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ATRÉVETE A SER AQUELLO QUE PUEDES LLEGAR A SER

«Todos somos ángeles de una sola ala,

y la única forma de poder volar

es abrazándonos los unos a los otros». (Qué bello es vivir)

Lo único que podemos anticipar con toda certeza es el cambio constante. Aquí nada es estático. Y aunque Albert Einstein aconsejaba no perder el tiempo pensando en el futuro, «porque llega demasiado pronto», tenemos que admitir que la vida es lo que es, y será mejor que preparemos a nuestros hijos, ya que, si hay algo seguro, es que el mundo en el que vivirán será diferente.

Einstein creía que, de cara a ese futuro (y especialmente en épocas de crisis), era más importante la imaginación (el hemisferio derecho) que el conocimiento (hemisferio izquierdo). Tan importante es el uno como el otro, y el equilibrio entre ambos nos hará ganarlo (favorecer un único hemisferio es como correr una maratón utilizando únicamente una de nuestras dos piernas).

Pero el recuerdo (el hemisferio izquierdo) es pasado y finito, y la visión (el hemisferio derecho) es futuro e infinita. La visión es más grande que la historia (aunque, si alguien nos cambia el pasado y nosotros se lo permitimos, modificará también en gran medida nuestro futuro y nuestras opciones). La visión es más grande que nuestro bagaje y es superior también al dolor y a las experiencias pasadas. Cuando hablamos de visión, no solamente hablamos de lo que es posible, sino de lo que vemos en los otros cuando les miramos a los ojos, de su potencial. Es algo más que hacer cosas o crear y fabricar productos o servicios. Es más que sacar adelante el trabajo o realizar tareas. Es más que lograr algo o que llegar a algún sitio. La visión tiene que ver con descubrir, crecer y expandirnos. Con ver al otro no como es, sino como puede llegar a ser. Con creer en él, reconocerlo y tal vez inspirarle.

«Siempre que enseñes, enseña a dudar de lo que enseñas».

La formación mayéutica se expresa habitualmente por medio del símbolo, la paradoja y la aparente contradicción. Nos indica una tarea, nos pone en marcha, nos plantea la naturaleza de las cosas, lo lógico y lo aparentemente ilógico, y actúa sobre nosotros de manera indirecta durante mucho, mucho tiempo; a veces, durante toda la vida.

– Todos en la aldea le aprecian. ¿Qué piensa usted? – Eso no basta –contestó el maestro.

– Todos en la aldea le miran mal. ¿Qué piensa usted? – Eso tampoco basta –contestó el maestro.

– ¿Sería mejor decir que unos en la aldea le aprecian y que otros le miran mal»?.

– Asegúrate, amigo mío, de andar con prudencia al tratar con un hombre al que la multitud no aprecia. Asegúrate de andar con prudencia en el caso de un hombre al que la multitud aprecia.

La mayéutica ha sido definida como el arte de iluminar los espíritus. Es una técnica pedagógica que intenta hacer progresar el raciocinio y no la simple transmisión de conocimientos.

El mundo necesita gente que nos enseñe a pensar. Enseñar y, al mismo tiempo, hacer dudar de lo que se enseña, para que cada cual piense y concluya por sí mismo. Expresarse a través de la paradoja, de lo aparentemente contradictorio, de los símbolos. Una formación que nos indique una tarea, que nos ponga en acción, que nos plantee un reto; una formación que actúe sobre nosotros, pero indirectamente, como en un segundo plano.

«El narrador de emociones» no va a aportarte más de lo que tú quieras que te aporte; tampoco hará el trabajo por ti, No te dirá lo que «tienes que», «debes» o «deberías» hacer o dejar de hacer. Busca inspirarte para que seas tú quien llegue ¡por ti mismo! a tu propia conclusión. No te da respuestas, porque no existe una única respuesta, sino tantas como personas habitamos el planeta. Te hace preguntas y te cuenta cuentos en espiral, no en capítulos; cuentos que son a su vez relatos con un relato oculto y con un significado distinto para cada persona, dependiendo de sus circunstancias, realidad, creencias y visión. No te dice claramente: «tienes que estar listo y saber

improvisar sobre la marcha (lo que en la práctica significa tener tu mente subconsciente

programada para accionar en la dirección correcta) y adaptarte a los cambios que

inevitablemente llegarán, haciendo los ajustes necesarios», sino que espera que a

través de un ejemplo, de una biografía, de un pensamiento inspirador o de una leyenda, llegues a tu propia conclusión y a tu propia respuesta, como en la siguiente historia que, dicen, fue cierta:

No hay acción, sin una chispa de locura, sin una sinrazón soberana que se burle de las razones. En la Edad Media, un hombre virtuoso fue acusado injustamente de asesinato. En realidad, el verdadero autor había sido otro, pero desde el primer momento se buscó un «chivo expiatorio» que encubriera al verdadero culpable. Las razones y las personas que debían de estar detrás se nos ocultan, pero podemos imaginarlas. Aquel hombre fue llevado a un juicio en el que muchos de los allí presentes, cómplices de lo que iba a suceder, sabían a ciencia cierta que tenía nulas posibilidades de escapar del terrible veredicto: la horca.

