῦρ ἐντὸς συνημμένον ἕπηται, διαιωρούμενον δὲ ἀεὶ διὰ τῆς κοιλίας εἰσελθὸν τὰ σιτία καὶ ποτὰ λάβῃ, τήκει δή, καὶ κατὰ σμικρὰ διαιροῦν, διὰ τῶν ἐξόδων ᾗπερ πορεύεται διάγον, οἷον ἐκ κρήνης ἐπ᾽ ὀχετοὺς ἐπὶ τὰς φλέβας ἀντλοῦν αὐτά, ῥεῖν ὥσπερ αὐλῶνος διὰ τοῦ σώματος τὰ τῶν φλεβῶν ποιεῖ ῥεύματα).

Una vez descrita la anatomía del aparato respiratorio, el texto detalla el proceso de la respiración (Ti. 79a-e) y por qué se produce. Según Platón, el causante de que se establezca un sistema de inspiración y espiración que sucede de manera constante es el vacío que no puede existir (ἐπειδὴ κενὸν οὐδέν ἐστιν) y al que no puede, por tanto, ingresar un cuerpo que esté en movimiento. El aire que sale de nuestro cuerpo empuja, en su movimento al exte- rior, la sustancia vecina fuera de su región, que se desplaza hacia al punto del que partió el ai- re, para entrar allí y llenarlo (τὸ πλησίον ἐκ τῆς ἕδρας ὠθεῖ, τὸ δ᾽ ὠθούμενον ἐξελαύνει τὸ πλησίον ἀεί, καὶ κατὰ ταύτην τὴν ἀνάγκην πᾶν περιελαυνόμενον εἰς τὴν ἕδραν ὅθεν ἐξῆλθεν τὸ πνεῦμα, εἰσιὸν ἐκεῖσε καὶ ἀναπληροῦν αὐτὴν συνέπεται τῷ πνεύματι)157

. Para Platón, el pecho y el pulmón vienen a ser los órganos que intervienen en la toma y expulsión del πνεῦμα, puesto que todos los animales tienen las partes internas muy calientes alrededor de su sangre y venas, como si poseyera en sí una fuente de fuego (πᾶν ζῷον αὑτοῦ τἀντὸς περὶ τὸ αἷμα καὶ τὰς φλέβας θερμότατα ἔχει, οἷον ἐν ἑαυτῷ πηγήν τινα ἐνοῦσαν πυρός) que entreteje el tejido de la masa pulmonar junto con el aire que está a su alrededor. De ahí que el aire que entra sea frío, mientras que el se expulsa sea caliente en un proceso continuo circular que es la base hermenéutica sobre la que fundamenta el texto la respiración.

(b) Aristóteles y el Liceo

La fundación del Liceo supone un giro dentro de este contexto científico en el estudio de los elementos respiratorios y fonadores del órgano de la voz. Esta escuela, de filiación socrática158

, surgió en Atenas durante la última mitad del siglo IV a.C., junto al templo de Apolo Licio en las faldas del Licabeto, en paralelo a la Academia de Platón, a la que el pro- pio Aristóteles había pertenecido durante veinte años, y forma parte de una tradición helena arraigada en el quehacer filosófico, que conoció otras similares antes de ella. La primera gran escuela había sido la de los llamados φυσιολόγοι o φυσικοί, fundada por Tales de Mileto (ca. VII-VI a.C.), que se desarrolló hasta época de Demócrito de Abdera (ca. V-IV a.C.) y que fue seguida por la otra gran escuela presocrática creada en la Magna Grecia por el en- torno de Pitágoras. La pretensión del propio Aristóteles nunca fue la de escribir a través de su institución una historia de la filosofía como tal, sino hacer una compilación de los distintos problemas que pudieran interesarles. Para ello, defendió el trabajo en equipo como auténtico protagonista en el avance de la ciencia, porque el estudio de la verdad era para ellos una la- bor a la vez fácil y difícil (ἡ περὶ τῆς ἀληθείας θεωρία τῇ μὲν χαλεπὴ τῇ δὲ ῥᾳδία) y, gracias a los distintos intentos para alcanzarla, se consigue decir algo acerca de la naturaleza (ἕκαστον λέγειν τι περὶ τῆς φύσεως), de manera que la contribución general da resultados de importancia. Esta metodología de trabajo es la base sobre la que se cimienta la investiga- ción del Liceo aristotélico159

.

