• No se han encontrado resultados

Papá, fui a una fiesta y recordé lo que me dijiste, que no bebiera, así que bebí refresco. Realmente me sentía orgullosa por dentro. Papá, no bebí y manejé, aunque los otros dijeron que debería beber otra cosa. Sé que hice lo correcto.

Cuando entré en mi automóvil, yo supe que llegaría a casa en un solo pedalazo, debido a la manera que me criaste, tan responsable y dulcemente, empecé a alejarme en mi carro, pero cuando llegué al camino otro automóvil no me vio y me pegó como una carga. Cuando estaba allí en el pavimento, oía al policía decir que el otro tipo estaba ebrio y ahora soy yo quien paga su irresponsabilidad.

Estoy acostada aquí, muriendo, deseo que llegues aquí pronto. ¿Cómo podría pasarme esto a mi, papá? Mi vida acaba de estallar como un globo. Hay sangre alrededor de mí y la mayoría es mía. Yo oigo que el médico dice, que me moriré en poco tiempo, sólo quería decirte algo: ¡Te juro que no bebí! Eran los otros, papá. Los otros no pensaron. El ebrio probablemente estaba en la misma fiesta en la que yo estaba. La única diferencia es que él bebió y yo no. ¿Por qué estropear mi vida entera? Estoy sintiendo dolores punzantes ahora, dolores igual que un cuchillo. El tipo que me chocó está caminando, y yo pienso que no es justo, estoy aquí muriendo y todo lo que él puede hacer es mirar. Dile a mis hermanas que no lloren, dile a mamá que sea valiente. Y cuando me vaya al cielo pongan: “La niña de papá”, en mi tumba. Alguien le debería haber dicho que no bebiera y manejara. Si sólo alguien le hubiera dicho, yo todavía estaría viva. Mi respiración está recortándose, papá. Me estoy asustando mucho. Por favor no lloren por mí, papi. Cuando tú me necesites, siempre estaré allí. Tengo una última pregunta papá, antes de decir adiós. No bebí y manejé, así que... ¿por qué soy yo quien muere?

Alguien debería haber dicho a aquel chico que está mal beber y conducir... Tal vez si sus padres se lo hubieran dicho yo ahora estaría viva... Mi respiración se está debilitando, mamá, y empiezo a sentir miedo... Estos son mis últimos momentos y me siento tan desesperada... Me gustaría que me pudieras abrazar, mamá, mientras estoy estirada, aquí, muriendo. Me gustaría poder decirte que te quiero, mamá... Por eso...

Te quiero, y adiós...

Estas palabras fueron escritas por un reportero que presenció el accidente. La joven, mientras moría, iba diciendo estas palabras y el periodista anotaba...

Para reflexionar:

Cuántas cosas suceden por imprudencia personal o de otros... No siempre ocurren accidentes por nuestra culpa y de todo eso los papás tienen temor. Por

ello a veces son duros con sus hijos... Si éstos supieran lo que sus papás conocen les obedecerían fácilmente.

RESENTIMIENTO

Y

PERDÓN

La sola enunciación de la palabra perdón, provoca grandes reacciones: ¿cómo puedo perdonarlo después de lo que me hizo? ¿perdonarla? ¡Estás loco, ella no se lo merece!

Tales respuestas provienen de una interpretación tradicional de lo que significa el perdón, una interpretación que impide utilizarlo como herramienta para la efectividad y el crecimiento. El primer paso para establecer el perdón como competencia práctica de las personas y los grupos es redefinir su significado. Perdonar no es absolver un comportamiento negativo e inapropiado, sea éste de uno mismo o de algún otro. Perdonar no significa aprobar o condenar el comportamiento que ha causado sufrimiento. No excluye emprender acciones para modificar la situación, protegerse o resarcirse del daño. Uno puede perdonar al deudor moroso, e igualmente iniciarle un juicio para gestionar la cobranza. Perdonar no es fingir que todo está bien cuando uno siente que no lo está... Sólo se puede dar un perdón genuino si se presta atención a las emociones. La máscara de una sonrisa y las frases: “no te preocupes, está todo bien”, son la antítesis del perdón.

Perdonar no es asumir una actitud de superioridad o santidad. Si uno perdona a alguien porque se cree mejor que él o se compadece de su estupidez, ha confundido el perdón con arrogancia.

Perdonar no significa que uno pueda o deba cambiar su comportamiento. Uno puede perdonar a un empleado que no está haciendo el trabajo a satisfacción y al mismo tiempo llamarle la atención.

Perdonar no requiere que uno se comunique directamen​te con las personas a quienes ha perdonado. Uno no tiene que ir a declararles personalmente “yo te

perdono”. No obstante, esa acción puede ser parte del proceso.

