Volatilidad, ciclo económico y respuestas de política
ARGENTINA: TASA DE INVERSIÓN Y VOLATILIDAD
(Ventanas de ocho años, en porcentajes)
-3 -2 -1 0 1 2 3 4 5 19 58 19 60 19 62 19 64 19 66 19 68 19 70 19 72 19 74 19 76 19 78 19 80 19 82 19 84 19 86 19 88 19 90 19 92 19 94 19 96 19 98 20 00 20 02 20 04 20 06 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9
Porcentaje de crecimiento medio
Desviación estándar del crecimiento (eje derecho)
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Una vez transcurrida la década de 1980, en que el grado de libertad para aplicar políticas fue muy limitado, en los años noventa se amplió el espacio de autonomía y se utilizó especialmente para implementar reformas estructurales orientadas a reactivar el crecimiento. En realidad, las autoridades intentaron desentenderse de las políticas anticíclicas mediante la creación de un esquema de caja de conversión —la ley de convertibilidad. Este tenía la ventaja
0 5 10 15 20 25 19 58 19 60 19 62 19 64 19 66 19 68 19 70 19 72 19 74 19 76 19 78 19 80 19 82 19 84 19 86 19 88 19 90 19 92 19 94 19 96 19 98 20 00 20 02 20 04 20 06 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 Tasa de inversión
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) 80
de que requería muy poco en materia de discrecionalidad pero, en cambio, era muy demandante en términos de evitar que se produjera un fenómeno de predominio tanto fiscal como financiero. El sistema probó ser muy eficaz para reducir la inflación —en el cuadro IV.2c se aprecia la marcada disminución de la recaudación del impuesto inflacionario—, pero terminó por colapsar justamente porque una política fiscal ajena al esquema adquirió preeminencia respecto del régimen de convertibilidad. De acuerdo con Cetrángolo y Jiménez (2003), la oposición entre el fortalecimiento de la competitividad mediante incentivos fiscales y la necesidad de presentar cuentas fiscales superavitarias se tradujo en un conflicto irresoluto entre equilibrio fiscal y externo, que afectó la sostenibilidad de la política fiscal de convertibilidad. En el mismo sentido actuaron las deficiencias en el diseño de las regulaciones del sistema financiero que permitieron, por una parte, una excesiva exposición al riesgo cambiario de los tomadores de créditos y, por otra, una toma desproporcionada de riesgos relacionados con las obligaciones del gobierno por parte de los bancos. La experiencia culminó con una crisis financiera y el incumplimiento de parte de la deuda pública (véase Chisari y otros, 2007). En vista de estos acontecimientos, no es sorprendente que la Argentina no muestre avances en materia de solidez financiera, pese a la reducción de la inflación.
El caso argentino, no obstante, tiene algunas características que no deben pasarse por alto. Primero, pese a los efectos de la crisis de 1999 a 2002, la tasa media de crecimiento del período 1991-2006 fue superior a la registrada en las dos etapas históricas anteriores (véanse los cuadros IV.2a, b y c). Además, en esa época se produjo el primer repunte de la actividad económica desde l964. Asimismo, de 2003 en adelante la tasa de crecimiento ha sido extremadamente elevada, al punto que en la actualidad el país cumple los requisitos de candidato a iniciar un proceso de aceleración. En segundo lugar, el gráfico IV.3a ilustra que tanto el episodio de aceleración de 1964 como el de 1991 obedecieron a la marcada disminución del nivel de volatilidad, que después no se mantuvo y que terminó por provocar un colapso de la actividad económica. Esto tiene implicancias para el actual proceso de crecimiento, que se produjo en un contexto en que la volatilidad aún es elevada1. Si bien la
tasa de inversión se recuperó significativamente pese a la persistencia de ella, la experiencia de alta volatilidad y alta inversión de fines de los años setenta y las conclusiones de los estudios sobre crecimiento ya comentados indican que es poco probable que el aumento de la inversión se mantenga en un marco de incertidumbre.
1 Sin embargo, en parte hay un efecto de “arrastre” debido a la metodología de las ventanas.
Al situar estos hechos en perspectiva, pareciera que el principal obstáculo que enfrenta la economía argentina es haber recuperado la capacidad de crecer, pero no la de reducir la volatilidad de la economía. Al respecto, es posible que los conflictos distributivos tengan un papel particularmente relevante (Chisari y otros, 2007). Como se dijo, el país experimentó varias crisis que obligaron a redefinir los derechos de propiedad y la distribución del ingreso siguió un camino marcadamente regresivo. Los problemas consiguientes se tradujeron en repetidos episodios de predominio que impidieron la coordinación de las políticas fiscal y monetaria. El suceso más impactante en este sentido fue la explosión de la convertibilidad en el período 2001-2002, impulsada por la preeminencia fiscal y financiera respecto del régimen de caja de conversión. Esto sugiere que uno de los principales retos de la economía argentina es recuperar el espacio de autonomía de las políticas a los efectos de buscar consensos distributivos que, al reducir las probabilidades de predominio, permitan una mejor coordinación de las políticas orientadas a explotar las oportunidades de crecer que al parecer tiene el país. La perturbación positiva de mejoramiento de los términos del intercambio que tuvo lugar en los últimos años ha incidido favorablemente al respecto, generando superávits gemelos —de las cuentas corriente y fiscal— y ampliando el espacio de autonomía, aunque el debate sobre la distribución del ingreso no ha perdido vigencia.
d) México
En el período 1961-1980, la economía mexicana exhibió una combinación muy favorable de volatilidad y resultados. Aunque no presentó episodios de aceleración, la tasa de crecimiento fue superior a la media de la región y relativamente elevada (3,5% per cápita). Además, se trataba de una economía muy estable, sin mayor variación del tipo de cambio real y de bajo nivel de inflación. En un contexto en que la frecuencia de crisis era igual a cero, la volatilidad del consumo y la del producto eran muy similares, pese a la falta de solidez financiera. Como se aprecia en el gráfico IV.4a, esta combinación favorable experimentó un vuelco en los años ochenta. Si bien en la presente década se han registrado avances significativos en materia de volatilidad y resultados gracias a la aplicación de políticas más adecuadas, lo cierto es que —al igual que la brasileña— la economía mexicana ha enfrentado dificultades para retomar la senda de crecimiento con estabilidad característica de su evolución en la etapa de posguerra. La falta de capacidad para acelerar el crecimiento no puede minimizarse: México es el único de los cinco países analizados que no muestra episodio de aceleración del crecimiento alguno desde los años cincuenta hasta la fecha.
Gráfico IV.4a