El tratado De iuuentute de Aristóteles incluye la obra De respiratione. En él se desa- rrollan parte de los escritos que los científicos del Liceo dedican a la observación del fenó- meno respiratorio en los animales. Éstos se lamentaban de que los estudios acerca de la respi- ración en la historia anterior a ellos no eran suficientes, no habiéndose tratado tan siquiera las razones por las que se produce en los animales y constatando una notable falta de experiencia de los hechos en sí. Sin embargo, y dado que todos los animales respiran, se dieron cuenta de que ésta era la primera cuestión a la que debían dar solución. Comenzaron (Arist. Iuu. 471a 7-473a 27) por distinguir claramente la inspiración y la espiración de que consta la respira- ción (ἀναπνοὴ γὰρ καλεῖται, ταύτης δὲ τὸ μέν ἐστιν εἰσπνοή, τὸ δ’ ἐκπνοή) y vieron, a su vez, que el principal motivo por el que los antiguos no pudieron tratar con rigor esta fun- ción natural era que tenían un desconocimiento práctico de las partes internas, así como de los fines con que la naturaleza las había creado. Encontrar el fin suponía para ellos conocer la causa (ζητοῦντες γὰρ τίνος ἕνεκα ἡ ἀναπνοὴ τοῖς ζῴοις ὑπάρχει, καὶ ἐπὶ τῶν μορίων

158. Martínez Lorca (1993: 27) 159. Arist. Metaph. 993a 29-b 4.

τοῦτ’ ἐπισκοποῦντες, οἷον ἐπὶ βραγχίων καὶ πνεύμονος, εὗρον ἂν θᾶττον τὴν αἰτίαν). De este modo, suplieron esta necesidad comenzando por estudiar las funciones del pulmón, para llegar a la conclusión de que es esponjoso y lleno de conductos, bien rico en sangre. Da- do que, según ellos, la influencia de su fuego vital es pequeña, los animales dotados de pul- mones requieren una refrigeración más rápida y el aire necesita penetrar más profundamente. Esta función la cumple el aire sin problemas, porque es de naturaleza sutil, declaran los peri- patéticos, se desliza por todas partes y refrigera sin dificultad (διὰ γὰρ τὸ λεπτὴν ἔχειν τὴν φύσιν διὰ παντός τε καὶ ταχέως διαδυόμενος διαψύχει). Por esa razón, los animales que tienen un pulmón más dotado de sangre y más caliente son mayores en tamaño, siendo, de entre todos ellos, el hombre el más erecto de los animales y el único que tiene la parte alta

dirigida hacia la parte más alta del universo (τό γε καθαρωτάτῳ καὶ πλείστῳ

κεχρημένον αἵματι τῶν ζῴων ὀρθότατόν ἐστιν, ὁ ἄνθρωπος, καὶ τὸ ἄνω πρὸς τὸ τοῦ ὅλου ἄνω ἔχει μόνον διὰ τὸ τοιοῦτον ἔχειν τοῦτο τὸ μόριον).

Una vez establecidos los principios de trabajo, el siguiente paso que dan es hacer una revisión acerca de los trabajos efectuados por los sabios anteriores a ellos. La primera crítica que efectúan (Arist. Iuu. 471b 30) se centra en la obra de Demócrito, quien afirma que la res- piración en los animales impide que el alma pueda ser extraída del interior de sus cuerpos (φάσκων κωλύειν ἐκθλίβεσθαι τὴν ψυχήν). Desde el Liceo le censuran que no hubiera ob- servado que la naturaleza la hubiera creado para tal fin, puesto que no era algo de lo que se ocupara el filósofo. Para él, alma y calor eran lo mismo: las formas primeras de los objetos esféricos, los cuales, al ser expelidos por el entorno que los oprime, se ven auxiliados por la respiración, dado que en el aire se halla un gran número de cuerpos a los que él llama enten-

dimiento y alma (νοῦν καὶ ψυχήν). Cuando el aire penetra en los animales, esos cuerpos se

