Capítulo II Hacia una “escuela feliz”
1. Aportaciones de la evolución de la ciencia en relación a la educación
Hecha la presentación del hombre y mujer que buscan su felicidad como realización personal, como el imposible necesario, es menester pensar en una escuela adecuada a estos anhelos presentes en interior más profundo de la misma persona.
La escuela que concibo como una “escuela feliz” debe ser una institución preocupada de formar un individuo capaz de construir sus sueños más profundos y no sólo de recibir algunos conocimientos que le puedan capacitar para la vida. El proceso de la vida es más amplio y complejo. Una escuela que piensa así tiene que buscar un modelo educativo distinto de los modelos convencionales, tiene que optar por un paradigma educativo nuevo basado en determinadas corrientes psicológicas y filosóficas ancladas en determinado paradigma adoptado por la ciencia. Moraes (2000: 18) cree en la existencia de un diálogo interactivo entre el modelo científico, las teorías del aprendizaje y las prácticas pedagógicas que se desarrollan. Por ese motivo el modelo de la ciencia que prevalece en cierto momento histórico influye en las teorías de aprendizaje que, a su vez, influyen en la práctica pedagógica.
De acuerdo con Prigogine (1997) la ciencia forma parte del complejo de cultura – relaciones que el hombre mantiene con el mundo natural – a través de la cual, él busca encontrar una forma de coherencia intelectual. Por otra parte esta coherencia alimenta en cada época la interpretación de las teorías científicas, determina la resonancia que suscitan, influye en las concepciones que los científicos hacen de su ciencia y de los caminos según los cuales deben orientar su investigación.
La escuela, un espacio para aprender a ser feliz.
Así deseo hacer un breve diseño histórico de la evolución de la ciencia que representará su “metamorfosis” renovando la concepción de las relaciones de los hombres con la naturaleza y con la ciencia como práctica cultural, pues esto configurará también el modelo de la escuela que deseamos feliz.
Ilya Prigogine (1997) en el libro “A Nova Aliança” trata de algunas ideas generales y sus significados, que orientaron la ciencia durante de tres siglos de evolución científica. Seguiré su planteamiento en este breve diseño que se ordena en tres puntos: en el primero la ciencia clásica, en el segundo la ciencia de lo complejo y en tercero la ciencia del ser y del devenir. Presentaré algunas ideas que ofrecen un referencial teórico para ilustrar cada ítem para comprender la articulación de su contenido teórico y la interpretación que da sobre “el hombre” y sobre la práctica científica siendo esta comprensión que ejercerá influencia sobre su época y por consecuencia sobre la educación.
La ciencia puede ser descrita como un intento de comunicarse con la naturaleza, establecer con ella un diálogo, donde se destaquen preguntas y respuestas; un intento de descifrar el secreto de sus estabilidades y de los acontecimientos que marcan su curso (Prigogine, 1997). La ciencia clásica nos presenta un mundo ordenado, armonioso, jerárquico y racional, desde luego, demasiado autónomo; en este mundo los seres son poderosos y activos en exceso y su sumisión al Soberano Absoluto. Al final un mundo simple y pasivo (Prigogine, 1997: 36).
En el seno del mundo aristotélico se concebía una visión anímica respecto a la naturaleza, es decir, el hombre parecía encontrar su lugar en ese mundo, simultáneamente como ser vivo y ser conocedor; el mundo era a su medida; el conocimiento intelectual llegaba al principio de las cosas, a la causa y a la razón última de su devenir, el fin que las habita y organiza. Continuando con Prigogine (1997) la forma sistemática que la física clásica ha tomado, su pretensión de hacer un descripción del mundo cerrada, coherente, completa,
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expulsa el hombre del mundo que describe en cuanto habitante, sin embargo también en cuanto lo describe.(pág.61)
Antes de 1500 la visión que prevalecía en la Europa de la Edad Media (de 450 a 1400), y en gran parte del mundo era la orgánica, como afirma Moraes (2000), es decir, vivenciaba los procesos de la naturaleza en relaciones caracterizadas por la interdependencia de los fenómenos naturales y espirituales y en la subordinación de las necesidades individuales a las de la comunidad. La estructura científica que predominaba en esa visión orgánica, aún según Moraes (2000), estaba basada en el naturalismo aristotélico y en la argumentación platónica-aristotélica y después tomista, que consideraban más importantes las cuestiones referentes a Dios, al alma humana y a la ética.
