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3. MATERIALES CONSTITUTIVOS

3.3. ALTERACIÓN DE LOS TIPOS PÉTREOS

3.3.1. Areniscas

Hemos encontrado emplazamientos de cuevas labradas en areniscas (en diferentes variantes de las mismas) repartidos por toda la Península: en Almería (alternantes con margas en el Risco del Calguerín de Cuevas del Almanzora); en Granada (las antiguas cuevas ya abandonadas de Arenas del Rey); en Guadix (con conglomerados y lutitas como parte principal del relleno detrítico de la cuenca del mismo nombre); en la cuenca de Ronda y en Bobastro (Málaga), como areniscas biocalcáreas, o como una litoarenita de cemento carbonático molásica, respectivamente; entre Épila y Muel (Zaragoza, donde se excavan las “cabañas” pastoriles; en La Rioja (Nájera, Albelda, Nalda, cuenca del Cidacos); en algún lugar de la Ribera navarra (en Ablitas conforman los techos de los hipogeos y albergan el castillo semirrupestre); en todo el Norte de Castilla y Sur de Cantabria (eremitorios y cuevas de anacoretas excavados en arcosas y areniscas cretácicas en diferentes emplazamientos), o en la provincia de Alicante (por ejemplo en Rojales).

Un ejemplo singular ya citado, es el del eremitorio rupestre de Valdecanales, en Rus (Jaén), excavado en unas blandas areniscas rojas del Buntsandstein, de porosidad apreciable. Se trata de cuarzoarenitas que son normalmente minoritarias o lentejonares, dentro de un piso en el que abundan las litologías lutíticas.

Algunas de las rocas calcáreas encontradas son más bien areniscas calcáreas o calcarenitas, y participan morfológicamente de algunos de estos procesos de meteorización.

En arenas no consolidadas (pero bastante cohesivas al ser limoarcillosas) se excavan también los silos de Villacañas Toledo). En propiedad no se trata de un litotipo rocoso en el sentido geotécnico.

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Young y Young (1992) compendian un amplio abanico de formas resultantes de la meteorización de las areniscas. Ver también en Robinson y Williams (1994).

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Existen morfologías generales típicas de la alteración de las areniscas debidas tanto a la alteración física como a la química. Las morfologías observables van de lo decamétrico a lo centimétrico, A niveles microscópicos se pueden observar otros procesos, en los cuales intervienen mecanismos que afectan ya a los granos y a sus cementos de unión.

A escalas decamétricas, son observables abrigos por socavamiento basal (“balmas”), formas acantiladas y saledizos en voladizo o lajamientos por descompresión, según hemos mencionado. En algunos casos se han descrito morfologías similares a las kársticas, a modo de “karrens” resultantes de la lentísima solubilidad de la sílice.

Fotografía 17. Panorámica general del afloramiento de areniscas del Bunt del oratorio de Valdecanales y su celda anexa en el cortijo de Fuentemarina de Rus (Jaén). Fotografía: Clemente Sáenz, 2006.

Las balmas pueden estar formadas por diferentes procesos, en los que se incluyen la existencia de alternancias blandas, la erosión eólica o la desescamación debida al ascenso y formación de cristales de sales por capilaridad o por degradación de los cementos de unión, por ejemplo por hidrólisis de feldespatos. Estos últimos procesos son los mismos que se perciben en los monumentos edificados con sillares de arenisca en

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los cuales el avance del frente capilar resulta en diferentes procesos disgregatorios tendentes a alterar la fábrica de la roca, al ser ésta porosa.

En menor escala –pero todavía visualmente perceptible-, la arenisca puede presentar tafonis, gnammas o pilancones (estos hasta métricos), agrietamientos poligonales (“pieles de elefante”), o costras endurecidas de diferente procedencia, bajo las cuales aparecen con frecuencia zonas arenizadas, como se explicó anteriormente.

Otros procesos superficiales la decoloración o rubefacción, etc, son también frecuentes, y pueden ser descritos mediante mera observación visual. Tanto más se desarrollan cuanto más porosas las areniscas y mayor la capacidad de avance de los frentes capilares.

