1285 tumulto enorme, acerca de si al partir habían abandonado al
mejor de sus compañeros202. El Esónida, turbado en su im potencia, no pronunciaba palabra ni en tal sentido ni en tal otro, sino que estaba sentado consumiendo su ánimo por dentro con el penoso infortunio. La cólera se apoderó de Telamón y le dijo así:
1290 «Estás sentado tan tranquilo, porque tú habías tramado abandonar a Heracles; de ti surgió el plan, para que la gloria de aquél no te eclipse en la Hélade, en caso de que los dio ses nos concedan regresar de vuelta a la patria. Pero ¿qué provecho hay en las palabras? Puesto que me volveré inclu- 1295 so a pesar de tus compañeros, que urdieron contigo este en
gaño».
Dijo y se abalanzó sobre el Hagníada Tifis203. Sus ojos parecían como centellas de fuego abrasador. Y sin duda ha brían vuelto atrás de nuevo a la tierra de los misios, forzan- 1300 do el abismo marino y el incesante silbido del viento, si los dos hijos del tracio Bóreas no hubieran detenido al Eácida con duras palabras, los desdichados. En verdad para ellos hubo más tarde un horrible castigo a manos de Heracles, porque impidieron buscarlo. Pues cuando volvían de los 1305 juegos por la muerte de Pelias en Teños204, rodeada por el mar, los mató y amontonó tierra sobre ellos y erigió encima dos estelas, una de las cuales, prodigio extraordinario a la vista de los hombres, se estremece bajo el soplo del braman te Bóreas. Y esto había de cumplirse así tiempo después205.
202 Es decir, se acusaban unos a otros de haberle abandonado. Compá rese Te ó c r i t o, X I II67-75.
203 Telamón pretende obligar al piloto a volver por Heracles. 204 Una de las islas Cíclades, en el Egeo.
205 Sobre la muerte de los Boréadas (Zetes y Calais) la tradición ofre cía explicaciones diversas (cf. escolio a 1 1300-1305).
Desde lo profundo del mar se les apareció Glauco, el 1310
muy sabio intérprete del divino Nereo206. Y sacando del fondo a la superficie su peluda cabeza y su pecho desde los flancos, alcanzó con su robusta mano el codaste de la nave y gritó a los ansiosos héroes:
«¿Por qué, contra la voluntad del gran Zeus, os em pe-1315
fiáis en conducir al valeroso Heracles a la ciudadela de Ee tes? Su destino es cumplir en Argos con esfuerzo todos sus doce trabajos para el orgulloso Euristeo y compartir la mo rada con los inmortales, en caso de que aún lleve a cabo unos pocos207. Así que no sintáis añoranza alguna de aquél. 1320
Igualmente a Polifemo le está determinado, tras fundar una muy ilustre ciudad en la desembocadura del Cío entre los misios, culminar su destino en la inmensa tierra de los cáli bes208. En cuanto a Hilas, por amor una diosa, una ninfa, lo hizo su esposo, y precisamente a causa de él aquéllos q u e-1325
daron atrás extraviados».
Dijo y se ocultó bajo el abundante oleaje sumergiéndose en el fondo. En tomo a él, agitada en remolinos, espumeaba el agua borbollante y a través del mar batía la cóncava nave. Se alegraron los héroes. El Eácida Telamón se acercó presu-1330
206 Glauco era un mortal que se convirtió en dios marino. Con sus do tes proféticas sirve al dios Nereo, «el viejo del mar». Sobre esta aparición, cf. Fi l ó s t r a t o, D escripciones de cuadros Π 15; Di o d o r o S ic., IV 48.
207 Heracles ha realizado ya algunos de sus trabajos: el jabalí del E n manto ( 1 124-131); el cinturón de Hipólita (II 777-779); las aves del Estin- falo (II 1052-1057); la hidra de Lem a (IV 1404); el león de N em ea (I 1195, IV 1438); y luego conseguirá las manzanas de las Hespérides (IV 1396-1407, 1433-1435). Pero aún le quedan otros, com o la liberación de Teseo ( 1 101-103); o el águila de Prometeo (II 1248-1259).
208 Polifem o fiindó la ciudad de Cío (cf. I 1345-1347) y murió entre los cálibes (sobre este pueblo véase II 374-376, 1000-1008) cuando mar chaba a través del continente para reunirse con los argonautas (cf. IV 1472-1477).
150 ARGONÁUTICAS
roso hasta Jasón y, estrechándole el extremo de la mano en su mano, se la besó y le habló:
«Esónida, no te irrites conmigo, si por imprudencia he errado. Pues el dolor me llevó en exceso a proferir palabras 1335 insolentes e intolerables. Pero confiemos a los vientos mi
falta y tengamos la misma buena voluntad de antes». A su vez el hijo de Esón le respondió con sensatez: «Querido amigo, en verdad que me injuriaste gravemen te con malas palabras, al afirmar en medio de todos éstos que era culpable contra un hombre de bien. Pero ciertamen- 1340 te no te guardo amargo rencor, aunque estuviera dolido an
tes, ya que no por rebaños de ovejas ni por riquezas disgus tado te enfureciste, sino por un compañero. Y espero que, si tal fuera el caso alguna vez, tú con otro reñirías también en mi defensa».
