DESDE D IFERENTES D ISCIPLINAS
1.2 LA ARGUMENTACIÓN EN LA LINGÜÍSTICA TEXTUAL Y EN LA PRAGMÁTICA
En el siglo XX hay un cambio en el modo de entender la comunicación y el lenguaje y de aproximarse a su estudio. Ya no se analizan palabras u oraciones aisladas, sino que se investiga el discurso9 en su conjunto a partir de parámetros
internos (el código que garantiza su comunicabilidad) y externos al texto (el contexto o situación espacio-temporal e histórico-social en la que se produce). Surge así el análisis del discurso, cuyo interés se centra “especialmente, en delimitar las diferentes maneras en que las personas utilizamos las lenguas para organizar nuestra experiencia, para representarnos el mundo, para transmitir
9 En este trabajo vamos a utilizar la palabra discurso como sinónimo de texto. No obstante, entre
ambos términos podemos encontrar ciertas diferencias. El texto es una construcción teórica, un modelo que se materializa o contextualiza como discurso. El discurso es el texto más el contexto, es el texto en funcionamiento.
información y para relacionarnos con quienes nos rodean. En definitiva… intenta explicar de qué manera damos sentido a nuestras actividades cotidianas y nos construimos como seres sociales” (Ruiz Bikandi y Tusson, 2002, p. 5).
Desde este enfoque, el discurso argumentativo puede entenderse de dos formas (Tordesillas, 1994)10: una como género textual y otra como una característica inherente a la propia Lengua. Posturas que no las consideramos contrapuestas sino complementarias.
1.2.1- Del género textual a la secuencia textual
Entendemos por tipología textual un “sistema de clasificación científico con una serie de características que permiten ordenar con éxito cualquier texto”
(Fernández-Villanueva, 1991, p. 83). Es decir, un sistema de categorización de los géneros discursivos, y lo que fundamentalmente diferencia un género de otro es el propósito comunicativo que se persigue con cada uno. De hecho, Bauman (1987, p. 5)11 lo considera como “un recurso del que disponen los hablantes para la realización de fines específicos”.
Según Bassols y Torrent (1997), una de las clasificaciones que han tenido más éxito es la elaborada por Brewer (1980), para quien la descripción va ligada a la veracidad de la información, la argumentación con la plausibilidad y aceptabilidad, la narración con el interés y los textos instruccionales con la eficiencia. Finalidades diferentes que, según este autor, obligan a representarse el tema y a involucrar los procesos de atención y memoria de un modo diferente en cada caso. Además, cada una de estas realizaciones textuales se caracteriza por unos rasgos específicos que los diferencian de los otros géneros textuales (Roulet, 1989a).
Centrándonos ahora en el discurso argumentativo, Calsamiglia y Tusón (2004, p.
10 Tordesillas prologa la traducción del libro de Ducrot La argumentación en la lengua. 1994. 11 Tomado de Wertsch, 1993, pp. 80-81
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295) lo definen en función de los parámetros básicos de análisis de una situación comunicativa. Estos son:
1. Objeto: cualquier tema controvertido, dudoso o problemático, que admite diferentes maneras de tratarlo.
2. Locutor: ha de manifestar una manera de interpretar la realidad, una toma de posición. Expone la opinión a través de expresiones modalizadas y axiológicas. 3. Carácter: polémico, marcadamente dialógico, basado en la contraposición de dos
o más posturas (verdades, creencias aceptadas o posiciones defendidas por un sector o una persona). Los enunciados se formulan en relación con otros enunciados. Se manifiesta la oposición, el contraste, la desautorización, el ataque, la provocación.
4. Objetivo: incitar la adhesión, convencer, persuadir a un interlocutor o a un público de la aceptabilidad de una idea, de una forma de ver el tema que se debate.
