DEFINICIÓN DE LA ASCENSIÓN
El destino fi nal de las mujeres y los hombres es la ascensión. En la religión cristiana ésta se describe como que Cristo se eleva por encima de los cielos y desaparece de la vista de los discípulos al fi nalizar su misión en la Tierra. La vibración consciente que hay ahora disponible es totalmente distinta.
La gran activación planetaria que estamos experimentando actualmente, y que está conduciéndonos hacia un clímax que tendrá lugar en el año 2012, indica que también nosotros experimentaremos la ascensión cuando, globalmente, lleguemos al fi nal de nuestra misión planetaria. La ascensión ofrece una perspectiva más amplia de nuestra realidad actual. Es una aceleración hacia la vida multidimensional que implica un cambio a nivel de nuestra actual biología.
Algunos describen este estado como un cambio vibratorio de las células del cuerpo, las cuales comienzan a vibrar a la frecuencia del Amor al yo. De este modo, podríamos acceder a mundos paralelos sin perder el contacto con el mundo en el que nos hallamos actualmente.
LA ASCENSIÓN CONSCIENTE
Existen dos modos de ascender. El primero —la ascensión simple— es el alcanzado por Cristo: a la muerte le sigue una resurrección; el cuerpo físico desaparece y se convierte en un cuerpo de luz.
El segundo modo de ascender es conscientemente: el cuerpo de luz se adapta al cuerpo físico sin provocar su muerte. Cuando expresamos la intención de ascender conscientemente nuestro cuerpo comienza a cambiar y busca nuevas formas de alinearse con esta decisión. Para poder ascender, el cuerpo debe evolucionar a toda costa. Debe, por su parte, lograr la autonomía energética. El proceso de ascensión es gradual y es posible que determinadas partes de nuestros cuerpos hayan ascendido ya. Podemos facilitar esta evolución reprogramando
nuestro código genético y a través de la transmutación. Necesitamos informar a nuestras mitocondrias de que pueden extraer energía de otras fuentes que no sean la comida. Las mitocondrias pueden transmutar formas de energía distintas de las que se encuentran en los alimentos. Sería como decidir, a escala planetaria, utilizar energía solar en lugar de petróleo.
MITOCONDRIAS Y TRANSMUTACIÓN
Tuve la oportunidad de conocer a una «pranariana» mientras me hallaba impartiendo formación. Los «pranarianos» son gente que sustentan su cuerpo únicamente con la energía que hay en el aire (también denominada prana). Esta mujer me repitió muchas veces que esta práctica no tenía relación con la comida, sino que consistía en transmutar el prana en energía alimenticia.
Tras pensar mucho, decidí examinar con más detenimiento las mitocondrias. Descubrí que éstas son organismos contenidos en el citoplasma de la célula que sintetizan trifosfato de adenosina (ATP). Siendo la principal fuente de energía de la célula, la nutren «electromagnéticamente» a través del ATP. Absorben la energía que hay en el oxígeno y en los alimentos para después comunicársela al ATP mediante una pequeña sacudida electromagnética. El ATP transforma esta corriente en energía con el fi n de alimentar a la célula. Dado que las mitocondrias no transfi eren al ATP el alimento como tal, sino más bien una sacudida electromagnética, se me ocurrió la idea de reprogramarlas para que pudiesen nutrirse mediante una energía que no fuese la que procede de los alimentos y transmitir después esta energía al ATP. Así podríamos satisfacer nuestras necesidades sin comida: simplemente tendríamos que transmutar energía. Por consiguiente, nuestras células se volverían inmortales. Podríamos seguir comiendo por el placer de hacerlo, pero nuestros cuerpos cambiarían radicalmente porque ya no se verían tan absorbidos por el proceso digestivo.
Como decía antes, los «pranarianos» transmutan el prana en energía nutritiva. Mientras desarrollaba el protocolo, me di cuenta de que podíamos ampliar nuestra esfera de actividad y recodifi car nuestras mitocondrias para que pudiesen transmutar energía no sólo del prana, sino también de la luz, del viento, de la energía atómica, de la energía vital, etc. Puesto que todo es energía, también podíamos utilizar elementos menos positivos para alimentar las mitocondrias. Recordad que hasta la basura puede quemarse para convertirse
en fuente de energía. De este modo, reprogramamos las mitocondrias de una estudiante que había contraído la hepatitis C durante su juventud, con el fi n de permitirle utilizar la energía de esta enfermedad para crear salud. También podemos utilizar la carga magnética negativa de las emociones. Este modo de ver las cosas nos permite sacar provecho de todo cuanto somos en lugar de creer que tenemos que alcanzar un nivel espiritual superior para poder transmutar energía.
Todos hemos oído anécdotas de gente que ha vivido mucho tiempo estando enfermos y alimentándose sólo mínimamente. Estas personas parecen empujadas por una pasión que las mantiene vivas. La naturaleza nos proporciona numerosos ejemplos de transmutación: briznas de hierba que asoman por entre aceras de cemento, vegetación que crece por los alrededores de Chernóbil... Ni que decir tiene que apreciamos los alimentos puros y biológicos más que los que han sido contaminados, pero lo ideal sería poder transmutar todas las fuentes de energía.
Así pues, construiremos un programa que resulte apropiado para cada persona empleando la kinesiología para testar con el fi n de determinar las necesidades de las mitocondrias de esa persona. No cabe duda de que las combinaciones variarán según el individuo. He aquí la lista que aparece en el primer punto del Protocolo 23. Observad que el «prana» está incluido en la entrada «energía libre».
TESTAD para determinar cuál(es) de los siguientes elementos deben incluirse en este programa:
A. energía vital en el punto cero; B. Esencia de la persona;
C. energía libre (energía solar y fotones, gravedad, prana, energía magnética u otros tipos de energía libre) en el punto cero; D. energía procedente de sonidos en el punto cero;
E. energía procedente de la luz y/o oscuridad en el punto cero;
F. energía magnética procedente de una emoción positiva y/o negativa en el punto cero;
G. energía magnética (polos sur y/o norte); H. visualización en el punto cero;
I. energía atómica;
felicidad;
K. energía telúrica procedente de los centros energéticos más elevados del planeta en el punto cero;
L. energía procedente de los elementos (agua, aire, fuego y tierra) en el punto cero;
M. energía sexual (masculina y femenina) en el punto cero; N. otras: energía de los árboles, bosques, etc. en el punto cero.
Observé que este protocolo desencadenaba numerosas transformaciones físicas. Sin embargo, las mitocondrias deben adaptarse a estos cambios. Para evitar que mis alumnos desarrollasen demasiados síntomas, volví a trabajar el protocolo con el fi n de hacer el proceso lo más cómodo posible tanto física como psicológicamente. Es importante que estas transformaciones se hallen en el punto cero y sean toleradas para evitar una reacción caótica por parte de las mitocondrias que pueda causar apoptosis o necrosis. También vosotros veréis que vuestro cuerpo cambia ligeramente, así como vuestra relación con la comida.