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El sabio estoico: examen de la virtud

In document Anthony A. Long, La filosofía helenística (página 196-200)

El sabio es definido por su pericia moral. El conoce infaliblemente lo que ha de hacerse en cada situación de la vida, y da todos los pasos para hacerlo en el tiempo justo y en el modo justo. Mas suponed que deseamos formar juicio acerca del

status

moral de cierto hombre a quien estamos ob­ servando. ¿Existen pruebas que podamos aplicar, independientemente de sus afirmaciones acerca de sí mismo, y mediante las cuales podamos formar una opinión razonable? No es suficiente que se le vea ejecutar acciones «apro­ piadas», ya que éstas, según el concepto estoico de carácter o disposición, no dan indicación alguna acerca del estado mental de un agente. Sexto Empí­ rico argüía que los estoicos son incapaces de aportar un testimonio por el

El estoicismo 201 cual quepa juzgar la «disposición prudente» del sabio

(Adv. math.,

XI, 200-6). El considera un nuevo criterio, «firmeza y orden», y postula que también éste resulta ilusorio, ya que el sabio ha de adaptarse siempre a circunstancias cambiantes

(ibid.,

207-9). Mas esta crítica no da en el blanco. Es posible perfectamente actuar de modo diferente conforme a sucesos cambiantes, y mantener seguros y firmes los principios morales. Una ca­ racterística del sabio, que no menciona Sexto, es la conducta «oportuna» 85. Los estoicos justificaban el suicidio basándose en que tal acto, en circuns­ tancias extremas, podía resultar lo racional86. El suicidio no puede ser formulado como regla general, tal como lo apropiado para mantener la sa­ lud propia. La preservación de la propia vida resulta conforme con la naturaleza humana en la mayoría de las situaciones. Pero muchas de las cosas conformes con la naturaleza humana no son apropiadas incondicio­ nalmente. «Oportunidad», en el sentido estoico, ha sido cabalmente defi­ nida como «el punto en que se encuentra el proceso de las acciones de un hombre y que coincide con aquellos sucesos que son el resultado de una cadena de causas llamada destino» 87. El suicidio es un ejemplo extremo de conducta contraria a los propios intereses del hombre en la mayoría de las circunstancias, la cual, no obstante, puede ser racionalmente defendida en ciertas situaciones. Si observáramos a un hombre cuya conducta hubiera siempre satisfecho todos los principios generales de lo apropiado —que hubiera mirado por su salud, su familia, su hacienda y los intereses de los otros—, que voluntariamente se sometiera a prisión injusta, tortura o pú­ blico vilipendio o que, aún más, librara su vida, o la de un allegado doliente, de la más penosa y fatal enfermedad, habría razón para tener a ese hombre como posible candidato a sabio. La defensa que hacen los estoicos del cani­ balismo, del incesto y la no inhumación en circunstancias excepcionales

( SVF,

II, 743-756), hay que situarla en este contexto de oportunidad.

Mas existe una prueba más importante a la que podríamos acudir. El sabio estoico está libre de toda pasión. La ira, la ansiedad, la codicia, el miedo, la exaltación, éstas y semejantes pasiones extremas están todas ellas ausentes de su disposición. No considera el placer como algo bueno, ni el dolor como algo malo. Muchos de los placeres o dolores de una persona son cosas que ésta puede guardar para sí, mas es difícil concebir que alguien sujeto a ira, miedo o júbilo, nunca revele su estado mental a un obser­ vador de fuera. El sabio estoico no es insensible a las sensaciones dolorosas o placenteras, mas éstas no «conmueven su alma con exceso». Queda im­ pasible ante ellas. Mas no es enteramente impasible, contrariamente a la concepción popular de un estoico. Como notamos antes (p. ej., 176 n. 2), su disposición se caracteriza por «buenos estados emocionales». La bene­ volencia, el deseo de cosas buenas en favor de otro; la alegría; la compla-

SVF, III, 630; la palabra latina es opportune, cf. Cic. Fin., III, 61.

“ J. M. Rist presenta un buen estudio de las actitudes estoicas respecto al suici­ dio, Stoic Philosophy, cap. 13.

"7 D. Tsekourakis, Studies in the Terminology of Early Stoic Ethics. Tesis de Doctorado en Filosofía presentada en la Universidad de Londres (1971), pp. 91-2.

202 Filosofía helenística cencía en acciones virtuosas, una vida tranquila, una buena conciencia (Sen.,

ep.

23, 2) y «cautela», un razonable desapego. Como Aristóteles, los estoicos miraban la actitud emocional que acompaña a las acciones como índice de carácter moral88.

La ausencia de pasión y la presencia de las cualidades acabadas de enu­ merar proporcionan un baremo objetivo para distinguir posibles sabios de entre otros hombres. Añadidas a los criterios ya mencionados, sientan un canon de excelencia que, dentro de ciertos límites, podría ser aplicado por un observador, caso de que acudiesen candidatos. No sorprende el que los mismos filósofos estoicos no salgan aprobados en tal examen ni sepan de nadie que lo pasara.

