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Atribución de identidad a los objetos

5. Identidad y objeto de las percepciones

5.2. Atribución de identidad a los objetos

Hume establece el tratamiento de la identidad desde los dos principios básicos que ya he presentado: el principio de separabilidad que incluye la independencia de las percepciones y el principio de la copia que se aplica como principio metodológico para aclarar la genealogía de las ideas. Según el principio de separabilidad, cada percepción puede ser pensada por separado y todo lo que puede ser pensado por separado puede, de hecho, existir por separado. Así, como ya hemos visto, las percepciones son entidades autónomas e independientes que no necesitan de nada más que de sí mismas para existir58.

Si Hume hubiera seguido el esquema realista de Locke en lo que respecta a las partículas materiales, el principio de individuación no presentaría ningún problema, pues la identidad de dos partículas materiales se mantendría en la medida en que no tengamos ni adición ni sustracción material59. Pero, para Hume, el esquema realista de Locke no es demostrable, porque para Hume tanto las propiedades que Locke había llamado primarias como las propiedades que había llamado secundarias son realidades mentales60. En el caso de Hume, la aceptación del principio de independencia de las percepciones impide la justificación racional de la existencia de un mundo material e independiente de las percepciones. Así, para Hume, cualquier principio de

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Ver la sección 2.1.4 de esta tesis. 59

“Lo mismo vale para cada partícula de materia, la cual, mientras no se vea aumentada ni disminuida por la adición o por la sustracción de materia, es la misma". (Locke 1992) (Ensayo 2. 16. 6).

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De hecho, más bien podríamos decir que son realidades. Puede que calificar de mentales o de materiales las realidades propuestas por Hume sean algo ajeno a su filosofía. Así, nos dice S.Priest "El filósofo escocés del siglo XVIII David Hume no usó las expresiones "teorías de la mente" o "monismo neutral" para referirse a su filosofía de la mente. Sin embargo, pensó que nos hallamos directamente familiarizados, a través de la percepción sensible, con una clase de entidades que no son intrínsecamente ni mentales ni físicas, y que el conocimiento que tenemos de ellas es una condición de los conceptos que tenemos de mente y materia. En la epistemología empirista de Hume es, efecto, imposible tener una idea de algo sin haber tenido conciencia de ciertas impresiones. ¿Qué son la mente y la materia en la concepción de Hume? La mente no es nada que esté fuera ni más allá de una colocación de percepciones. La materia es una mera ficción postulada para explicar la identidad de los objetos físicos; y hablar de esos objetos físicos es hablar de la posibilidad de ciertas impresiones." (Priest, 1994, pp. 184-185).

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individuación tiene que respetar la inmanencia y la independencia de las percepciones, no pudiendo apelar a nada que esté fuera de la percepción.

Por ello, si consideramos que las percepciones pueden existir sin nada más que ellas mismas y si ponemos en duda la relación causal entre algo que no sea una percepción y las percepciones, la presunción de la existencia de un mundo exterior independiente queda en entredicho, pues, no podemos acceder a él ni mediante relaciones causales ni mediante la percepción directa.

Pero aunque la existencia de un mundo físico independiente de nuestras percepciones quede en entre dicho, cuando suponemos que algo permanece en el transcurrir temporal, también suponemos que permanece con independencia de nuestras percepciones. Por ejemplo y siguiendo con nuestra manzana, supongamos que vemos una manzana encima de una mesa. Ahora, cerramos los ojos, y nos preguntan "¿sigue la manzana en la mesa?",a esta pregunta normalmente contestaríamos: “La manzana sigue en la mesa”. Así, aunque filosóficamente hablando, admitimos que la percepción es independiente de cualquier otra cosa y que no conocemos ninguna manzana real e independiente, también admitimos, naturalmente, que existe una manzana real independiente de la percepción, pues suponemos que la manzana sigue allí cuando la impresión cesa. Por ello, estamos delante de una contradicción que se establece entre lo que “filosóficamente” razonamos y lo que “naturalmente” suponemos. Llegados a este punto se pone de manifiesto la tensión que hay entre lo que demostramos mediante la reflexión y lo que nos muestran nuestras creencias más elementales. Por ello, teniendo en cuenta los preceptos de Hume, filosóficamente sabemos que no tenemos garantía de nada que sea independiente de la percepción ni de nada que permanezca cuando cambie la percepción. Pero, nuestra creencia natural nos empuja, lejos de la melancolía y el delirio, a pensar que hay algo que sí que permanece aun cuando las percepciones cambien.

Gracias a los instintos podemos decir, sin apenas duda, que todos pensamos que el mundo permanece allí cuando cerramos los ojos y que el mundo continuará allí cuando los hayamos abierto. Pero no solo eso, sino que el mundo seguirá siendo el mismo. Es decir, la creencia natural de los hombres no solo aboga por la existencia de un mundo externo, sino también por la continuidad e identidad del mismo.

H.H. Price define el problema de la creencia en el mundo externo mediante la utilización de lo que él llama, los sensibles no sentidos, que no son más que estos supuestos objetos independientes de las percepciones. Para él, existe una contradicción entre la imaginación que supone la existencia de estos sensibles no-sentidos (Price, 1940, p. 101) y la razón que supone que estos sensibles no sentidos no pueden existir. Pero, en nuestra vida cotidiana, pasamos por alto esta contradicción y actuamos como si estos sensibles no-sentidos existieran. A esto él lo llama la teoría del "Como si" (As- if). Según esta teoría y siendo P la existencia de estos sensibles no-sentidos, actuamos de acuerdo a X como si P fuera cierto, aunque P no sea cierto. Así, tenemos la intuición y la creencia, según la cual los objetos permanecen a pesar de que las percepciones desaparezcan.

De esta manera, el problema de la identidad consiste en explicar porque atribuimos identidad a determinados objetos. Dicho en otras palabras, saber porque cuando vemos algo en un momento y lo volveremos a ver más tarde, decimos que ese algo es lo mismo a pesar de que se trate de dos percepciones distintas que se han dado en dos momentos distintos. Así, la pregunta que nos tenemos que formular es: ¿cómo es posible que atribuyamos una identidad a dos percepciones dadas en dos momentos distintos, cuando sabemos que tales percepciones, en virtud del principio de separabilidad son distintas entre sí y que en virtud de su inmanencia no apuntan a nada que sea externo a la percepción misma?

Veremos, como según Hume la clave para entender esta aparente contradicción no es analizarla como una contradicción, sino como el enfrentamiento entre dos facultades mentales que nos muestran conclusiones enfrentadas. Una vez más, el combate enfrenta a la imaginación con la razón.

5.3 Esquematización y ejemplo de la noción de