«Uno por ciento de inspiración y noventa y nueve por ciento de transpiración».
– Edison
«No basta con tener la voz más melodiosa para entonar un tango. Ni con sentirlo además. Hay que vivir su espíritu», decía Carlos Gardel. Hacen falta inspiración y transpiración. Sin ese uno por ciento de imaginación, de intuición y de creatividad, no lo lograremos. Obviamente, sin el otro noventa y nueve por ciento de transpiración, de sudor, de trabajo y de técnicas aplicadas, tampoco.
La clave está en los sentimientos y en las emociones, no en la materia ni en la enseñanza. Estructura cada día de curso o conferencia en base a dos o tres conceptos importantes, bien segmentados y breves, para facilitar su comprensión, asimilación y puesta en práctica. Olvídate de ti, transfórmate en lo que estás haciendo, sé un profesional. A papel sabido, no hay mal actor.
Todos podemos hablar en público. Es una habilidad innata que poseemos aunque no lo sepamos. Está en nuestro «disco duro», en nuestro ADN. Prueba a darle un pisotón en plena calle a la persona número 100 con la que te cruces, y verás cómo argumenta, con qué pasión, entusiasmo y coherencia dice lo que dice. Observa cómo le habla a un público que no conoce ¿Sabes lo mejor? no tenía preparada su intervención. Lo único que necesitamos para hablar en público es tener algo que decir.
Las claves siempre han sido y serán la pasión y el entusiasmo. Hablarás más deprisa, vivirás tu creencia, serás más específico y le pondrás más pasión, porque el tiempo ¡amigo mío! se te echa encima. La gente lo percibe; tiene la sensación de estar ante algo escaso. Quedarán con ganas de volver a verte. Te dará una sensación de dominio interno, y el grupo se comprometerá más y te respetará más. Si estás preparado para dictar una conferencia de media hora, ten preparado material para trabajar durante una hora o más. La parte más interesante de cualquier conferencia es la preparación que la precede.
Contar un cuento es conspirar, y «conspirar» es «respirar juntos». Los cuentos nos permiten reconocernos, «volver a conocernos». Nuestra mente es como un paracaídas:
solo funciona cuando está abierta. A la mente subconsciente (la ilimitada, la ciega) hay que hablarle como a un niño: con sutileza, ternura, poesía y cuentos. El subconsciente se cierra al lenguaje de la imposición y se abre al de la imaginación. En palabras de Shakespeare, «estamos hechos de la misma materia que los sueños». Se ha dicho que «nuestra mente es como un ordenador», y probablemente lo sea. Sin embargo, a un ordenador le tecleamos «eliminar fichero», y lo elimina. Nuestra mente no puede eliminar nada: lo que pasó, pasó; y lo que está ahí, está y seguirá estando ahí hasta el final. Lo que sí podemos hacer es reprogramarla; añadir otra calidad de información que contrarreste la ya existente. Somos historias que contar, que narrar y que compartir. Las fórmulas «érase una vez» y «había una vez» siguen atrayendo nuestra atención y encendiendo pasiones, imaginaciones, corazones.
Queremos anécdotas. Que sean breves y personales... ¡y directamente relacionadas conmigo! Queremos cuentos que sean relatos que contengan a su vez un relato secreto, que no me diga cómo tengo que hacer las cosas porque «yo ya sé cómo tengo que hacerlas». Queremos, en definitiva, pasión creativa. Es frecuente oponerse a un hecho o a un criterio, pero es casi imposible resistirse a un relato. Los que aparecen en «El
narrador de emociones» pertenecen a la herencia espiritual colectiva de la raza humana
y están alineados intencionadamente, dejando al descubierto las enseñanzas ocultas que se esconden detrás de las técnicas. Aprendemos jugando, riendo, escuchando, pensando e interiorizando historias. También cuando podemos emocionarnos. El ser humano, cuando se ve libre de presiones y se siente aceptado y respetado por lo que es, se transforma y eleva. Cada relato profundiza en tu autoconocimiento. No cedas a la tentación de creer que «esta conferencia es para mi vecino» o que «todo cuanto aquí se dice le vendría como anillo al dedo a fulanito de tal, y a más de uno que yo me sé». Escuchar con atención un relato es arriesgarse a no volver a ser el que uno fue; porque, una vez escuchado, aquel seguirá penetrando en nosotros. Romperá defensas y provocará a nuestra mente subconsciente. No puedes vender nada que tú mismo no estarías dispuesto a comprar. Sigue tu propio pensamiento, en lugar de tratar de acomodar opiniones, credos y teorías de otros.