Para el hombre medieval, la realidad era sagrada por haber sido establecida por Dios y cabía al hombre contemplar y comprender la armonía presentada por el universo. Fue también un período en que predominó el autoritarismo en la organización social y la represión. En él poco se innovó en desarrollo científico pues la innovación que intentaba discordar de los textos bíblicos corría el riesgo a ser reprimida.
A partir de los siglos XVI y XVII surgieron cambios radicales en la naturaleza de la ciencia medieval: la visión del mundo orgánico, vivo, espiritual y encantado ha dado lugar a la noción de un mundo-máquina, compuesto de objetos distintos advenidos de los cambios revolucionarios en la física y astronomía después de Copérnico, Galileo y Newton.
La Edad Moderna fundamentalmente se vio marcada por el Renacimiento que centró en el hombre el significado histórico, el apogeo del mercantilismo a través de los grandes descubrimientos marítimos y el racionalismo con el advenimiento de la experimentación científica. De acuerdo con ese modelo de ciencia, el hombre, como señor del mundo, podía transformar la naturaleza, explorarla, y ella debería servirlo, ser esclavizada y
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obedecer. El objetivo del científico era, pues, “extraer de la naturaleza, bajo tortura, todos los sus secretos” (Capra 1988: 51) ya no el concepto de la tierra como madre nutricia.
El racionalismo, según Morín, citado por Moraes (2000), reafirma la visión del mundo en el que hay una perfecta concordancia entre lo racional (coherencia) y la realidad del universo, excluyendo, de esa forma lo irracional. Esa nueva actitud mental y sus valores permitieron al hombre desvelar los misterios de la naturaleza que perdieron así su sacralidad y su inviolabilidad. Desde el punto de vista del objetivo de la ciencia ese cambio teórico y práctico de la relación hombre/ naturaleza ha alterado también la relación ética y teórica del hombre consigo mismo y con los otros, y del hombre con lo religioso y lo sagrado. Desde luego ocurrieron cambios en las relaciones humanas desde el punto de vista social, político y cultural, y también en las relaciones del hombre con la naturaleza entendiéndose que el lenguaje de la naturaleza ya no representaba como antes el lenguaje divino.
El pensamiento cartesiano ha caracterizado profundamente la ciencia moderna que con el pasar de los siglos ha causado la fragmentación de nuestro pensamiento, la unilateralidad de nuestra visión. Con su método analítico proponía la descomposición del pensamiento y de los problemas en sus partes componentes y su disposición en orden lógico hasta llegar a un grado de sencillez satisfactoria para que la respuesta quedase evidente. A él debemos también la idea de que la naturaleza es gobernada por leyes, cuyas fórmulas son matemáticas. Analizando la influencia de esa visión del mundo Moraes (2000) nos presenta sus consecuencias:
- una concepción de vida en sociedad como una lucha competitiva por la existencia;
- la creencia en el progreso material ilimitado a ser alcanzado a través del crecimiento económico y tecnológico;
- una educación conducida a la supervaloración de determinadas asignaturas académicas, a la súper especialización ya que todos los fenómenos 58
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complejos necesitan ser reducidos a sus partes constituyentes para que sean entendidos;
- la exclusión del pensador de su propio pensar;
- la erosión de los valores de la civilización occidental causada por la erosión de los valores religiosos que la sostenían.
