los más im portantes, los
P rim eros
yS egu n d o s Analíticos.
Lo que une atodas esas obras es la preocupación de A ristóteles por el lenguaje, pero
éste es también tema im portante en la
M etafísica
y más específicamenteen la
R etórica
y laP o ética ;
igualm ente la m etafísica penetra en las obraslógicas, especialm ente las
Categorías.
La lógica, en nuestro sentido form al,está tratada muy cum plidam ente en los
A nalíticos
, donde A ristóteles exponelos principios del razonam iento silogístico. Los
T ó p ico s
vD e sop h isticis
e len ch is
tienen como m ateria propia el «razonam iento d ialéctico ». Este se distingue del «razonam iento dem ostrativo» (tem a de los analíticos), por referencia a las premisas de donde arranca: la dialéctica, para A ristóteles, significa un razonamiento que toma como prem isas las convicciones personales: las prem isas del silogism o dem ostrativo son «verdaderas
y
prim arias».La sem ántica y los problem as acerca de los enunciados positivos v negativos
son dos objetos tratados en
D e in terp reta tion e,
en tanto que laR etórica
se ocupa de los medios de persuasión reales o aparentes. A ristóteles plantea una conexión muy estrecha y no platónica entre la dialéctica y la retórica. Afirma que una y otra tienen que ver con m aterias pertenecientes al cono cim iento humano en gen eral; de aquí que ninguna de ellas sea ciencia
( e p i s t ê m ê )
con tem ática específica. Cada una es, dentro de su territorio,una facultad para sum inistrar argum entos
(R het.,
I, 1, 1-14).Si pensamos todo esto como la contribución de A ristóteles a la lógica.
12 Benson Mates, S toic lx>gic (Berkeley y Los Angeles, 1953); Martha Kneale en W and M. Kneale, T h e O e v elo p em en t o f L ogic (Oxford, 1962), pp. 113-76.
El e sto icism o 125
entonces la palabra «ló g ica» viene siendo usada en un sentido vago y so bradam ente amplio. Pero el problem a es m ayorm ente term inológico. Len guaje y razonamiento son dos propiedades fundam entales de la retórica, aun cuando el fin de la retórica, a diferencia del de la ciencia dem ostrativa, sea práctico. Los estoicos, por consiguiente, no andaban descaminados cuando clasificaban la retórica bajo la rúbrica de la «ló g ic a ». A l contrario, al afirmar que la «ló g ic a » era una
p a rte
de la filosofía, procedían más sistem áticam en te que el propio A ristóteles. Q uizá la mejor descripción de la lógica en el estoicismo sea « la ciencia del discurso racio n al».E xiste un núm ero de diferencias extrem adam ente interesantes entre la concepción de la dialéctica de los estoicos y la de A ristóteles. El punto esencial es que, en e l estoicism o, como en Platón, la dialéctica es una ciencia que tiene como campo de estudio la naturaleza real de las cosas. Esto no significa que la dialéctica sea el mismo procedim iento en ambos sistemas. Para Platón, el dialéctico es alguien que llega, por un proceso de pregun tas y respuestas, a definiciones verdaderas, y que descubre por esta vía lo que las cosas son. Los estoicos reconocían en pregunta y respuesta uno de los métodos de que usa la dialéctica, mas para ellos este procedim iento parece haber sido más bien un rasgo pedagógico que no la única vía propia del filosofar. La dialéctica en el estoicism o es definida como conocimiento de lo que es verdadero, falso o ni verdadero ni falso (D .L ., V I I , 4 2 ). Como tal, es la facultad que un filósofo debe poseer, y los estoicos proclamaban que el dialéctico había de ser sabio. Diógenes Laercio hace una breve ex posición del por qué sea ello así, lo cual co nstituye la conclusión de su compendio de las doctrinas lógicas.