introducen en ellos a la vez, obligándose a sí mismos a ser expulsados de nuevo. Por ese mo- tivo, vivir y morir consisten en inspirar y espirar, y la muerte se produce como la salida del cuerpo de los elementos producida por la opresión del entorno, que prevalece sin que lo que procede de fuera pueda resistirla, dejando en ese momento el animal de respirar para morir. El calor del entorno nos obliga a respirar más a menudo, sobre todo, observan, en la estación más calurosa, porque nos calentamos más. Al contrario, cuando el ambiente está frío, tende- mos a contener la respiración. La crítica dada a Demócrito viene a este respecto, porque el ai- re que entra de fuera debería impedir esta compresión. Para los discípulos de Aristóteles su- cede lo contrario, pues cuando el calor se acumula demasiado porque no espiramos, necesitamos la respiración para la refrigeración, mientras que, para Demócrito, estaríamos añadiendo fuego al fuego.

También desde el Liceo se estudia y analiza la visión de Empédocles acerca de la respi- ración, de quien critican el hecho de que no aclare su finalidad funcional ni si todos los

animales respiran o no160

. Le reprochaban el hecho de que, cuando hablaba de respiración por la nariz, creía que se trataba del tipo de respiración más importante, aunque esto se puede de- ber a una confusión a partir del término ῥινῶν, que puede ser tanto de ῥίς, nariz, como de ῥινός, piel. Así se desprende del texto de Aristóteles, donde se dice que a los animales priva- dos de la respiración por la nariz no les pasa nada, mientras que los que se ven privados de la respiración por la tráquea, mueren. Según este filósofo, en algunos de ellos la naturaleza se sirve de la respiración por la nariz para un propósito accesorio, el olfato, y, por ello, casi to- dos los animales participan del olfato. Sin embargo, Empédocles defendía que las funciones de la inspiración y la espiración se producen porque hay unas venas concretas en las que se contiene sangre, pero que no están llenas de sangre (διὰ τὸ φλέβας εἶναί τινας ἐν αἷς ἔνεστι μὲν αἷμα, οὐ μέντοι πλήρεις εἰσὶν αἵματος), con unos orificios (πόρους) abiertos al aire exterior, más pequeños que las partículas sólidas, pero más grandes que las del aire. Se- gún él, la sangre y el aire se intercambian dentro de esas venas como en el principio de los vasos comunicantes, al modo de las clepsidras (παρεικάζων τὸ συμβαῖνον ταῖς κλεψύδραις). Esta idea, expresada en hexámetros, la encontramos en Aristóteles (Iuu. 473b 9-474a 6):

“Éste es el modo en que todos inspiran y espiran:

en todos hay, escasos de sangre,

unos tubos de carne, extendidos por los confines del cuerpo. Sobre sus bocas se halla horadada por apretados orificios

la superficie más externa de la piel, de parte a parte, de suerte que a la sangre la guardan, mas al éter le queda abierta vía libre para el paso.

Así que, cuando la tierna sangre se retira, irrumpe el éter a borbotones, en furiosa oleada,

mas cuando aquélla salta hacia arriba, el animal espira. Igual que cuando una niña

juega con una pipeta de bronce refulgente:

cuando con la boca del tubo puesta en su grácil mano la baña en el tierno cuerpo del agua, que luce como plata, en la vasija no penetra lluvia alguna, sino que se lo impide

la masa de aire que se abate desde dentro sobre los apretados orificios, hasta que la niña abre la tapa a la apretada corriente. Y es entonces cuando, al flaquear el aire, penetra agua en cantidad proporcional. De igual modo, cuando el agua ocupa las profundidades del bronce y el cuerpo mortal sirve de dique a la boca o el paso,

el éter exterior, ansioso por entrar, mantiene la lluvia constreñida

junto a las puertas del colador de bronco sonido, adueñado de la superficie, hasta que la niña relaja su mano. Y es entonces, al contrario que antes,

con la invasión del aire, cuando el agua se escabulle en cantidad proporcional. Del mismo modo, cuando la tierna sangre que se agita por los miembros se bate en retirada hacia sus escondrijos,

al punto la corriente del éter, embravecida, se abate en oleada,

mas cuando salta hacia arriba, espira de nuevo a su vez en cantidad igual161

”.

