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2. Alfonso Pallares Un puente entre dos siglos 1882-

2.4. La búsqueda de una síntesis formal

2.4.2. Las oscilaciones del gusto

Aquel viejo discurso sobre las nuevas formas arquitectónicas como consecuencia del avance técnico y tecnológico, fue retomado una vez concluidos los conflictos armados en Europa y en el país. Los movimientos de vanguardia arquitectónica se distanciaron del discurso estético y se concentraron en utilizar a las formas arquitectónicas como remedios a las problemáticas sociales más apremiantes. La exploración formal quedó sometida a la experimentación tecnológica, a la solución de los problemas de movilidad urbanos, la falta de higiene y, a la carencia de viviendas y escuelas.

En México, la influencia del pensamiento modernizador europeo y norteamericano llegó con pocos años de retraso. El grand tour emprendido por los jóvenes arquitectos como parte de su formación académica sirvió como puente de información, tendencias teorías y vanguardias arquitectónicas mundiales que, fueron adoptadas y adaptadas al territorio nacional. Sin embargo, imperaba el desconcierto arquitectónico.

Manuel Torres Torrija, por ejemplo, ya había escrito en 1908 “El Ideal de la Arquitectura Moderna”, donde ya manifestaba la problemática por la falta de un lenguaje propio. Se apoyó en autores como Baudot, Viollet le Duc, Magne, Bouvier, Ruskin, Berlage, Hoffman, Labrouste, Horta y Wagner. Por su lado, Jesús Tito Acevedo en la antología de sus textos reunidos por Federico Mariscal206 y publicado en 1920, mencionó a John Ruskin y citó a Gaudet. Lo que pone en manifiesto que se conocía el trabajo y las propuestas de aquellos.

Yo considero que aquellas oscilaciones del gusto fueron experimentaciones y una evidente incertidumbre hacia los nuevos materiales y su expresión plástica, Fue un campo de batalla entre facciones distintas del modo de pensar y hacer arquitectura que, a pesar de todo, confluyó bajo un proyecto de nación:

Llega la revolución y pretende barrer con todos los valores creados por la cultura francófila que se desarrollara en México bajo el gobierno de Porfirio Díaz y enaltece en forma incondicional y aún desmesurada todo aquello que procediera

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de las fuentes aborígenes precortesianas. Este movimiento revolucionario, carente de conceptos filosóficos directores y de una percepción estética original capaz de desenvolverse y cristalizar en cánones precisos y en preceptos básicos irreductibles, ha traído como consecuencia un desconcierto plástico en la concepción de nuestros artistas y el surgimiento de las más contrarias y diversas metas donde tienden a llegar los esfuerzos de grupos antagónicos de artistas surgidos a raíz de nuestras convulsiones sociales.207

El desconcierto plástico al cual Alfonso Pallares hizo referencia no solo se refirió a las inspiraciones coloniales o prehispánicas estilizadas, sino a una continuidad con los elementos decorativos adosados de otras culturas y latitudes. La influencia del eclecticismo siguió presente, además la adopción de referencias virreinales formales en las decoraciones mencionadas con anterioridad. La reprobación radicaba justamente en utilizar un material nuevo para reproducir un elemento antiguo.

Cabe recordar que el gusto por la inspiración virreinal o indígena también se verificaron contemporáneamente en los demás países latinoamericanos, de tal manera que el sueño de la raza cósmica y la unión latinoamericana se convirtió, además, en un estandarte político e ideológico.

Antonio Toca apuntó que la tendencia estilística o fuente de inspiración fue una tarea emprendida e impuesta por José Vasconcelos, como una forma de redención nacional:

La única alternativa era, pues, la de incorporarse a la cultura europea del siglo XIX. El racismo, la prepotencia y el narcisismo que caracterizaban se habían permeado en la sociedad porfirista de manera tan integral, que el triunfo de la revolución se postulaba por ciertos sectores nostálgicos, un vacío que no podía ser llenado sino con la resignada aceptación de una incapacidad e inferioridad cultural208.

