A partir de lo desarrollado por los exponentes del psicoanálisis postfreudiano cuyos trabajos se extendieron entre los años 60-70, nos hemos detenido en los significativos aportes teóricos y clínicos de tres autores, de cuya lectura se han podido establecer coordenadas comunes y algunas diferencias entre ellos, tomando como eje la temática del objeto y el cuerpo en el Autismo. Esto nos permitió definir cuáles fueron los aportes y categorías conceptuales que han sido valorizados en los discursos actuales vinculados al Autismo y su funcionamiento, en una relectura que privilegia la perspectiva creacionista, despojándola de toda concepción deficitaria. Los autores examinados coinciden en subrayar la relación peculiar que conservan los autistas con los objetos, y en esta dirección la fina observación resulta elogiosa al extraer de los fenómenos observados, lo rasgos que componen esta relación electiva con cierta clase de objetos. El alcance de nuestra revisión ha contemplado en cada uno de los recortes clínicos, la especificidad del mecanismo defensivo empleado, y la respuesta que el sujeto logró ensayar, elevando en algunos casos, esa maniobra subjetiva al lugar de la invención.
La articulación ineludible que hemos podido constatar en los casos examinados, refleja un tratamiento especial entre el cuerpo y la función que el sujeto le otorga a los objetos. Conjunción que obtuvo su justa valoración en el desarrollo del caso del niño-máquina de Bettelheim al ser debidamente articulada con su perspectiva terapéutica propuesta. Nos hemos detenido en destacar la intermediación entre el sujeto y la dimensión del Otro, en cada caso particular e introducir una categoría del objeto propia en el campo clínico del Autismo; los llamados objetos autísticos (Laurent, 2013).
Entre la consideración de Tustin en torno al concepto del objeto autístico como integrado y formando parte de la caparazón, y el objeto autístico complejo en Bettelheim, hemos podido destacar que ambos autores comparten la idea del carácter defensivo del objeto. Uno de los rasgos fundamentales aislados por los clásicos es la extrema soledad autística, y el retraimiento con respecto al mundo exterior. Respecto a esta temática, la escuela anglosajona no dará un tratamiento homogéneo. Tanto los desarrollos de Tustin como los de Meltzer, coinciden en señalar que el niño no experimenta angustia, sin embargo de su lectura se desprende la existencia de una significativa alteración del contacto con el mundo exterior. Mientras que en las teorizaciones de la autora inglesa, el niño crea una coraza protectora y se encapsula en ella, Meltzer resalta la operación de desmantelamiento de los sentidos que se produce ante el contacto con el mundo. Operación que impide dar significado a los objetos de la realidad, al precio de un retraimiento del sujeto sobre sí mismo.
Desde otra posición teórica, Bettelheim sostiene que el sujeto autista es activo frente a lo catastrófico y decide por la vía de la invención, construir una respuesta subjetiva ante la angustia extrema. Respuesta activa que implica una invención por parte del niño. A través del caso “Joey, el niño máquina” el autor demuestra que sirviéndose de los objetos autísticos complejos, Joey da cuenta de una inventiva que le permite bordear su cuerpo para, poder finalmente, prescindir de la máquina. Como vemos, estos contrapuntos animan el recorrido conceptual y han constituido una sólida apoyatura a la hora de repensar desde el psicoanálisis actual una clínica posible para el Autismo.
Respecto de Meltzer, nos ha interesado en particular las consideraciones que se desprenden de su trabajo clínico y que han sido retomadas en los abordajes actuales por entender que constituyen un aporte para lo que actualmente se conceptualiza como clínica del circuito (Laurent, 2013) en el tratamiento con el sujeto autista.
Lo que nos interesa destacar del caso “Timmy”, presentado por este autor, es que permite observar la importancia de ir circunscribiendo en la clínica con el autista ciertos circuitos, fronteras, límites espaciales y corporales a lo largo del tratamiento. De esta manera, se esboza la discriminación adentro y afuera en las sesiones, y el lugar donde colocar los objetos,
avanzando así, según el autor, en la constitución de un self que se encontraba totalmente desprovisto de la capacidad de dar sentido.