Revisados estos autores, los discípulos del Liceo analizaron y criticaron también la teo- ría platónica sobre la respiración que se desarrollaba en el Timeo. Para los científicos aristoté- licos, ese impulso circular descrito en el diálogo no explicaba de qué modo se producía la conservación del calor, tanto en los animales terrestres como en todos los demás162

. Además, les parecía que la manera de explicarlo era ficticia, porque consideraban que Platón se equi- vocaba al afirmar que, cuando sale al exterior el calor a través de la boca, el aire que nos ro- dea se ve empujado para ir a parar a través de las partes porosas de la carne (διὰ μανῶν οὐσῶν τῶν σαρκῶν) al mismo sitio de donde salía el calor interno, reemplazando uno al otro debido a la falta de vacío. A su vez, al volver a calentarse, sale de nuevo por el mismo si- tio comenzando el proceso físico, que se repite constantemente durante la inspiración y la es- piración, entroncando con la idea que habían criticado del sistema de vasos comunicantes de Empédocles.

Dadas estas bases, la preocupación del Liceo por el estudio de la naturaleza como causa y fin en sí misma abonó el terreno para analizar la producción vocal y el sistema respiratorio

161. ὧδε δ’ ἀναπνεῖ πάντα καὶ ἐκπνεῖ· πᾶσι λίφαιμοι / σαρκῶν σύριγγες πύματον κατὰ σῶμα τέτανται, / καί σφιν ἐπὶ στομίοις πυκιναῖς τέτρηνται ἄλοξιν / ῥινῶν ἔσχατα τέρθρα διαμπερές, ὥστε φόνον μέν / κεύθειν, αἰθέρι δ’ εὐπορίην διόδοισι τετμῆσθαι. / ἔνθεν ἔπειθ’ ὁπόταν μὲν ἀπαΐξῃ τέρεν αἷμα, / ἔνθεν ἔπειθ’ ὁπόταν μὲν ἀπαΐξῃ τέρεν αἷμα, / αἰθὴρ παφλάζων καταΐσσεται οἴδματι μάργῳ, / εὖτε δ’ ἀναθρῴσκῃ, πάλιν ἐκπνέει, ὥσπερ ὅταν παῖς / κλεψύδρῃ παίζῃσι διειπετέος χαλκοῖο— / εὖτε μὲν αὐλοῦ πορθμὸν ἐπ’ εὐειδεῖ χερὶ θεῖσα / εἰς ὕδατος βάπτῃσι τέρεν δέμας ἀργυφέοιο, / οὐδεὶς ἄγγοσδ’ ὄμβρος ἐσέρχεται, ἀλλά μιν εἴργει / ἀέρος ὄγκος ἔσωθε πεσὼν ἐπὶ τρήματα πυκνά, / εἰσόκ’ ἀποστεγάσῃ πυκινὸν ῥόον· αὐτὰρ ἔπειτα / πνεύματος ἐλλείποντος ἐσέρχεται αἴσιμον ὕδωρ. / ὡς δ’ αὔτως, ὅθ’ ὕδωρ μὲν ἔχῃ κάτα βένθεα χαλκοῦ / πορθμοῦ χωσθέντος βροτέῳ χροῒ ἠδὲ πόροιο, / αἰθὴρ δ’ ἐκτὸς ἔσω λελιημένος ὄμβρον ἐρύκῃ / ἀμφὶ πύλας ἠθμοῖο δυσηχέος ἄκρα κρατύνων, / εἰσόκε χειρὶ μεθῇ, τότε δ’ αὖ πάλιν, ἔμπαλιν ἢ πρίν, / πνεύματος ἐμπίπτοντος ὑπεκθέει αἴσιμον ὕδωρ. / ὡς δ’ αὔτως τέρεν αἷμα κλαδασσόμενον διὰ γυίων / ὁππότε μὲν παλίνορσον ἀπαΐξειε μυχόνδε, / αἰθέρος εὐθὺς ῥεῦμα κατέρχεται οἴδματι θῦον, / εὖτε δ’ ἀναθρῴσκῃ, πάλιν ἐκπνέει ἶσον ὀπίσσω. 162. Arist. Iuu. 472b 6-20.

desde otros puntos de vista. Lo primero que investigaron es por qué suceden las voces y los sonidos en general. Según ellos, la voz y el sonido se produce cuando los cuerpos chocan

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