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2. Alfonso Pallares Un puente entre dos siglos 1882-

2.4. La búsqueda de una síntesis formal

2.4.3. Arquitectura VS Ingeniería

La integración de la ingeniería y los nuevos materiales constructivos como formas del nuevo lenguaje arquitectónico fue un proceso de adopción lento y difícil.

En 1924, en el periódico Excélsior, Alfonso Pallares publicó un artículo que ofreció una visión aparentemente contradictoria con su impulso modernizador. Hizo un análisis de las influencias de los ingenieros, dentro de la construcción de la Ciudad de México, como una acción negativa, quienes olvidaron que el objetivo primordial era satisfacer necesidades humanas, más allá de un techo sobre la cabeza. Los acusó de ser obstruccionistas del desarrollo de la cultura artística y arquitectónica, causal de la proliferación de malas viviendas a lo largo y ancho de la capital. Según Alfonso Pallares, las “casitas” en serie realizadas por los ingenieros, no fueron el resultado de un estudio, una planificación y una necesidad arquitectónica con raíces mexicanas. Se valieron de la reproducción sistemática de copias serviles y baratas, malos ejemplos de estilos extranjeros del pasado, con decorados corrientes y falsos adosados a las fachadas, todo en nombre de la especulación edilicia. Es decir, reprobó totalmente el negocio de la construcción disfrazado de arquitectura, los culpó de ser promotores de la construcción en serie:

El auge que en la época actual ha tomado en las construcciones de las casas, de la moradas humanas, los procedimientos, los medios mecánicos, la máquina, no autoriza en ninguna manera a atribuir a esos factores necesarios a esos medios de que se vale el arquitecto, el que sean la causa directa, la razón de ser y el origen de la profesión de la arquitectura.235

Cuestionó el valor de la arquitectura como un simple medio de construcción, ya que la ejecución de obra no implicaba una buena obra constructiva y, según la visión de Alfonso Pallares, que sirviera para enaltecer al espíritu. El supuesto daño del maquinismo fue causado por el aspecto ingenieril, inmediato y práctico, la solución en planta y distribución de un mismo modelo, al que se le cambiaron los

235

Pallares, Alfonso, “La arquitectura es el primer valor cultural de México”, Excélsior, México 26 octubre 1924

decorados en las fachadas. Como ejemplos, cabe recordar que fue a partir de 1925 cuando se aceleró la construcción en las nuevas colonias y los apéndices de otras un poco más antiguas, como Hipódromo Condesa y la Roma Sur, donde abundan esquemas de vivienda barata con placas distintivas de ingenieros.

Desde que esa intromisión ha tenido lugar, desde que el elemento ejecución y los medios de ejecución, han ido acaparando la efectividad de las construcciones arquitectónicas, desde que el ingeniero dueño por excelencia de esos medios mecánicos, de ese mecanismo sustituto de la obra directa de la mano del hombre, ha querido salirse de su papel de supeditado al concepto primitivo del arquitecto, para ser, el también el creador y el ordenador de toda la obra, el sintetizador de la multiplicidad de elementos plásticos y psicológicos que entran en toda obra de arquitectura, por pequeña que sea, ésta, está muriendo, está perdiendo su valor representativo social y se va convirtiendo el más fría, muerta, insubstancial y miserable de las manifestaciones culturales de nuestra nación236

Gran parte de la responsabilidad, de la confusión y el desorden, según Alfonso Pallares, se debió a la frontera casi imperceptible que se creó entre la ingeniería y la arquitectura. Los ingenieros poseían licencia para edificar y la aprovecharon hábilmente mientras que los arquitectos se perdían en discusiones estériles de teoría estética. La problemática se agravó desde el momento en que cualquier ingeniero titulado, sin importar su especialidad, se sintió con la capacidad de edificar. Aunado a la demanda de casas y servicios, se volvió un negocio redondo comprar terrenos, trazar calles y plantear viviendas. Ya desde sus primeros artículos publicados en México, Alfonso Pallares se mostró reacio y contrario a esta situación, exigiendo la modificación del Artículo IV de la Constitución, la definición de los límites de acción entre ambos campos, la diferenciación entre un ingeniero y un arquitecto y, los efectos dañinos que la intromisión de ellos causó en la morfología de las ciudades237.

