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La antropología del diseño

La tercera tendencia —la antropología del diseño— implica el análisis crítico del diseño como un dominio de pensamiento y práctica, usando teorías críticas contemporáneas (Suchman 2011). Mira, críticamente, lo que sucede “bajo el rubro cada vez más flexible del diseño”, como señalara, descriptivamente, la antropóloga finlandesa y teórica del diseño Eeva Berglund.7 Aunque se relaciona,

seriamente, con los campos del diseño es más cautelosa con respecto a lo que está ocurriendo en la intersección de la antropología y el diseño. Sin embargo, no todo el trabajo en la antropología del diseño toma la forma de una crítica distante. Como Berglund (2011, 2012) sugiere en su análisis de la arquitectura de Helsinki y del ambientalismo y el diseño finlandés, los cruces entre el diseño 7 Notas introductorias a la sesión Design for the real world: but which world? What design?

What real?, en el congreso anual de la American Anthropological Association, San

y la antropología propician un espacio donde se puede establecer una relación intelectualmente estimulante para ambos campos. Esto no acaba con todos los problemas, como la persistencia de los binarios incuestionados entre ‘naturaleza’ (e.g., los bosques) y ‘cultura’ (e.g., la ciudad) en la mayor parte del diseño con orientación ambiental, y una cierta despolitización de cuestiones que surgen de la dependencia en el discurso del diseño. Esto podría alimentar las concepciones cada vez más activistas del diseño que los antropólogos, dentro y fuera de la academia, están en capacidad de evaluar y de contribuir a su desarrollo. Para Berglund la popularidad del diseño y del pensamiento sobre el diseño invita a la crítica pero, también, exige una evaluación cuidadosa de cómo los dos campos pueden enriquecerse mutuamente y co-imaginar proyectos en diversas áreas de la vida socio-natural. Elizabeth Chin resalta las tensiones inherentes en el acercamiento entre la antropología y el diseño: mientras que la orientación hacia la acción del diseño cuestiona la incapacidad de la antropología para comprometerse de manera efectiva con los actores con los cuales trabaja, la antropología deconstruye con facilidad la sensibilidad primermundista poco analizada de los diseñadores y su tendencia a reducirlo todo a una cuestión de producción y de mercados (Chin 2015: 16). A pesar de estas tensiones, la búsqueda de aprendizaje mutuo en la interfaz diseño/antropología seguirá dándose en el futuro inmediato.

La despolitización de muchos trabajos sobre diseño es, valga decirlo, real. Como Suchman señala acertadamente, la antropología puede contribuir a corregir esta situación “haciendo ver la política del diseño, incluyendo la localización sistémica de la política más allá de los límites del marco del diseñador” (2011: 4). Una perspectiva relacionada proviene de examinar cómo los ‘objetos’ y las instituciones incorporan lógicas de poder y normalización. Este productivo programa de investigación fue popularizado por Foucault a través de sus análisis de la creación de una ‘sociedad disciplinaria’ mediante prácticas de normalización en escuelas, hospitales, fábricas y ejércitos (Domínguez y Fogué 2015). La sociedad disciplinaria, en términos de Foucault, es, de hecho, una sociedad diseñada. Esto implica sondear el entendimiento de los diseñadores sobre la innovación y la creatividad, en la medida en que estas están, usualmente, relacionadas con la reproducción del status quo (capitalista y colonial). En otras palabras, la importancia de infundir el diseño con un sentido más explícito de la política —una política radical— es uno de los desafíos más importantes que la teoría crítica puede plantear a la práctica del diseño.

