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166 PENSADORES GRIEGOS

In document Theodor Gomperz, Pensadores griegos 3.pdf (página 155-170)

ARISTÓTELES Y sus SUCESORES 125 con la asimilación que tú proclamas entre aquéllos y los gran-

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paros" el nombre de cuadrúpedos; pues de ningún modo Aris- tóteles pretendía ser exactamente escrupuloso en sus designa- ciones. Por ejemplo, en tanto que por lo general subordina la "especie" al "género", hay pasajes en donde empléanse indiferentemente ambas expresiones. El estricto pensador es un escritor muy poco Al escribir vístese de bue- na gana con una bata de casa, emplea las mismas palabras, sin advertírselo al lector, tan pronto en un sentido estrecho, tan pronto en uno amplio, y a veces en sentidos que discre- pan así en la "Poética", verbigracia, en muchos casos usa la palabra metro para designar las medidas del verso mismas, pero en ocasiones entiende las partes versifi- cadas del drama no susceptibles de cantarse. Aclárasenos así que también su sistema zoológico carezca de estructura estrictamente articulada, y que la pertenencia de los subgru- pos a los grupos principales deba a menudo inferirse de in- dicaciones casuales y no siempre carentes de contradicciones. Evidentemente, no quería él emplear neologismos lingüísticos sino en medida muy de ahí la frecuente adverten- cia de que tales o tales animales forman sin duda un grupo, pero que éste es anónimo.

4. Precisamente tal anonimato de importantes y nume- rosos grupos zoológicos corrobora que, por lo menos en lo que refiere a la mayor parte de estos casos, sostiénese Aristó- teles sobre sus propios pies y no sobre la herencia de sus precursores. Mayor evidencia al respecto proporciónala la ín- dole de sus esfuerzos clasificatorios, que se distinguen por dos rasgos: el riguroso sentido de las similitudes, del "pa- rentesco de formas" ésta su propia expresión, alta- mente y por una visión de agudeza inusi- tada para lo que se ha llamado la correlación de las partes. Ese sentido de la identidad, fundamento de la maestría mor- fológica del Estagirita, configura sobre todo las raíces de sus conocimientos de anatomía comparada, de los cuales más ade- lante hablaremos. El sentido de las correlaciones proporció- nale base de sus divisiones. En algunos pasajes aislados proporciónale también la ocasión de genéticas,

ARISTÓTELES Y SUS SUCESORES 167 que tienden a quebrar el cuadro de la mera percepción de las coexistencias. "Una variación en una frase sobre- manera que afecta en el animal un pequeño órga- no, produce visiblemente un gran cambio en las cualidades del cuerpo entero". Una verificación experimental, como po- dríamos llamarla, de este hecho, proporciónala el ejemplo de los castrados, en los cuales la extirpación de "un pequeño órgano" tiene por consecuencia el cambio "a la naturaleza femenina". Tropezamos aquí con un pensamiento cuya prose- cución hasta su último objetivo le es denegada, la transfor- mación de las especies, y que por tanto no aplica en forma seria. Pese a las apariencias que podrían inducir a creer lo contrario, en realidad nunca tan lejos como Anaximan- dro, estableció una relación de parentesco entre los animales terrestres y los (cf. I, pág. 85). Incom- parablemente más profunda es su visión de la dependencia recíproca de los caracteres reunidos en un solo y mismo grupo de animales, que ejemplifica mediante la pluralidad de magos y el sistema dentario imperfectamente desarrollado de los rumiantes sin duda en el que la conexión te- leológica claramente percibida por él hállase bastante en evi- dencia. Pero su "sentido altamente desarrollado de las corre- laciones orgánicas (para usar la expresión de Georges Pou- chet) permítele descubrir relaciones mucho más hondamente escondidas, como por ejemplo la existente entre la naturaleza de los huevos y la de los animales que los ponen, donde, de acuerdo con la zoología moderna, no puede dejar de aproximar las aves y los reptiles. También hemos de citar aquí un cono- cimiento que despertó la admiración de que todos los animales bicornes tienen la pezuña hendida, pero no inver- que ningún pájaro de espolones posee uñas curvas y a la inversa.

Una parte sumamente importante de esta norma ge- neral es el principio que Etienne Geoffroy Saint Hilaire y Goethe redescubrieron y que aquél denominó

des Aristóteles formula esta ley de compensación como "Por doquier la naturaleza devuelve a una parte

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lo que toma de No puede ella hacer el mismo gasto en dos No le es posible emplear la misma materia en muchos lugares a la vez". Compárese de inmediato éstas con las análogas declaraciones de Goethe: "Si el impulso quiere dar más a una categoría, nada se lo impide, pero es inmediatamente compelida a hacer faltar algo a y así, nunca puede endeudarse la naturaleza ni aun decla- rarse en quiebra".