Después de dejar sentado que sólo el sabio es dialéctico, Diógenes escribe:
«P u es todas las cosas son intuidas por la investigación del len guaje, tanto las que son tema de la ciencia n atu ral como las de la ética. De los modos de estudio lingüístico bajo los que se puede considerar a la virtu d , uno investiga qué sea cada cosa, el otro cómo es desig n ad a» (V II, 83).
Las palabras, las cosas y las relaciones que unas y otras m antienen entre sí — ta l es, en resum en, la m ateria de la dialéctica estoica. No debemos
olvidar que la retórica, «conocim iento de cómo hab lar b ien »
(SVF,
I, 491),era tam bién tratada como m ateria de la «ló g ic a » en su más am plio sentido. Pero las teorías estoicas acerca de las figuras del lenguaje y de la ordena ción de un discurso oratorio no habrán de estudiarse a q u í13. Tienen un in terés filosófico meram ente m arginal, desde nuestro punto de vista, aunque un lector antiguo se form ara un juicio diferente.
13 Para un estudio penetrante, cf. el último capítulo de la excelente monografía de Karl Barwick, P rob lem e d e r sto isch en S p ra ch leh re u n d K eh eton k (Berlin, 1957).
126 F ilo so fía h ele n ístic a
T eoría d e l c o n o c im ie n t o
La «d ialé ctic a» estoica abarca dos grandes campos: « la s cosas significa d as» y « la s cosas que significan» (D .L., V I I, 62). Una clase m uy impor tante de cosas significadas es el sentido de un térm ino, fase o sentencia, lo que «es dicho» por el lenguaje, y pronto habremos de considerar esto con algún detalle. M as los estoicos no redujeron el alcance de «las cosas significadas», a los enunciados y al significado de palabras aisladas. T rata ron también bajo esta rúbrica las im presiones sensoriales y los conceptos, los que pueden no estar presentados o significados por palabras. Se nos dice de hecho que los estoicos daban a las «im p resio n es» el prim er lugar en su tratam iento de la dialéctica (D .L ., V II, 49).
M as, ¿qué tienen que ver las «im presiones» con la d ialéctica? La res puesta estoica es que el lenguaje y el pensam iento no están dotados de
contenido
a priori.
La capacidad de hablar y de pensar es algo que sedesarrolla a lo largo de un gran período en todo individuo humano. En el nacim iento, la m ente es como una hoja de papel en blanco
(SVF,
II , 83), bien preparada para ser im presa. La prim era «im p resió n » es una conse cuencia de la percepción sensorial. Los objetos exteriores actúan sobre los órganos sensoriales (v er p. 128) y causan que una im presión incida en la m ente. Si esta im presión es «co gn o scitiva», condición que explicaré más tarde, su acto constituye una percepción, una toma de conciencia de algo real o efectivo. Las im presiones dejan un registro de su incidencia en la m ente, y los repetidos registros de la m ism a cosa o tipo de cosa, hacen surgir los conceptos generales ,4. La teoría estoica en este punto es v ir tualm ente idéntica al «preconcepto» epicúreo. Algunos conceptos genera les, sin embargo, no son derivados directos de percepciones sensoriales. O tros conceptos pueden form arse m ediante distintos procesos m entales, «sem ejan za», «an alo g ía», «tran sp o sició n », «com posición» y «contraposi ció n » (p. ej., el concepto de centauro, de m uerte, de espacio), y los estoicos, como resulta claro de esto, no reducían el térm ino «im p resió n », a una toma de conciencia de objetos sensibles. A lgo ha de hacerse presente en la mente de un hombre para poder tomar conciencia de cualquier cosa. Su capacidad para form ar conceptos generales es innata, pero la realización de esta facultad requiere experiencia, experiencia del mundo exterior, y autoconciencia, darse cuenta de sus propios estados m entales ’5. La in te li gencia se conforma y desarrolla con los conceptos generales que un hombre edifica «n atu ralm en te» a p artir de sus experiencias sensoriales prim arias.Esto parece una exposición coherente y, en general, aceptable del desa rrollo m ental, y a ella hay que añadir ahora una dimensión lingüística, que presta al estoicismo un acento m uy moderno, a la luz de la gram ática trans-
u Sobre el status ontológico de los universales, ver p. 141.
