LAS RAÍCES DE UNA CIUDAD MODERNA (1860-1905)
Ilustraciones 2.2. y 2.3 Aspecto de los edificios construidos en la Puerta del Sol frente al Ministerio de la Gobernación tras la reforma A la izquierda, los inmuebles números 8 al 11-12 A la derecha, las fincas
situadas entre los números 13, 14 y 15, en esquina con las calles de la Montera y Alcalá. Todos siguen idéntica distribución, con seis pisos, cuyos bajos acogen varios locales comerciales extendiéndose esta
función en los entresuelos. Quedan las plantas más elevadas para uso residencial, albergando dos viviendas entre el principal y el cuarto. Fuente: Charles Clifford, Museo Municipal, c. 1862. La extensión de los usos comerciales en la plaza generaba rentas muy elevadas para los propietarios de los edificios que allí se disponían, especialmente en aquellos que quedaban frente al Ministerio de la Gobernación. El inmueble número 13, cuyo solar fue comprado tras la reforma por Antonio de Maltrana, generaba unos beneficios anuales de 71.735,88 pesetas gracias a la extraordinaria concentración de locales comerciales en el bajo y el entresuelo. En total, siete negocios cuyos propietarios desembolsaban al año 26.718 pesetas, destacando entre ellos la chocolatería de Matías López, quien para disfrutar de tan céntrica situación pagaba por el alquiler de su establecimiento 894 pesetas mensuales. La finca número 11 y 12, contigua a la anterior, obtenía su mayor rédito a partir de la función hotelera, al reservar el entresuelo y las cuatro plantas restantes a las instalaciones del Hotel de París, por el que su propietario, Juan Capdevielle, pagaba anualmente 60.747 pesetas. A menor nivel se encontraban las fincas de Juan Manuel de Manzanedo en los números 8, 14 y 15, que presentaban unas rentas anuales que fluctuaban entre las 30.000 y 40.000 pesetas dejando buena parte de sus habitaciones bajo el control de comerciantes y propietarios de fondas y casas de huéspedes, aunque dedicando también las plantas más elevadas a usos residenciales. En
el otro extremo de la plaza, en confluencia con la carrera de San Jerónimo, la naturaleza de las casas no reformadas, de poca línea de fachada y mayor profundidad, determinaba rentas mucho más bajas y mayores posibilidades de alquiler a precios inferiores a 75 pesetas mensuales en las plantas más elevadas (Figura 2.8).
Alquileres y rentas de los principales inmuebles de la Puerta del Sol (1880)
Nº inmueble Habitaciones en alquiler Alquiler medio (ptas/mes) Renta anual (ptas) 13 13 459,84 71.735,88 11 y 12 9 659,69 71.247 9 14 246,04 38.382 14 8 371,87 35.700 5 9 285,62 30.846,60 6 12 209,45 30.160,92 15 7 341,37 28.674,96 4 9 203,33 21.960 3 5 217,15 13.029
Figura 2.8. Elaboración propia a partir del Padrón Municipal de Habitantes de 1880, AVM, Estadística.
El entorno inmediatamente colindante con la Puerta del Sol en la línea oriental ofrecía mayores oportunidades residenciales que las fincas de la plaza, aunque mayoritariamente reservadas para las familias más adineradas y prestigiosas de la sociedad madrileña. La concentración de tiendas elegantes con lujosos escaparates junto a casonas y palacios instalados en cercas con jardines y huertas y edificios de vecindad del más refinado estilo arquitectónico incidía de manera inexorable en el precio del suelo urbano. Vivir en la carrera de San Jerónimo costaba, por término medio, 309,65 pesetas al mes. Hacerlo en la de Alcalá, 298,12 pesetas (Figura 2.9).
Alquileres y distribución de habitaciones en las viviendas de San Jerónimo y Alcalá (1880)
Carrera de San Jerónimo Alcalá
Piso Habitaciones (%) Alquiler medio
mensual (ptas) Habitaciones (%)
Alquiler medio mensual (ptas) Bajo 2,16 325,73 1,54 210,21 Tienda 21,08 382,62 13,51 613,24 Principal 12,43 401,87 11,20 402,70 Entresuelo 7,57 226,31 8,49 304,80 Segundo 16,22 264,66 16,22 303,44 Tercero 17,84 168,42 17,37 221,68 Cuarto 12,97 59,73 22,01 50,33 Buhardilla 2,70 15,20 3,86 17,75 Sotabanco 3,24 48,75 1,54 36,06 Interiores 3,78 28,14 4,25 57,75
Figura 2.9. Elaboración propia a partir del Padrón Municipal de Habitantes de 1880, AVM, Estadística.