La crítica a los medios de construcción modernos fue un reflejo de la sustitución paulatina de los sistemas tradicionales, de talla, cantería y trabajo manual que requería la supervisión y el diseño a detalle de cada arco, voluta y cornisa. La producción en serie de elementos decorativos prefabricados en

236

Óp. Cit. Pallares, “El orden…”.

237

Pallares, Alfonso, “Arquitectura e Ingeniería”, El Universal, México, 28 agosto 1921.

Pallares, Alfonso, “¿Qué es Ingeniería y qué es arquitectura? Excélsior, México, 7 diciembre 1924 y La Construcción Moderna, España, 30 julio 1927.

concreto no requerían mayor cualidad que la de saber colocar. Fue el momento de transición entre el lenguaje conocido y aprendido, aplicado con materiales locales y tradicionales, y la copia de aquellos elemento decorativos que imitaban piedras, granitos y canteras con fines comerciales. La falsedad arquitectónica contra la cual se levantaron las voces de los modernos, yacía en la necesidad de encontrar el lenguaje arquitectónico de la modernidad. Fue enfático en declarar que éste no residía en la copia de formas y materiales tradicionales con materiales nuevos.238

Teóricamente y prácticamente existió una contradicción para los arquitectos, que causó su desazón, pero floreció un gran negocio para los especuladores. Entiendo, de tal manera, que el gusto popular no aceptaba y apreciaba las formas limpias, ligeras y libres de los ideales modernos de los arquitectos, sino que permanecía dentro del gusto rebuscado, con adornos que pretendían demostrar la opulencia de casonas burguesas, en miniaturas burdas. De ahí surgió la estrategia de convencimiento, propaganda y labor mesiánica que plantee en las páginas anteriores.

En medio de toda esta disputa se distinguen las oscilaciones del gusto, entre quienes debían construir, si los ingenieros o los arquitectos, si se debía adoptar tal o cual estilo o alejarse de ellos, importar y adaptar los ejemplos extranjeros, o buscar un camino propio. A estas discusiones, se agrega la falta de pericia en el manejo de los nuevos sistemas constructivos y por lo tanto de sus posibilidades formales. Cabe insistir además en el salto generacional en la formación de nuevos profesionistas, situación que fue aprovechada por fraccionadores, maestros de obra y especuladores. Dentro de las distintas generaciones gremiales activas, imperaba una anarquía absoluta. La seguridad que había dado la rigidez, las reglas, el orden compositivo y el proceso de diseño dictado por la Academia de Bellas Artes había sido contestado, repudiado y estaba en vías de extinción.

Las reformas que le siguieron al ejercicio profesional del arquitecto sostengo que fue positivo y enriquecedor. Las oscilaciones y experimentaciones de aquellos años de transición permitieron crear las herramientas para enfrentar las

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En 1950 Ricardo de Robina publicó un esbozo de este concepto, sin embargo, no contempló la etapa de transición entre los distintos momentos como un periodo en sí. Su visión es la de presentar el triunfo del acero, concreto y vidrio. Ver: De Robina Rothiot, Ricardo, “Evolución de la arquitectura contemporánea”,