Insensible a los valores, el método de la reducción ha llevado a un proceso de alienación y a una crisis planetaria de múltiples dimensiones traducida en procesos de fragmentación, atomización y desvinculación. En consecuencia, la cultura quedó dividida, los valores cada vez más individualizados y los estilos de vida más patológicos. Más que nunca, el hombre se alienó de la naturaleza, del trabajo, de sí mismo y de los otros. Se quedó en el conocimiento, disociado en sus emociones y afectos, con la mente técnica y el corazón vacío, sin trabajo digno y satisfactorio, con un vivir en compartimientos y profundamente infeliz. Teniendo a su disposición un arsenal tecnológico sin precedentes en la historia de la humanidad, el hombre fue creando un mundo desdichado, entrecortado por las guerras, en estado permanente de conflicto donde no se conjugan más los verbos compartir y cooperar en el cotidiano de las personas (Moraes, 2000: 43).
Ese es el escenario que contemplamos aún en nuestros días y que exige una nueva formulación para que el hombre pueda buscar su camino como respuesta de sus más profundas aspiraciones. Para Prigogine (1997: 22) el hombre debe escoger entre la tentación tranquilizante, pero irracional, de buscar en la naturaleza la garantía de los valores humanos, la manifestación de una dependencia esencial y la fidelidad a una racionalidad que lo deja sólo en un mundo mudo y estúpido (manejable, desencantado).
Fue Einsten, en 1905, quien dio el primer paso para una nueva interpretación de la ciencia moderna con la teoría de la relatividad, de la simultaneidad de los acontecimientos y con el modo de concebir la radiación electromagnética que caracterizaría la teoría de los fenómenos atómicos. Esta interpretación acabó por dañar los principales conceptos de la visión cartesiana
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del mundo y de la mecánica de Newton en relación a la noción del espacio y tiempo absolutos, a las partículas sólidas elementales, a la objetividad científica y a la causalidad haciendo que esos conceptos no pudiesen sobrevivir a los nuevos descubrimientos de la física.
Entre los principios que caracterizan esta nueva visión del mundo en la ciencia contemporánea destacamos algunos que darán sentido a la nueva visión de escuela para nuestros tiempos.
Moraes, (2000), partiendo de la teoría de la relatividad, reconoce que los sistemas abiertos cambian tanto energía como materia y por lo tanto se transforman. Así, reconociendo aún la existencia de una capacidad auto organizadora en la naturaleza, de la visión de la totalidad, de la creatividad inherente a los procesos de la naturaleza surge la necesidad de una nueva visión de mundo donde haya un nuevo posicionamiento de la mujer y del hombre. Una visión más adecuada de la sobrevivencia humana es uno de los factores esenciales para la armonía del individuo, de la sociedad y de la naturaleza como un todo.
Tanto la teoría de la totalidad como la teoría cuántica implican la necesidad de mirar el mundo como un todo indiviso en lo cual todas las partes del universo se funden en una sola totalidad.
De esa noción de totalidad indivisible, del reconocimiento de la interconexión que hay entre los fenómenos de la naturaleza, resulta uno de los criterios que para Capra (1999) se relaciona con “el cambio del enfoque de las partes para el todo”.
Para Moraes, esa visión nos lleva a comprender el mundo físico como
una red de relaciones, de conexiones, pensamiento sistémico y no más como una entidad fragmentada, una colección de cosas separadas.
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Basado en la física cuántica, David Bohn (1998) concluye que el mundo está envuelto en una totalidad intacta en movimiento fluyente, en que cada parte manifiesta es derivada de una totalidad más grande, reconociendo por lo tanto la multidimensionalidad del mundo fenoménico y llama a esa totalidad ininterrumpida orden implicado, envuelto, doblado dentro de sí. Ese orden implicado se encuentra en holomovimiento, un movimiento continuo indefinible e inconmensurable.
Con base en la teoría cuántica, relacionada pues al movimiento de los electrones, se concluye que en el universo todo es compuesto de espacio y energía indisociables y por lo tanto el mundo es concebido en términos de movimiento, flujo de energía y procesos de cambio y transformación.