Perdonar no es hacerle un favor al otro. Uno no perdona por generosidad o caridad; lo hace como un acto de integridad consigo mismo, como una manera de cerrar un pasado doloroso, para que no condicione el futuro.

Perdonar no exige que uno continúe en vínculo con el otro. Perdonar no equivale a volver a establecer rela​cio​nes. Uno puede perdonar a un antiguo socio, por ejem​plo, sin intención alguna de hacer otros negocios con él.

El perdón no es un premio que uno le da al otro cuando demuestra que se lo “merece”. Tampoco es un incentivo para que el otro se comporte como uno quiere. El verdadero perdón no tiene nada que ver con el merecimiento del otro. ¿Qué es el perdón?

Perdonar es la elección consciente de abandonar el resentimiento. Es la decisión de integrar el dolor del pasado como aprendizaje para el futuro. Es el compromiso de vivir el 100% en el presente, con la mente y el corazón abiertos, libre de la inercia del enfado no procesado.

(Tomado de: KOFMAN, Fredy. Metamanagement, tomo 2, capítulo 18).

Para reflexionar:

Estar resentido es como empuñar una brasa ardiente con la intención de arrojársela a otro, en tanto que uno mismo se quema con ella (RO BIN CA SA RJIA N).

TÉRMINOS

MATEMÁTICOS

Tuve una discusión con un profesor de matemáticas quien nos estaba enseñando relaciones inversas y todo eso. No podía explicarle con términos matemáticos o “lógicos” la importancia de la fe en nuestra vida; a este hombre se le debía hablar en la forma en que él estaba acostumbrado o si no, simplemente no ponía atención. Me dijo que estaría dispuesto a escucharme hablar de la fe si lograba hacer una analogía matemática (o algo así) que demostrara la importancia de la fe.

Por este motivo y después de pensarlo un momento le dije:

–Pues verá usted don Luis Mario, el tamaño de los problemas en la vida, es inversamente proporcional al tamaño de su fe. Así, mientras mayor sea su fe menores serán sus problemas, y mientras menor sea su fe más grandes serán sus problemas.

Lo pensó un momento y entonces me escuchó.

Para reflexionar:

Muchas veces pedimos al Señor que nos hable en una forma lógica y que nosotros entendamos.

¿Acaso será que buscamos un pretexto para ignorar a Dios?

Las excusas constituyen el más seguro y confiable cami​no al fracaso. Ya sea que te encuentres ofreciéndolas o acep​tándolas, representan una clara señal de alerta en cuan​to a que estás equivocando el rumbo. Mientras que las acciones bien pensadas son la moneda de la efectivi​dad, las excusas son las de la futilidad. Cada contratiempo tiene un porqué. Cada error tiene un motivo. Pue​des aceptar esas razones y aprender algo positivo de ellas, o puedes convertirlas en excusas y así, permitir que te derroten. Cada excusa es una pequeña derrota y pue​den acumularse muy rápidamente. La mejor estrate​gia es evitarlas. Explícate a ti mismo, pero no busques ex​cusas. Escucha la razón, pero no aceptes excusas. Expe​ri​men​ta una vida sin excusas. Tu propia efectividad y la de quienes te rodean se incrementará vertiginosamen​te.

No pienses que abandonando la vida podrás resolver tu dificultad. Al contrario, la vas a complicar mucho más. ¡No seas cobarde! Enfrenta la lucha, pues todos esperan de ti el coraje para luchar hasta el fin. No huyas del campo de batalla justamente en la hora en que el combate se torna más duro. ¡Sé valiente! No huyas de las responsabilidades que asumiste.

Cuando encuentres tinieblas ante ti no las maldigas. Al contrario, trata de encender una luz. Cuando alguien se equivoca, no lo condenes ni lo ataques. Enciende una pequeña luz delante de él con tu ejemplo. No existe nada mejor para ayudar a los otros que mantener nuestra luz prendida. Nuestro ejemplo servirá de farol para guiar al prójimo y mostrarle el camino.

Para reflexionar:

¿Por qué crees que somos propensos a ofrecer disculpas? ¿Cuál crees que sea la finalidad de la disculpa?

¿Cómo crees que es una persona que continuamente ofrece disculpas?

ERES

EL

CONDUCTOR

Es un viernes en la noche y estás conduciendo tu auto. (¿Qué tipo de auto conduces?). (¡TÚ ERES EL CONDUCTOR!). Sólo puedes tener en el auto, contigo, a otras CUATRO personas. (¿Quiénes están en el auto con​tigo?). Mientras conduces, tú y tus amigos deciden oír algo de música. (¿Qué canción están escuchando?). Enton​ces, ahí estás con tus amigos oyendo la música mientras conduces. De pronto, otro conductor los cho​ca por atrás. Estás volando por la carretera fuera de con​trol. Golpeas un andén y el auto se resbala, da una vuelta y va a parar a un lado de la carretera. Tú te quedas ahí llorando porque sientes mucho dolor. No oyes nada más que el silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Tratas de gritarles a tus amigos, pero el dolor y el miedo no te dejan hablar. Permaneces ahí por cerca de 2 minutos, pero para ti parecen por lo menos 60. Al fin oyes algo. Es​cuchas la ambulancia, nunca te sentiste tan aliviado. Y permaneces ahí, bajo el auto, pensando en tu familia, ami​gos, colegio,

las navidades pasadas, viejos amigos, anti​guos amores. Empiezas a rezar por los otros que esta​ban en el auto contigo. Los paramédicos te sacan del auto, te ponen en una camilla y te suben a la ambulancia.

