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C APÍTULO 3 E STADO DEL ARTE

3.2. ESTADO DEL ARTE EN CARTOGRAFÍA

Como el presente trabajo aborda el estudio de los mapas, concretamente los destinados a visitantes, se ha considerado necesaria una rápida visión de cómo ha evolucionado la Cartografía Temática, a través de algunos trabajos de revisión que ayudan a comprender el estado actual de esta área científica.

La Cartografía Temática, más allá de localizar objetos o fenómenos en el espacio geográfico, trabaja la información para resaltar determinados aspectos, evidenciar ciertas relaciones espaciales entre los objetos o fenómenos y en definitiva transmitir mensajes claros y comprensibles acerca del tema que trata sobre el territorio que representa. Es por sí misma una rama de la Ciencia Cartográfica, cuyo origen está asociado al desarrollo de la Cartografía en términos generales. Según Martinelli (1999), fue a partir del florecimiento de las distintas ramas científicas, sistematizadas a finales del siglo XVIII, cuando se multiplicó la demanda de mapas temáticos. Así, más allá de la exactitud geográfica (localización, distancia, área) y altimétrica (relieve, altitud y altura), los mapas pasaron a representar toda una serie de temas, visibles (vegetación) o apenas perceptibles (geología), cualitativos (distribución de grupos étnicos), ordinales (jerarquía de poblaciones) o cuantitativos (tamaño de población).

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La Cartografía es definida por muchos como la técnica, el arte y/o ciencia de producir mapas, que son representaciones bi- o

tridimensionales de la superficie terrestre proyectada en un plano (ya sea papel, tela o pantalla de ordenador). Más allá de esta concepción, el carácter técnico, artístico o científico de la actividad de producir representaciones cartográficas puede dar lugar a muchos debates (Oliveira, 2007).

Según Sluter (2001), la Cartografía, de hecho, se ha definido como el arte, ciencia y tecnología de la realización de mapas. Antes del siglo XX, la Cartografía era más un arte que una ciencia. Y desde la década de los años ’50 del siglo XX, los investigadores en Cartografía intentaron revertir este orden y comenzaron a tomar una perspectiva más científica en la realización de mapas destacando, en este sentido, la publicación de Robinson (1952) The Look of Maps. En esta línea de trabajo, a partir de la década de los años ‘70, muchos investigadores adoptaron el paradigma de la comunicación en la Cartografía, entendiendo los mapas como herramientas para la comunicación de información del cartógrafo al usuario del mapa. Bajo este paradigma, intentaban encontrar el mapa “óptimo” que pudiera comunicar información conocida al lector a través de un mapa con el menor “ruido” posible. Este enfoque científico comunicativo, ha sido criticado a diferentes niveles por ignorar las muchas otras formas en que las personas emplean los mapas, por no contemplar las contribuciones del arte en el proceso cartográfico y por iniciar un enfoque que falsamente se declaraba objetivo e imparcial. Con el rápido progreso en la tecnología informática, proporcionado por la omnipresencia de los ordenadores, en la última década del siglo XX numerosos cartógrafos, encabezados por Alan MacEachren (1991; 1992; 1994; 2004), sugirieron una nueva forma de comprender cómo

funcionan los mapas. Los mapas, además de emplearse para la comunicación, podían servir para descubrir patrones desconocidos de cualquier fenómeno que poseyese una dimensión espacial.

Con el advenimiento informático y la proliferación de los Sistemas de Información Geográfica (SIG), más que intentar construir “el mejor” mapa, la tecnología permitió la construcción de múltiples

representaciones de un fenómeno que pueden emplearse para contestar diferentes preguntas realizadas por los investigadores y revelar patrones

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en los datos no reconocidos hasta la fecha. Este nuevo enfoque de la cartografía se denominó como “visualización cartográfica”.

Nuevos aportes a la investigación cartográfica se han basado en otros campos, incluyendo imágenes por ordenador, la Neurofisiología del sistema ojo-cerebro, ciencia cognitiva y semiótica (la ciencia de los sistemas de símbolos). Estos novedosos empujes en la teoría cartográfica abrieron horizontes para la investigación cartográfica y revigorizaron la disciplina.