El juez, cómplice también de aquella trama, cuidó, no obstante, de dar todo la impresión de un juicio justo y, por ello, se dirigió al acusado en los siguientes términos:

– Conociendo tu fama de hombre honrado y honesto, voy a dejar en manos del azar tu destino. Que sea la propia vida la que dicte sentencia. Que sea ella la que diga si eres culpable o inocente. Aquí hay dos trozos de papel perfectamente doblados. En uno de ellos está escrita la palabra INOCENTE. En el otro, CULPABLE. Escogerás uno de los dos, y así serás tú mismo el responsable último de tu éxito o de tu fracaso; que sea tu propia elección la responsable final de tu ventura o desventura. Nosotros no podemos ayudarte ni influirte en un sentido u otro. Toma tú tu propia decisión y asume la responsabilidad de la decisión que tomes.

Por supuesto, un funcionario también implicado en el complot había preparado dos papeles con la misma leyenda: CULPABLE. Y la pobre víctima, aun sin conocer los detalles, intuía que aquel sistema propuesto, perfecto en las formas, era en realidad una trampa y que no tenía ninguna posibilidad de escapar de una muerte segura.

El juez invitó a aquel hombre a tomar uno de los dos papeles doblados. El hombre respiró profundamente y se quedó en silencio durante unos segundos, meditando con los ojos cerrados. Y cuando la sala comenzaba a dar las primeras señales de impaciencia, los abrió y, con una extraña y luminosa sonrisa, tomó uno de los papeles, lo llevó a la boca y lo engulló a toda velocidad. Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon:

– Pero ¿qué has hecho, calamidad? ¿Cómo vamos a saber ahora el veredicto?

– Es muy sencillo de averiguar –contestó el hombre–. Lo único que tienen que hacer es leer el papel que queda, y así sabremos exactamente lo que decía el que yo me tragué.

Con una mala actitud y peores modales, aquellos hombres tuvieron que deliberar hasta el amanecer para concluir que el acusado era inocente, salvando así su vida.

La formación mayéutica es una escuela de todas las cosas; es, por así decirlo, una escuela de vida. Te ayuda a ser intuitivo y flexible. Necesitas capacidad de adaptación para conocer los perfiles de las personas que tienes al lado y la sensibilidad necesaria para aprender a escuchar e identificarte con lo que estás haciendo. Te obliga a desafiar tus propios límites una y otra vez. Pero cuando miras atrás y descubres todo el bagaje de experiencias y vivencias, te das cuenta de que tu profesión es un tesoro; no es, sin embargo, más dura que otras, pero sí exige un cierto nivel de energía y autoconfianza, porque estás viviendo cada día diferentes formas de interpretar la vida. Entretienes, te entretienen, aprendes y motivas a la acción y a la creación de un buen clima de trabajo. Entiendes que el colectivo genera un alma, un espíritu. Aquí dejas de gerenciar los sueños de otro y tienes que dirigir tu propia vida. Nadie te pide nada. Es terrible. Es lo más terrible.

Si has llegado leyendo hasta aquí, puedes estampar tu firma al lado de las nuestras, porque espiritualmente el libro es también tuyo. En él hemos tratado de conciliar tradición y modernidad; espiritualidad y materialismo; sensibilidad y ética de la eficacia;

sentido común y estrategia; prudencia y recursos; ternura y fuerza descomunal; visión y resultados contantes y sonantes; pasión y ganarse la vida viviendo la vida; tener acceso a nuevas ideas y ponerlas en práctica como un derecho y nunca como una obligación. Hemos tejido lo mejor que hemos sabido estas páginas, pero no merecemos el mérito del algodón ni del lino, porque nos hemos apoyado en lo que Anthony de Mello llamaba «las historias comunes y corrientes que son la herencia espiritual de la raza humana».

– ¿Dónde está la verdad? – En la vida de cada día.

– En la vida de cada día yo no veo la verdad, maestro. – Esa es la diferencia: que unos la ven y otros no la ven.