Esa comprensión ha originado otro criterio que explica el pensamiento en términos de proceso, es decir, nada es definitivo, todo es flujo y está en proceso.
Para Morin (1996: 135), “el pensamiento es una aventura contradictoria porque es necesario, al mismo tiempo, analizar y sintetizar, re-analizar y re- sintetizar” lo que explica el movimiento de ir y venir del pensamiento. (Moraes, 2000)
De la concepción del mundo, como un flujo universal de eventos y procesos resulta el cambio de la metáfora del conocimiento como bloques fijos e inmutables para el conocimiento en red, una tela donde todo está entretejido. Según Capra (1999) el enfoque del conocimiento como red surgió basado en la teoría bootstrap de Geoffrey Chew desarrollada hace 30 años. Según esa teoría, la naturaleza no puede ser reducida a entidades fundamentales como bloques sino que tiene de ser entendida completamente por la autoconsistencia. Y que el universo material es visto como una tela dinámica de eventos entretejidos y ninguna de las propiedades de cualquiera parte de esa tela es fundamental. Todas resultan de las propiedades de las otras partes
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y la consistencia global de sus interrelaciones determina la estructura de toda la tela.
Para Bohn (1998) la investigación científica en gran parte está asentada en forma de teorías transitorias, lo que para él significaría básicamente una forma de insight, es decir, un modo de mirar el mundo y no una forma de
conocimiento de cómo él es en la realidad; esa forma de insight cambia la forma de abordar la naturaleza, la sociedad, el individuo, pues parte de la comprensión de las limitaciones de las formas de pensamiento entendiendo que nada es fijo y todo es limitado.
El concepto de auto organización tiene un carácter abierto que lleva al entendimiento de que el proceso de desarrollo es una sucesión ecológica en la que una etapa prepara la siguiente en la comprensión de que la creación del próximo estadio depende de la contribución parcial del anterior. Es el diálogo
entre el que se llegó a construir en el presente y los problemas del medio ambiente que determinará el nuevo estadio. Ese diálogo depende de la acción y de la interacción de las relaciones entre los individuos, la cultura y el contexto.
Para que haya auto organización hace falta que haya perturbaciones, desafíos, turbulencias que estimulen una reacción del organismo en relación con el medio ambiente “donde los efectos y los productos son necesarios para su propia causa y producción, que produce una organización en forma de anillo”. (Morin, 1996: 47)
Finalmente, cerrando esta reflexión sobre la nueva visión del mundo, encontramos “la corriente filosófica cualitativa basada en el paradigma de la investigación interpretativa o hermenéutica la cual busca la comprensión de la naturaleza humana mediante observación naturalista y sin control estricto. Es subjetivo, con valores explícitos, basado en lo real, orientado al descubrimiento y a la exploración. Es descriptivo e inductivo, orientado al proceso. En algunas 62
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ocasiones también acepta la cuantificación. Es holista, histórica y considera el contexto”. (Moraes: 81).
Frente a esta visión del mundo ¿cuáles son las consecuencias para la educación y para la escuela?
Es posible, según Moraes (2000: 84), que la aplicación de los criterios derivados de ese pensamiento postmoderno en la educación y el estudio de las teorías correspondientes a ellos puedan significar una importante aportación no sólo en relación a los aspectos educacionales sino para el rescate del ser humano con base en la visión sistémica, ecológica, interactiva, indeterminada. Los principios subyacentes a esas teorías podrán también colaborar para la búsqueda y el descubrimiento de nuevas formas de pensar y comprender el mundo, de valorar las cuestiones pedagógicas, de construir una nueva visión curricular y sistemas más adecuados de evaluación, valorando practicas que posibiliten la integración del cuerpo y mente, cerebro y espíritu, y que, al mismo tiempo, promuevan el rescate del potencial humano, facilitando la expresión de nuevas formas de solidariedad y cooperación en las relaciones humanas.