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El aporte de Tustin a la teoría y clínica del Autismo

Frances Tustin fue una psicoanalista infantil británica, dedicada al Autismo y a las psicosis infantiles. Tomó aportes de Bion, quien fuera su analista durante catorce años, pero también de otros posfreudianos como Melanie Klein, Donald Winnicot y Margaret Mahler. El hecho de ser reconocida en el ámbito científico como integrante de la Escuela Anglosajona del Autismo, se debe a que en los años ´50 viaja con su marido a los Estados Unidos y se forma con Otto Rank en el Centro James Jackson Putnam de Boston. Allí comienza a interesarse por los estados autistas y las psicosis infantiles y “se familiariza con el trabajo clínico de los psicoanalistas infantiles estadounidenses, además de reunirse personalmente con M. Mahler y sus asociados, y con L. Kanner” (Balbuena Rivera, 2014, p. 492).

A su regreso a Londres, empieza a atender a niños autistas bajo las técnicas del psicoanálisis kleiniano. Publicó desde entonces numerosos artículos dedicados a este tema, y cuatro libros traducidos en diversos idiomas: Autismo y psicosis infantiles (1972/1994), Estados autísticos en los niños (1981/1996), Barreras autísticas en pacientes neuróticos (1983), y El caparazón protector en niños y adultos (1990). En palabras de Donald Meltzer, Tustin fue una de las pioneras que amplió la teoría kleiniana, y distinguió el campo del Autismo del de las psicosis infantiles. De allí que su primer libro del año 1972 apunte a alcanzar ese objetivo.

El interés principal de la autora en los años ´70 es describir los periodos de tristeza que preceden a la ruptura con la realidad, característica de la crisis psicótica. Su hipótesis inicial es que para el bebé la separación física de la madre significa una situación de vida o muerte, lo cual permite comprender por qué los autistas se aíslan y sienten temor a establecer vínculos. El estrecho vínculo entre la madre y el niño es para Tustin, nuclear. En este punto coincide con Bettelheim en relación al concepto de mutualidad. Ambos concuerdan en la importancia de esta experiencia inicial y en la posibilidad del niño de actuar por cuenta propia dentro de un contexto de mutualidad madre/hijo. La diferencia entre estos estados en el niño normal y los de los autistas permitiría hacer una detección temprana de la enfermedad e interpretarla en términos educativos.

Tustin, entonces, se centra en la descripción de esos estados que preceden al Autismo. Al no existir una satisfacción mutua entre el niño y la madre, empieza a vivenciarse una catástrofe que nombra de distintos modos: Pesadilla insoportable, terrores mortíferos, heridas

permanentes y dolorosas. Margaret Mahler, quien también focalizó sobre esta cuestión, afirmaba que lo que localizamos es un periodo de aflicción y duelo que precede toda la ruptura psicótica con la realidad. Este fenómeno fue descrito por Donald Winnicot con el concepto de depresión psicótica.

La recuperación de estos términos que estaban en auge en el psicoanálisis de la época, le permitieron a Frances Tustin distinguir dos tipos de Autismo: un Autismo primario normal, y un Autismo patológico. No nos ocuparemos del primero, sino del segundo por sus implicancias en este libro. El Autismo patológico lo define como una consecuencia de la depresión psicótica donde prevalecerían sentimientos de temor y de desamparo. En función de ello divide formas clínicas del Autismo patológico las cuales integran sistemas, a los que le asigna siglas. Nos ocuparemos entonces del APA (Autismo Primario Normal), del ASE (Autismo Secundario Encapsulado) y del ASR (Autismo Secundario Regresivo).

El Autismo Primario Anormal (APA) es una prolongación anormal del Autismo primario. Se vincula a una carencia afectiva fundamental. Se trata aquí de una indiferenciación entre el cuerpo del niño y el cuerpo de la madre, entre el yo y el no yo. En relación a su causa, Tustin señala que puede deberse a una falta total de cuidados elementales básicos, o a una falta parcial de los mismos, causado por cuestiones de la crianza, y/o por impedimentos del niño. En esta forma clínica el niño apenas parece haber vivido la separación con la madre.

Una segunda forma es la que Tustin denomina Autismo Secundario Encapsulado (ASE), cuya característica fundamental es la de ser una interrupción del desarrollo normal. En ella se erige como defensa contra la sensación de pánico asociada a la separación física de la madre, de características insoportables. Los niños ASE (así los llama en 1972) paulatinamente van rompiendo la relación entre el yo y el no yo, de manera tal que se corta el acceso con el exterior. Muchos de estos niños son mudos, ecolálicos o desarrollan un lenguaje propio. La defensa predominante aquí es la inhibición. El encapsulamiento o caparazón protector genera para la autora una estructura rígida de carácter. Los niños se aferran a rutinas fijas, “las que se experimentan en función de una envoltura protectora que asegura la supervivencia del cuerpo” (Tustin, 1972/1994, p. 91).

Es el ASE el que se asemeja, por su presentación, a la descripciones clásicas del Autismo (extrema soledad, adherencia a rutinas, particularidades en el lenguaje, etc.). Son niños que “han desarrollado un fuerte caparazón protector (crustáceos) con el fin de ocultar su hipersensibilidad” (Íbid, p .93). Como defensa, el caparazón sirve de defensa contra el otro amenazante. Por último, Tustin describe un tipo de Autismo que se acerca a la esquizofrenia infantil. Lo denomina ASR (Autismo Secundario Regresivo). Los niños parecen vivir en un mundo de fantasías (al estilo de la esquizofrenia del adulto descrita por Bleuler). Es la retirada o la huida a un mundo de fantasías unidas a sensaciones físicas, corporales. La diferencia

entre estos niños y los niños con ASE, es que en los niños ASE hay una falta de fantasías. Mientras que aquí es su característica principal. La autora describe que al comienzo se trata de bebés “pasivos” o “demasiado buenos”. Llega un momento en que la adaptación excesiva de la madre con el niño se rompe y el desarrollo del niño se interrumpe por completo.