El género argumentativo suele poseer una organización fácilmente identificable y diferente a la de los demás géneros textuales: introducción, premisas, cuerpo argumentativo y conclusión. Sin embargo, también podemos encontrarnos combinadas en un mismo texto varias tipologías, como por ejemplo la argumentación junto a la narración o la descripción. Por este motivo, Adam (1991) recomienda que la lingüística textual abandone cualquier idea de tipos de textos y trate de buscar dentro del discurso unidades más pequeñas e identificables, lo que denomina “secuencia textual”. Adam considera al texto como una unidad compuesta por n secuencias –del mismo o de diferente tipo- y la secuencia se define como “una red de relaciones jerárquicas, una totalidad que se puede descomponer en partes relacionadas entre sí y con el todo. Una entidad relativamente autónoma, dotada de una organización interna que le es propia”
(Adam, 1991, p. 11). Con esta propuesta, se amplían los contextos y los textos en los que podemos encontrar argumentaciones (textos científicos, jurídicos, periodísticos, narrativos...) y, consecuentemente, se desencorsetan los discursos creándose un modo de análisis más realista de los mismos.
Una de las aportaciones más interesantes de este modelo a nuestro trabajo es que nos orienta sobre la enseñanza de la argumentación en el aula, porque permite identificar claramente su finalidad, su estructura y su función comunicativa; y porque podemos abordar su estudio tanto como un género textual aislado, como dentro de una narración, carta, ensayo, artículo editorial, etc.
1.2.2- La Argumentación en la Lengua
Otra forma de comprender la argumentación surge de la lingüística semántica o pragmática integrada. Desde esta orientación, la argumentación es una propiedad de las lenguas naturales, y por tanto, siempre que hablamos argumentamos. El impulsor inicial de esta conceptualización de la argumentación fue Ducrot, y han sido varias las versiones que se han desarrollando en su seno. En Teoría polifónica de la enunciación (1986), Ducrot plantea dos hipótesis novedosas. La primera es que tras los enunciados podemos encontrar diferentes enunciadores o puntos de vista, como son:
El emisor o sujeto empírico, que pronuncia el mensaje o escribe el texto y que tiene una intención.
El locutor o sujeto discursivo, que asume la responsabilidad de lo que se dice en el texto y que marca una distancia determinada entre él mismo y lo que dice. Los enunciadores o sujetos puntos de vista, que son personas discursivas
diferentes del yo, cuya voz se deja sentir a través del locutor.
Otra idea novedosa que defiende es la indisociabilidad de lo objetivo y lo subjetivo en los enunciados, alejándose con ello de las teorías representacionalistas y de las que diferencian entre objetivo y subjetivo. Ambas aportaciones nos permiten explicarnos porqué usamos distintos registros cuando nos comunicamos en diferentes entornos, porqué podemos hablar desde una
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postura que no compartimos o porqué cuando hablamos tomamos partido sobre lo que decimos.
Otras conceptualizaciones de esta teoría se centran, principalmente, en “el topos” o significados que podemos descubrir en el habla. En esta línea, Anscombre y Ducrot elaboran la Teoría de la argumentación (1983), aunque posteriormente Ducrot la reelabora y la denomina Teoría de los Topoi, mientras que Anscombre la reformula como Teoría de los estereotipos.
Si en la Teoría argumentativa el potencial argumentativo de una emisión se concibe como el conjunto de “enunciados” que pueden unirse a la primera en calidad de conclusiones; en la Teoría de los topoi (1993) Ducrot se detiene en la importancia de los significados implícitos de las “palabras” utilizadas. Así, tras las palabras podemos encontrar dos tipos de topos: los intrínsecos y los extrínsecos.
Los intrínsecos se desprenden de las mimas palabras que aparecen en el discurso, como por ejemplo “Pedro es muy rico: puede regalarse lo que sea”,ya que la palabra riqueza invoca también poder adquisitivo.
Los extrínsecos son presunciones que se pueden poner en juego con cierta frecuencia, pero que no son los únicos posibles, como “Pedro es rico, por tanto, es avaro”, razonamientos que no se puede aplicar a toda la colectividad.
Estos topos, más o menos compartidos por un sector de la población, son los que dan sentido al vínculo entre el argumento y la conclusión.
Sin embargo, para Anscombre, estos topoi de los que habla Ducrot son muy abstractos. Por este motivo, en su Teoría de los estereotipos (1995) define los topoi como “frases” concretas e identifica tres subclases, a cada una de las cuales le corresponde propiedades lingüísticas específicas:
Por una parte se encuentran las genéricas analíticas o frases verdaderas, que no admiten excepciones y son consideradas la base del discurso científico y del
razonamiento deductivo al que se le aplican leyes lógicas. Por ejemplo “los simios son primates”.