No ves nada ni oyes nada... estás solo. No logras ver a los demás que estaban en el auto contigo. Mientras te llevan al hospital rezas y piensas en ti “¿voy a morir?”. ¿Dónde están mis amigos? ¿Están bien? ¿Qué me va a pasar...? ¿Lograste sobrevivir? ¿Qué pasó con los amigos que iban en el auto contigo? Pues, todos ellos murieron. Todos los que iban en el auto murieron. Todos se han ido. Nunca los verás de nuevo. Y tú... Tampoco lo lograste. Estás sólo imaginando... ¿verdad? ¿Pero qué si hubiera sido real? ¿Qué sería de ti si realmente te hubiera pasado? Piénsalo...

Ese auto fue el ÚLTIMO en el que estuviste con tus amigos. Esas personas fueron las ÚLTIMAS que viste. Elegiste la gente que te acompañaría en el auto con cuidado... ¿O desearías que alguien más hubiera estado en ese auto? La canción que oían fue la ÚLTIMA que oíste. ¿Te gustaría haber tenido la oportunidad de decirles a todos que los querías? ¿Te gustaría haberle dicho a tus padres por última vez cuánto los amabas? ¿Te gustaría haber podido besar a tu novio/a una última vez? ¿Te gustaría haber podido abrazar a tus amigos una última vez? ¿Te gustaría tener la oportunidad de hacer todas esas cosas? Todavía la tienes.

Para reflexionar:

Recuerda: “Vive cada día al máximo y cuando alguien diga que te quiere, date cuenta del gran significado de eso y dilo sólo cuando lo sientas”.

EL

TESORO

DEL

LABRADOR

Un labrador oyó un ruido bajo la rueda del rastrillo de su arado. Miró con curiosidad y descubrió desenterrado un cofre lleno de monedas de oro. ¡Qué suerte! Lo tomó y lo enterró profundamente en su jardín.

“¿Qué hacer con eso?”, se preguntó. Se imaginó todo lo que podría comprar y decidió... cualquier cosa, finalmente para resolverse.

Este cofre lleno de monedas de oro sería su seguridad en caso de una dura temporada. Y tal seguridad cambió su carácter: de precavido llegó a ser relajado, de gruñón pa​só a ser agradable y eliminó su intolerancia, de hecho, vislumbró una vida hermosa y feliz, sabiendo que aun​que llegaran tiempos duros, podría hacerles fren​te. Sus últimas horas llegaron y antes de morir, reu​nió a sus hijos y les reveló su secreto. Murió instantes después.

Al día siguiente, sus hijos cavaron en el lugar indicado, encontraron el cofre, pero ¡qué sorpresa, estaba VACÍO! Pues las monedas habían sido robadas al labrador desde hacía más de 10 años.

¿Qué es entonces lo interesante de esta historia? Es descubrir que no fue la riqueza material lo que le dio segu​ri​dad y felicidad al labrador, sino la IDEA de que tal ri​queza y felicidad existían. Fue el cambio de actitud ante la vida lo que le permitió vivir tranquilo y sin preocupaciones.

Para reflexionar:

¿Qué idea tienes de riqueza?

¿Si fuera tu último minuto, qué consejo le darías a quienes te rodean?

El tiempo

ANTIGUO

CONSEJO

CHINO

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día el hijo le dijo:

–¡Padre, qué desgracia! Se nos ha ido el caballo.

–¿Por qué le llamas desgracia? –respondió el padre–. Veremos lo que trae el tiempo...

A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.

–¡Padre, qué suerte! –exclamó esta vez el muchacho–. Nuestro caballo ha traído otro caballo.

–¿Por qué le llamas suerte? –repuso el padre–. Veamos qué nos trae el tiempo. En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo.

El muchacho se quebró una pierna.

–¡Padre, qué desgracia! –exclamó ahora el muchacho–. ¡Me he quebrado la pierna!

Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció: –¿Por qué le llamas desgracia?, ¡veamos lo que trae el tiempo!

El muchacho no se convencía de la situación, sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra.

Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo trae buenas o malas consecuencias.

Para reflexionar:

¿ Alguna vez has sentido que una experiencia que parecía negatica se convirtió en un hecho positivo?