El punto de partida de este largo capítulo es una cita que habla de la notable «coherencia» del estoicismo. Contrariamente a Aristóteles, los es­ toicos no miraron la ética como una ciencia cuyo tema es impreciso, en contraste con el de la metafísica. Los estoicos trataron de fijar como filo­ sofía moral una serie de valores y principios de conducta que estuvieron tan seguramente fundados como las leyes de la Naturaleza, de donde las hacían derivar. El concepto de «consecuencia» o «que se sigue de que» es el eje de todo el sistema. Las leyes del Universo son expuestas con un estricto nexo causal. Como filósofo natural, el estoico describe los efectos de su sistema; como lógico, analiza lo que puede decirse acerca de ello y las leyes que ellos sancionan, y como filósofo moral, contempla sus im­ plicaciones en el humano bienestar y conducta. Hemos visto que el sistema resulta inconsecuente o proclive a la incoherencia en ciertos puntos cru­ ciales. Dos aporías fundamentales y relacionadas son: primera, la utiliza­ ción de la Naturaleza, tanto para describir hechos objetivos como para sancionar valores, y segunda, el concepto de «asentimiento racional» como algo «en nuestra mano», al nivel de conciencia subjetiva y, con todo, al parecer, objetivamente determinado por la necesaria secuencia de causa y efecto. Los estoicos mostraron una considerable ingenuidad al intentar re­ solver esos dilemas, pero el resultado no acaba de ser satisfactorio.

Mas, por cuanto conocemos hoy día, la libertad de la voluntad no es más que un fenómeno de la conciencia humana. Las acciones humanas po­ drían estar relacionadas causalmente con sucesos antecedentes de suerte que, en principio, llegasen a explicarse plenamente por leyes físicas o químicas. Si tal fuera el caso, ello podría tener notable efecto en nuestro concepto de responsabilidad moral. Mas la necesidad de valorar las acciones y desig­ nar ciertos estados de cosas como mejores que otros, existiría todavía. Parte de^ interés contemporáneo por el estoicismo se funda en su intento por elaborar una teoría moral altamente desarrollada, con hechos objetivos, hechos que dan razón de tendencias humanas innatas, influencias del en­ torno y leyes que gobiernan todos los fenómenos naturales.

Existen muchos otros pormenores, alguno de los cuales he señalado,

““ Para una comparación entre ambos, cf. pp. 79-82 del artículo citado en n. 79, p. 195. Más generalmente en J. M. Rist, Stoic Philosophy, cap. 3.

El estoicismo 203

que apuntan a intereses modernos. Con todo, en última instancia, el estoi­ cismo desafía toda simple comparación con desarrollos que caen antes o después de él. Los estoicos ofrecen una imagen del mundo completa, y en un sentido, como ellos mismos observan, uno tiene que aceptarlo todo o nada. Aquellos puntos en que parecen de acuerdo con otros filósofos deben ser considerados en el contexto del sistema total. Si preguntamos qué filósofo moralista de tiempos posteriores se acerca más a los estoicos, dos candidatos son particularmente dignos de mención: Kant, que fue cier­ tamente influido por ellos, es un esforzado paladín 89. Su «imperativo ca­ tegórico», algo «concebido como bien

en si

y, en consecuencia, como siendo necesariamente el principio de una voluntad que, de suyo, concuerda con la razón»

(Etica,

38), suena muy parecido a la estoica «recta razón». El valor que los estoicos otorgaban al contenido subjetivo de una acción moral, y su relación con la necesidad objetiva o ley universal, difícilmente pueden ser puntos de parecido accidentales con la moral kantiana. Mas, para Kant, el bienestar o la felicidad no es constituyente de la bondad moral, en tanto que la virtud estoica constituye algo que cuenta

par excellence

en los intereses del hombre.

Pflicht

(deber) y

Wille

(voluntad) no tienen en el estoicismo nada que se corresponda con ellos con alguna justeza, y son conceptos kantianos fundamentales.

Otro esforzado paladín es Spinoza. Consideremos su proposición: «En la naturaleza de las cosas nada sç muestra contingente, sino que todas vienen determinadas por la necesidad de la divina naturaleza para existir y obrar de un cierto modo

(Etica,

parte I,

prop.

XXIX). O bien: «Todas las ideas, en cuanto hacen referencia a Dios

(sc.,

o Naturaleza), son verda­ deras» (parte II,

prop.

XXXII). Mas Spinoza renunció a los significados convencionales de virtud y vicio. Más rigurosamente determinista que los estoicos, rechaza completamente la idea de todo propósito que una persona esté llamada a cumplir. Como los estoicos, consideraba la felicidad como totalmente dependiente de la comprensión de la Naturaleza y del puesto del hombre en ella. Y también subrayaba, como ellos, la necesidad de aprehen­ der las causas del apasionado amor y odio del hombre hacia objetos que no tienen relevancia para la felicidad. Mas la «libertad» mental que tal comprensión puede acarrear, aunque sorprendentemente similar al estado del sabio estoico, no es un fin que la Naturaleza de Spinoza proponga cumplir al hombre. Spinoza no tendría nada que ver con causas finales. El placer y la prudencia, no una disposición de la Naturaleza en favor de una promoción activa por el hombre del bienestar del mundo, son los mo­ tivos que inspiran al filósofo de Spinoza hacia la fortaleza y la nobleza.

89 Cf. W. Schínck, «Kant und die stoische Ethik», Kant Studien XVIII (1913) 419-75.

Capítulo 5

DESARROLLOS POSTERIORES EN LA FILOSOFIA

In document Anthony A. Long, La filosofía helenística (página 196-200)