Las diferentes aproximaciones a la Cartografía mencionadas prometen dinamizar la disciplina, y proporcionan un firme apuntalamiento teórico para futuros avances. No obstante, queda mucho por hacer, pues la investigación en estas áreas está empezando. Por ejemplo, en la publicación de MacEachren (2004) pueden encontrarse al menos cinco temas para tesis doctorales, de 10 a 15 tesinas de máster y 25 o 30 proyectos de investigación tras una lectura somera.

Pese a este ambiente prometedor, hay una reflexión que realiza Sluter (2001) acerca de las razones de que la Cartografía, pese a ser una ciencia con tradición y tener diferentes vías de investigación por explorar, parece no avanzar contundentemente, incluso con la aparición de los

ordenadores. Este autor comenta que muchos de los problemas en investigación parecen ser estructurales de la Cartografía académica; están basados en la naturaleza de la investigación cartográfica dentro de las universidades y, a menudo, tienen que ver con limitaciones de tiempo y recursos. El primer problema que Sluter identifica en la investigación cartográfica es lo que llama “efecto abeja”. Un investigador trabaja en un problema específico hasta los límites de su habilidad basada en recursos o especialidad, publica un artículo en una revista académica y entonces cambia a otro tema completamente distinto en su siguiente proyecto de investigación. Como una abeja de flor en flor recolectando néctar, esta tendencia en investigación puede tener un efecto polinizador definitivo, pero solo si otros académicos siguen donde el investigador inicial lo dejó. Pero esto rara vez ocurre, pues cada investigador tiene sus propios intereses y prioridades, y todos desean hacer investigaciones originales. Esto da como resultado artículos en revistas académicas que marcan el comienzo de buenas ideas, pero que rara vez se completan, y el conocimiento y comprensión que resultó de esta investigación rara vez

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encuentra su camino en diseño práctico de mapas. En el desarrollo de áreas de estudio cartográficas más aplicadas, como es la realización de mapas para la visita eficientes, subyacen oportunidades de retomar distintas investigaciones que suponen, como expresa Sluter, un buen comienzo y emplearlas para conseguir la aplicación práctica de la

cartografía, para conseguir que el conocimiento teórico encuentre una vía de llegar a la producción de mapas y por tanto a la sociedad.

Otro problema que hostiga a los investigadores en Cartografía también según Sluter (2001) es el tema de “ciencia menor” versus “ciencia mayor”. La Cartografía parece ser una tarea de investigación marginal en la mayoría de las instituciones académicas y todos los fondos parecen ir a telecomunicaciones, física nuclear, investigación médica, científicos informáticos y similares. Con todos estos fondos, los investigadores de la “ciencia mayor” pueden juntarse en grandes grupos y trabajar en grandes proyectos que proporcionan resultados tangibles relevantes para la sociedad en periodos de tiempo relativamente breves, los avances en el campo llegan rápidamente y la migración de teoría pura a tecnología sucede de forma relativamente rápida. A excepción de unos pocos grandes centros para la investigación cartográfica, la mayoría de los cartógrafos trabajan solos en sus departamentos. Es difícil hacer “ciencia mayor” y obtener grandes subvenciones y, por ello, están limitados a la “ciencia menor”, trabajando en proyectos pequeños que solo obtienen resultados tangibles a largo plazo. Los avances llegan lentamente y la migración de teoría a tecnología solo ocurre ocasionalmente.

Una de las soluciones a este problema para los cartógrafos es implicarse más en proyectos multidisciplinares. Trabajando con colegas dentro de su departamento u otros, los avances en la investigación cartográfica pueden llegar mucho más rápido que trabajando por su cuenta y pueden participar en “ciencia mayor” a mayor nivel del actual. Esta solución propuesta por Sluter supone la piedra angular en investigación aplicada al diseño de mapas, pues cuando se trata de abordar la realización de cartografía temática es imprescindible implicar distintos campos científicos en un mismo proyecto. Tal es el caso de los mapas para la visita, para los que, a lo largo del presente trabajo, se va desgranando el conocimiento de distintas áreas de investigación para poder contribuir a su eficiencia, siendo áreas éstas tan dispares como la Psicología, la tipografía o la interpretación, como se ha comentado.