Algunos autores79 han apuntado incluso clasificaciones de las areniscas,

resumiendo los tipos de ensayos más convenientes de cara a pronosticar su conservación, incluyendo entre ellos ensayos de reacciones al ácido (para estimar su comportamiento en exposiciones a la lluvia ácida), de cristalización de sales, y de medición de la porosidad, que suele ser un factor determinante. En estas clasificaciones cualitativas se proponen los usos particularizándolos para solados, cornisas, basas y parapetos, sillares esquineros, o para fachadas.

En el caso singular comentado de los silos de Villacañas, los procesos de meteorización se traducen en la disgregación física de los paramentos –horizontales o verticales-, normalmente por falta de mantenimiento de sus cubriciones o revestimientos.

3.3.2. Conglomerados

Los procesos de las areniscas son extensibles en buena medida a otros tipos de rocas detríticas, como pueden ser los conglomerados. Más o menos cementados los hemos encontrado en Granada (la formación Alhambra de las cuevas del Sacromonte se compone básicamente de conglomerados no muy cementados), o como parte de la Formación de Guadix, como hemos dicho (y en algún caso, como nivel terminal del relleno de dicha cuenca, se han excavado algunas viviendas rupestres en Cenascuras, en los flancos del río Gor). Conglomerático es también el substrato del barrio rupestre de Casas de Juan Núñez (Albacete), también bastante friable.

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Los procesos ligados a estos conglomerados se traducen en desagregación superficial por pérdida de humedad –si no existe cemento de unión o es débil-, esto es, los que corresponden a las rocas detríticas sueltas. La meteorización química juega habitualmente un papel menor, si bien pueden disolverse o alterarse también los cementos de unión de los granos.

Podríamos englobar en estos conglomerados las excavaciones efectuadas en materiales de piedemonte gruesos, como los que se encuentran en los barrios rupestres de Pegalajar (Jaén), o en La Alquería (cerca de Jumilla, Murcia, localidad cuyo pequeño núcleo rupestre hemos visitado pero cuyo origen y devenir no hemos llegado a investigar en detalle). En el primer caso, como hemos dicho, la principal causa de patologías viene determinada por la génesis del depósito, quizás parcialmente consolidado por aguas incrustantes, pero aún así susceptible de saturarse en eventos de lluvia acusada, cuestión que ha originado la ruina de casas cueva de vivienda históricamente.

En la categoría de conglomerados cementados encontramos las cuevas de los anacoretas de Covarrubias y los eremitorios de Peña Rota en Salas de los Infantes (ambos en Burgos), algún emplazamiento cántabro (Campo de Ebro, más bien un episodio o lentejón grueso en un conjunto de areniscas), y las cuevas excavadas en algunos conglomerados de la orla terciaria del valle del Ebro (Castañares de las Cuevas o San Millán, ambos en La Rioja).

Normalmente se trata de conglomerados muy destacados en el relieve, como los mallos riojanos de Islallana, o los farallones de Covarrubias (Burgos), y en menor medida el risco de Peña Rota, también en la provincia burgalesa. Fueron objeto de excavaciones antiguas, muy primitivas y consistentes más en modestas salas de habitación que en complejos rupestres muy amplios, pues mayoritariamente debieron ser ocupadas por anacoretas o como refugios. Los procesos más significados están ligados a la fracturación por descompresión, y a cierta permeabilidad de las formaciones -que depende del empaquetamiento y consolidación de la roca-.

3.3.3. Calizas

Las calizas que más frecuentemente hemos observado excavadas por cuevas de vivienda son calizas margosas y arenosas.

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Hemos encontrado calizas en muchos emplazamientos: en los piedemontes calcáreos de Sierra Mágina (Jaén) se trata de conglomerados calcáreos de derrubios de ladera (si bien ya hemos citado que sus patologías derivan más de su carácter conglomerático de irregular cementación y empaquetamiento).