problemáticas de las ciudades modernas bajo la óptica de proponer soluciones a gran escala y no concentrarse en aspectos particulares e individuales. La necesidad de dotar de equipamiento, servicios e infraestructura para las masas reconfiguraron totalmente el espacio urbano. La mecanización del trabajo, la rapidez y la economía en la ejecución de obra y la eficiencia terminal de la producción en serie de objetos arquitectónicos permitieron subsanara, si bien parcialmente, las grandes carencias comunes y necesarias para iniciar un verdadero proceso hacia la modernización. Me refiero a que los grandes programas de construcción de escuelas, hospitales y vivienda, así como la electrificación, construcción de calles pavimentadas y asfaltadas, emprendidas por los gobiernos, fueron aspectos posibles gracias a soluciones venidas desde la practicidad de la ingeniería. Es claro que aquellos proyectos mejoraron sustancialmente la calidad de vida de muchos habitantes dentro del territorio nacional, no fue esta la cuestión contra la que polemizaban los arquitectos. Fue un problema teórico de fondo. La percepción espacial que provoca fruición, emoción estética y reconocimiento de los objetos urbanos y arquitectónicos, más allá de su funcionalidad y uso, es lo que marca la diferencia entre una buena obra de arquitectura de una mera construcción. Y no con esto caigo en el mito erróneo de que los ingenieros no son capaces de hacer buenas obras de arquitectura, al contrario.

Entre todas aquellas voces, se levantó la de Alfonso Pallares. Desde principios de la década de los años veinte sostuvo que los grandes contenedores de usos y funciones eran inútiles si no se partía de la piedra angular del quehacer arquitectónico, el hombre y su habitar:

El arquitecto quiere, y es su misión primordial, amontonar las piedras extraídas desordenadamente de la cantera, quiere trabajarlas y verlas hacinadas por el esfuerzo de las máquinas y de hombres cuyos movimientos espirituales el controla, dirige e inspira, quiere y debe tratar de amalgamar día con día la vida social de los hombres para quienes construye con la vida plástica, innumerable de las cosas, de la materia; quiere influir en las masas organizadas de sus trabajadores, de sus realizadores, de la industria de que se sirve239.

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Antonio Toca hizo referencia a que los trabajos historiográficos han tratado a este momento como algo banal y superficial240, una suerte de capricho formal por parte del gremio constructor, pero mencionó también que el desprecio se debe al triunfo aplastante de la arquitectura internacional, que vio en estas exploraciones intentos fallidos. Al respecto, Justino Fernández sostiene que la forma superficial se refería al tratamiento estético ya que las construcciones no habían mejorado en el aspecto funcional.241 La necesidad de un estudio más profundo, como mencionó Toca, debía partir justamente de la relación entre sistemas constructivos y formales que sí, estaban en una etapa de transición, ya que se fundieron paulatinamente y paralelamente en la búsqueda formas nuevas. Aquella fue la limpieza ornamental ya promovida por Adolf Loos dos décadas antes.

Alfonso Pallares hizo un llamamiento a los arquitectos “en un sano y justo nacionalismo, a luchar por fundir los nuevos principios y realizaciones científicas en una realidad local. Indicó de igual manera quela sustitución del trabajo manual por el trabajo de las máquinas, la sustitución del material natural por el material artificial y el empleo de las estructuras a base de armaduras de metal” fueron las influencias benignas de la ingeniería en la arquitectura, señalando que debían estar “lejos de los nobles anhelos del desarrollo artístico””, 242 como antecedente de la tendencia de la integración plástica243 dentro del Movimiento Moderno de algunas décadas después. Este planteamiento que a nuestros ojos no es una novedad fue uno de los grandes dilemas de la arquitectura moderna mexicana.

Este estado caótico de nuestra arquitectura es indudablemente reflejo de nuestro estado social. Carecemos de una unidad plástica como carecemos de una unidad racial; carecemos de ideales plásticos, de ideales de belleza perfectamente definibles y aceptados (sic) por la gran mayoría de los que construimos, como carece nuestra nación de una sola meta capaz de amalgamar y unificar la voluntad de catorce millones de ciudadanos que componen nuestro país244.

240

Óp. Cit. Toca “Arquitectura posrevolucionaria…” Pp. 61

241

Fernández, Justino, El Arte Moderno en México, Porrúa, México, 1937, Pp. 299.

