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Capítulo III – Aprendiendo a ser feliz

2. Educación emocional

Afirma Seligman (2003) que la verdadera felicidad deriva de la identificación y el cultivo de las fortalezas más importantes de la persona y de su uso cotidiano en el trabajo, el amor, el ocio y la educación de los hijos.

Entiendo como el cultivo de las fortalezas en el contexto de este estudio como el proceso que da significado a la vida. Y “una vida significativa es la que pasa a formar parte de algo más elevado que nosotros, y cuanto más elevado sea ese algo, más sentido tendrá nuestra existencia. Ser partícipe de un proceso que conlleva la creación de un Dios dotado de omnisciencia, omnipotencia y bondad como fin primordial, hace que nuestra vida pase a formar parte de un algo de dimensiones inabarcables” (Seligman, 2002: 342).

Desde luego, el cultivo de las fortalezas, como un proceso que pueda dar sentido a la vida, puede ser posible con el conocimiento del mundo de las emociones para entrenar la emoción en el aprendizaje para ser feliz. Entrenar la emoción es desarrollar las funciones más importantes de la inteligencia: aprender a gestionar los pensamientos, proteger la emoción de los focos de tensión, pensar antes de reaccionar, ponerse en el lugar de los otros, perseguir los sueños, valorar el espectáculo de la vida. Ese entrenamiento es singular en la vida de cualquiera. La escuela puede ser el espacio específico para que sus miembros, además del conocimiento científico, conozcan las propias emociones, la relación que éstas tienen con los pensamientos y comportamientos y puedan aprender a ser felices. Esto todo porque la educación es un proceso caracterizado por la relación interpersonal.

Capítulo III – Aprendiendo a ser feliz

Para adentrarnos en el mundo de las emociones sería necesario otro trabajo de investigación, sin embargo para este contexto haré una aproximación de las referencias cómo más importantes que conozco para orientar las relaciones saludables del clima escolar.

Pero, ¿qué es la emoción?

“Es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno.” (Bisquerra, 2003: 12)

Todavía no hay una respuesta concluyente de los investigadores al cuestionamiento de las funciones de las emociones. Me quedo con la dimensión social de las emociones según la cual sirven para comunicarnos con los demás manifestando cómo nos sentimos y también aprendiendo cómo se sienten los demás. Es la comunicación interpersonal con función social. El punto de vista actual sobre las emociones es que son funcionales. (Bisquerra, 2000)

Las emociones tienen efectos sobre otros procesos mentales, pues pueden afectar a la percepción, atención, memoria, razonamiento, creatividad y otras facultades. Ellas pueden también jugar una función muy importante en el desarrollo personal, lo que justifica, en mi opinión, su énfasis en el estudio del clima escolar. En ese sentido se ha observado que la felicidad hace más flexible la organización cognitiva, produciendo más asociaciones que las normales. (Csikszentmihalyi, 2000)

Es importante también recordar los componentes de la emoción: el neurofisiológico, el conductual y el cognitivo porque pueden ser relacionados con la clasificación de objetivos didácticos: “hechos” relacionados con conceptos y sistemas conceptuales, de la dimensión cognitiva; “procedimientos” relacionados con el comportamiento, de la dimensión conductual, y “actitudes, valores y normas” relacionados con la dimensión

La escuela, un espacio para aprender a ser feliz.

emocional. De eso una cierta prioridad de la educación emocional debería ser encaminada a un mejor conocimiento de las propias emociones y del dominio del vocabulario emocional (Bisquerra, 2003).

Es a partir de esta concepción que baso la ecología de las relaciones y que servirá como marco referencial en la investigación. Debo aclarar que es sólo un marco adecuado al objeto que estoy estudiando y las relaciones no se agotan en este sistema sino que son incluidas aquéllas que son necesarias para una convivencia satisfactoria donde el clima refleje esa convivencia.