Por otra parte se encuentran las frases tipificantes a-priori, que presentan una generalidad como probable y admiten excepciones, como “los simios comen plátanos”, que se consideran base del discurso común.
Por último, describe las frases tipificantes locales, que son aquellas que expresan un juicio válido localmente, es decir, la opinión del locutor como “los simios son divertidos”.
Para este autor, el discurso es lógico si utiliza frases genéricas analíticas y es argumentativo si se apoya en frases genéricas tipificantes.
Desde nuestro punto de vista, estas teorías del significado del enunciado y/o de la palabra enriquecen además la comprensión de la comunicación humana, pues al hablar se transmite, por una parte “los datos conceptualmente ligados a la literalidad del mensaje y, por otra, los datos que navegan entre el emisor y receptor de un modo subterráneo” (Gutiérrez, 2002, p. 252). Estos últimos significados añadidos, en ocasiones son compartidos, pero otras no, porque en función de las experiencias o ideología que uno tenga se asocian con un conjunto de valores diferente (los múltiples significados del lenguaje de Rommetveit, 1985). De aquí se deriva que el propio lenguaje pueda estar en la base de algunas de las dificultades de entendimiento entre las personas.
Otro foco de interés de Ducrot se encuentra en el comportamiento de ciertos “modificadores” (adjetivos y adverbios) que se pueden aplicar sobre los predicados de la lengua (sustantivos y verbos) y cuya presencia disminuye o aumenta la fuerza12 con la que se aplica el predicado. Así, identifica los modificadores realizantes, que están orientados hacia la conclusión “al menos” y
12 Ya Ducrot, en 1980 había propuesto los conceptos de clase argumentativa y fuerza
argumentativa. Los enunciados acreditan una clase argumentativa: si para un locutor la llegada de Pierre y la de Paul acreditan ambas la conclusión “La réunión a été en succès”, diremos que para dicho locutor, los enunciados “Pierre est venu” y “Paul est venu” pertenecen a la clase argumentativa determinada por “La réunion a été un succès”, ya que son argumentos favorables a dicha conclusión. Por otra parte, los argumentos pueden aplicarse con mayor o menor fuerza argumentativa de cara a la conclusión.
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los modificadores desrealizantes que disminuyen el apoyo hacia la conclusión y pueden desempeñar dos funciones, de inversor y/o de atenuador del predicado
“apenas”, (Ducrot, 1995). A estos dos modificadores García-Negroni (1995) agrega los sobrerrealizantes, caracterizados por poner de relieve el grado extremo al que ellos mismos aluden y desencadenar una calificación subjetiva, como por ejemplo sucede con las palabras horrible, increíble, carísimo, etc. Esta orientación argumentativa que imprimen los modificadores resulta en ocasiones difícil de identificar por el interlocutor y se aprende tardíamente.
Por último, Carel junto con Ducrot (1999) presentan la Teoría de los bloques semánticos, donde amplían la noción de argumentación y fijan su atención sobre otro tipo de palabras que anteriormente se habían considerado “vacías de contenido”, los conectores. Dentro del discurso detectan encadenamientos normativos que se introducen con conectores del tipo luego, por lo tanto, si… o entonces, es por ello, pues… y discursos llamados trasgresores que van precedidos de conectores del tipo a pesar de, no obstante, con todo, sin embargo, aún cuando..., etc. Estos nexos colaboran en la construcción semántica del discurso porque ayudan al receptor a categorizar la dirección de los argumentos.
La progresión de todos estos estudios realizados por Ducrot relacionados con el/los sentidos de la argumentación, avanzan desde la voz que transmite una idea y su subjetividad, para pasar después a los múltiples significados de la palabra y, finalmente, analizar otras categorías gramaticales como los adjetivos, los adverbios y los conectores. Es interesante que tengamos todo ello en cuenta porque tendremos que enseñar a los estudiantes a reparar en el significado y sentido que estas marcas aportan al discurso.