Escribe poco, mira al auditorio, letras grandes, pocas palabras (la mayoría deben ser dichas) y rotuladores gruesos de cuatro colores. Al utilizar rotuladores muy gruesos
consigues que el mensaje llegue con mayor nitidez. Como normalmente en las salas suele haber rotuladores finos, lo mejor es llevarlos uno. Y de cuatro colores:
– Verde (para escribir lo constructivo, lo que debe recordarse. No abuses de él) – Rojo (para aquello que no debe hacerse, para resaltar el peligro);
– Negro (para los mensajes neutros).
– Azul (la mayor parte, aquello que es necesario aprender. pero no tan vital como lo escrito en verde).
Aprende a escribir mirando a tu audiencia la mayor parte del tiempo. Busca no dar la espalda a quien te escucha.
La pasión es el amor necesario para transformar lo que estoy siendo en acción. Solo en la actividad desearás vivir cien años, dice un viejo proverbio japonés. El miedo es imaginar con detalle que ocurre lo que no quieres que ocurra.
El miedo causa dificultades orgánicas, acorta nuestra existencia y nos cierra la boca cuando queremos hablar. El miedo es la causa de que hoy alguien, en algún lugar, esté avanzando menos de lo que puede avanzar. La confianza se elige, se crea, se construye y se desarrolla... no negándote, sino aceptando lo que eres y admitiendo la situación, al menos por ahora.
Cuida las pequeñas cosas, y las demás se cuidarán solas. Subir de altura las ayudas mecánicas (todas las ayudas mecánicas) no garantiza una presentación extraordinaria; sí te ayuda en una representación a priori difícil y necesariamente distante. Transmite seriedad.
El error más grave que puedes cometer es creer que no eres lo bastante inteligente. Pero lo importante no es lo que sabes, sino aquello que haces con lo que sabes. No empieces con una sala desangelada, cada uno por un lado. Acerca a la gente hacia ti y procura que las personas estén lo más juntas posible, que no haya huecos ni sillas vacías entre ellas. Concentra la energía. Este principio –«todos juntos, todos cerca»– es igualmente válido para las proyecciones de vídeo.
El éxito radica en lograr la atención del espectador, en sorprenderle y en fidelizar sus gustos. El trasfondo de las historias no tiene por qué variar (la esencia no cambia, los principios son inmutables), pero sí la forma de contarlas y el rol de los personajes. Cuando hay una coherencia entre lo que dices, lo que haces y lo que eres, tus acciones son positivamente contagiosas y alumbran ideas que ya están (quizá dormidas o solo en estado latente) dentro de cada oyente.
Un grupo no es homogéneo, y en cualquier momento (de un día para otro y sin razón aparente) puede romperse y venirse abajo. «Ni fíes, ni te fíes, ni confíes, ni porfíes». No asumas la creencia ni la confianza de nadie porque sí, ni a las primeras de cambio. Demuestra tú primero que esa persona puede confiar en ti. No es prudente confiarse. Menos aún relajarse o bajar la guardia. Sigue estrictamente un sistema riguroso, capaz de poner límites claros en tu relación con el otro («porque mi intención no es mimetizarme contigo, sino acercarme a ti desde nuestras diferencias, y porque no tengo intención de invadirte, ni permitiré que me invadas»). Ningún grupo es homogéneo. Siempre hay diferentes sensibilidades. Simple y llanamente, aplica lo mejor que sepas los principios que sabes que tienes que aplicar. Nada más. No te compliques más. No te relajes más. «Para con otros, un corazón y un sendero de amor; para con uno mismo, uno de acero».