Las emociones han sido siempre objeto de análisis y preocupación desde la antigüedad. Hasta los años sesenta ha prevalecido el enfoque analítico de las emociones, sin llegar a un enfoque integrador que incluya las emociones positivas. A partir de entonces se empieza a prestar atención a las emociones, sobre todo desde la psicología humanista. Sólo a finales de los ochenta se produce un énfasis especial en las emociones. Hay argumentos que inducen a pensar que en la última mitad de los años noventa asistimos a una revolución emocional que ha afectado a la psicología, a la educación y a la sociedad. (Bisquerra, 2003:17-20)

El concepto de inteligencia emocional, introducido por Salovey y Mayer (1990) y difundido por Goleman (1995) es de fundamental importancia para la educación emocional y desde esta perspectiva me interesa resaltar particularmente la inteligencia interpersonal y la intrapersonal. La primera se construye a partir de la capacidad para establecer distinciones entre las personas, matices en sus estados de ánimo, motivaciones, intenciones, etc. La segunda, inteligencia intrapersonal, se refiere al conocimiento de los aspectos internos de una persona: el acceso a la propia vida emocional, la evaluación de la propia gama de sentimientos, la capacidad de discriminar las emociones y ponerles nombre, la capacidad de recurrir a las emociones como medio para interpretar y dirigir la propia conducta. Esta inteligencia permite comprenderse y

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trabajar consigo mismo y la interpersonal permite comprender y trabajar con los demás (Bisquerra, 2003: 19).

Pienso que es innecesario subrayar la importancia de estas inteligencias personales en el ámbito de este estudio y para la construcción del ambiente escolar. Sin embargo es necesario indicar lo que tenemos que delimitar de las emociones para este contexto pues la escuela no es un espacio terapéutico sino de un espacio educativo.

Considero que a través de la educación escolar debemos favorecer la madurez emocional de todos los miembros de la comunidad de acuerdo con sus roles, funciones y edades. En este sentido parece interesante destacar como propósitos en la educación tres clases de conocimiento esenciales para un proceso emocional maduro como señala Lazarus (1991: 341):

x La señales sociales sobre lo que sucede y su significado emocional o reconocer lo que genera emociones positivas y negativas en la otra persona y la significación de lo que esa persona expresa en la interacción.

x Las reglas de expresión y reglas de sentimiento, es decir, saber lo que se puede hacer o decir en determinadas situaciones, sus límites y sanciones sociales a las infracciones.

x Cómo manejar las emociones, es decir: saber qué hacer con la ansiedad, conocer las situaciones en las que se muestra la vulnerabilidad, etc.

Del proceso de la madurez emocional surge el concepto de la competencia emocional que, según afirma Bisquerra (2000), depende en gran medida de esos conocimientos y de ahí la necesidad de contemplarlos en este estudio. La competencia emocional es definida por ese autor como “el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales” (2003: 22).

La escuela, un espacio para aprender a ser feliz.

Asumo como contenido orientador de las relaciones en la investigación la propuesta para describir las competencias emocionales de Bisquerra (2003: 23) pues contempla la inteligencia intrapersonal y la inteligencia interpersonal y, además, sirve a todos los miembros de la comunidad:

Presento esquemáticamente la estructuración de las competencias emocionales, importantes para el análisis de las relaciones:

¾ . Conciencia emocional

x Toma de conciencia de las propias emociones x Poner nombres a las propias emociones x Comprensión de las emociones de los otros. ¾ Regulación de las emociones

x Tomar conciencia de la interacción entre emoción, cognición y comportamiento.

x Expresión emocional

x Capacidad para la regulación de las emociones x Habilidades para afrontar emociones negativas x Competencia para generar emociones positivas. ¾ Autonomía persona (autogestión)l

x Autoestima x Actitud positiva x Responsabilidad

x Análisis crítico de las normas sociales x Buscar ayuda y recursos

x Autoeficiencia emocional ¾ Inteligencia interpersonal

x Dominar las habilidades sociales básicas. x Respeto por los demás

x Comunicación receptiva x Comunicación expresiva x Compartir emociones

x Comportamiento pro-social y cooperación x Asertividad

¾ Habilidades de vida y bienestar

x Identificación de problemas x Fijar objetivos adaptativos x Solución de conflictos

Capítulo III – Aprendiendo a ser feliz

x Negociación

x Bienestar subjetivo x Fluir

Esta visión de las competencias emocionales me conduce a concluir que la educación emocional en un centro educativo constituye una necesidad primaria no sólo como un programa para ser desarrollado con los educandos sino como un contenido permanente en programas de formación permanente para todos los miembros de la comunidad. El arte de vivir depende, en gran medida, de vivir en la práctica esos elementos para la construcción de la felicidad de los implicados y del clima que se disfrutará en el ambiente.