En La Muela (Zaragoza), el registro carbonatado en el que culmina el relleno de la cuenca del Ebro se aprovecha también como techo de las casas cueva, y éstas se abren en las calizas margosas y margas situadas a muro. En el valle del Júcar, una potente serie de calizas y margas sirve de cobijo al variado panorama rupestre, tanto en Alcalá de Júcar, como en Jorquera y otros emplazamientos de dicha zona de la provincia de Albacete. Dispositivo parecido al de zaragozana La Muela encontramos en Yepes (Toledo): calizas de páramo a techo y viviendas excavadas en las margas calcáreas infrayacentes.

En Paterna (Valencia), la serie excavada es calcarenítica, y la corona una caliza de mejores condiciones mecánicas que presta sustento a los techos de las complicadas viviendas “enclotadas” de esta población. Finalmente, los dispositivos laberínticos de Bocairente, en la provincia de Valencia (que como mencionamos tienen un todavía no aclarado origen) están excavados en una potente serie de calizas esparíticas, asomados a cantiles muy verticales.

Rocas carbonatadas intermedias son las margas: los barrios rupestres de Cuevas del Almanzora se excavan en estos litotipos, alternantes con otros más detríticos. También algunas cuevas de vivienda en la cuenca de Baza, donde hemos encontrados cuevas excavadas en limos margosos muy carbonatados. Lo mismo ocurre en algunas margas de la zona central de Castilla (Dueñas, Palencia).

Cuando se trata de calizas arenosas, o de calizas esparíticas poco consolidadas, los procesos de alteración más habituales corresponden a los de las rocas detríticas, pues el deterioro se debe más a la desagregación física de los granos que a causas químicas. En el caso de las calizas más margosas es habitual la existencia de capas pulverulentas superficiales que se desmoronan con facilidad, si bien dicha alteración suele penetrar poco, a no ser existencia de ambientes húmedos.

En el caso de las calizas micríticas pueden encontrarse también grietas de retracción poligonal (que pueden desgajar bloques en los techos planos de algunos antros), pues proceden de fangos calcáreos sometidos durante su consolidación a pérdidas

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de humedad tendentes a producir este tipo de litoclasas. Estas litoclasas a veces producen bloques que se desprenden en los modestos voladizos en los que se excavan las bocas de las cuevas, y de hecho es frecuente encontrar bloques de viseras desprendidas que dificultan el acceso a aquellas viviendas abandonadas de antiguo.

Las alteraciones superficiales más frecuentes están ligadas a la generación de superficies pulverulentas, no muy penetrativas, por debajo de las costras superficiales que a veces se forman. Son frecuentes las costras negras de origen yesífero, formadas por dióxidos de azufre ambientales, oxidados –por ejemplo por bacterias, como hemos apuntado anteriormente- y que atacan el carbonato de las calizas, generando sulfato

cálcico cristalizado80. Estas costras son normalmente protectoras por su baja

permeabilidad, pero a veces se desgajan y dejan al descubierto la caliza más alterada en profundidad, como ya hemos explicado anteriormente.

A macroescala, lo más frecuente es que las calizas ejerzan de niveles resaltantes y duros a techo de otros más blandos, que son los que se excavan en muchos grupos rupestres, aprovechando la competencia diferencial del techo. Dado que los vanos son modestos, y a no ser la existencia de redes de fractura adicionales (esas grietas de desecación diagenéticas de las que hemos hablado), esa función se cumple sobradamente con resistencias modestas, como veremos.

3.3.4. Dolomías

Dado que en varios emplazamientos se han descrito este tipo de rocas lo mencionamos aparte de las calizas. Así, en particular en la zona del burgalés condado de Treviño y los pueblos alaveses adyacentes, así como en el valle del Omecillo, abundan las dolomías como elemento constitutivo principal. Dolomíticas son también las rocas carbonatadas que se excavan en los barrios rupestres de Chinchilla de Montearagón (Albacete), que alternan con otras más margosas.

Hemos observado meteorizaciones superficiales debidas a procesos de escala decamétrica de modo similar al caso de las areniscas: balmas y fracturas de descompresión, por ejemplo. Algunas de las primeras muy destacadas, como el saledizo cobijado bajo la ermita de Santiago de Pinedo, en el valle del Omecillo. En los

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emplazamientos observados, apenas se perciben por el contrario aparatos kársticos, como suele pasar con estas rocas.