15 Cf. F. H. Sandbach, «E nnoia and P rolep sis in th e S toic T h eory o f K n o w led ge» (Class. Quart., XXIV, 1930, 45-51, cap. 2 de P rob lem s in S toicism , ed. A. A. Long, Londres, 1971) para un estudio más amplio de la formación de los conceptos.
El esto icism o 127
fo rm acio n al,6. Toda criatura viviente, sostienen, posee su propio principio rector
( h ê g e m o n i k o n ) ,
y en el hombre ha llegado a m adurez, el principio rec tor es «racio n al». Las plenas im plicaciones psicológicas de la «racio n alid ad » hum ana no necesitan ser consideradas en este momento (ver p. 173). Lo que deseamos es subrayar que en el estoicismo ser «racio n al» com porta como nota la capacidad de hablar articuladam ente, de usar un lenguaje. No es ésta su única nota: la racionalidad es un concepto sobradamente amplio en el estoicism o, mas en nuestro contexto presente, el punto im portante es la noción de que «p en sar» y «h a b la r» son dos descripciones o aspectosde un proceso unitario (de un modo sem ejante, Platón,
Soph.,
263 a). Podemos llam ar a este proceso «pensam iento articu lad o ».
La relación de la doctrina de las im presiones con el pensam iento articu lado es expresada muy claram ente como sigue:
« L a im presión abre el camino; luego el pensam iento, con su ha b ilidad para hablar, expresa por el discurso lo que experim enta como resultado de la im presión» (D .L., V II, 49).
En esta afirmación parece hacerse una distinción tajante entre un estado pasivo, la tom a de conciencia de algo, y un estado activo, la interpretación de esa im presión por el pensam iento articulado. C iertam ente la im presión es concebida como anterior al pensam iento articulado. Pero no debemos suponer que esa necesidad im plica siem pre una prioridad tem poral. Los estoicos convendrían con otros filósofos em piristas en que, en cierto sen tido, nada está en la mente que previam ente no haya estado en los sentidos. Mas no se sigue de aquí que todo acto de pensam iento articulado venga directam ente precedido por la incidencia de una im presión. La prioridad indicada en nuestra cita sólo im plica que no podemos pensar articulada m ente en nada que no esté presente, ya como im presión sensorial o como im agen de la m em oria o como algo basado en una experiencia anterior. Las im presiones y e l pensam iento articulado serán norm alm ente dos aspectos de un único proceso m ental.
Convendrá detenerse un poco más en esta noción de pensam iento ar ticulado. Los estoicos arguyen que la interpretación racional de la experien cia requiere el lenguaje. Un pasaje de Sexto Em pírico ilum ina sobre este punto:
«L os estoicos dicen que el hombre difiere de los anim ales irra cionales, no por el discurso hablado — pues los grajos, papagayos y picarazas usan de sonidos articulados— , sino por el discurso interior, ni difiere tampoco por la simple representación— , pues tam bién aquéllos usan de la representación— sino de las im presiones creadas '* Los estoicos celebrarían coincidir con Noam Chomsky en que «la persona que ha adquirido conocimiento de un lenguage ha ‘internacionalizado un sistema de re glas que relacionan sonido y significado de un modo particular», Language and Mina
128 F ilo so fía h e le n ístic a
por inferencia y combinación. Esto lleva al hombre a poseer una idea de conexión, y de este modo llega al concepto de signo; porque el signo en sí es algo que tiene la form a siguiente: « s i esto, entonces aq u ello »; por lo tanto, la existencia de un signo deriva de la n atu raleza y constitución del hombre
(Adv. math.,
V I I I , 275 y s. =SVF,
II , 223, p. 74).La relación entre im presiones y pensam iento articulado es situada aquí en un contexto lógico. Un hombre es una criatura dotada naturalm ente de la capacidad de ver conexiones (y de usar el lenguaje). H acer esto es pensar articuladam ente, hablar con uno mismo, ordenar las im presiones de la experiencia y crear nuevas ideas con ellas. P ara los estoicos, el mundo todo es la obra de un
l o g o s
o razón y, en su capacidad de pensam iento articu lado, se le supone a un hombre en posesión de medios para form ular afir maciones que reflejen los acontecimientos cósmicos. E l lenguaje es parte de la naturaleza, y provee al hombre del medio para expresar su relación con el mundo.Podemos pasar ahora a la cuestión principal de esta sección: ¿qué es
para el estoicismo conocer algo? De acuerdo con Zenón
(SVF,
I, 6 8 ), conocer algo es haberlo aprehendido en tal m anera que tal aprehensión no pueda ser descalificada por argum ento alguno. E l térm ino griego utilizado
por los estoicos para indicar la comprehensión es
katalêpsis,
y algunos aspectos de esta noción fueron ya considerados en el últim o capítulo con referencia a la crítica hecha por los escépticos de la Academ ia. A hora ello puede situarse en su propio contexto estoico.