Las cuestiones de clase, género y raza, por ejemplo, están notoriamente ausentes de la mayoría de la teoría y la práctica del diseño, como lo mencione de paso en el capítulo anterior; también lo está la dependencia del diseño frente al capitalismo (White 2015; Tunstall 2013; Chin 2015; Kalatidou y Fry, eds. 2015). Ya mencionamos el argumento de Chin sobre el diseño como espacio profundamente blanco y, podríamos agregar, blanqueado. El análisis en términos de la interseccionalidad de ajes tales como clase, raza, género, sexualidad, colonialidad y otros marcadores de identidad, debe ser incorporado activamente en el campo

del diseño para la descolonización del diseño (Tunstall 2013). Estas cuestiones están siendo abordadas de forma más explícita por los diseñadores que trabajan en ámbitos intelectuales-activistas, muchas veces con organizaciones de diseño con orientación comunitaria. Para el grupo Design Studio for Social Intervention liderado por Kenneth Bailey en Boston

[…] la actitud del diseñador es experimental y proactiva. Nos ayuda a ir más allá del mero abordaje de los problemas existentes con formas existentes para imaginar terrenos enteramente nuevos de posibilidad. Igualmente importante, el diseño invita maneras muy dispares de conocer en una sola práctica co-creativa.

Este enfoque de diseño por la justicia social está desarrollando metodologías innovadoras en la interfaz de la comunidad, el arte, la planificación y el activismo.8 El

diseño a nivel de la comunidad también se utiliza para conectar la justicia ambiental, la memoria, el performance, la materialidad (e.g., toxinas en el suelo) y la tierra y el paisaje para mantener con vida, y renovar, la larga experiencia de protesta y resistencia de una comunidad al tiempo que se reimagina su futuro, por ejemplo, en el contexto de las luchas de justicia ambiental en Estados Unidos (Kathanadhi 2011). Como estos y otros casos demuestran el trabajo que se realiza con comunidades marginadas, a menudo termina radicalizando los métodos participativos a través de la investigación interactiva del diseño en la que los saberes y conocimientos locales son genuinamente tomados como el punto de partida del proceso de diseño. En su trabajo en equipo con jóvenes sin hogar en el sur de California, por ejemplo, Elizabeth Chin señala que “en la mayoría del trabajo de diseño con los

homeless encontramos proyecto tras proyecto que es o bien una versión de una

carpa o un carrito de supermercado” (2015: 1). La capacidad de este diseño social bien intencionado para hacer frente a las cuestiones de justicia social y desigualdad, es muy limitada y no toma en serio las voces y perspectivas de los homeless. Lo que esto último requiere es un “auto-marginamiento epistémico”, como Michael Montoya (2013) señala en su trabajo sobre acompañamiento con latinas/os en la misma parte de los Estados Unidos en proyectos de planificación y diseño de intervenciones en salud. El trabajo en equipo de Chin y Montoya demuestra lo difícil que es silenciar, suficientemente, las categorías de los diseñadores o investigadores antes de que se pueda, siquiera, comenzar a entender las categorías con frecuencia contra-hegemónicas de los grupos subalternos. Ambos investigadores invocan tradiciones latinoamericanas de investigación participativa en este esfuerzo. El concepto de diseño autónomo que desarrollaré en la última parte de este libro encuentra resonancia en estos proyectos.

8 http://ds4si.org/storage/ds4si_whatwedo.pdf. Otro grupo interesante en este sentido es

Las discusiones sobre la relación entre el diseño y la política reflejan el hecho de que el diseño se ha convertido en una fuerza política y material formidable; el corolario es si el diseño es o puede llegar a ser un sitio prometedor para la transformación de las culturas arraigadas del capitalismo y la insostenibilidad hacia prácticas pluriversales. El replanteamiento de la práctica del diseño desde una perspectiva ontológica en este libro pretende contribuir a esta discusión. También es un intento por atender el llamado de los teóricos del diseño Domínguez y Fogué (2015), mencionado en la Introducción, de pensar en la política del diseño en relación a su capacidad para generar nuevas entidades y relaciones, «para ‘proponer’ nuevos tipos de cuerpos, entidades y sitios como políticos” (Domínguez y Fogué 2015: 7), ampliando, así, el entendimiento convencional de lo político. Esta llamada es consistente con la meta de este libro: desarrollar un enfoque ontológico para la relación entre el diseño y la autonomía.

La biopolítica del diseño en el desarrollo y el ámbito humanitario

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