HACIA UNA DEFINICIÓN DE REGLA
2. ESTUDIOS SOBRE REGLAS E INSTRUCCIONES HASTA LA ACTUALIDAD
2.1 Antecedentes de la investigación sobre reglas e instrucciones
El estudio de las instrucciones se inicia como fruto de la investigación básica en humanos (Hayes, Zettle y Rosenfarb, 1989), en donde no se estudiaban directamente las instrucciones, sino que se utilizaban para hacer que los sujetos siguieran una tarea. En los primeros experimentos realizados por Azrin (1958) y por Weiner (1962) se observaba que, incluso cuando ya se había establecido una respuesta, las personas no respondían a menos que fueran instruidas a hacerlo. Cuando las instrucciones eran estudiadas directamente, se comparaba su impacto con el de otras variables, como en los experimentos de Ader y Tatum (1961) en los que se observaba una dificultad en la ejecución de los sujetos experimentales cuando, en el procedimiento, se omitían las instrucciones que presentaban el refuerzo requerido por una respuesta. En el campo clínico también se hacía evidente el poder de las instrucciones, como dieron a conocer Ayllon y Azrin (1964) quienes, en un experimento con pacientes psiquiátricos, encontraron que sin instrucciones explícitas relacionadas al objetivo de la respuesta, los
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sujetos no respondían con nivel suficiente para permitir que el reforzamiento se aplicara.
Posteriormente se iniciaron experimentos donde se comparaban las ejecuciones de diferentes tipos de instrucciones sobre un programa operante o se comparaban ejecuciones basadas en instrucciones o sin instrucciones con diferentes programas dentro de los componentes de un programa múltiple. Gracias a estos experimentos fue posible observar el fuerte control que ejercían las instrucciones, incluso más que el reforzamiento como lo demostraron Baron, Kaufman y Stauber (1969) al observar que el buen control del programa sólo era posible cuando a los sujetos, en el procedimiento se les daba tanto instrucciones como reforzamiento; sin embargo, cuando se omitía sólo el reforzamiento se observaba un mejor control de estímulos que cuando se omitían sólo las instrucciones. También fue posible observar que las instrucciones continuaban ejerciendo el control aún cuando las condiciones actuales del programa exigían lo contrario. Uno de esos experimentos fue el de Kaufman, Baron y Kopp (1966) en cual se instruía falsamente a los sujetos, haciéndoles creer que la tarea a realizar se trataba de un programa de razón variable, cuando en realidad se trataba de un programa de extinción. Estos investigadores encontraron que los sujetos sostenían su ejecución durante tres horas aún cuando no existía reforzamiento alguno. Otros de estos estudios fueron realizados por Lippman y Meyer (1967) y Weiner (1970) en donde se obtuvieron resultados muy similares. Aún a pasar de las importantes repercusiones que los resultados de estos estudios tendrían posteriormente, los autores no trataron de componer explicaciones teóricas sobre este fenómeno.
De esta forma, las aportaciones de los experimentos hasta ese momento señalaban la indudable importancia de las instrucciones en el análisis de la conducta: (1) para alcanzar los objetivos los sujetos instruidos tenían menos fallos que los sujetos no instruidos; (2) la información precisa acerca de los programas de contingencias producía patrones más apropiados para la estructura del programa; (3) las instrucciones permitían una rápida adquisición y su efecto tenía una influencia sobre la conducta aún cuando dichas instrucciones eran opuestas al programa de contingencias.
Sin embargo faltaba determinar cómo funcionaban, por qué ejercían este poder sobre la conducta y debido a qué condiciones las ejecuciones eran controladas por las instrucciones o por las contingencias.
En general, los experimentos realizados en la década de los sesenta mostraban el control que ejercen las instrucciones, pero no estudiaban por qué operaban de esta
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forma; se les trataba, según Hayes, Zettle y Rosenfarb (1989), como si fueran objetos, del mismo modo que no se consideraba al seguimiento de instrucciones como un tipo de evento verbal.
Por otra parte, la gran mayoría de las investigaciones relacionadas con el control ejercido por las instrucciones modificaron los procedimientos estándar con el fin de (1) disminuir el efecto de las posibles verbalizaciones auto-dirigidas acerca de la tarea que se estaba realizando y (2) invalidar la historia del sujeto antes de la situación experimental. En el trabajo de Azrin (1958), se cambia la fuerza requerida de la variable dependiente; Weiner (1962) instituye un procedimiento de coste de respuesta y, posteriormente (1964) controla las historias de condicionamiento de los sujetos; Lowe, Harzem y Bagshaw (1978) añaden una respuesta producida por un reloj digital al panel de inteligencia; Ayllon y Azrin (1964) dan instrucciones verbales. Los investigadores prefirieron eliminar los efectos de lo que el sujeto se dice durante la tarea, es decir, efectos de las auto-instrucciones, en lugar de estudiarlas directamente. Así, en el estudio típico de las instrucciones se las consideraba una variable extraña que debía ser controlada.
Sin embargo, la mayoría de los estudios sobre instrucciones fueron ignorados por los analistas conductuales, pero no pasaron inadvertidos para los investigadores cognitivos, como Bandura (1969), Brewer (1974) y Thoresen y Mahoney (1974), quienes retomaron los resultados de estas investigaciones e intentaron mostrar que la respuesta de los humanos no era controlada por las contingencias de reforzamiento sino por las creencias e hipótesis individuales sobre cómo trabaja el programa. Según su postura, la explicación correcta sobre la ejecución humana debería concentrarse en esas influencias cognitivas en lugar de en las contingencias en sí mismas. Por tanto, las instrucciones sobre contingencias se consideraron fundamentales para el establecimiento y el mantenimiento de las representaciones de las mismas.
No es hasta finales de los años setenta que comienza a proponerse el estudio de las instrucciones como una variable independiente (Vaughan, 1989; Baron y Galizio, 1983) y surgen propuestas sobre la innecesaria explicación cognitiva (Biglam y Kass, 1977). Propuestas que destacaban el papel fundamental del lenguaje en la conducta humana para distinguirla de los organismos no humanos, lo que Lowe (1979) ha llamado “hipótesis del lenguaje”.
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Gracias a la consideración de las instrucciones como una variable independiente y a la consideración fundamental del lenguaje para explicar su papel, se comenzó a dar respuesta sobre cómo funcionan y por qué ejercen ese poder sobre la conducta.
Otra característica importante de esta etapa es la tendencia a equiparar el seguimiento de reglas con el seguimiento de instrucciones (Vaughan, 1989). Pero más importante fue la emergencia de diferentes líneas de investigación, cuyos resultados produjeron el desarrollo de las primeras explicaciones teóricas sobre el efecto de las instrucciones e importantes debates sobre el concepto de regla.