La labor de Vasconcelos, según Antonio Toca, dentro de los ideales de la construcción de un modelo mexicano, fue una invención total mediante un programa cultural de identidad nacional que reivindica las masas. Yo considero que también fue un momento cultural que recibió las influencias de las vanguardias europeas, para crear mayor confusión. El ambicioso plan de José Vasconcelos, expuesto, ampliamente por Toca, lo mostró cómo el gran promotor de la cultura y las artes en afán evangelizadora y educadora que pudiese ser

207

Óp. Cit. Pallares, (“Las modalidades…”), Pp. 2

208

aceptada por las clases populares. Este movimiento, según Toca, “contribuyó a destruir paulatinamente el anacrónico modelo estético del porfirismo y se configuró la estética revolucionaria”.209

La labor emprendida por José Vasconcelos fue un ejemplo de imposición de una tendencia estilística disfrazado de identidad nacional, a pesar de que no se pueden negar las intenciones, ésta imposición no fue abrazada con entusiasmo por una parte del gremio constructor, los arquitectos y especialmente Alfonso Pallares fue un crítico feroz de los proyectos arquitectónicos de Vasconcelos. A pesar de la amistad familiar y las colaboraciones entre ambos, el Secretario, no escapó de la pluma envenenada dominical que apuntaba aciertos, errores y desconciertos de aquella cruzada constructora emprendida. Toda esta labor debía encaminarse a un nacionalismo internacional con un fuerte compromiso social y una buena dosis de misticismo también:

Enseñamos, por lo tanto, en México no sólo el patriotismo de México, sino el patriotismo de la América Latina, un vasto continente abierto a todas las razas y a todos los colores de la piel, a la humanidad entera para que organice un nuevo ensayo de la vida colectiva; un ensayo fundado no solamente en la utilidad, sino precisamente en la belleza, en esa belleza que nuestras razas del Sur buscan instintivamente, como si en ella encontraran la suprema ley divina. Y tal tendencia moderna de organizar los pueblos en federaciones étnicas no es peligrosa, como lo son comúnmente los nacionalismos, porque sus propósitos son espirituales y reconoce desde el principio la necesidad de que cada alma sobreviva y colabore en la obra común del espíritu. Es más amplia que el nacionalismo y prepara el advenimiento de ese internacionalismo futuro que ha de establecer la verdadera fraternidad social; el amplio internacionalismo que ha de construir, sobre las ruinas de imperialistas y explotadores, un nuevo mundo inspirado en el amor de todos los hombres y todas las tierras, en el amor de las montañas y los ríos, de los árboles y las estrellas, de las obras todas de la divina Creación210.

Según Xavier Guzmán Urbiola, José Vasconcelos necesitaba construir rápido el edificio de la Secretaría de Educación Pública para rendir resultados inmediatos al apoyo que le fuera entregado por el presidente Obregón. Adaptó el antiguo Convento de la Encarnación y bajo las enseñanzas de “Acevedo: “evolucionar” y modernizar su lenguaje espacial desde sus antecedentes

209

Ibíd. Pp. 55

210

Vasconcelos, José, La creación de la Secretaría de Educación Pública, INHERM, SEP, México 2011, Pp. 244

coloniales y porfiristas”. 211 Los ejemplos utilizados por Guzmán Urbiola, sobre la modernización del lenguaje con influencia virreinal como principio modernizador de la nueva arquitectura mexicana, son diversos. En todos ellos remarcó la evolución de las formas, del manejo de los espacios y la integración de servicios y tecnologías del momento. Concreto armado, agua corriente, servicios sanitarios e instalaciones. En el Colegio Máximo de la orden Jesuita de San Pedro y San Pablo, promovió la adaptación y lo destinó, en 1921, para Sala de Discusiones Libres, anexa a la Preparatoria. Alfonso Pallares sustituyó a Jorge Medellín y se encargó de la modernización y adaptación para alojar a la Hemeroteca Nacional en 1947.212 En suma, Vasconcelos mandó a edificar cientos de escuelas y bibliotecas en todo el país.

El Estadio Nacional,213 el último de sus grandes complejos arquitectónicos fue levantado en los terrenos de un antiguo panteón. El proyecto inicial fue de José Villagrán García pero sufrió importantes modificaciones de Federico Méndez Rivas, Manuel Centurión y Diego Rivera. El edificio se vio envuelto en numerosas polémicas, acusado “de falta de unidad en la composición por la intervención de hombres sin conocimientos arquitectónicos”,214 que fueron expuestas, criticadas y comentadas en los periódicos215 y que nadie se quiso hacer responsable. Éste, finalmente fue demolido veinticinco años después, por presentar problemas estructurales, justo después del último evento Exposición Objetiva Presidencial, con motivo de los primeros tres años de gobierno de Miguel Alemán, en 1949.216 En su lugar, Mario Pani construyó uno de sus multifamiliares que ya comenzaban

211

Guzmán Urbiola, Xavier, “José Vasconcelos y la arquitectura”, Justa, Lectura y conversación, edición en línea: http://www.justa.com.mx/?p=7449.