Aprende a esperar con paciencia.

COMPARTE

TU

TIEMPO

en un examen final.

Para darte cuenta del valor de un mes: pregúntale a una madre que ha dado a luz un bebé prematuro.

Para darte cuenta del valor de una semana: pregúntale al editor de un diario semanal.

Para darte cuenta del valor de una hora: pregúntale a los novios que esperan para verse.

Para darte cuenta del valor de un minuto: pregúntale a una persona que ha perdido el tren, el autobús ó el avión.

Para darte cuenta del valor de un segundo: pregúntale a una persona que ha sobrevivido de un accidente.

Para darte cuenta del valor de una milésima de segundo: pregúntale a la persona que ha ganado una medalla de plata en las olimpiadas.

El tiempo no espera para ninguno. Atesora cada momento que tengas. Lo atesorarás más cuando puedas compartirlo con alguien especial.

Para reflexionar:

¿Cómo utilizas tu tiempo? ¿Cuántos años de vida has perdido?

¿Te has dedicado a contabilizar el tiempo que inviertes en compartir con los demás?

COSAS

QUE

NO

SE

RECUPERAN...

Existen cinco cosas en la vida que no se recuperan: 1. Una piedra después de haber sido lanzada.

2. Una palabra, después de haber sido proferida. 3. Una oportunidad, después de haberse perdido. 4. El tiempo, después de haber pasado.

5. El amor por el que NO se luchó.

Para reflexionar:

No olvides que hay cosas que nunca podrás recuperar, aunque quieras hacerlo. Trata de vivir de tal manera que nunca te arrepientas de haber hecho o dicho

algo, o de no haber hecho o dicho algo.

EL

TIEMPO

NO

PERDONA

Te escribo porque tengo necesidad de decirte algunas cosas de mi vida que me pesan profundamente y que solamente tú puedes comprender. Aunque duele confesar mi verdad, ha llegado el momento de confiártelas. No había tenido tiempo para hacerlo antes.

Amigo, no he tenido tiempo para escucharte y mucho menos para merecer tu amistad; pero la verdad, siempre consideré que contigo no iba a poder hacer negocios. Tu gran ideal me parecía intrascendente, sentía que iba a perder mi tiempo sin sentido. Sé que me buscaste más de una vez, que tenías necesidades para expresar y esperabas mi comprensión, mi atención y mi consuelo, pero la verdad, el tiempo lo dediqué solamente a aquellos que me dejaron dinero. Ahora entiendo, qué importante es tener amigos en la virtud y no solamente socios en la utilidad. Ahora sé que la amistad es un sólo corazón que late en los cuerpos y que es la expresión sublime del amor. Te confieso que me siento solo, he comprendido que únicamente lo barato se compra con dinero, y que un amor sincero no tiene precio.

No tuve tiempo para mis padres, aquellos ancianos que dieron la vida por mí, aquel hombre que puso todo su esfuerzo para forjar en mí un ser de provecho, y aquella mujer que tejió mi alma con su virtud y paciencia, que cuidó de mí hasta el fin de sus días y que siempre me concedió su comprensión y perdón. ¡Pero cómo fastidiaban con sus achaques de viejos, y quién iba a tener tiempo de involucrarse en sus eternas conversaciones y anécdotas repetidas mil veces, viviendo siempre en el pasado. ¡Recuerdo cómo hacían suyas mis derrotas y mis alegrías! Ahora que soy padre, comprendo que el amor es en esencia paciencia y capacidad de entender. ¡Cuánto he frenado! Pude haberles dado un poco más de mi tiempo para mitigar su soledad.

No tuve tiempo para estar cerca de mi hermano, lo andaba buscando en medio de rencillas y diferencias, fuimos concebidos en el mismo vientre y las mismas caricias curaron nuestras heridas. Sé que me necesitaba pero nunca lo conquisté como amigo, pudimos haber sido el equipo perfecto. No tuve tiempo para amar a mi pareja. No tuve tiempo para darle la felicidad que buscaba cuando se unió a mí. ¡Cuántas humillaciones y desprecios sufrió por requerir un poco de tiempo en compensación! Ahora sé, que su silencio lo dejé sin compañía, que era parte de la aventura que le negué por falta de tiempo.

No he tenido tiempo para amar a mis hijos, estuve siem​pre tan atareado con cosas tan importantes como el trabajo diario y tantas ocupaciones. Les debo las caricias, mi compañía, el patear un balón y la sonrisa sin afán. No tuve tiempo para verlos crecer, pues yo justificaba mi ausencia por su bien. ¡Tenía tanto trabajo, que olvi​dé contarles lo que hacía! ¿Pero qué sabía de ellos?, ¿qué ocurría en su realidad? ¡Qué equivocado estaba! Me preocupé por darles todo lo