La primera de las vías señaladas presentaba dos tramos diferenciados37. Su parte inicial, hasta la actual plaza de Canalejas, combinaba edificios sobre amplios solares
37 La evolución histórica de la Carrera de San Jerónimo y sus aspectos residenciales en: RUBIO
PARDOS, Carmen: “La carrera de San Jerónimo”, en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, nº 7, 1971, pp. 61-120 y SANZ GARCÍA, José María: “La carrera de San Jerónimo. El cambio de sus funciones urbanas”, en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, nº 19, 1982, pp. 501-539.
cuadrangulares o rectangulares con casas que combinaban gran desarrollo de fondo y exigua línea de fachada (Ilustración 2.4). Éstas últimas permitían la presencia de habitaciones interiores de coste inferior a 30 pesetas mensuales habitadas por empleados de cafés, dependientes de los comercios situados en las plantas bajas e incluso viudas que trabajaban como costureras. Era, no obstante, un caso excepcional. La mayoría de los edificios contaban con una habitación en el principal y dos en las plantas restantes. Algunos inmuebles introducían estilos arquitectónicos de otras épocas, siguiendo la moda de utilizar corrientes historicistas y eclécticas en las casas de alquiler desde la década de los sesenta. Así se comprobaba en la llamada Casa Isern, situada en el número 16 con fachada a la calle del Pozo (Figura 2.10). Se trataba de una finca de cinco plantas, la primera de estilo neomedieval en la capital, construida por Francisco de Cubas y González para el sastre Tomás de Isern, que instaló su negocio en el bajo y el principal. Contaba con balcones de decoración gótica, pero su estructura quedaba en contradicción con las necesidades funcionales de una casa de vecindad38, factor que explica la limitada aceptación de su modelo para acoger viviendas multifamiliares, por considerarse que la fachada era más bien propia de obras religiosas y de beneficencia39. En 1880, su destino quedaba completamente ligado a la función comercial, con el negocio de modas y confecciones de Ventura Roqueta Isern en el bajo y el entresuelo y las dependencias del Hotel Bilbaíno en el principal, segundo y uno de los terceros, quedando el restante para estudio de fotografía40.
Figura 2.10. Alzado de la fachada del edificio construido por Francisco de Cubas para Tomás de Isern en el número 16 de la carrera de San Jerónimo. AVM, Secretaría, 4-430-6.
En su segundo tramo, hasta la plaza de las Cortes, la calle se definía como una de las más apegadas a la aristocracia y a la burguesía mercantil de toda la ciudad. Allí se naturalizaba la vivienda en propiedad y los precios de las habitaciones se elevaban para atraer a las rentas más elevadas y a los grandes contribuyentes territoriales de la época. Se erigían en este punto lujosas viviendas como la de Francisco de las Rivas y Ubieta, que por aquel entonces era el mayor terrateniente de origen burgués de la elite
38 DÍEZ DE BALDEÓN, Clementina, Arquitectura y clases sociales en el Madrid del siglo XIX, Siglo
XXI, Madrid, 1986, pág. 396.
39 Más información de este edificio en: NAVASCUÉS PALACIO, Pedro: “La obra arquitectónica del
Marqués de Cubas (1826-1899)”, en Villa de Madrid, 9 (34), 1972, pp. 19-31.
40 Los datos de la ocupación del inmueble nº 16 de la carrera de San Jerónimo con vuelta a la del Pozo
madrileña, posición social forjada a partir de su actividad empresarial como contratista de obras y en el sector vitivinícola41. Junto a él, una pléyade de títulos nobiliarios entre los que destacaban el propietario malagueño Juan Larios y Enríquez (marqués de Valle Umbroso); Nicolás Urtiaga de las Rivas, que al igual que el marqués de Mudela había heredado en los últimos números de San Jerónimo varias casas pertenecientes a los comerciantes vascos hermanos Urtiaga; y Carolina de Pando y Moñino, marquesa de Miraflores. Ésta última situaba su vivienda en un majestuoso palacio del siglo XVIII, con fachada barroca y elementos decorativos de Pedro de Ribera. La ostentación social de las grandes fortunas madrileñas residentes en este enclave alcanzaba su máxima expresión en su residencia. Allí se daba cita un verdadero ejército de sirvientes, contabilizándose hasta cincuenta con sus respectivas familias. Había desde criadas genéricas hasta amas de gobierno e institutrices, pasando por lacayos, porteros, cocineros, ayudantes de cámara, cocheros y doncellas42.
Ilustraciones 2.4 y 2.5. A la izquierda, tramo inicial de la Carrera de San Jerónimo hacia 1880. Fuente: