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CAPÍTULO TRES

In document ADN y Eleccion cuántica IMPRIMIBLE (página 145-151)

LA COEXISTENCIA

LA COEXISTENCIA DE LOS DISTINTOS NIVELES DE EXPANSIÓN

E

l punto cero incluye tanto la expansión como el estancamiento. Trabajamos en el punto cero para expresar órdenes, crear patrones nuevos o poner fi n a escenarios recurrentes. Trabajar en el punto cero nos proporciona la seguridad de que nuestras órdenes son efectivas, y esta certeza conlleva una creciente sensación de bienestar.

Observé que tras reapropiarse de su poder para emitir órdenes mis estudiantes experimentaban a menudo un proceso de expansión a nivel profesional o personal. Sin embargo, en este proceso, pasaban por un periodo de éxito al que a menudo seguía un periodo de regresión. Por ejemplo, hubo una persona que había obtenido un ascenso, pero tenía tendencia a polarizar la euforia dejando a un lado sus sentimientos menos eufóricos. Desconectar el aspecto negativo de un suceso feliz que desencadena una expansión obstaculiza el proceso de expansión. Cuando el polo negativo de una emoción no ha sido integrado en el sentimiento de expansión lo refrena. Es como si el niño alborotado al que te negaste a invitar a tu fi esta expresara su protesta armando una bulla infernal. Este niño te estropeará la fi esta si no te ocupas de él.

Según el modelo cuántico, toda elección positiva coexiste con múltiples posibilidades, algunas de las cuales son diametralmente opuestas a la elección en cuestión. Cuando elijo confi ar en mi cuerpo debo hacer coexistir esta elección con mi anterior salud débil, mi miedo a la enfermedad, un cáncer latente, el hecho de rebosar salud, mis fobias, mis éxitos, mis curaciones y mis fracasos.

Cuando está polarizado el proceso de expansión infl uye en todos los aspectos de nuestro ser. Por consiguiente, nuestros lados oscuros recibirán también los efectos de este crecimiento. Afortunadamente, podemos hacer que todas estas partes coexistan. Pongamos por ejemplo a Eric (nombre fi cticio), uno de mis estudiantes, que dirigía una empresa de informática. Eric consiguió un contrato muy importante que al principio lo hizo sentirse completamente eufórico. Su empresa estaba preparada para asumir nuevas responsabilidades. Sin embargo, en los meses que siguieron, Eric fue víctima de un serio accidente y, puesto que su trabajo requería a menudo que viajase, la relación con su esposa se deterioró. Un año después Eric se hallaba totalmente confuso y dudaba que fuese capaz de continuar de ese modo. Las partes de sí mismo que no habían sido incluidas durante su proceso de expansión lo habían vuelto vulnerable. Eran su talón de Aquiles y lo hicieron más frágil con respecto a sus competidores. Habiéndolo pasado muy mal, con muchos altibajos, Eric ya no veía su proyecto con los mismos ojos.

Haciendo coexistir todos los aspectos de nosotros mismos durante un proceso de expansión evitamos crear fricciones con las personas de nuestro entorno. Como veremos en el protocolo que nos permite sintonizar nuestro vacío intersticial con nuestra Esencia, es posible vivir esta experiencia sin que ello afecte a nuestro entorno. Es más fácil hacer que coexistan diversos procesos de expansión que convencer a otro de que evolucione a nuestro ritmo.

Cuando enseño el concepto de punto cero siempre me sorprende ver que mis alumnos tienen una concepción polarizada del mismo, como si la carga magnética negativa de una emoción existiese únicamente para polarizar la carga positiva de una intención. Por supuesto, resulta útil en ese caso. Pero tiene incluso un mayor dinamismo en el contexto de la coexistencia. En los cursos sobre espiritualidad se anima a los participantes a encontrar la unidad originaria, a esforzarse por ir hacia el Todo, la Unidad, el Tao. Ahora que tengo mis trece hélices activadas y puedo trabajar en el punto cero, soy incapaz de disociarme del Todo. Llegamos al agotamiento tratando de deshacernos de lo que nos hace infelices. Debemos comprender el origen de esta infelicidad, aceptarla y aprender a hacernos amigos suyos. Podemos utilizarla para crear vidas mejores para nosotros en el punto cero. Sin embargo, para hacerlo, debemos atravesar un tercer paso, el de la coexistencia, donde todos los elementos de la materia coexisten. Puesto que yo soy materia, me comporto como tal y sólo puedo conocer el bienestar asegurándome de que todo cuanto soy coexiste.

La coexistencia es un concepto fascinante, en virtud del cual todas las cosas tienen derecho a existir simultáneamente, como en el caso del punto cero. Durante un proceso de expansión sería buena idea dejar que nuestras partes más lentas coexistan con las más rápidas. Tendemos a excluir a las primeras por miedo a que nos enlentezcan. En realidad, si las integramos en el proceso equilibrarán la energía de expansión en el punto cero. De lo contrario acabamos repitiendo sin cesar el proverbio chino según el cual lo que sube ha de bajar. Al contrario, gracias a este nuevo paradigma, nuestra expansión puede ser continua y circular, como el modelo perfecto de la espiral.

Entonces nos encontramos en el modo de aceptación. Aceptamos todo cuanto somos y aceptamos todos los aspectos de nuestra personalidad. Ya no intentamos librarnos de un determinado rasgo de nuestro carácter o de una herida dolorosa. Aceptamos todo lo que somos, todo lo que conforma el tejido de nuestro ser. Quizás temamos que si incluimos nuestra sombra realizaremos elecciones negativas. Debemos recordar que la coexistencia es el paso que sigue el ejemplo del punto cero. No queremos estar polarizados en un lado ni en el otro.