Hoy la lavadora de la casa ha dicho «¡basta!». Y lo ha dicho violentamente. Han sido 15 años de honestos y leales servicios, pero hoy se ha negado a seguir. Me cuentan que ya no se arreglan, que lo mejor es comprar una nueva, que la avería es sencilla, pero que ya no existen piezas de ese modelo y que, aprovechando que estamos en la semana de las oportunidades, y por muy pocos euros al mes...
– Si puedo darle un consejo –me dijo el vendedor–, llévese la más simple y sencilla de manejar que encuentre. Tal vez no le dure 15 años, pero le ahorrará dolores de cabeza y tendrá que leerse menos veces el catálogo de más de 60 páginas que acompaña por lo general a cada modelo de lavadora.
Triunfará quien una lo útil a lo agradable; lo práctico a lo divertido; lo necesario para la supervivencia, el desarrollo y la mejora continua, a lo cómico, a lo sencillo, a lo recreativo y a lo participativo.
5.1. Ten un buen estado emocional
«Cuando mires, preocúpate por ver con claridad. Cuando escuches,
preocúpate en entender claramente».
– Confucio
Todos tenemos dos vidas. La segunda comienza el día en que te das cuenta de que solo tenemos una. Hay personas que están llegando adonde decidieron llegar y viviendo la vida que quisieron vivir. Si uno las observa, concluye que muchas tenían ya la íntima convicción de lo inevitable, de que no podía ser de otro modo, de que su sueño las llenaba y de que no había fisuras. Esta certeza tiene mucho que ver con lo que ahora se denomina «autosugestión». Sucede que el fracaso no puede hacer mella en ellas. Es como si inconscientemente estuvieran inmunizadas. Como si cada experiencia fuera una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Inician cada conversación sabiendo que «algo bueno saldrá de ella». Como si supieran que están llamadas a encontrarse con quien ya les busca a ellas. Como si intuyeran que todo lo que ocurre no es por casualidad, que todo tiene una finalidad, una razón de ser. Como si descifraran el sentido de las cosas, tal vez porque ven en cada suceso una señal de avance; tal vez porque, cuando algo no se ajusta a su visión, se preguntan:
• ¿Qué tengo que aprender de esta situación? • ¿Por qué ha tenido que ocurrirme esto a mí?
• ¿Cómo puedo transformar esta adversidad en una ventaja?
• ¿Cómo puede ayudarme este suceso o acontecimiento inesperado, en mi búsqueda personal?
«Inspiración» proviene del latín «in spiritu» y significa «en el espíritu» o «del espíritu». Cuanto mejor sea este, mejor será tu formación. Tu mayor prioridad es cuidarte mental, física, emocional y espiritualmente. Si tú no lo haces, nadie lo hará por ti.
En tu comportamiento, preocúpate por ser agradable. En tu actitud, preocúpate por ser respetuoso. Cuando hables, preocúpate por que tus palabras sean leales. En tu cometido, preocúpate por ser formal. En la duda, preocúpate por informarte. Cuando te enfades, preocúpate por las consecuencias. Cuando obtienes una ventaja, preocúpate por que no sea en detrimento de la justicia.
Todos tenemos un momento en nuestra vida en el que podemos hacer grandes cosas: ¡es ese momento en el que nada nos parece imposible! Pero si nos enseñan todo, no aprendemos nada, porque la vida es, en esencia, un proyecto personal, algo para realizar uno mismo, y muchas veces no coincide ni con lo que parece evidente, ni con lo que se lleva, ni con lo que predomina.
Trabaja en tu idea. Decide también qué harás en caso de derrota. Un plan, por muy razonable que pueda parecernos, no puede concebirse sin alternativa.
Dirígete a la mente consciente, pero, sobre todo, a la subconsciente. Piensa que, si el violinista tuviera que estar pendiente del movimiento de sus dedos, no podría tocar. Es posible que haga falta mucha ingenuidad para hacer grandes cosas. Pero no se trata de dudar de todo. Tampoco de creerlo todo. Aprobarlo todo suele ser ignorancia; reprobarlo todo, malicia. Esas son dos soluciones cómodas para no tener que pensar. «Quieta non
movere» es no agitar lo que está tranquilo. Hoy solemos decir: «si no está roto, no lo
arregles». Algunos piensan así, y les va bien. Y los hay que creen que, «si no está roto, rómpelo para crecer». También es válido.
– ¿De qué se trata en el fondo?: De estar comprometido con lo que uno hace. Entonces, ya no se trata de trabajo, sino de un juego. Un hábito se instala a nivel subconsciente cuando ya no tenemos que pensar para actuar; entonces la mente consciente queda en libertad para escuchar música, mirar un paisaje o mantener una conversación mientras conduce. Tu obligación no es enseñar al otro. Tu obligación es respetar que aprenda.
Los animales ven y aprenden, pero nosotros además decidimos lo que queremos ver y lo que queremos aprender. El objetivo del aprendizaje es aquello que los alumnos quieren aprender y hacer. Mandar a alguien hacer un curso para adquirir habilidades que otra persona cree necesitar aprender, es algo que no da resultado. Es como pedirle a alguien que sude o que se emocione. No puede. Ni sudará ni se emocionará. Sudar y emocionarse son la consecuencia de algo, no el fin. Aprendemos naturalmente.
No podemos navegar hacia nuevos horizontes, a menos que estemos dispuestos a perder de vista la costa. Si estamos haciendo algo de una determinada manera, porque
siempre lo hemos hecho así o porque siempre se ha hecho así o porque alguien nos dijo que era así como debía hacerse, entonces es probable que lo estemos haciendo de una manera equivocada.
El futuro es plural. Afortunadamente, tú entras en contacto conmigo o yo entro en contacto contigo, lo que significa que entre tú y yo hay comunicación. Y yo me alegro de que tu punto de vista sea distinto del mío (cuando dos piensan igual, uno sobra); es más, es preferible que sea diferente para que podamos encontrarnos y comunicarnos, ya que son nuestras diferencias y nuestras interpretaciones de la misma realidad las que nos obligan a estirarnos y a crecer ¿Te imaginas un mundo donde todos fuéramos clones? ¿Quién podría aportarnos qué? ¿Cómo podríamos ensanchar nuestros límites mentales sobre lo que es posible? Afortunadamente, todos tenemos la habilidad de interpretar a nuestra manera aquello que vemos y oímos. Saber en cualquier circunstancia qué es lo que hay que hacer, es una ciencia. Saber en cualquier circunstancia poner en práctica lo que sé que hay que hacer, es un arte, un ritual, un camino.
El compositor Brahms sufría a menudo depresiones, se cree que debido en parte a su extraordinaria sensibilidad. Paseando por la playa, le comentó a una amiga suya que se sentía deprimido y, casi sin fuerza en la voz, llegó a decirle:
– Todo lo bueno en música ya está escrito. A los músicos de mi generación ya no les queda nada por hacer.
– No hables así –le dijo su amiga–. Te haces daño a ti mismo por permitirte sentir eso. Fíjate en el mar. Allí la última ola ni siquiera existe. Nunca ha existido y nunca existirá. Como nunca existe la última idea ni el último proyecto ni el último intento ni, por supuesto, la última nota.
5.2. Desacelera, desacelera, desacelera
«El éxito es hijo del detalle».
– H. S. Firestone
Desde aquí es un «6», pero desde donde tú estás es un «9». Desde aquí parece un cubo de agua, aunque para una hormiga sería como un océano; para un elefante sería como un refresco; y para un pez, naturalmente, su hogar.