212

Carrasco Puente, Rafael, “La hemeroteca nacional de México (Historia, reglamentos e iconografía)” en: Ruiz Castañeda & Schneider & Castro (compiladores), La Biblioteca Nacional de México, UNAM, México, 2004, Pp.377

213

Briuolo Destéfano, Diana, “El Estadio Nacional: escenario de la raza cósmica” Crónicas, No. 2, UNAM, México, Pp. 8-43.

214

Galindo, Juan, “La obra del Estadium Nacional por la Sria. De educación pública en La Piedad”, Excélsior,

México, 20 abril 1924

215

Galindo, Juan, “La obra realizada por la Secretaría de educación pública y la etapa actual de la arquitectura”, Excélsior, México, 13 abril 1924.

Galindo, Juan, “El enredo ocasionado por la intervención de multitud de manos en la obra del Estadio Nacional” Excélsior, México, 27 abril 1924. Bajo este mismo encabezado también se incluyeron dos cartas aclaratorias, una firmada por Manuel Centurión y otra por Federico Méndez Rivas.

216

Rolland, Alberto, “Exposición Objetiva presidencial”, Construcción Moderna, México, diciembre 1949. Pp. 128 y 1/2.

a erigirse por distintos rumbos de la ciudad: el Juárez, uno de los más dañados en el sismo de 1985. Como sea, el Estadio Nacional:

Fue el último gran edificio levantado por Vasconcelos e inaugurado justo antes de renunciar en 1924. Tenía estructura metálica y echaba mano del concreto armado en menor escala. Se construyó a crédito, poseía una mezcla de cierto estilo neocolonial, pero a la vez un aire moderno…no era una obra de la que él se sintiera orgulloso…contaba con decoraciones en relieve y unas esculturas de cactáceas enormes en el acceso realizadas por Diego Rivera217.

Como se mencionó anteriormente, José Vasconcelos encontró en Alfonso Pallares, además de Juan Galindo, uno de sus más contundentes críticos en cuanto a su labor arquitectónica, quien lo llamó “un déspota y un tirano de voluntades que no dejó “pensar” y hacer a los arquitectos que con él trabajaron (…) siempre que pudo impuso su sentir plástico”.218

La visión contrasta con la interpretación antes expuesta de Xavier Guzmán, ya que la visión modernizadora de las formas evolucionadas de inspiración virreinal no correspondió ni amalgamó en su totalidad a los arquitectos de la época, al contrario, avivó las fricciones entre arquitectos e ingenieros. Las acusaciones en contra de Vasconcelos fueron diversas, una de ellas fue la de ser contradictorio en su forma de pensar y manifestar sus ideales revolucionarios sin una interpretación moderna:

Pecó contra sus credos de anticatólico, radical, extremista, empleando para expresar sus ideales, de las piedras sintéticas y de las formas y los detalles creados por las generaciones ultracatólicas (sic)219

Alfonso Pallares lo acusó de ser partidario de los ingenieros, cosa que le molestaba mucho, ya que, dijo, que en ellos Vasconcelos encontró la armonía con “su avidez a base de contemplación y de velocidad, de hacer, de edificar pronto y de amontonar muros y de mandar esclavos”, descripción que denota la visión de Vasconcelos en edificar rápidamente para demostrar su eficacia política emprendedora y resultados palpables.

Paralelamente, Alfonso Pallares expuso el panorama de las discusiones y pleitos internos del gremio constructor. Una encarnizada lucha interna de poderes

217

Óp. Cit. Guzmán “José…”

218

Pallares, Alfonso, “Vasconcelos y la Arquitectura”, Excélsior, México, 27 julio 1924.