"Allí donde sea posible en el libro "Sobre las partes de los emplear dos cosas para dos pro- pósitos allí la naturaleza no acostumbra obrar como el herrero, quien con miras a la baratura crea un asador que al mismo tiempo pueda servir de Y en la "Po- lítica", el empleo de la mujer para trabajos de

cosa habitual entre los bárbaros, combátese con el argumento siguiente: "Nada crea mediocremente la naturaleza, como el cuchillero el cuchillo deifico un cuchillo que podía servir a los peregrinos durante sus viajes tanto para cortar pan cuanto de arma sino que para cada fin destina un especial medio. Pues un instrumento única- mente puede alcanzar su mayor perfección cuando se lo apli- ca no a muchos usos sino a uno solo". Inclusive, al señalar excepciones a esta regla, en ambos campos invoca la ocasiona! limitación de los medios, y aun emplea la misma compara- ción ilustrativa. Aquellos funcionarios que en los estados muy pequeños deben llenar múltiples tareas, son parangonados a

los más arriba mencionados. No ha de

extrañarnos por otra parte, anotémoslo al pasar, que una de las ideas rectoras de la "República" de la división del trabajo y la especialización de las haya causado honda impresión al discípulo y vuelva a asomar en él en las

diversas ocasiones.

6. Llegamos ahora a otro punto de vista, incomparable- mente más significativo. En lo que precede, no habríamos debido hablar tanto de excepciones en el reino de los orga- nismos cuanto de grados inferiores. Pues la progresiva espe- cialización de actividades, y más todavía la de sus ins-

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sólo representa una nueva expresión para desig- nar la creciente complicación estructural y la mayor riqueza interior de los seres vivos. Esta estructura "más multiforme y más ricamente dotada" condiciona asimismo la mayor "cualidad unitaria" de un organismo. Sobre base

los animales "mejor construidos", porque a diferencia de muchos animales inferiores que "más bien semejan un complejo de numerosos individuos que uno solo", no son sus- ceptibles de ser divididos o mutilados y empero sobrevivir. Así expresarnos con un contemporáneo muy compe- llegamos a la "jerarquía del conjunto de los seres vivos" que forma "la base" de la clasificación aristotélica al igual que de "nuestra moderna clasificación" o sistematiza- ción.

Ábrese en este punto un camino falso que no siempre dable evitar. Involuntariamente a medias identificóse con una sucesión de etapas en el tiempo la gradación o jerarquía aristotélica y se atribuyó al Estagirita una teoría de la evo- lución y descendencia que le es por entero ajena. Mas por necesario que sea poner en guardia respecto de dicho falso camino y prevenir una confusión entre las teorías de Aris- tóteles y de Goethe de los tipos y gradaciones por un lado, y la teoría spenceriana de la evolución o la de la descenden- cia de Lamarck y Darwin por el otro, es incontestable el parentesco interno de estas doctrinas. Además, precisaba ha- ber aprendido a distinguir entre organismos elevados e infe- riores antes de que pudiera ser posible concebir la idea de que los primeros siguen o surgen de esto es, en breve, que la serie "morfológica" coincide con la "crono- lógica" o bien con "serie

empero, constituye una verdad que invariablemente ha de mantenerse ante los ojos el que en mundo jamás hubo otra cosa que una "yuxtaposición" de lo inferior y lo superior, no una "sucesión", y menos todavía una "descen- dencia".

El hecho de que en Aristóteles no se conserve es- trictamente separadas por la forma de expresión estas dos

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ideas radicalmente distintas igual que cualquier otro pensador o no contradice lo anterior. Pertenece a la naturaleza del pensar y habla humanos el reproducir o hacer sensibles mediante procesos las relaciones y conexiones, lo inmóvil por lo inmóvil. Ocurre así con las figuras geomé- tricas, es decir simples yuxtaposiciones espaciales, cuya re- presentación gusta uno de facilitarse mediante construcciones genéticas (cf. II, pág. Ahora bien, si se trata de los grados de una serie, resulta sumamente difícil tener por en- tero distancia la imagen del progreso, del crecimiento, del aumento, o la contraria del retroceso, de la disminución. El uso que de tales términos hace Aristóteles, en ocasiones pue- de incluso originar la errónea impresión de que en determi- nada fase de su desenvolvimiento espiritual inclinóse él a la teoría de regresión o degeneración de los seres orgánicos expuesta en el "Timeo" por Platón. En verdad, toda idea de una evolución actual, tanto ascendente cuanto descendente, le es por entero extraña. Sólo en el círculo de la civilización humana reconoce él un progreso verdadero, una evolución real, la que por último ciertamente es aniquilada por catás- trofes y vuelta a su punto de partida.