Los estoicos analizaron la percepción como acto m ental en que «asen tim o s» a una im presión. Los objetos exteriores provocan alteraciones en la m ateria (arte o agua) que los circunda, y bajo condiciones apropiadas, esos m ovim ientos de la m ateria interpuesta se comunican a nuestros órganos sensoriales. Son entonces transm itidos al principio rector en el interior del cuerpo, que tiene su centro en el corazón. El resultado de este proceso es u n a im presión, que Crisipo describe como «u n a modificación del principio
rector»
(SVF,
II, 5 6 ). H asta ahora, la percepción es concebida como algoen que el propio pensam iento sufre la acción de objetos exteriores. Zenón ilu stra esta etapa comparando con una mano abierta. C ierra luego un tanto su mano, y así representa la respuesta del principio rector a la im presión: la m ente asiente a ella. Luego, el puño cerrado lo com para con el conocer («ap reh en sió n »). Y , finalm ente, asiendo su puño con la otra mano, dice: «A esto se parece el conocim iento» (C ic.,
Acad.,
I I , 145).Son los prim eros estadios los que nos interesan ahora. A l distinguir entre la pasiva recepción de im presiones y el acto m ental de asentim iento, los estoicos establecen una distinción entre el mero darse cuenta y la noticia o percepción o prestar atención a algo. M erced al cúmulo de conceptos ob tenidos a través de la experiencia, el principio rector no queda norm alm ente lim itado, en su reacción, a registrar tomas de conciencia de la im presión. Responde a la impresión interpretando y clasificándola, viéndola ya, por
El esto icism o 129
ejem plo, como un perro negro y no m eram ente como una figura de cierto
color y talle
u .
La percepción es correctam ente tratada por los estoicoscomo una forma de juicio: al asentir a la im presión estamos adm itiendo que nuestra experiencia sensorial se corresponde con cierto hecho expresable, por ejem plo, que lo que veo es un perro negro.
M as ¿no puedo estar equivocado? Los estoicos adm itirían tal posibilidad. El mero hecho de que yo acepte una im presión como «estar viendo un perro negro» no ofrece garantía de que tal objeto, en efecto, exista fuera de mi conciencia. M ala salud, una alucinación, la luz deficiente u otras condiciones pueden distorsionar mi visión y hacer falsos muchos juicios perceptivos que yo pretenda form ular. Pero los antiguos estoicos postulaban la existencia de una clase de im presiones, en base a las cuales me es im posible formar
un juicio falso (los estoicos tardíos condicionaban esta pretensión, ver
infra).
