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2. Marco de referencia

2.3 El asistencialismo y la filantropía de comienzos del siglo

Estados Unidos, país donde se desarrolló la segunda revolución industrial, presentaba una situación a comienzos del siglo XX en la cual unos pocos acumulaban gran cantidad de la riqueza del país, situación que llevó a que ―el 0,01% de las familias en la distribución de la renta acapararon el 5% del PIB‖ (Domínguez, 2008: 62). Ante la alarma generalizada por la creciente acumulación

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de riqueza en manos de unos pocos16 y para demostrar su responsabilidad ante la sociedad, millonarios como John D. Rockefeller Jr. y Andrew Carnegie, que hicieron sus fortunas con el petróleo y el acero, se convirtieron en impulsores del movimiento asistencialista y paternalista de la filantropía corporativa, realizando enormes donaciones en momentos en que, por la constitución de las sociedades anónimas, se separaba la propiedad de la gestión de las empresas y donde los gerentes tenían una responsabilidad jurídica limitada al responder por su gestión ante los dueños de la empresa.

Fueron muchas las universidades norteamericanas favorecidas con las donaciones filantrópicas: Chicago, Yale, Harvard, Columbia. Es quizá por este motivo que los comienzos de la discusión académica sobre RSE se sitúen en las escuelas de negocios de las universidades beneficiarias de dichas donaciones.

Para 1916, el economista de la Universidad de Chicago John Maurice Clark, emitió un pronunciamiento llamando a la responsabilidad social de las empresas en el contexto del nuevo siglo, al señalar que si los individuos son responsables por sus acciones y comportamientos, los negocios también deberían incluir las responsabilidades de los actos del negocio, aunque esto no fuera reconocido por la ley. Según Clark, las ideas provenientes del siglo XX constituían una economía de la ―irresponsabilidad social‖ y fueron definidas por el economista como el ―origen del mal‖ sintetizado en el principio de business is businnes.

Las ideas de Clark expresaban la necesidad de nuevas obligaciones de las empresas entre las que se incluían la solidaridad y el compromiso social, motivado en la justicia y no en la caridad. Su concepto sobre responsabilidad social incluye la sostenibilidad, adelantándose varias décadas a las definiciones propuestas sobre el tema: ―el ideal es que cada uno pague su parte, no dañar a otros sin

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Rockefeller sigue situado a la cabeza del ranking de los 100 más ricos de toda la historia, con un patrimonio en el momento de su muerte equivalente al 1,5% del PIB de Estados Unidos. Carnegie es el quinto de ese ranking, con un patrimonio equivalente al 0,6. A precios actuales, la fortuna de Rockefeller triplicaría de largo la de Bill Gates (en la lista de los 100, situado en el puesto 31). (Domínguez, 2008: 63).

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compensación, crear valor solamente por el valor dado, y dejar el mundo en los otros aspectos igual que como fue encontrado, o al menos no dejarlo peor de lo que estaba‖ (Clark, 1916: 210).

La prosperidad de la década del 20 en los Estados Unidos produjo una nueva clase de administradores comprometidos con el bienestar general, fomentando de esta forma el denominado bienestar social, en el cual empresarios tan reconocidos como Henry Ford promulgaban que ―el servicio, como base de la búsqueda de beneficio, está empezando a ser reconocido como el verdadero motivo para crear industria‖ (Domínguez, 2008: 64). Posteriormente, Rockefeller Jr. propondría para los consejos de industria cuatro grupos participantes en la toma de decisiones; representantes del capital, la administración, el trabajo y la comunidad. Fue una década propicia para la realización de diferentes experimentos de la filantropía corporativa.17

Para los años de la gran depresión, el modelo de capitalismo de bienestar que pretendía que las grandes empresas lograran conducir la sociedad hacia la prosperidad y la justicia social fue inoperante, derrumbándose en medio del aumento del desempleo y la pobreza. Sólo algunos ejemplos de empresarios persistentes con la idea del servicio a la sociedad, se empeñaron en continuar con sus esfuerzos asumiendo con coherencia su responsabilidad. Uno de estos ejemplos fue W. K. Kellogg, quien fundó en 1906 la Battle Creek Toasted Corn Flake Company, conocida posteriormente como Kellogg Company. En su fábrica, estableció cuatro turnos de seis horas, para repartir el trabajo, fundó una sociedad con aportes de U$ 60 millones con la intención de mejorar la salud, la felicidad y el bienestar de los niños de zonas rurales en el estado de Michigan.

Puede verse cómo surge paralelo al crecimiento industrial y económico del siglo XX, la inquietud de empresarios exitosos, que reciben millonarias utilidades,

17 Para 1914, el cofundador de Ford Motor Company y manager para la época, James Couzens,

duplicó el salario de sus trabajadores, redujo la jornada laboral de 9 a 8 horas y de 6 a 5 días. Dos años después, el valor comercial del modelo T fue rebajado de U$ 825 a U$360.

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por devolver parte de sus ganancias a la sociedad en momentos de esplendor en el resultado de sus negocios. Sin embargo, en tiempos de recesión económica, no todos ellos fueron coherentes con sus principios inicialmente alentados en la magnificencia de las ganancias, posiblemente por carecer de principios éticos, comúnmente distantes del ejercicio empresarial.

La construcción, como sector industrial y su orientación por proyectos presenta características que de manera similar a lo sucedido con los filántropos empresariales de comienzos del siglo XX, no permiten que el empresario constituya acciones en favor de sus trabajadores de manera permanente, por los diferentes espacios recesivos de la actividad, pues se afectaría su utilidad, mostrando con esta actuación el privilegio por los resultados económicos, dejando en un segundo plano los conceptos de bienestar del trabajador y en su conjunto la sociedad.