242

Óp. Cit. Pallares “La Arquitectura es…”

243

La Integración plástica pretendía amalgamar dos voluntades distintas: la voluntad de la forma y la voluntad del servicio, esto es, espacios arquitectónicos funcionales que provocaran una emoción estética integrando la pintura y la escultura. Entre los principales exponentes y defensores de la Integración Plástica se encontraban el Alberto Teruo Arai, Carlos Lazo Barreiro, Mario Pani Darqui, Alejandro Prieto y Juan O’ Gorman, entre otros. Óp. Cit. Gómez Mayorga, “La arquitectura…” ,Pp. 8-10.

244

El problema planteado por Alfonso Pallares iba más allá de las causas generadas por el conflicto armado y la re-construcción nacional. Tampoco se trataba solamente de una cuestión de estilos superficiales. El reclamo a la unidad tiene más que un trasfondo racial, un significado étnico. La idea de las razas, de las etnias y de la supremacía entre unas y otras, formó parte también del pensamiento de la época de los años veinte y treinta. Cabe también destacar que el Estado Mexicano adoptó la eugenesia como política válida para “purificar” de enfermedades congénitas e invalidar legalmente la “reproducción” a ciertos miembros de la sociedad con enfermedades o discapacidad transmisible.245

No existe, hasta ahora, ningún documento que sostenga que Alfonso Pallares fuera partidario de alguna filiación o tendencia ideológica o política, pero sí encontré en sus postulados gran influencia filosófica de Rudolf Steiner y su noción de raza. Las posturas y propuestas del filósofo austriaco fueron determinantes también para los fundamentos teóricos y artísticos de Alfonso Pallares, basadas en la teoría de la euritmia.246

La Antroposofía, de Steiner, definió que “cada individuo encarna en muchos pueblos y razas distintos en vidas sucesivas, llevando así en su interior un abanico de razas y pueblos.”247

Inferí, a partir de sus textos, que simpatizaba con algunos aspectos diversas ideas tendencias y posturas ideológicas, aún opuestas entre ellas. No comulgaba expresamente con las ideas del comunismo, a pesar de su estrecha amistad con algunos militantes políticos de izquierda. No aceptaba tampoco todos los postulados de las tendencias totalitaristas, porqué promulgaba por luna libertad individual y no toleraba la manipulación del estado en las decisiones personales. Es sabido que su hermano, Eduardo Pallares se declaró abiertamente seguidor de las ideas de Hitler en 1940, antes de los desastres de la Segunda Guerra Mundial y antes de la reconfiguración del mundo. Otras personas muy cercanas a Alfonso Pallares también demostraron simpatía por los movimientos socialistas nacionales

245

“Ley sobre relaciones Familiares” 1917, citado en: Suárez y López Guazo, Laura, Eugenesia y racismo en México, UNAM, México, 2005 Pp. 96

246

Dorfles, Gillo, El devenir de las artes, Fondo de Cultura económica, 1970. Pp.213-214.

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en la década de los treinta, Vasconcelos248 y el mismo Dr. Atl hablaron de los temas raciales y poseían una visión del mundo que hoy se consideraría políticamente incorrecta. Palavicini, amigo y colega, fundó en 1933 la Sociedad Mexicana de Eugenesia para el mejoramiento de la Raza y, contemporáneamente, la revista Todo249. Ésta contaba con una clara orientación sindicalista y socialista, que reivindicaba las luchas de la República Española y la Unión Soviética.

Alfonso Pallares tampoco se adhirió a las políticas del régimen revolucionario, por encontrarlas contradictorias con sus postulados fundacionales. Sostengo que Alfonso Pallares se semejó más a la ideología fundacional del primer Futurismo de principios de siglo, cuyas bases anárquicas nacieron de las revoluciones socialistas y las luchas sindicales. Por tales razones, Alfonso Pallares no encajó dentro de ninguna de las tendencias políticas predominantes en el país. Sus ataques, críticas y postura política dislocada explica el por qué quedó marginado de los grandes programas de reconstrucción. Fue un hecho que él cuestionó abiertamente que las obras fueran otorgadas por comisión y no por concurso abierto, como ya se mencionó con anterioridad. La muy cuestionable práctica que fortalece lazos de favores políticos, garantizaba solamente jugosos contratos y poder político, pero, ni entonces ni ahora, son prueba de que los proyectos asignados sean los mejores.

