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VARIACIÓN DEL IPC GENERAL Y DEL IPC DE LOS ALIMENTOS EN 12 MESES, JUNIO DE

(En porcentajes) 5 6 6 7 8 9 9 9 10 10 12 12 13 13 14 17 23 32 9 10 16 12 16 16 8 19 15 20 20 14 21 23 19 32 33 0,0 4,0 8,0 12,0 16,0 20,0 24,0 28,0 32,0 36,0 40,0 México Perú Brasil Colombia Uruguay El Salvador Argentina Chile Panamá Ecuador Honduras República Dominicana Costa Rica Paraguay Guatemala Bolivia Nicaragua Venezuela (Rep. Bol. de)

IPC general IPC alimentos

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Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Dado que estos productos por lo general se excluyen de los índices de precios de inflación subyacente, el indicador mostraba una evolución bastante más moderada que el IPC general. Sin embargo, a partir de octubre de 2007 se empezó a observar también una aceleración de la inflación subyacente a nivel regional puesto que los aumentos de los precios de estos productos (esencialmente bienes comerciables a nivel internacional) se estaban traspasando a otros precios en la economía (principalmente servicios), probablemente por medio de mecanismos de ajuste que reflejan los aumentos pasados del IPC general.

De este modo, de una tasa anualizada del 5%, la inflación subyacente a nivel regional aumentó al 10,4% en 200821. Como resultado, a mayo de 2008, la inflación

regional medida a partir del promedio ponderado se sitúa en un 8,4%, mientras que el promedio simple asciende al 11,3%. Teniendo en cuenta que este aumento de la tasa de inflación se originó, en gran medida, en el incremento de

21 Promedio móvil de tres meses del promedio simple de la inflación subyacente calculada para los países de la región.

los precios de los alimentos, y dado el comportamiento de estos precios a partir de julio de 2008, es probable que los índices inflacionarios hayan alcanzado su máximo nivel en la primera mitad de 2008, por lo que a partir de allí las tasas de inflación podrían comenzar a disminuir.

Mientras tanto, la aceleración inflacionaria agudiza los dilemas que suele plantear el diseño de las políticas monetaria y cambiaria en un contexto de flotación y libre movilidad de capitales, en la medida en que los bancos centrales de la región se ven en la necesidad de contrarrestar por medio de la política monetaria las crecientes presiones inflacionarias en un momento en que la Reserva Federal de los Estados Unidos ha reducido sensiblemente las tasa de interés.

Si los bancos centrales deciden aumentar las tasas de interés para controlar la demanda, en un contexto de reducción de las tasas internacionales, las consecuencias podría ser un mayor ingreso de capitales y una acentuación de las presiones para apreciar el tipo de cambio. Sin embargo, una actitud pasiva de las autoridades monetarias puede terminar convalidando el aumento de las expectativas de inflación.

En el actual contexto expansivo que caracteriza a la mayoría de las economías de la región, la mejor manera de enfrentar el aumento de la inflación es mediante la política fiscal, evitando o disminuyendo los efectos indeseados en el nivel del tipo de cambio real. No obstante, el sesgo procíclico que se viene observando en la evolución del gasto público en los últimos tiempos, sumado a su mayor inflexibilidad a corto plazo, permite prever que la contribución de la política monetaria a la evolución del nivel de actividad tienda a ser más negativa en el futuro cercano, tanto por el efecto directo del aumento de la tasa de interés como por la probable acentuación de la apreciación cambiaria que podría darse en algunos casos.

H. Síntesis y conclusiones

El actual contexto internacional se caracteriza por una elevada volatilidad de los mercados financieros y una mayor incertidumbre en comparación con el escenario vigente hasta mediados de 2007. Como consecuencia, cabe esperar una marcada desaceleración de las economías de los países desarrollados que, a diferencia de lo que se esperaba en un principio, podría ser más grave en

Europa y el Japón que en los Estados Unidos. Además, esta desaceleración va acompañada de un aumento de las tasas de inflación que se asocia, sobre todo, al incremento de los precios de los productos básicos alimenticios. Si bien esta aceleración inflacionaria se observa de manera bastante generalizada, es más marcada en los países en desarrollo dado el mayor peso que tienen los alimentos en sus canastas de consumo.

Estos cambios en el escenario global causarán impactos reales y financieros en los países emergentes en general, y en América Latina y el Caribe en particular. Debido a la menor vulnerabilidad externa forjada en los últimos años se prevé que el efecto inicial en la región sea menor que el de otras crisis anteriores, aunque la situación plantea claros riesgos para las economías regionales.

En primer lugar, se espera una desaceleración de las exportaciones de manufacturas a los países desarrollados que afectará con más intensidad a Centroamérica y México. En segundo lugar, podrían reducirse las remesas de trabajadores emigrados, lo que incidiría considerablemente en la disponibilidad de recursos de varios países de Centroamérica y el Caribe. Por último, aunque es difícil predecir el precio de los productos básicos, la desaceleración de la demanda podría tender a reducirlo, lo que afectaría las exportaciones, el saldo de la cuenta corriente y el crecimiento de América del Sur, aunque es muy probable que los precios se mantengan por encima de los niveles registrados en la primera mitad de esta década.

Del mismo modo, el impacto distributivo del aumento del precio de los alimentos tendría un efecto contractivo sobre el consumo y el nivel de actividad, dado que afecta más a los sectores más pobres de la población. Por otra parte, es probable —aunque no siempre conveniente— que la aceleración de la inflación se traduzca en un aumento de las tasas de interés de la política monetaria con el objeto de contenerla, lo que también tendría un efecto contractivo en la evolución del PIB regional, aunque esto se daría de manera gradual.

A pesar de estas posibles consecuencias, se prevé un crecimiento de la región del orden del 4,7% en 2008, una tasa que está un punto por debajo de la del año 2007, pero que es lo suficientemente alta como para prolongar por quinto año consecutivo el período en que el producto por habitante de la región crece por encima del 3% anual. En medio de un marcado deterioro del contexto externo, esta no deja de ser una muy buena noticia. Como ha ocurrido en los últimos años, América del Sur crecería más que el Caribe, Centroamérica y México.

Sin embargo, se observan algunos factores que generan creciente preocupación. La aceleración inflacionaria registrada en la región tiene claros efectos regresivos sobre la distribución del ingreso, que podrían, a su vez, tener consecuencias negativas sobre la evolución del consumo. Al mismo tiempo, puede dar lugar a un endurecimiento de la política monetaria que también tendrá un impacto contractivo directo —por su efecto sobre la inversión y la demanda de bienes duraderos— e indirecto, dada la probable presión sobre la apreciación de los tipos de cambio regionales. Sumado a la reducción de la demanda de los países desarrollados, este último factor permite prever una mayor reducción de los volúmenes exportados.

De esta forma, si bien cabe esperar que algunos de los factores contractivos mencionados no tengan un efecto pleno este año, lo que explicaría que el impacto en 2008 no sea tan significativo, es muy probable que la desaceleración del crecimiento de la región se prolongue por algún tiempo, por lo que para 2009 podría esperarse una nueva disminución de la tasa de crecimiento de América Latina y el Caribe, que se situaría por debajo del 4%.

Capítulo II

¿Por qué importa la volatilidad real en

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