Las observaciones clínicas extraídas por Bettelheim, arrojan una detallada observación en la evolución de Joey, que contempla un innegable progreso desde el inicio del tratamiento hasta su finalización. Para el psicólogo austriaco, las insuficiencias en relación con la madre y con el entorno se encuentran en el origen del Autismo, de manera que el tratamiento se basó en procurarle al niño un entorno favorable. Si bien las desatenciones maternas padecidas por el niño autista , presentes en el análisis de Meltzer, producen un estado de abandono a través del mecanismo del desmantelamiento, la respuesta subjetiva definida por el autor como “pasiva”, consiste en dejar errar los diferentes sentidos y en eso constituiría su funcionamiento específico: el desmantelamiento. Para Meltzer, como hemos señalado, el autista no se defiende y carece de actividad mental (Meltzer et al., 1975). Constituye un ser arcaico por excelencia que sin mentalización y sin relación de objeto, se sitúa en el grado cero de la transferencia (Maleval, 2008). Coincide en este punto con Tustin, quien sostiene que el Autismo es generado por la operación de una madre deprimida y su falta de cuidados. Ante esa angustia extrema, se arma una coraza con la que corta el vínculo con la realidad.
El notable trabajo del despliegue maquinístico del caso Joey, ilustran para Bettelheim un tratamiento del sujeto con los objetos, que constituye la salida de su repliegue y el empuje a la socialización del sujeto autista. Una lograda defensa que se verifica en cierta organización imaginaria del cuerpo donde el control y la delimitación de esfínteres conquistan una localización libidinal ordenada. Visualizar las capacidades del objeto autístico complejo resulta suponerle una función especial: el tratamiento subjetivo de las pulsiones (Maleval, 2011). La valiosa observación del progreso de Joey, revela un modo de funcionamiento del sujeto autista enlazado a las modificaciones que sufren los objetos creados por él y cuya función y eficacia subjetiva se constata en la moderación de la angustia.
Los autores difieren en relación con el lugar que ocupa el sujeto en la elaboración de los objetos. Mientras que para Tustin el encapsulamiento autístico realiza una tentativa de constitución de un espacio sin agujero, sin fisura, sin objetos pulsionales y sin articulación con el otro, para Bettelheim la construcción de objetos, establece circuitos posibles con el otro, que dan cuenta de una posición activa y flexible para su invención.
En ambos casos, sin embargo podemos señalar que el sujeto es activo al armar una barrera protectora, sea ella cerrada como se desprende de Tustin, sea abierta como vemos en la consideración de Bettelheim, al marcar el desplazamiento por el que transitan la evolución creacionista, en su combinación permanente y dinamismo, vía el intercambio con el otro. Estas últimas teorizaciones han sido retomadas en la actualidad por Laurent (2013) al poner en el centro de la cuestión al sujeto, y estimar su relevancia. Subraya el carácter activo y creacionista
del sujeto en la conformación de los objetos y lo inventivo de la construcción de un borde, un neo borde al decir de Laurent, que permite construir un casi-cuerpo (Laurent, 2013).
Bettelheim es uno de los primeros clínicos en el campo del Autismo infantil en concederle importancia al fenómeno del compañero imaginario en el autista. Su exhaustiva exploración clínica revela una de las encarnaciones posibles del objeto autístico complejo que se sitúa en la cúspide del trabajo de los objetos en progresión, desde la máquina inicial a un compañero imaginario, un objeto fuera-de-cuerpo (Maleval, 2011). Coincidimos con Monribot (2015) en que allí donde Bettelheim localiza un comportamiento frontera y Tustin anticipa la idea de un caparazón frente al goce, Eric Laurent ve una tentativa topológica de trazar un borde para hacerse un cuerpo capaz de regular el goce nocivo. Para finalizar, diremos que más allá de la sintomatología clásica y aprehensible en las descripciones del Autismo, nos detuvimos en el testimonio que los casos permitieron observar: las constantes que hacen del Autismo una entidad particularmente reconocible y que constituyen un original modo de funcionamiento subjetivo.
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