No podemos inventar nuevos escenarios sin hacer que coexistan todos los aspectos de nosotros mismos. Pongamos por ejemplo a uno de mis estudiantes, Tony G. (nombre fi cticio), quien sufrió el rechazo de su familia. En lo profesional, actualmente es miembro de un equipo multidisciplinar. Al comienzo de su carrera todo parecía genial. Se le dieron responsabilidades, llegó a ser líder de equipo y su crecimiento profesional se desenvolvió de forma armoniosa. Habiendo alcanzado el pináculo del éxito, comenzó a ser objeto de los celos de sus colegas, que conspiraron contra él. Se encontró de nuevo empujado a su escenario familiar original. Cuando era joven no tuvo más remedio que aíslarse, pero hoy está mejor equipado, ya que ha aprendido a manejar el estrés y técnicas de comunicación. Así pues, inició un proceso de resolución de confl ictos con sus colegas en el trabajo. Tras muchas reuniones, resoluciones y negociaciones, las difi cultades quedaron suprimidas, pero Tony seguía sin sentirse satisfecho del todo. Con el fi n de alcanzar un estado de armonía profundamente arraigada, en el punto cero, tendrá que incluir el perjudicial escenario de su infancia y permitir que la herida coexista con su éxito.

Podemos recurrir a la naturaleza para comprender este principio: el agua se comunica con el cielo a través de las nubes; el cielo se comunica con la tierra a través de la lluvia; la tierra se comunica con los árboles a través de sus raíces, etc. Todos estos elementos diferentes pero interrelacionados existen juntos. Así es

como funciona lo infi nitamente grande y lo infi nitamente pequeño. Queremos transponer este programa ideal a nuestro código genético.

LA ABUNDANCIA MAGNÉTICA

A menudo oímos hablar de épocas de expansión a las que siguieron épocas de restricciones. Hemos conocido a personas que lo han perdido todo después de haber atravesado una época de abundancia. Hay cantidad de historias de gente a la que le tocó la lotería y que varios años más tarde declaran que eran mucho más felices antes de hacerse ricos. Cuando observo el auge de una celebridad siempre siento curiosidad por saber si este auge es magnético o está condenado al fracaso. Sólo tenemos que leer artículos sobre Michael Jackson para comprender este fenómeno, o, mucho más simple, la historia de Romeo y Julieta, ¡cuya muerte salió brutalmente despedida de una gran felicidad!

La abundancia magnética no es simplemente una cuestión de tener dinero, implica también el movimiento de una energía próspera. La expresión «sacar el premio gordo» es un ejemplo perfecto de abundancia polarizada, que refl eja un movimiento energético fuera de la corriente normal de la vida. En la abundancia magnética todo coexiste: los puntos altos coexisten con los puntos bajos, y tanto unos como otros pueden constituir a su manera una fuente de abundancia, al igual que la producida por unos grandes ingresos.

Tendemos a dividir nuestra vida en trozos. Podemos imaginar que ésta es una gran tarta. Un trozo de esta tarta corresponde a los momentos de éxito, mientras que otro, a momentos de fatiga y menos productividad. En estos momentos bajos tendemos a ver únicamente este trozo de la tarta. El trozo que representa el éxito deja de existir. Sin embargo, en virtud de la coexistencia, la fatiga es tan sólo un trozo de la tarta de la abundancia, y este trozo puede coexistir con otro, como el éxito.

Un día divino de la primavera de 2001 mi esposo, Bruno, estaba salvando unos rápidos en kayak. En el punto álgido de su placer, en medio del espumoso río, hizo coexistir aquella felicidad con el sufrimiento que existe en la Tierra con el fi n de aliviar este sufrimiento y ayudar a que coexistiese en el punto cero. Dos años después, durante otra excursión, zozobró en las aguas turbulentas y perdió el kayak. Lleno de confi anza en su experiencia del punto cero, hizo coexistir su sensación de fracaso con su poder personal. Hizo algo de trabajo interior durante

las 48 horas siguientes y enseguida encontró su kayak. Es imposible decir cuál de estos dos sucesos fue más signifi cativo, porque cuando hacemos coexistir magnéticamente todos los aspectos de nosotros mismos jamás salimos de la esfera de la abundancia. Debería mencionar que en 2001 había alquilado el kayak y que en 2003 era el orgulloso propietario de un kayak sueco. Su abundancia aumenta año a año, económicamente, por supuesto, pero también a todos los demás niveles. Cuanto más construimos un campo magnético potente haciendo coexistir todo cuanto somos, más capaces somos de transmitir este impulso a nuestro proceso de expansión sin tener que sufrir repercusiones.

Un amigo mío que acababa de mudarse se preguntaba, bastante ansioso, si sería capaz de cumplir con los pagos de la hipoteca a lo largo de los años venideros. Le dije que no necesitaba preocuparse porque aquella casa nueva era la manifestación concreta de su intención e incluía sus miedos. Tres años después él y su mujer recibieron un gran aumento de sueldo, lo cual les permitió viajar mucho. Y lo que es más, pudieron renovar su casa. Esto son signos de una abundancia magnética en la que, paso a paso, intención a intención, la pareja construyó su éxito integrando sus preocupaciones y miedos a medida que iban surgiendo. La parte más difícil es comprender que la inseguridad económica, el miedo a la enfermedad o la debilidad en general forman parte de la rueda de la prosperidad. Puede que resulte más fácil visualizar la coexistencia como una rueda o un pastel cortado en secciones que como realidades cuánticas en universos paralelos, pero el concepto sigue siendo el mismo.

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