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Otro problema en investigación cartográfica es la cuestión de

investigación “práctica” versus “teórica”. Como es difícil obtener fondos para investigación pura, a menudo es necesario adoptar el objetivo de producir algún tipo de aplicación provechosa como culminación al esfuerzo investigador. Quiere conseguirse que los mapas funcionen mejor y, si es posible, empleando alta tecnología informática disponible para hacer que ocurra rápido. Esta tendencia conduce a la creación de nuevos tipos de aplicaciones cartográficas basadas en prácticas de diseño establecidas y en la ausencia de fundamentos teóricos fuertes. Como se ha apuntado, tan solo se está comenzando a comprender ciertas áreas que abordan cuestiones como el funcionamiento del sistema ojo-cerebro para hacer los mapas más útiles. Es necesario, a veces, apartarse del idilio tecnológico y comenzar a resolver algunas teorías fundamentales de la funcionalidad de los mapas que permitan comprender mejor las razones por la que fallan algunas nuevas aplicaciones informáticas y otras tienen éxito.

El problema final que Sluter identifica en la investigación cartográfica es la ausencia de pruebas con usuarios de utilidad. Artículo tras artículo de investigación se proponen y programan nuevas técnicas cartográficas y se producen aplicaciones prototipo o demostraciones, pero rara vez se comprueban sus resultados con usuarios potenciales del mapa. Deberían integrarse pruebas apropiadas con usuarios en cada uno de los proyectos de investigación. No es suficiente probar la nueva técnica o aplicación de manera informal con algunos colegas o académicos, porque el

investigador no sabrá si su nueva propuesta funciona realmente. Esta cuestión es especialmente apremiante en cuestiones de eficiencia en la realización de mapas destinados a la distribución, a un usuario final, sea este científico o público general, pues, en estos casos las propuestas carecen de sentido si no se comprueba la opinión que la solución propuesta merece al usuario.

En definitiva, se han realizado grandes avances en cartografía en las últimas décadas en términos de nuevas aplicaciones en visualización, 3D, cartografía digital e incluso realidad virtual, pero muchos de estos avances se han realizado sin pruebas con usuarios, por lo que no se sabe si los mapas producidos funcionan realmente. También muchos de estos avances se han basado en lo que permiten hacer las nuevas tecnologías informáticas más que en teoría sólida. Pero los nuevos paradigmas de

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investigación planteados, como la percepción visual y la cognición, o la Semiótica, prometen cubrir este vacío teórico y ayudarán a hacer que los mapas funcionen mejor.

Una evidencia del panorama que Sluter (2001) reflejó en su artículo es la que se desprende de un estudio, realizado por Kessler y Slocum (2011), en que analizan el diseño de mapas temáticos publicados en artículos de revistas de geografía anglosajonas durante el siglo XX. El estudio reveló que la efectividad de estos mapas, realizados por profesionales,

experimentó una mejora significativa a lo largo de estos 100 años, cosa que era de esperar. El estudio se realizó en dos revistas indexadas: Annals of the Association of American Geographers (AAAG) y The Geographical Journal (GJ). En concreto se reveló que la mejora en el diseño fue función de una mayor facilidad de lectura y jerarquía visual y, en cierta medida, de una mejor lógica de simbología. Aunque los resultados de este estudio fueron desconcertantes, ya que la calidad del diseño de mapas en estas revistas no reflejó el largo interés de la

disciplina por la construcción de mapas y la importancia de la Cartografía para la Geografía. Previamente a este estudio, los autores identificaron cuatro trabajos relativos a los cambios acaecidos en el diseño de los mapas temáticos:

- Fitzsimons y Turner (2006) examinaron los cambios en un período de 20 años - de 1984 a 2005 – en cuatro revistas de Geografía: AAAG, Geographical Review, The Professional Geographer y Urban Geography. En su estudio analizaban el impacto del creciente uso de software digital sobre el diseño de mapas. Sus conclusiones básicas fueron que había una “marcada mejoría…en la apariencia de los mapas de las revistas de Geografía”, pero les preocupó que “continuasen apareciendo malas elecciones de diseño”, como uso inefectivo de letra, jerarquía visual confusa, datos sin procesar en mapas de coropletas o el excesivo detalle en gráficos y mapas. - El segundo trabajo fue desarrollado por Muehlenhaus (2009; 2010), y

en él examina los cambios de diseño en el Atlas Mundial Goode, y realiza una destacable labor, pues introdujo formalmente la idea de emplear el análisis cuantitativo para evaluar los mapas. El análisis cuantitativo es un “examen sistemático y reproducible de símbolos de

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comunicación (en nuestro caso de mapas), a los que se le asignan valores numéricos” (Riffe et al., 2005).

- El tercer trabajo lo desarrolló Friendly (2008), quien hizo un estudio sobre la historia de los gráficos estadísticos y los mapas temáticos. En él concluye en una división del siglo XX en tres categorías: Edad Moderna Oscura (1900-1950), Renacimiento de la visualización de datos (1950-1975) y Visualización HD (alta definición), interactiva y dinámica (1975-presente).

- El último trabajo, de limitada relevancia, incluye de nuevo el análisis del Atlas Mundial Goode, pero en este caso se trata de un trabajo puramente cualitativo (Mersey, 1996; Boudreau, 2007). Sus trabajos sugieren la posibilidad de que el diseño de mapas sufriera con la incorporación de los ordenadores, pues el software puede no proporcionar la flexibilidad requerida en algunos tipos de mapas. Con estos antecedentes, la investigación de Kessler y Slocum (2011) se propuso, como se ha mencionado, el objetivo de analizar los cambios en el diseño de mapas temáticos a los largo del siglo XX, esperando

observar una mejora progresiva en el diseño a medida que aparecían herramientas cartográficas especializadas y, especialmente, a partir de la década de los ‘70 con la tecnología informática. Asimismo, esperaban una mejora notable desde la década de los ‘40, cuando se incorpora la formación cartográfica, así como un notable impacto en la calidad con la ausencia o presencia de editores cartográficos en las revistas.

Los resultados del estudio indicaban que en la primera mitad del siglo XX, los mapas no estaban tan bien diseñados como en la segunda mitad, pero la diferencia no era suficiente para apoyar la noción de Edad Moderna Oscura acuñada por Friendly (2008) para este período. Según Kessler y Slocum, el mal diseño de este período era función de la tecnología limitada, el coste de emplear tecnología más avanzada y servicios cartográficos profesionales y el limitado conocimiento de herramientas y diseño.

Otro resultado relacionado con los anteriores autores fue el relativo al trabajo de Fitzsimons y Turner (2006), cuyas apreciaciones compartieron parcialmente el uso inefectivo de la letra y la confusión de la jerarquía visual, no compartiendo sus apreciaciones acerca del excesivo detalle de los mapas ni la existencia de datos no procesados en los mapas de

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coropletas. El trabajo concluyó en que, pese a la evidente mejoría de la efectividad de los mapas a lo largo del siglo XX, la valoración de los mapas a finales de siglo debería haber sido mejor, apuntando como causa probable de este fracaso el que aquellos que diseñan los mapas en las revistas analizadas no tienen necesariamente formación en diseño cartográfico y en las herramientas de software asociadas. Los resultados de la investigación de Fitzsimons y Turner resultan muy llamativos, pues analizaron revistas especializadas, por lo que los autores de los artículos eran científicos en el área de Geografía.

3.3. LA NUEVA CARTOGRAFÍA Y SUS EFECTOS EN LA