El currículum oficial desarrollado en los textos escolares ha posibilitado que tanto partidarios como detractores de dichos textos, en sus investigaciones, debatan sobre la pertinencia o no de los mismos en el ámbito educativo, bien sea, resaltando su importancia y necesidad al mostrarlos como “garantes de la igualdad de oportunidades” (Alzate, 2007, p.7) —pues los saberes que dichos textos escolares ofrecen en sus contenidos los convierten en instrumentos significativos para profesores y estudiantes— o por el contrario, señalándolos como instrumentos de control, estandarización, limitación de contenidos y superficialidad de éstos. Es así como los textos escolares recogen en sus contenidos no solamente las metodologías y propuestas pedagógicas y didácticas de la época a la que corresponden sino también la intención educativa, en cuanto a lo que debe ser enseñado a sus estudiantes, proveniente de la visión que tienen en su momento los gobiernos de turno.
En concordancia con lo anterior algunos autores críticos de los textos escolares como Martínez (2006), explican con respecto a estos materiales de estudio, que tales materiales ponen “al sujeto en una relación alienada del conocimiento, […] porque lo sitúa fuera de sí mismo, es decir, porque el sujeto que aprende deberá buscar conocimiento fuera de sus problemas y de sus saberes, fuera de su propia experiencia” (p. 431). Efectivamente bajo esa óptica estar por fuera de la experiencia significa, en el decir de Larrosa (2003), quedar alejado de la formación, pues si lo que se lee en los textos escolares no se interioriza ni se lleva al lugar de la experiencia cotidiana estos textos escolares terminan siendo solo letras y palabras, saberes descontextualizados y de cuestionada utilidad.
Los textos escolares son una herramienta potente para los docentes en el proceso de enseñanza–aprendizaje. Por consiguiente, varios autores arguyen que dichos textos deben ser examinados con frecuencia y los docentes deben concientizarse y capacitarse sobre esta necesidad. En vista de lo anterior se pretende también que algunas pautas expuestas en esta investigación pueden servir de guías al momento de inspeccionar los textos escolares, procurando así una mejor comprensión de sus contenidos. Por otra parte, en lo que respecta a la educación media académica hay muchas razones por las que cobran importancia los textos escolares; por ejemplo, para Aamotsbakken (2006, p. 119) una de las razones por las
cuales los profesores de educación secundaria necesitan de un mayor apoyo en el libro de texto, es porque tienen un número mayor de estudiantes con respecto a los grados inferiores. Esto apoya el valor instrumental que algunos autores le han dado al texto escolar, razón de más para revisar de manera crítica la calidad de sus contenidos; aun teniendo en cuenta que los textos escolares no son en sí mismos los que forman o informan a los estudiantes: el proceso educativo y formativo de los estudiantes depende de muchos factores, no solo del uso que se dé a los textos escolares.
Aun así, a pesar de las críticas que se haga sobre la estandarización de ciertos contenidos en los textos escolares, algunas autoras como Livingston (2007), citando a Tunnel y Jacobs (2003, p. 286), explican en cuanto a la uniformidad de los contenidos, que los textos de estudio “identifican la materia que se espera que todos los estudiantes aprendan […] si bien los textos de estudio son un recurso que vale la pena, los estudiantes necesitan más que simplemente información, necesitan otros libros y material impreso” (p. 120) en esta misma dirección, otras autoras como Alzate (2000) señalan que “los críticos furibundos del texto escolar, desconocen que una de las principales virtudes del texto escolar, al menos cuando la clase dispone de la misma obra, es la de descargar momentáneamente al maestro de la gestión del grupo” (p. 7). Esto en la práctica, idealmente, significaría mayor tiempo para el acompañamiento que los docentes puedan dar a cada estudiante.
Se debe agregar además, que según lo expuesto hasta el momento es necesario reconocer y analizar las posibilidades y límites que están presentes en dichos textos escolares pues “el texto escolar por sí sólo no es garante de excelentes resultados, pero garantiza coherencia en los programas y que el currículo corresponda al nivel de los estudiantes de acuerdo al grado” (Hurtado, 2011, p. 16), garantizando por lo menos, que lo enseñado a los estudiantes esté expuesto de manera secuencial coherente y con propósitos previamente establecidos.
Ahora, que el currículo corresponda a lo propuesto en los textos escolares hace parte de la intención de estandarizar el conocimiento, lo cual se debe ver reflejado en los resultados que se espera obtener de dichos textos escolares. La crítica que se hace en este sentido, en cambio, va dirigida más bien a la manera como, en el sentir de algunas
personas, los textos escolares se terminan convirtiendo en medios por los cuales se influya a los estudiantes a través del currículo con la intención especifica de beneficiar a algunos grupos económicos, en tanto que el conocimiento seleccionado para dictar “en las aulas o a través de los textos escolares, nunca es neutro y siempre contiene un fuerte carácter político; son cuotas de poder y su legitimación lo que está en juego, hablamos de apuestas ideológicas y de sociedad” (Uribe & Skrabonja, 2007, p. 170). El problema, según este punto de vista, es que finalmente con el conocimiento se termina interviniendo en la manera como los estudiantes ven y se representan las distintas comunidades sociales: un debate que ha sido planteado por décadas y al cual evidentemente han sobrevivido los textos escolares, aun sabiendo que la educación no puede ser neutra, este es un debate que se ha planteado por décadas y al cual han sobrevivido los textos escolares.
En todo caso, los textos escolares necesariamente tienen que ver con el currículo, la homogeneidad del conocimiento y el acompañamiento pedagógico y didáctico en la entrega que estos materiales educativos hacen de los contenidos establecidos oficialmente. Estas son temáticas recurrentes y casi obligadas entre quienes defienden y rechazan el uso y permanencia de los textos escolares en el medio académico, lo cual, a su vez, explica y justifica que se investigue sobre dichos textos, precisamente porque “los medios impresos, entre ellos el libro de texto, siguen hoy día siendo un recurso didáctico de enorme importancia y es por tal motivo que no ha de abandonarse la investigación en torno a ellos.” (Prendes, 2001, p. 1). Llegados a este punto, es importante aclarar que la intención de esta investigación no se define exclusivamente en los textos escolares desde su validez como instrumentos para ser utilizados en la educación, aunque estos son recursos pedagógicos o didácticos importantes. Por todo lo anterior, la relevancia del trabajo con textos escolares se puede abordar desde dos puntos de vista. Por un lado, en tanto que ayudan efectivamente en la formación de los estudiantes, pues son herramientas, sino las más efectivas de que disponen tanto profesores como estudiantes, sí las que han logrado, a través del tiempo, servir de soporte y guía a los procesos educativos tanto de la escuela en general como de los currículos establecidos por los gobiernos; y por otro lado, cuando los textos escolares se tornan en instrumentos oficiales para orientar el aprendizaje en distintas direcciones según lo defina el gobierno de turno, o las mismas editoriales, así como la manera en que deben ser trasmitidos los distintos contenidos en términos metodológicos,
pedagógicos y didácticos. Por ello, en lo que respecta a los textos escolares es necesario poner en marcha:
[…] un uso vigilante, atento, incluso sospechoso, de los textos escolares por parte de los profesores, pues conociendo su utilidad para el trabajo docente, es también necesario no olvidar que son portadores de un discurso potente, a la medida de intereses curriculares -y por tanto, de poder- de grupos que intentan instalar su cultura como la única posible de valorar. (Garrido, 2007, p. 174).