Fue esta relación dinámica entre consciente e inconsciente lo que Jung observó y describió. Mientras trabajaba como joven médico en la clínica psiquiátrica Burgholzli, en Suiza, Jung llevó a cabo algunos experimentos de asociación de palabras en los que registraba la respuesta del paciente frente a una palabra estímulo y también medía el tiempo de reacción de la respuesta. Cuando analizó los resultados, descubrió que las respuestas con los tiempos más largos de reacción tendían a agruparse alrededor de temas que tenían significado emocional para el paciente. Por ejemplo, si éste tenía dificultades para tratar con el padre, las respuestas más lentas provenían de la asociación que el paciente hacía con el padre. Ello no significa que las palabras de estímulo tenían que estar directamente conectadas con el concepto de padre; simplemente tenían que estarlo en
la mente del paciente. En nuestro ejemplo, la mayoría de personas asociarían la palabra «leche» con la madre en lugar del padre. No obstante, si el paciente una vez derramó la leche y el padre le riñó por ello, «leche» podría ser una de esas palabras estímulo.
Jung denominaba «complejos» a esas agrupaciones de conceptos con carga emocional. Como antes mencioné, este concepto de complejo atrajo a Freud y fue una de las primeras razones por las cuales se interesó por Jung. Freud teorizó que todos los complejos giraban en torno a acontecimientos significativos de carácter sexual ocurridos a una edad temprana. Su razonamiento era que el proceso de psicoanálisis debería ser capaz de llevar las asociaciones personales a la mente de una en una. Por último la cadena de asociaciones conduciría de vuelta a un acontecimiento con carga sexual experimentado durante la infancia. Una vez el paciente descubriera el acontecimiento original que yacía en la raíz del complejo, no quedaría nada en el complejo y el paciente estaría curado. Esta es una teoría ordenada lógicamente que, por desgracia, no encaja con la realidad.
Cuando Jung exploró los complejos de sus pacientes, descubrió algo muy diferente. El paciente no se recuperaba automáticamente cuando todas las asociaciones personales habían sido llevadas a la luz. Ni tampoco existía siempre (ni siquiera frecuentemente) un acontecimiento original en el núcleo del complejo. En lugar de ello, Jung descubrió que después de que todo lo personal fuera hecho consciente, todavía quedaba un núcleo de increíble fuerza emocional. En lugar de desactivar la energía, ésta se incrementaba. ¿Qué podía formar un núcleo así? ¿Por qué tenía tanta energía?
Parecía como si tuviera que existir un núcleo impersonal dentro de un complejo. En la exposición sobre el concepto de Paul MacLean sobre el cerebro triuno, vimos que nuestros cerebros contienen una historia evolutiva dentro de su misma estructura, y que esa antigua estructura todavía controla gran parte de la vida que creemos que vivimos tan conscientemente. (Véase figura 3) Para hacerlo así, esas estructuras tienen que estar muy bien organizadas, para que se pueda tener acceso a ellas según sea necesario. Si nuestro pasado evolutivo está archivado en nuestro interior (o al menos está disponible para acceder a él, como si estuviera archivado en nuestro interior), sólo hay dos maneras en que pueda aparecer en nuestra vida: 1) a través de acciones de conducta en el mundo exterior, es decir, lo que normalmente denominamos instinto; y 2) a través de imágenes de nuestro mundo interior, que Jung inicialmente denominó imágenes primordiales y más tarde arquetipos (del griego primer grabador).
...existen buenas razones para suponer que los arquetipos son las imágenes inconscientes de los propios instintos, en otras palabras, que son patrones de conducta instintiva... La hipótesis del inconsciente colectivo es, por tanto, no más atrevida que asumir que los instintos existen...
La estructura de la psique. El consciente, sólo una parte diminuta de la psique, es de evolución reciente. Debajo está el inconsciente personal y debajo de éste la gran extensión del inconsciente colectivo. Toda experiencia sensorial es primero filtrada a través de los componentes del inconsciente colectivo -los arquetipos- que reúnen nuestras experiencias vitales a su alrededor para formar complejos. Si vamos quitando las capas de experiencias personales que conforman un complejo, descubrimos el arquetipo que éste contiene; el proceso se asemeja a ir pelando las capas de una cebolla.
La cuestión es simplemente ésta: ¿existen o no formas universales inconscientes de este tipo? Si existen, entonces hay una zona de la psique que podríamos llamar el inconsciente colectivo.22
Como podemos ver por los comentarios de Jung, él llegó a utilizar el término arquetipo para referirse a un patrón informe que subyacía tanto a las conductas instintivas como a las imágenes primordiales. Por ejemplo, en el núcleo de un complejo paterno está el arquetipo del padre. Para un paciente en particular, el arquetipo del padre atrae hacia sí imágenes y comportamientos del padre que están disponibles a partir de la experiencia del paciente. A medida que se excava más profundamente en el complejo, las imágenes y comportamientos que se
22 Carl Jung, The Collected Works, vol. 9,
I, «The Archetypes and the Collective
Unconscious", 1959 Princeton, Princeton University Press, pigs. 91-92.