«L a im presión cognoscitiva» sale «sellad a y m oldeada por el objeto de donde procede con un carácter tal que no podría poseer si viniera de un objeto distinto de aquél de que de hecho procede» (C ic.,
Acad.,
I I , 18; cf.Sexto,
Adv. math.,
V II, 4 0 2 ). Tales im presiones, como lo asevera la cuidadosa definición, son verídicas sin engaño posible, y , al asentir a ellas al canzamos el tercer estadio en el sim il de Zenón de la mano: aprehendemos algo.
¿Q ué es lo que aprehendem os? No m eram ente la im presión. L a im presión es algo «qu e se revela a sí mism a y a su causa»
(SVF,
I I , 5 4 ). Y su causa, en el supuesto de una im presión cognoscitiva, es el «o b jeto re a l». A sí, al asentir a sem ejantes im presiones, tam bién aprehendem os el objeto que las provoca ls. Esta es una manera de presentar la teoría estoica, mas al hacerlo así suscitamos una dificultad que hay que afrontar. Las palabras «objeto re a l» son sólo una traducción aproxim ada del original griego. La frase griega es en su m áxim a literalid ad : «aq u ello que es», y la palabra para « e s »( h y p a r ch ei)
puede usarse en sentido de « e x is te » o «es re al» o «es el caso» ’9. H ablamos en nuestro idiom a (inglés o español) de objetos que existen o son reales, y así, dado que la causa de una im presión cognos citiva es un objeto físico, resulta razonable decir que las im presiones cog noscitivas nos habilitan para aprehender lo que existe o lo que es real (cf.Sexto,
Adv. math.,
V I II, 85). M as lo que aprehendem os significa también«qu e algo es el caso», por ejem plo, «q u e yo veo un perro n egro »; en verdad, sólo en sentido metafórico puede decirse de nosotros que «captam os o aprehendemos el objeto», porque no hacemos físicam ente presa de él. Po demos in terp retar la posición estoica diciendo: «asentim os a la im presión
d e q u e
realm ente hay un perro negro, al que vem os».L a característica especial de la representación cognoscitiva es que «puede ser cap tad a». Se supone que esto lo reconocemos instintivam ente. No es que
17 Sobre este punto y sobre la «impresión cognoscitiva» en general, cf. Sandbach, cap. 1 de P rob lem s in Stoicism . ■
'* Cf. Sandbach, ibid.
” Para un tratamiento más detallado de este punto y de lo que sigue, ver nues tro estudio en el cap. 5 de P rob lem s in Stoicism .
130 F ilo so fía h e le n ístic a la im presión cognoscitiva sea capaz de suyo de procurar toda la información que necesitamos para decir «esto es un perro n egro». Una afirmación for m ulada en esta forma tam bién requiere una previa adquisición de ciertos conceptos. La im presión cognosctiva garantiza que existe, en efecto, un objeto que corresponde cabalm ente a la misma. Nuestros conceptos generales nos hab ilitan para que el asentim iento a una im presión cognoscitiva sea un
reconocimiento de
aq uello
que es su correspondiente objeto 20.Como hemos visto, los escépticos de la A cadem ia atacaron duram ente esta teoría cognoscitiva de la representación. N inguna im presión, argüían, puede garantizar su propia veracidad. Los estoicos replicaban que, a menos que algunas im presiones sean inm ediatam ente dignas de crédito, no puede haber ninguna base firme para el conocimiento. Y , continuaban, algunas im presiones son precisam ente de esta clase. M as, ¿cómo podemos estar absolu tam ente ciertos de que una im presión particular se corresponde necesaria m ente con un hecho u objeto p articu lar? Si los estoicos se hubieran detenido antes de postular la «necesaria correspondencia» habrían logrado guardarse de los más duros ataques de los escépticos. Pero, de hecho, defendían una posición que siem pre estaba abierta a la réplica: «¿cóm o sabes que esta im presión cognoscitiva es co gnoscitiva?». Los estoicos posteriores, enfrentados con estas objeciones, concedieron que aún una im presión cognoscitiva podía ser m al interpretada, debido a particulares circunstancias; y añadieron a su especificación de tal criterio , «con tal de que no encuentre obstáculo» (Sexto,