7. Esta jerarquía, empero, extiéndese más allá del mundo animal, y en verdad abarca la totalidad de los seres terres- tres, desde los inanimados hasta el hombre, su vértice. Y nada es en esta exposición tan notable como el vigoroso én- fasis que Aristóteles pone en la rigurosa continuidad, la con- vicción de que también las diferencias cualitativas de la más sorprendente índole redúcense en última instancia a dife- rencias cuantitativas o de grado. Recuérdanos esto a Jenó- fanes (cf. I, pág. 198) y su teoría de los procesos mínimos que por gradual producen grandes efectos totales. La premisa de la continuidad es la misma en Aristóteles, si bien éste sólo habla en sentido figurado de progresos o tran- siciones: "De los seres inanimados pasa la naturaleza gra- dualmente a los animales, de manera que la continuidad de la transición borra los límites, dejándonos a menudo en la duda en cuanto a la pertenencia de lo que queda en el medio. Pri-

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mero viene el reino de las plantas, en cuyo interior mués transe las mismas diferencias de grado, pero que como todo aparece casi como animado en comparación con el resto del mundo de los cuerpos, y como carente de alma parangonado con el reino animal. La transición desde las plantas a los animales es otra vez continuada". A este propósito hace él una referencia a aquellos seres privados por completo del "movimiento propio" característico del reino animal y los que apenas muestran ningún indicio de sensa- si en verdad muestran alguno. al respecto crustáceos, anémonas de mar y en especial esponjas. "En gradual luego aparecen siempre seres, cada uno con más vida y movimiento que el último". Repítese lo mismo en lo que atañe a las funciones de los seres vivos; a aquellas que les son comunes con las plantas, conservación propia y agrégase la crianza de la prole, que a su vez presenta grados altos y bajos con arreglo a su duración y al grado de "asociación". Pero tampoco en lo concerniente a las cualidades morales e intelectuales reconoce Aristóteles, por lo menos en los pasajes pertinentes de las obras biológi- cas, mucho más que diferencias de grado entre hombres y animales. Tal relación destácase lo más claramente del cotejo entre niños y pues en los primeros sólo encuéntrase "por así decirlo indicios y gérmenes" de las cualidades que se manifiestan con la madurez, y "el alma infantil apenas se distingue del animal".

8. Se ha objetado la teoría aristotélica de lo que lla- mamos hoy la "serie natural" aduciendo diversas contradic- ciones o, cuando menos, falta de rigor sistemático. Tal crítica nos parece carecer de razones. No es el expositor, sino su objeto, la propia naturaleza, lo que en este caso carece de ri- gor, o, podría decirse, de minuciosa consecuencia. A fin de representarse el verdadero estado de cosas tal vez sea lo mejor apelar a una imagen como la siguiente. El mundo de los organismos aseméjase a una cuesta escalonada cuyos di- ferentes niveles hállanse cubiertos de árboles. Pero estos árboles no poseen igual fuerza de crecimiento. Puede ocu- 171

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rrir, de acuerdo con ello, que ramas de algunos sean más altas que las de otros, incluso que sobrepasen la copa de otros plantados mucho más alto. Esta jerarquía existe por cierto en lo que se refiere a los puntos de vista destacados con maravillosa seguridad por Aristóteles, pero no se aplica a cada particularidad, a cada cualidad característica de los grupos de seres humanos. Los insectos, por ejemplo, encuén- como miembros de la gran clase de los animales ca- rentes de sangre o (como decimos desde Cuvier) de los in- vertebrados, y ciertamente por debajo de los anima- les sanguíneos del Estagirita (o nuestros vertebrados) desde el punto de vista de su desarrollo intelectual. Mas esto no impide que algunas de sus familias, como las de las

y de las hormigas, aventajen en inteligencia a muchos vertebrados. podía, inclusive debía reconocer tales anomalías, y si cierto reproche lo alcanza en razón de estas concesiones, éste sólo puede referirse a la tendencia a expli- car el estado de las cosas existentes mediante teorías insufi- cientes. No un defecto, antes bien un exceso de espíritu sis- temático es lo que debemos reprocharle, cuando éste, aquí y allá, perturba la imparcial aprehensión de los hechos. Con razón ve él, por ejemplo, en la separación de los sexos, una disposición característica de los más elevados seres orgáni- cos, una instancia de aquella especialización de las funciones que tan bien comprendió, pero que aquí supone, de manera poco galante, debida a la tendencia de la naturaleza a sepa- rar lo más alto de lo más bajo como separa la forma de la materia. Justificadamente aplica tal criterio, casi podría de- cirse a modo de presuposición, contra la opinión

por muchos de la de los el acopla-

miento de los sexos, dice, hállase suficientemente probado por los muy inferiores animales desprovistos de sangre o inver- tebrados. Pero el reproche de ignorancia que dirige a quienes sostienen este error vuelve sobre él mismo, cuando sobre la base de esta presunción sostiene la bisexualidad sin excepción de todas las plantas, poniéndose así en retraso de la opinión general popular de los griegos, que expresiones como

ARISTÓTELES Y SUS SUCESORES 173 "palmeras machos" entrañan. La división de los sexos en los datileros había sido por parte ya reconocida por los an- tiguos babilonios; al igual que es hoy conocida por cualquier niño árabe.