219

y favores para obtener jugosas ganancias, por medio de la especulación y lejos de los ideales de la buena arquitectura:

La arquitectura está en decadencia en México porque los arquitectos, además de tener que luchar con los innumerables merolicos de la construcción que hacen al gusto del público, es decir, aparentemente barato, intrínseca y extrínsecamente malo, cuanto más trivialísimo, y pronto; tener que luchar luego con los ingenieros, cuyo ideal de realización arquitectónica no va más allá de la copia de láminas o motivos súper consagrados, y por último, luchar consigo mismos para rehacer su concepto, su capacidad creadora, de acuerdo con la multiplicidad de la vida moderna, del intrinsecamiento (sic) de las leyes que rigen ahora la arquitectura220.

Por medio de estas líneas se puede percibir la distancia que marcó Alfonso Pallares con las instituciones, los personajes en el poder y los sistemas viciados para otorgar los mejores proyectos a otros colegas más favorecidos, como lo fueron en ese momento los ingenieros. La crítica, un tanto amarga, remite al sistema de intereses y favores que generaban cuantiosas ganancias a los encargados de las obras monumentales emprendidas por el gobierno, cuyas obras se limitaban a copiar, según Alfonso Pallares, elementos decorativos aceptados y consagrados como verdaderas expresiones arquitectónicas, dejando de lado el verdadero proceso creativo del oficio, que busca resultados particulares a cada problema arquitectónico individual. Alfonso Pallares, mediante sus denuncias, mostró su desilusión a la postura reconstructiva asumida por parte de los gobiernos revolucionarios.

José Vasconcelos contrató a los arquitectos para hacerlos parte de sus propósitos, otorgándoles un sueldo. Situación que no fue del agrado de Alfonso Pallares ya que invadía los territorios del quehacer del profesionista, “lo redujo a un simple dibujante y componedor de líneas, de amable acuarelista y bonitos dibujos”. Es decir, lo acusó de hacer de la figura del arquitecto “los esclavos espirituales de su concepto arquitectónico y los parias enteramente extraños a la vida de las construcciones realizadas por los ingenieros organizadores”.221 La estocada final, Alfonso Pallares la brindó a la falta de educación y la ignorancia del país atacando la cruzada vasconcelista.

220

Ibíd.

221

Volviendo al planteamiento de Antonio Toca, aquella tendencia edificadora tuvo en realidad sus matices, adeptos y detractores. Por un lado, arquitectos como Alfonso Pallares que plantearon la falta de una directriz edificatoria en base a preceptos modernos: técnica, ciencia y tecnología. Por el otro se discutía sobre modas y estilos, como elementos decorativos adosados a las fachadas, para vender más y mejor.

Rafael López Rangel diferenció tres tendencias en pugna durante ese periodo:

El funcionalismo en México se enfrentó a dos corrientes posteriores al movimiento armado de 1910 y 1927: la que formó el “estilo neocolonial” (1922-1925, aproximadamente), que como se sabe, fue el primer lenguaje institucional con pretensiones nacionalistas y cuyo impulso fue obra del secretario de Educación Pública, José Vasconcelos…la otra corriente fue la llamada arquitectura decó- mexicana, impulsada por el crecimiento urbano y el incremento de la acción de las fraccionadoras e inmobiliarias222.

Estas tendencias encontradas en realidad sostengo que fueron más de tres. El “estilo neocolonial” se derivó en distintas variantes y posturas, tiempos de aparición, soluciones espaciales y decoraciones. Rafael Fierro Gossman223 ya las expuso claramente como aglutinadas bajo un común denominador nacional y moderno. Algunas de las variantes de la corriente neocolonial224, se distinguen entre las que simularon ser edificios virreinales, las construcciones con estilización de los perfiles con algunos detalles decorativos y, las influencias norteamericanas

Spanish style o Mission style de California. Por lo tanto, por lo menos se plantearon tres definiciones distintas de la raíz hispánica.

Dentro de una línea diferente de análisis e interpretación como agente conformador de un imaginario de identidad nacional mestizo, se remite directamente al trabajo de Johanna Lozoya225. La autora hizo hincapié que

Las tensiones interiores del gremio son también debido a una confrontación de un viejo nacionalismo cultural inherente al imaginario gremial frente al nacimiento de un nuevo nacionalismo ideológico que sostiene una imagen de la nación de trabajadores, campesinos y obreros desde un imaginario indigenista226.