Son frecuentes los relieves ruiniformes (esto es, peñascos más o menos aislados entre sí por fracturas), que se traducen en un paisaje de bloques aislados destacados, como en el caso de los emplazamientos cercanos a San Juan, en Marquínez, los de Faido, o las peñas que cobijan los Moros de Corro, todos ellos en Álava.

Idénticamente, en los emplazamientos hemos observado costras superficiales, pequeñas tafonizaciones, desescamación y arenización (mayor en las zonas de fractura), o morfologías en piel de elefante.

Es probable sin embargo que los procesos de dolomitización hayan borrado algunas características de las rocas originarias, cuando las dolomías son consecuencia de procesos diagenéticos tardíos. Esos procesos se traducen en muchas ocasiones en el aspecto masivo que presentan las rocas, y se llegan a borrar las estructuras originales.

3.3.5. Yesos y similares

Una de las litologías que más se excava en la Península Ibérica es la yesífera. Se debe a la abundancia superficial de estas formaciones en las cuencas terciarias: los yesos ocupan amplios sectores en el centro de la Cuenca del Tajo (que engloba también a su afluente el Tajuña), en el sector navarro y aragonés de la Cuenca del Ebro, en parte de la cuenca del Duero, y en algunas cuencas neógenas de otros lugares, tales como la Depresión de Calatayud, o la Cuenca de Baza.

Así, hemos observado buenas columnas de materiales yesíferos en Galera (cerca de Baza). También, en las cercanías, los barrios rupestres de Benamaurel y Castillejar se excavan en litologías yesíferas, a veces alternantes con limos y arcillas.

En el valle bajo del Jalón, cerca de Zaragoza (Urrea, Bardallur), también se excavan yesos. Lo mismo ocurre en el barrio Picado de Calatayud, hoy casi abandonado, bajo el castillo moro que domina la población.

Puntualmente hemos encontrado algún retazo de yesos excavados en pueblo toledano de El Romeral, cerca de Villacañas. Estos yesos son similares a los de la vecina La Guardia, cuyos barrios rupestres periféricos están también en estado de casi completo abandono, como los de Huerta de Valdecarábanos, algo más al Sur.

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En el Sur de la Comunidad de Madrid siguen existiendo varias poblaciones, que se asientan junto al Tajuña y junto al Tajo, en las cuales las litologías yesíferas son dominantes: desde Carabaña hasta Morata en el primero de ambos cauces, y Fuentidueña, Añover, o, algo más alejada, Ontígola, son poblaciones que agrupan o agruparon amplios grupos de viviendas trogloditas.

Finalmente, otro de los “enjambres” de casas cueva mayor de la Península, el de la ribera del Ebro y de sus afluentes en Navarra, se emplaza en una potente sucesión de yesos que van desde el Oligoceno al Mioceno. Viviendas muy antiguas unas (las de Peralta, o las Cuevas de los Moros de Lodosa), o más recientes (en Milagro, Falces, Funes, Arguedas, Peralta, Valtierra), casi todas se abren en diferentes tipos de yesos y litologías asociadas.

Yesos aparecen también diseminados en litologías detríticas en algunos lugares de Castilla y León, o formando masas mayores en la subcuenca de La Bureba (en el límite oriental de Burgos, casi en La Rioja), donde lugares como la Ermita de Tosantos se excavan en estos “hojaldres” de yesos y limos, similares a los de otras cuencas sedimentarias en las que se dieron ambientes tipo “sebkha”.

Las formas asociadas a la meteorización de los yesos se asocian frecuentemente a su susceptibilidad a la disolución. Así, se habla frecuentemente de “karst yesífero”, y

los factores que lo condicionan han sido estudiados por numerosos autores81. Ya hemos

indicado, al hablar de la meteorización química, que la combinación de grietas verticales generadas por descompresión ayuda en gran medida a la penetración de las aguas y al progreso de la disolución en los macizos yesíferos. Probablemente al proceso pueden sumarse los aumentos de las presiones hidrostáticas en las grietas, con consecuencias desastrosas para el patrimonio rupestre.