9. Falsas generalizaciones de esta índole o, más correc- tamente, la confusión de meras tendencias y leyes de valor universal, pueden, claro está, encontrarse con bastante fre- cuencia en estas exposiciones pertenecientes a una temprana etapa de investigación. A menudo el Estagirita agrega conclusiones generalizantes que yerran su objeto, a un pro- blema expuesto con la penetración y la que lo carac- terizan, pues no puede, precisamente, llegar a la solución verdadera a causa de una inevitable laguna en el conocimien- to de los hechos. Tómese por ejemplo la teoría de que el aire inspirado en la respiración sirve para mantener el calor in- terno. Tal genial presentimiento de la verdad pertinente, com- bátelo en su escrito "Sobre la respiración", principalmente por la razón de que así formaríase un producto de combus- tión, y que éste debería ser evacuado de los pulmones por las mismas vías por las cuales el agente de la combustión habría entrado en aquéllos. Que realmente era así, no po- día él saberlo, puesto que tanto el agente de la combustión, el oxígeno, como su producto, el ácido carbónico, le eran desconocidos. Pero extremó él las cosas, pues no conformán- dose con rechazar a priori la hipótesis que correspondía exac- tamente a los hechos, hízolo invocando una pretendida expe- riencia general según la cual la ingestión de los medios nu- tritivos y la deyección de sus residuos no se hacen nunca por el mismo canal.

Si bien aquí, al igual que en otras partes, las generaliza- ciones biológicas y el método comparativo que las determina indujeron a Aristóteles en error, no por ello constituye me- nos este método la base de sus investigaciones

y simultáneamente de sus más notables éxitos. La biología comparada y en particular la anatomía comparada son uno de sus menos discutidos títulos de gloria. Muy atrás dejó en este campo a todos sus precursores, que por cierto no

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le faltaban. Entre ellos ha de citarse en primer lugar al genial autor del escrito "De las articulaciones", que nos ha sido conservado en la Colección hipocrática. Este escritor, exento en absoluto de todo charlatanismo y que se destaca por su nobleza e infatigable consagración (cf. I, pág. 357), ciertamente no hubiera podido escribir, de no mediar estudios preliminares profundos y de la índole más general, frases como aquéllas donde compara el vientre del hombre con el "de todos los demás animales" y declara que las costillas hu- manas son "las más combadas".

Con las generalizaciones anatómicas relaciónanse las que fundamentalmente tampoco nada nuevo eran. Recuérdese la discusión de Empédocles y Platón sobre la res- piración, las teorías y de Demócrito sobre la nutrición el crecimiento, así como el intento de Alcmeón de descubrir una causa general de la muerte de los orga- nismos. Sea como fuere, lo cierto es que ninguno de los an- tiguos podía parangonarse a Aristóteles en cuanto a lo exhaus- tivo de su sistematización.

Asimismo no menos significativo es que la palabra "or- gánico", por primera vez aparezca en Aristóteles en su sen- tido moderno y específico, pues, para él, el alma o psique es "la primera entelequia de un cuerpo orgánico físico". En tanto que condición fundamental de la capacidad o destina- ción para la vida considera él precisamente la posesión de órganos, de los cuales las plantas poseen pocos, más los ani- males, y en medida tanto mayor cuanto más perfectos son. Entre estos órganos compuestos de "partes diferentes" y los demás elementos integrantes del cuerpo orgánico, com- puestos de "partes iguales", hace una distinción que con- cuerda exactamente con la que la ciencia actual señala entre órganos y tejidos. Los componentes "de igua- les" distínguense por sus cualidades, por su dureza y blan- dura, sequedad y humedad, etc., los "de partes diferentes" por su función, por lo que hacen y realizan. En el examen de ambas clases manifiéstase su sentido fuertemente marcado de la identidad y la semejanza, virtud acaso la más relevante

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entre todas las del investigador científico. Entre los tejidos, mencionando un verso pertinente de Empédocles con aproba- ción, reúne bajo un mismo concepto los pelos, las plumas, las

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