de una vigorosa vida intelectual. Entre los años 100 a.c. y 400 de nuestra era, los monjes codificaron la doctrina, y escribieron muchos comentarios y tra tados sobre el Abhidhamma. Después de esa época se conformaron con defender los logros del pasado. D urante los últimos 1500 años, la Antigua Escuela de Sabiduría ha estado muriendo lentamente, como un magnífico árbol viejo, cuyas ramas se van des prendiendo una a una, hasta que sólo queda el tronco. Entre los años 1000 y 1200 el budismo des apareció de la India, por el efecto combinado de su propia debilidad y de una persecución renovada por parte de los hinduístas y mahometanos. Los Sarasvativadinos habían tenido avanzadas en el Asia Central y Sumatra, pero también éstas se perdieron cuando, alrededor del año 800, el Vajrayana tán- trico sustituyó al Hinayana en Sumatra, y alrede dor del año 900, cuando el Islam conquistó el Asia Central. Por otra parte, los Theravadinos han se guido existiendo en Ceilán, Birmania y Siam. El budismo fue llevado a Ceilán por Asoka alrededor de 250 a.c. En la Edad Media, el Mahayana tuvo allí muchos seguidores. Actualmente, la escuela Theravadina ha desplazado a todas las demás. El budismo había sido introducido a Birmania en el siglo v, bajo la forma del Mahayana, pero desde 1050 los Theravadinos han dominado la vida social e intelectual del país. En forma semejante, el H i nayana y el Mahayana coexistieron en Siam en un principio, pero después de 1150 los Theravadinos se volvieron cada vez más preponderantes, con el pali como idioma sagrado.
V. EL MAHAYANA Y LA NUEVA
ESCUELA DE SABIDURÍA
Los Mahasanghikas
En l a antigua historia de la Orden, las divergen
cias se debieron principalmente a causas geográfi cas. El Dharma había empezado en Maghada, y desde ahí se extendió hacia el Occidente y hacia el Sur. Unos 100 a 200 años después del Nirvana parece que surgieron algunas separaciones y riva lidades entre Este y Oeste. Por la época de Asoka, las disensiones en la orden parecen haber llevado al primer cisma. Los Shtavira-vada se separaron de los Mahasanghikas, o a la inversa. Los Shtavira- vada eran los conservadores que seguían la doctrina de los Mayores, mientras que los más democráti cos Maha-sanghikas, los de la Gran Asamblea, es taban por la G ran Asamblea, que incluía a monjes de menores méritos y jefes de familia, en contras te con la exclusiva y aristocrática Asamblea de los Arhats.
No es fácil llegar a los verdaderos hechos de este cisma. Los escritos de uno de los partidos implica dos, el de los Mahasanghikas, se han perdido casi por completo. En los relatos que poseemos hay una buena parte de orgullo sectario y rencor. T odo lo que parece ser cierto es que esta división ocurrió más o menos en la época de Asoka, y que estuvo relacionada con los Cinco puntos de un monje lla mado Mahadeva. Este Mahadeva despertó la in dignación de sus opositores, quienes lo describían
como el hijo de un mercader que cometió incesto con su madre, envenenó a su padre y luego mató a su madre y a varios Arhats. Habiendo hecho todo esto, sintió remordimientos, dejó la vida familiar, se ordenó —en forma totalmente irregular— y lue go trató de introducir sus Cinco puntos en la Or den. Dos de estos puntos están dirigidos contra los Arhats, y les im putaban cierta deficiencia, tanto moral como intelectual. Uno de ellos afirmaba que los Arhats todavía podían emitir semen por la no che. Esto parecía sugerir que sus pasiones no esta ban totalmente agotadas, porque podían ser ten tados y seguían sujetos a los llamados de Mara. Además de un residuo de pasión, también tenían dentro de sí un resto de ignorancia. No eran com pletamente omniscientes, y por tanto aún había algo que obstruía sus pensamientos. Este segundo punto se volvió muy im portante para el desarrollo del ideal de la omnisciencia en el Mahayana (véa se pp. 188 y ss.). Los cinco puntos de Mahadeva sólo fueron la ocasión que facilitó que los Mahasanghi kas surgieran como grupo separado. A pesar de lo que dicen sobre ellos sus opositores, no tenemos ninguna razón para creer que sus doctrinas fueran menos antiguas que las que hemos descrito en el Capítulo IV. Si no hablamos más detalladamente aquí de ellas es porque tenemos muy poco en qué apoyarnos.
Los Mahasanghikas fueron el punto de partida del desarrollo del Mahayana debido a su actitud más liberal, y debido también a algunas de sus teo rías especiales. En todos los puntos, los Mahasan ghikas eran más liberales que sus opositores. Eran menos estrictos en la interpretación de las reglas
disciplinarias, menos exclusivos en relación a los jefes de familia, veían con más benevolencia las po sibilidades espirituales de las mujeres y de los mon jes menos dotados, y estaban más dispuestos a considerar como auténticas las adiciones a las Es crituras que habían sido compuestas en fecha más tardía. Entre ellos se distinguieron por vez prime ra muchos de los rasgos distintivos del ideal del Bodhisattva que propugna el Mahayana, y además, algunos de sus postulados tuvieron el efecto de gran im portancia histórica de separar la tradición budista del Buda histórico, haciendo que ya no fuera obligatorio seguir exclusivamente sus pala bras. “Con un solo sonido el Buda ha explicado todas sus doctrinas”. “Él comprende todas las cosas en un momento”. “El cuerpo formal del Tathaga ta es ilimitado; también lo son su poder, y la dura ción de su vida”. “El Buda nunca se cansa de ilu minar a los seres conscientes y de despertar en ellos la fe pura”. “El Buda n i duerme ni sueña”. “El Buda siempre está en trance”. Tales afirmaciones no se ajustan para nada al hombre Gautama que vivió en Magadha hace muchos años. Al poner todo el énfasis en las cualidades sobrenaturales o supra- mundanas del Buda, en las que difería de todos los demás hombres, alejaban al creyente de las circuns tancias históricas fortuitas de su aparición. Algunos Mahasanghikas llegaron a sostener que Shakya m uni no había sido más que una creación mági ca que, en nombre de Buda Supramundano, ha bía predicado el Dharma. Si el Buda sólo existió alrededor del año 500 a.c., entonces sólo podía en señar en aquella época, y el cuerpo de sus enseñan zas estaría completo en el momento de su muerte.