2. El embalse del Muña: un caso de apropiación
2.8 Antecedentes del embalse del Muña
El embalse del Muña está ubicado veinte kilómetros al sur de Bogotá, al final de la Sabana y cerca al Salto del Tequendama, en el municipio de Sibaté, con un área aproximada de nueve mil metros cuadrados. Como parte de un proyecto de
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hidroeléctrica, el Muña es un represamiento artificial producto de la construcción del dique al costado de la vía que comunica a la capital con el sur del país. Desde este estancamiento es aprovechado su potencial energético contenido en el agua, pues al dejársela caer, la fuerza de la gravedad mueve unas turbinas transformando esta energía potencial en electricidad. Sin embargo, es común que la capacidad del embalse sea copada a través del trasvasamiento de ríos diferentes a la cuenca en la que ha sido construido (Vélez, 2007).
La región de Sibaté en torno al embalse del Muña, la que hoy presenta un concentrado hedor, símbolo de la inequidad y desatención con una comunidad y un territorio, fue durante muchos años, para los bogotanos y para los mismos habitantes del sector, un destacado destino privilegiado para la recreación. Pero, la emisión de bonos durante aquella época para la financiación de la obra hizo que ya hacia el año de 1939 existiera una compañía mixta: “con acciones mayoritarias del gobierno municipal y partes iguales entre la American and Foreign Power Company, la Motor-Colombus y accionistas privados, predominantemente la familia Samper” (Vélez, 2007, p.30) a cargo de su construcción y funcionamiento.
Alfonso López Pumarejo, en su papel de presidente de la junta directiva de la empresa eléctrica, tuvo como tarea la consecución de más recursos para la empresa y de evitar que ésta pasara a manos de la compañía extranjera. Hacia 1.946 las bajas tarifas, la inflación, los altos costos del embalse y el aumento de la demanda generaban un contexto de difícil maniobrabilidad. Dos años después, se presentaban racionamientos que producían inconformidad en los ciudadanos. Una anécdota que ilustra la pugnacidad bipartidista de la época se refiere a la negación del respaldo por parte del gobierno central en las gestiones de crédito y también en no permitir el alza de tarifas, medidas que darían continuidad a los planes energéticos. Esta actitud de resistencia conservadora era una retaliación a los liberales por la dificultad que tenía la empresa dirigida por la colectividad roja de restablecer el servicio eléctrico, entre otros lugares, a la casa presidencial del conservador Mariano Ospina Pérez.
La empresa de energía de Bogotá, sumando recursos propios y empréstito bancarios, a finales de las década del veinte, planeaba la construcción del Muña para que entrara en
operación hacia el año 1936, embalse que junto al también plan del Guavio surtirían de energía a la ciudad hasta la década del cincuenta.
El sucesor en la presidencia, Laureano Gómez, fortaleció definitivamente la participación del Estado en la empresa, a pesar de la resistencia del Concejo de la Ciudad que buscaba autofavorecerse con negocios y relaciones con comerciantes y contratistas.
La historia del gradual desmejoramiento ambiental del sector se inicia hacia mediados del siglo pasado, cuando se construye el embalse entre 1940 y 1948 (Secretaaría Distrital de Ambiente, 2004), el que almacenaría, en principio, las aguas de los ríos Aguasclaras y Muña, para aprovechar la vecindad con el Salto del Tequendama y su caída para la generación de energía. En aquella época, varias familias campesinas, que habitaban en el área de inundación del proyecto, fueron desplazadas de sus lugares y algunas de ellas se reacomodarían a las orillas del embalse.
Según las perspectivas de sus ejecutores, el nuevo paisaje producido propiciaría el interés por la instalación de clubes náuticos de pesca deportiva que se convertirían en atractivos turísticos para los habitantes de Bogotá. El embalse ya tempranamente, desde la década del cincuenta “transformó a Sibaté en un polo de importante actividad económica” (Llistar & Roa, 2006, p.22).
Más adelante, en el año 1967, con miras de ampliar la capacidad del sistema, se agregaría a través del bombeo a este embalsamiento las aguas del río Bogotá, sin medir el impacto que esto produciría para la región y su comunidad.Pues, hacia la década del setenta, la contaminación del Río Bogotá comienza su vertiginoso incremento, dando nacimiento al problema central para el agua del embalse.
Desde hace tres décadas, aproximadamente, el embalse no es apropiado como hábitat para la población y la fauna de la región. Es así como se presentan enfermedades respiratorias y cutáneas que la comunidad asocia con el Muña, inclusive se da la aparición de tumores malignos en la población, lo que está pendiente de constatación científica para saber si emanan de su cercanía al embalse (Sarmiento et al., 1999).
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En respuesta por las afectaciones del embalse sobre la población, en 1.987 se convoca en el municipio a la participación del I Foro sobre el Muña, que constituye un ejemplo de respuesta social participativa ante la problemática que inquieta a una comunidad. Como reacción a este tipo de presiones populares “a principios de los noventa las administraciones iniciaron la toma de algunas medidas que fueron paliativas pero no solucionaron el problema” (Llistar & Roa, 2006, p.27).
Desde entonces y hasta 1.997, la empresa responsable de la ejecución del proyecto fue la EEB, que a partir de ese año sería remplazada por Emgesa, como producto de la entrada del capital de la española Endesa en la actividad energética de la empresa de la capital de país.