Dijo y, unidos como antes, se sentaron.
1345 En cuanto a aquellos dos, por voluntad de Zeus, el uno, Polifemo Ilátida, había de fundar y construir entre los mi- sios una ciudad con el nombre del río; y el otro, volviendo atrás, ejecutar los trabajos de Euristeo. Amenazó con devas- 1350 tar inmediatamente la tierra de Misia, si no le descubrían la suerte de Hilas, vivo o muerto. Como rehenes a cambio de éste le entregaron a los mejores hijos escogidos de su pue blo e hicieron juramentos de que nunca cesarían en la tarea de buscarlo. Por ello todavía ahora los cíanos preguntan por 1355 Hilas, el hijo de Tiodamante, y se cuidan de la bien edifica
da Traquis209. Pues allí estableció a los muchachos que de allá le dejaron llevarse como rehenes.
Durante todo el día y toda la noche el viento arrastraba la nave soplando con violencia. Pero ni lo más mínimo so-
209 Hilas fue divinizado en Cío: además de sacrificios, se practicaban en su honor ritos en los que se voceaba su nombre. Traquis es una ciudad de Tesalia.
piaba al rayar la aurora. Ellos divisaron una costa que de i36o tierra sobresalía desde un golfo, muy ancha a la vista, y a remo abordaron allí con el sol.
[Y no mucho después apareció la aurora como desea ban]210.
CANTO II
Allí estaban los establos de los bueyes y el albergue de Ámico, el orgulloso rey de los bebrices, al que en otro tiem po, tras compartir el lecho con Posidón Engendrador211, alumbrara una ninfa Melia de Bitinia212, el más arrogante de
5 los hombres. Éste incluso había impuesto a los extranjeros
una norma indigna, que ninguno se marchara antes de haber probado con él el pugilato, y a muchos de sus vecinos había matado213. También entonces, viniendo hasta la nave, en su soberbia no se dignó preguntarles el motivo de su navega-
10 ción ni quiénes eran214, y en medio de todos al instante tal
discurso pronunció:
211 Genetlio es una advocación del dios (en Esparta, por ejemplo: cf.
Pa u s a n i a s, III 1 5 , 1 0 ), que aquí lo designa com o progenitor de la raza de los bebrices.
212 También cabe entender M elia como epíteto, una clase de ninfa (cf.
He s í o d o, Teog. 187), y «Bitínide» sería su nombre com o epónima de la
región.
213 La leyenda de Ám ico entraña un m otivo folclórico: el rey-ogro que obliga a sus huéspedes a competir en determinada prueba, cuya derrota significa la muerte, hasta que un héroe le vence (en este caso Polideuces). El episodio fue tratado también por Te ó c r i t o (XXII 27-134), y antes por Ep i c a r m oen una comedia y por Só f o c l e sen un drama satírico.
214 Normas de cortesía y hospitalidad que eran habituales en la poesía homérica (incluso entre adversarios) y en el mundo griego en general.
«Escuchad, errantes marinos, lo que os conviene saber. Es preceptivo que ninguno de los forasteros, que se acerque a los bebrices, vuelva a partir antes de haber alzado sus pu ños contra mis puños. Así que proponed al mejor, a uno 15
solo escogido de la tropa, para combatir conmigo aquí mis mo al pugilato. Pero si, desatendiendo mis leyes, las piso teáis, en verdad una dura coacción os perseguirá terrible- mente» .
Habló altanero. Al oírlo se apoderó de ellos una salvaje 20
cólera y la amenaza hirió sobre todo a Polideuces. Al punto se erigió en adalid de sus compañeros y exclamó:
«Detente ahora, y no manifiestes, quienquiera que te ufanes de ser, tu malvada violencia contra nosotros. Pues nos someteremos a tus leyes, según proclamas. Yo mismo, voluntario, prometo enfrentarme a ti de inmediato».
Así habló sin cuidado. Aquél le miró revolviendo los 25
ojos, como un león herido por un dardo, al que unos hom bres acosan en los montes; el cual, aunque acorralado por el grupo, ya no se preocupa de éstos y dirige su mirada única mente a un solo hombre, aquel que lo hirió el primero y no lo abatió216.
Entonces el Tindárida dejó el fino manto bien tejido, 30
que le entregara como obsequio de hospitalidad una de las lemnias. El otro arrojó su doble capa oscura con sus broches y el tosco cayado que portaba de silvestre acebuche217.
215 Ám ico amenaza con un ataque de los bebrices. El combate impues to por Ám ico y sus amenazas prefiguran la prueba que el rey Eetes im pondrá a Jasón en el canto III.
216 La imagen, de inspiración homérica (II. X X 164-175), describe la rabia de Ám ico ante la intrépida e irónica aceptación de su desafio por Polideuces.
217 También Heracles lleva un manto doble y una m aza de acebuche en Te ó c r i t o, X X V 254-255.