Saber cuándo hacer una pausa y hacerla bien tiene mérito; si con esa pausa reforzamos la capacidad de recordar, el mérito es doble.
Si no hay nada nuevo y excitante sobre lo que focalizar la atención, nuestra mente se distrae y vagabundea en busca de algo más urgente, ya sea el calendario del mes, los próximos vencimientos, la revisión del coche, la clasificación por equipos o la paz mundial.
La capacidad de recordar es máxima tanto al principio como al final de una sesión de aprendizaje. Deja para el final el mensaje más impactante. Puedes hacer un receso informal en cualquier momento pero distingue siempre tres tipo de pausas:
– La pausa libre: pide a los asistentes que se relajen y hagan lo que les apetezca durante unos cinco minutos (afilar la sierra para cortar la madera más rápidamente). – La pausa física, que pueden ser estiramientos, palmadas o ejercicios acordes con las
posibilidades.
– La pausa de relajación o trance, en la que pides a todos que se pongan cómodos. Puedes llevar a cabo una visualización guiada. Procura no llevar a cabo esta tercera pausa después del almuerzo, por el descenso de los niveles de energía.
El ciclo «pausa > descanso > actividad» dura entre setenta y ciento veinte minutos y es una parte fundamental de nuestra vida cotidiana, hasta el punto de que sigue produciéndose incluso mientras dormimos con la alternancia entre los sueños y el estado de sueño profundo. En la práctica, para funcionar bien hacemos una pausa cada hora y media o dos horas. En formación con emoción, cada setenta minutos. Una pausa de diez minutos al final de ese tiempo ayuda notablemente y mejora el entendimiento y la asimilación de los contenidos expuestos. Haz intervalos. La mente integra y registra en ese tiempo la nueva información. Los buenos diseños incluyen mucha variación. Alterna periodos de calma y de apuntes, con ciclos donde todo esté en constante movimiento. Para innovar:
• Admite que la creatividad no es estática y que puede desarrollarse.
• Atrévete a hacer algo que tenga alma, a tener una idea radicalmente nueva, a moverte hacia ella, a seguir tu felicidad y tu pasión.
• Entiende que la creatividad es un manantial que nunca se agota.
• Aprende del que ya está donde tú quieres estar.
• Ayuda a otros a ayudarse a sí mismos, a lograr sus metas.
• Define tu objetivo. Los resultados son una consecuencia, no un fin en sí mismos. • No temas equivocarte. Da igual. Prueba una vez más. Fracasa otra vez. Fracasa
mejor. Un error es solo error la segunda vez que lo cometes; en la primera, o ganas o aprendes; nunca pierdes.
• Ten grandes sueños.
• Elige qué preguntas vas a hacerte. Preguntas claras dan resultados claros. Preguntas adecuadas dan respuestas adecuadas.
• Sé optimista.
• Piensa que tu idea no debe ser únicamente mejor que otras ideas ¡Debe ser diez o cien veces mejor!
Los obstáculos que ahora tienes están ahí para ayudarte a crecer, de manera que puedas ser aún más efectivo. Logramos autoconfianza cuando superamos y resolvemos dificultades. No vivimos ni trabamos en lugares donde todo el mundo ve la vida bajo el mismo prisma. Todos vemos lo mismo, pero cada uno de nosotros lo ve a su manera. Las dos características más determinantes, comunes en las personas que viven muchos años, son:
• Una actitud mental positiva (no negar la realidad, aceptar los retos con buena actitud, serenidad ante las dificultades).
• Una elevada expresividad emocional (gestionar las emociones, el tipo de vida que uno vive).
No te apresures al hablar. Tus palabras vivirán o morirán según el interés y el sentimiento que pongas en ellas. «Las pausas entre las notas: ahí reside el arte». Pero ¿qué leer?, ¿dónde encontrar más información? Tu mente te guiará. Aparecerán en el momento en que tengan que aparecer y en los lugares más insospechados. La información que buscas también te busca a ti. El periódico del día, sin ir más lejos, viene