Dado que es frecuente que existan tales alternancias, los macizos rocosos yesíferos han de ser considerados blandos en términos generales, y por ello, la descompresión y desgajamiento de bloques es más acusada que en otras litologías, por lo cual la pequeña erosión basal debida a la excavación de cavidades rupestres magnifica el proceso. Así, son frecuentes los bloques inestables en muchos de los barrios rupestres que hemos podido observar, en los lugares más variados: Bardallur, Urrea de Jalón, Falces, o Benamaurel, localizados todos ellos en yesos de muy diferentes sectores geográficos

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participan sin embargo de estos caracteres comunes, que han conducido a muchas ruinas de viviendas localizadas en cantiles incluso de poca altura.

Las inestabilidades observadas no sólo están relacionadas con la descompresión. También con la tectónica salina: lo cierto es que en algunos lugares de la Ribera de Navarra se han excavado viviendas rupestres en yesos muy replegados, como los de la Formación de Yesos de Desojo de Falces, y que por tanto han incorporado a su masa las discontinuidades producto de dicha tectónica, lo cual los hace tanto o más susceptibles no sólo a la meteorización superficial, sino a los procesos de regularización del relieve que han afectado a algunos de los pueblos cuyos grupos trogloditas se abren en esta formación.

En cuanto a las morfologías superficiales de los yesos y rocas salinas, hemos encontrado crecimientos de los mismos en fracturas (con gran importancia en el desarrollo de las superficies de debilidad de las rocas donde se alojan, como en la formación de Nájera y en sus cuevas antiguas, en cuyos riscos aparecen estos yesos albergados en fracturas), crecimientos de cristales secundarios (que en ocasiones pueden generar presiones de hinchamiento), en formas de filamentos o floreciendo en formas estrelladas (como en Galera, Granada), alteraciones a yesos pulverulentos, y, en general, muchas matrices limo-yesíferas degradadas en los “hojaldres” que forman yesos y rocas lutíticas, previsiblemente por acciones continuadas de ciclos de humedad y sequedad; este proceso es habitual en gran parte de los frentes yesíferos que albergan hipogeos que hemos podido inspeccionar en diferentes lugares de la Península, y conduce a la degradación superficial de fachadas y paramentos no protegidos.

En el caso de los paramentos interiores de las cuevas, es habitual que se empleen morteros de yeso –incluso procedentes de la propia excavación- para revocar los interiores, dado que la cal podría presentar problemas de reacción con las formaciones que naturalmente tengan un contenido alto en sulfatos. Así se hacía, por ejemplo, en pueblos palentinos en los que se excavaron cuevas en formaciones yesíferas de la cuenca del Duero82.

Más infrecuente es el caso de la presencia de otras sales, como la epsomita hidratada, que resulta en un residuo pulverulento blanco. No tenemos ningún análisis

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mineralógico que lo haya detectado, pero es posible que dichos minerales salinos pulverulentos estén presentes en algunos emplazamientos (Calatayud, Carabaña, etc).

3.3.6. Rocas lutíticas

Las rocas lutíticas que hemos encontrado durante la investigación son minoritarias, alternantes con otras rocas detríticas, o ligeramente carbonatadas, y de hecho las hemos englobado, para el caso de las litologías margosas, en las rocas calcáreas.

Entrarían dentro de la acepción, en primer lugar, los suelos duros arcillo- arenosos en los cuales se excavan viviendas rupestres en el pueblo granadino de Purullena (como veremos, en la formación Guadix, por su carácter fluvial, existen episodios que van de lo conglomerático a lo argilítico). Idénticamente, en esta formación, las muestras tomadas en Fonelas corresponden en propiedad a una lutita. En ninguno de ambos casos se han encontrado carbonatos en su composición.

El santuario del Santo Niño de La Guardia de Toledo se excava en una lutita rojiza, ligeramente margosa, mayormente caolinítica, en la cual se llegan a observar trazas de los feldespatos originarios.

En las capas yesíferas de Urrea de Jalón (Zaragoza) se analizó también una