222

Óp. Cit. López Rangel, “La modernidad…” , Pp. 15 223

Fierro Gossman, Rafael, La Gran Corriente Ornamental del siglo XX, Universidad Iberoamericana, México, 1998. Pp. 35-45.

224

Óp. Cit. De Anda “Arquitectura…”, Pp. 53-69.

225

Óp. Cit. Lozoya, “Las manos…”

226

El resultado analítico de Johanna Lozoya respaldó la propuesta de dos corrientes encontradas, una que amalgama todas las variantes mestizas o mezcladas y otra pujante de las generaciones más jóvenes, los temidos funcionalistas radicales. Dentro de ésta dos se ramifican otras variantes más, que por sí solas son tendencias formales, constructivas e ideológicas en sí.

Aquellas variantes mestizas, nominadas por Johanna Lozoya, fueron acuñadas por Justino Fernández dentro de una tendencia “sentimentalista”.227 Ésta incluyó también a la variante de la inspiración indigenista. Aquella tendencia que fue promovida por Manuel Amábilis, que utilizó Federico Mariscal después de su divorcio con el neocolonial, que atrapó el discurso político de Diego Rivera y heredó, décadas después, la filosofía de Alberto Teruo Arai.

Ernesto Ríos González diferenció dos tipos dentro de la tendencia de inspiración o revalorización de elementos constructivos e inspiraciones prehispánicas. La primera fue despectivamente llamada “anodina corriente gubernamental, indigenista tendenciosa”, es decir, con decoraciones adosadas. La segunda la denominó corriente “Indigenista mexicanizante”, apoyada en fundamentos filosóficos, constructivos y no estilísticos.228 Completando la categorización de Justino Fernández, considero que ésta fue una tendencia definida por sí misma, por lo tanto, son dos ramas de una variante más.

Una quinta corriente, citando nuevamente a Rafael López Rangel, quien se refirió a las influencias nacionales del Art Decó a partir de 1925, como decó- mexicana. Al respecto cabe agregar que al término definido como “tendencia estilística” éste fue asignado tiempo después. Anita Brenner, por ejemplo, en 1929, mencionó a la estación de policías y bomberos (1928) y lo catalogó dentro de la corriente del Renacimiento Mexicano, quien por cierto la autora otorgó erróneamente la exclusiva autoría a Guillermo Zárraga excluyendo a Vicente Mendiola y a Gustavo Durón.

227

Fernández, Justino, El Arte Moderno en México, Porrúa, México, 1937, Pp. 260

228

Ríos González, Ernesto, “Un crítica desafortunada”, Arquitectura México, No. 62, México, Junio, 1958, Pp. 113-114.

The architect was asked what style he had followed. He said that it was smelted of native pre-Spanish and native post-Spanish lines, and designed in the modern spirit which the material implies, and therefore it could be called modern Mexican229.

La línea de inspiración arquitectónica surgida por la mezcla de una raíz prehispánica y una de origen español, combinado con la interpretación moderna de los nuevos sistemas constructivos, en su momento histórico, y según el texto de Anita Brenner no llevó el apelativo Art Decó y mucho menos se hizo referencia directa a alguna influencia surgida a raíz de la Exposición Universal De Artes Decorativas230.

La complejidad para catalogar las variantes del Art Decó en territorio nacional requiere de una investigación específica que se aleja, totalmente, de los objetivos de esta tesis. Estrictamente trato de exponer solamente que las variables de las manifestaciones de la modernidad, como se han manejado oficialmente dentro de la historiografía, fueron a mí parecer muchas más de tres y bastante distintas entre sí.

Volviendo pues, a algunas variantes del Art Decó, se han encontrado algunos edificios que contuvieron una fusión modernista con elementos locales de inspiración neo indigenista o “ecléctico maya y geometrista” del Art Decó231 en las obras de Francisco Serrano, Juan Segura, Guillermo Zárraga y Vicente Mendiola, quien, por cierto, también coqueteó con los elementos decorativos de inspiración virreinal. Otra variedad, paralela, tuvo referencias directas de los rascacielos norteamericanos, con tendencias “plasticistas, decorativistas y sintéticas” como en las obras de Manuel Ortiz Monasterio y Carlos Obregón Santacilia.

Algunas de las propuestas arquitectónicas que formaron parte de las propuestas arquitectónicas y urbanas de Alfonso Pallares, que se analizarán más