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ARISTÓTELES Y SUS SUCESORES 163 de que en sus capitales rasgos concuerda con el del

In document Theodor Gomperz, Pensadores griegos 3.pdf (página 152-155)

ARISTÓTELES Y sus SUCESORES 125 con la asimilación que tú proclamas entre aquéllos y los gran-

ARISTÓTELES Y SUS SUCESORES 163 de que en sus capitales rasgos concuerda con el del

Estagirita.

Es muy posible que ninguno de los principales grupos zoológicos que aparecen en Aristóteles haya sido él el pri- mero en determinarlos. ¿Podemos reconocer tal posibilidad conservar empero el derecho de celebrarlo como pionero que prestó los más señeros servicios a esta rama del saber? Por cierto que pues al igual que el contemporáneo recién mencionado, cabe ver lo esencial de su obra no tanto "en el ordenamiento especial del material", cuanto "en el desarrollo de los principios lógicos con miras a la sistematización". Y no sólo en ello. Todos los especialistas afirman unánimemen- te que la propia sistemática zoológica no progresó en lo más mínimo entre Aristóteles y Linneo (1707-1778). Y aun el autor del hallábase en diversos puntos con retraso respecto del Estagirita, pues hasta la décima edi- ción de las doce publicadas por él de su obra, enumera las ballenas entre los peces, mientras que nuestro filósofo las ubica entre los mamíferos (llamados por él

3. Un primer paso en esta exposición de los verdaderos principios de la sistemática, constituyelo el decisivo rechazo aristotélico de la dicotomía. Esta manera de proceder, que intentaba construir una clasificación sobre la base de una continua división por dos, era la primera y más obvia forma de división didáctica. Caracteriza las vías por donde movían- los intentos clasificatorios de Platón en el "Sofista". Pero su progresiva madurez intelectual hizo que pronto el autor del "Sofista" reconociera, en el primero y en el "Filebo" luego, que tal principio de división no es susceptible

de aplicación universal alguna. Tal sería el caso

agregar a título de si un género superior divi- diérase siempre sólo en dos subespecies, relacionadas la una con la otra como opuestos más o menos como el blanco o el negro. Pero dado que al negro cabe oponer asi- mismo el azul, verde, rojo, etcétera, la división en dos úni- camente puede mantenerse en tal caso si se contrapone al ttegro el no-negro, que, a su vez, debe luego descomponerse

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subespecies. Resulta obvio de este ejemplo que la oposición contradictoria es un principio de división enteramente artificial y estéril. Aristóteles, a lo que parece precedido al respecto por Espeusipo, en una profunda discu- sión en la que en forma inequívoca alude a los intentos sificatorios del "Sofista", declara que la dicotomía es

tenible como principio exclusivo de división, y su empleo "en parte imposible, en parte ineficaz".

Su primera y principal objeción es la esterilidad de la negación como fundamento de la división. Lo que no tiene pies, lo que no tiene alas, etcétera, no proporciona asidero alguno a la división ulterior; no hay subespecies de lo mera- mente negativo. A este primer inconveniente agrégase un segundo cuando la dicotomía separa cosas íntimamente rela- cionadas, lo cual no sólo ocurre en lo que atañe a las subespe- cies de un género común, sino también respecto de los miem- bros de una y la misma especie. Tal sucede por la dicotomía "animales terrestres y acuáticos" o por la antítesis "alados y no-alados". En el primer caso los pájaros acuáticos, por ejemplo, son separados de otros que les son muy próximos, los pájaros los primeros ubícanse en una misma clase con los peces, los segundos con los mamíferos terrestres y los reptiles. Mas la oposición entre las alados y no-alados en ocasiones llega a separar violentamente animales que perte- necen a la misma especie: verbigracia las hormigas aladas y sexuadas de las no-aladas (es decir las obreras) ; la luciér- naga macho, que tiene alas, de la hembra, que no las posee. Así llega Aristóteles, sin saberlo, a descubrir y procla- mar con énfasis los principios de la clasificación natural, que luego triunfa definitivamente en nuestra centuria. es cierto, quien pretendía aún que el Estagirita sólo tenía "un oscuro presentimiento del natural", mucho hubiera podido aprender del hondo estudio acerca del tema que en su des Aristóteles" (La zoología de Aristóteles)

realiza Jürgen Meyer. Incesantemente observa tóteles que, sea cual fuere la señal que se emplee para dis-

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a muchas. Entre estas señales vuelve a situar en segunda línea aquellas que (condicionadas tan a menudo por el medio ambiente y en consecuencia por el modo de vida) reposan sobre los "trabajos" o "funciones". La preeminencia trans- fiérese así de los caracteres fisiológicos a los los caracteres originarios o estructurales privan sobre los que hoy denominamos caracteres de adaptación. "Los animales de diferente especie distínguense por la mayoría de sus partes (su posesión o privación, su posición y orden) los gru- pos (por el cuyas partes sólo presentan diferen- cias de grado, en un grupo común". Sin que, en lo demás, se orientara hacia la moderna teoría de la descenden- cia, preparóla Aristóteles escogiendo como hilos conductores en su zoología sistemática los rasgos más duraderos y en consecuencia los de mayor fuerza probatoria respecto de las relaciones familiares. Parécese en esto a Cuvier, y el elogio que de este último hace Louis Agassis en su on Classi- (Ensayo sobre la clasificación), es por otros enun- ciado en casi idénticos respecto de Aristóteles. A "vertebrados" de Cuvier corresponden exactamente los "animales sanguíneos" del Estagirita, y sus subclases: los mamíferos (llamados por él vivíparos), los pájaros, los rep- tiles y anfibios (ovíparos cuádrupes o ápodos) y los peces. No la posesión de este único carácter la que lo guió también la presencia o la falta de sangre era para él un fe-

concomitante y el índice de otras numerosas cuali- dades importantes. La otra "gran clase", la de los animales carentes de sangre, dividíala él en animales blandos (nues- tros cefalópodos, en mariscos blandos (nuestros crustáceos), fen testáceos (ostras y caracoles) y en insectos; estos últimos incluían las arañas y los gusanos, formando la menos estric- tamente determinada de tales clases.

El hombre es a veces considerado como una especie par- ticular, pero otras ubícaselo en la primera de las subclases más arriba mencionadas, la de los "animales sanguíneos". Débese esta irregularidad a una nomenclatura defectuosa, que frecuentemente, aunque no siempre, agrega al término "viví-

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