El concepto de la raza formó parte de todo el paquete filosófico que promulgaba por la construcción de una humanidad renovada, evolucionada, utópica, individualista y razonada propuesto bajo el “superhombre” de Friedrich Nietzsche. Dentro de los distintos aspectos del pensamiento de época se trataba de redimir a la especie humana como una sola, haciendo frente común y bajo premisas del progreso social. Este pensamiento, que se formó desde finales del siglo XIX, continuó siendo vigente hasta finales de la Segunda Guerra Mundial coincidiendo con la etapa de desencanto posterior a las grandes utopías de la felicidad y el progreso indivisibles.

248

Vasconcelos, José, La raza cósmica, Agencia mundial de librería, México, 1920. La posición de Vasconcelos es claramente partidaria de blanquear al indígena con la mezcla de sangre europea.

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Vuelvo al texto en cuestión de Alfonso Pallares. En éste él se refirió a una construcción única de un pensamiento ideal de lo mexicano, denotando una dificultad en ello, porque no existe un solo modelo puro de lo mexicano. El imaginario colectivo de la identidad nacional se apuntó como un tema polémico, a veces doloroso, de la realidad nacional construida por muchas realidades, y esto, probablemente, seguirá por varias generaciones más.

La complejidad de la cuestión racial- indígenas, negros y grupos de inmigrantes de raza amarilla con un importante poder económico- en términos de su composición, donde el grupo mayoritario eran los mestizos, ya que los blancos representaban un pequeño sector de la población, fomento la ideología de la asimilación, así como también la confusión conceptual, entre clase, especie y raza.250

La crisis planteada por Alfonso Pallares reflejó las distintas posturas y tendencias, con las variantes presentadas anteriormente, como un estado caótico de las ideas fundacionales, reflejadas en las construcciones y en un desorden en la ciudad. Aquella continuidad de los perfiles, con la libertad arquitectónica, se vio a partir de entonces irremediablemente perdida. La arquitectura internacional, promovida por Walter Gropius en 1925 como la solución al problema de definición de la época, una arquitectura individual, económica, popular y de la humanidad, respondió a las necesidades de diseño de varias generaciones futuras. En ella cupieron todas las inclinaciones artísticas, sociales, alardes tecnológicos y a las adaptaciones locales. Todas ellas, como problemáticas en México, fueron expuestas un año antes por Alfonso Pallares:

Divagamos, divergimos; quien preconiza lo antiguo, quien hace apología de lo colonial, quien quiera transformarlo en colonial moderno, quien detesta todo esto y pone sobre toda norma las que dimana de la construcción ultramoderna, quien se ufana por dejar libre el campo a su inspiración dentro de una selección caprichosa y sin freno.251

El estado de ánimo reflejado en las palabras de Alfonso Pallares demuestran no sólo la orfandad del rigor del diseño academista, sino que transparentan una angustia ante los principios de libertad arquitectónica proclamadas por el Movimiento Moderno. Es evidente que él ignoraba el rumbo del lenguaje y las tendencias arquitectónicas que se adoptaron como válidas

250

Óp. Cit. Suárez: Pp. 108.

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durante la década de los años cuarenta. De tal manera que se abandonó a la libre experimentación, de manera similar que sus colegas, en búsqueda de una definición común arquitectónica bajo la insignia de ser modernos, mexicanos y revolucionarios. Las respuestas formales y la crisis gremial ya fueron planteadas con anterioridad.

Alfonso Pallares insistió en que la teoría había que llevarla a la práctica, es decir, que las polémicas del gremio constructor tenían que aterrizar en un