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Tener idea y concebir La distinción de Berkeley

4. Lo concebible y lo inconcebible

4.2. Concebilidad y palabras

4.2.4. Tener idea y concebir La distinción de Berkeley

En el ámbito epistemológico, establecer una diferencia entre un sentido fuerte y un sentido débil del principio de la copia nos podría solucionar el problema de lo que puede ser pensado o concebido. En Berkeley se establece una distinción entre aquello que puede ser concebido y aquello de lo que tenemos una idea. De esta manera, Berkeley salva los contenidos filosóficos más problemáticos de la quema empirista. Así, Dios y el Yo serían para Berkeley dos elementos de los que no podemos tener idean pero que podemos concebir, por lo tanto, dos elementos de los que podemos hablar desde un punto de vista filosófico, aunque no tengamos ninguna experiencia directa de ellos.

La clave para entender la manera como Berkeley puede salvar los contenidos no empíricos de la filosofía está en entender cuál es la diferencia que se establece entre tener una idea y tener una concepción de algo. Así, mientras que para tener una idea de algo se necesita tener una imagen mental de ese algo, para tener una concepción no se necesita más que una comprensión del concepto del que se está hablando. Esto ocurre precisamente con la noción de espíritu o de agente del que no podemos tener idea pero del que sí que podemos tener una noción.

Pero, por lo que yo alcanzo a ver, las palabras voluntad, alma, espíritu no significan ideas diferentes. En verdad, no significan idea alguna en absoluto, sino algo que es muy diferente de las ideas y que, al tratarse de un agente, no puede asemejarse ni ser representado por ninguna idea. [A pesar de ello, debe reconocerse al mismo tiempo que tenemos alguna noción de alma, espíritu, y de operaciones mentales como desear,

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La denominación de creencias naturales no es originaria de Hume. Será N.K. Smith el que luego introducirá este término dentro de las interpretaciones de la filosofía de Hume. Ver la sección 9.3 de esta tesis.

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amar, odiar, en la medida en que somos capaces de conocer o entender el significado de esas palabras].” (Principios. Punto 27).

Así, según Berkeley, la mente al ser una entidad activa cuya esencia es la de percibir no puede ser percibida, ya que la percepción es una entidad pasiva cuya esencia es la de ser percibida. Pero, esto no quiere decir que no podamos tener noción de aquello que percibe sino tan solo que no podemos tener idea de ello, pues, podemos tener noción del agente que percibe mediante el reflejo de su acción. Así, aunque no podemos concebir una idea sin que esta sea percepción sí que podemos tener una noción de algo que no sea una percepción.

Estas dos especies son los espíritus y las ideas. Los primeros son sustancias activas, indivisibles; las segundas son seres inertes, transitorios, dependientes, que no tienen subsistencia por sí mismos, sino que son soportados por las mentes o sustancias espirituales, y existen en ellas. [Nosotros comprendemos nuestra existencia mediante un sentimiento o reflexión interior; y la de los otros espíritus, mediante la razón. Podría decirse que tenemos algún conocimiento o noción de nuestras propias mentes, de los espíritus o seres activos, aunque, en un sentido estricto, no tenemos ideas de ellos. De igual manera, conocemos y tenemos una noción de relaciones entre cosas o ideas, las cuales relaciones son distintas de las ideas o cosas relacionadas, en cuanto que las segundas pueden ser percibidas por nosotros sin que tengamos percepción de las primeras. A mí me parece que las ideas, los espíritus y las relaciones, son todos ellos, cada cual en su categoría, el objeto del conocimiento humano y la materia de discurso; y que el término idea sería impropiamente ampliado si quisiéramos significar con él todo lo que conocemos o de lo que tenemos noción.] (Principios, Punto89).

A diferencia de lo que será después la posición de Hume47, para Berkeley las percepciones no son sustancias, por lo que para Berkeley las percepciones necesitan de otra cosa para poder subsistir. Así, según Berkeley, las percepciones precisan de un agente para poder ser percibidas, con lo que el agente de las percepciones es una

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Para quien las percepciones no pueden ser la acción de un sujeto pensante (TNH. 1.4.26. SB. 245). Ver la sección 8 de esta tesis.

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condición necesaria para que las percepciones se den. Como este agente no es una percepción ni lo puede ser, tan solo podemos tener una noción de él y no una idea.

Para Berkeley, la mente es una entidad activa que percibe las percepciones. Así, la mente es una sustancia espiritual, mientras que las percepciones no lo son. Por ello, tenemos, por un lado, a la mente que es la que percibe y, por otro lado, a las percepciones que son percibidas. La pregunta es, entonces, saber cómo es posible tener un conocimiento de lo que no es una percepción y la respuesta que Berkeley nos da es la siguiente:

En un amplio sentido, ciertamente, puede decirse que tenemos una idea, o mejor, una noción de espíritu, esto es, que entendemos el significado de la palabra. De no ser así, no podríamos afirmar ni negar nada acerca de ella. Y es más: del mismo modo que concebimos ideas que están en las mentes de otros espíritus sirviéndonos de las nuestras y suponiendo que son semejantes a ellas, así también conocemos otros espíritus a través de nuestra propia alma, que en este sentido es la imagen o idea de ellos, al estar en relación con otros espíritus en la misma medida en que lo azul o lo caliente por mí percibidos están relacionados con esas mismas ideas percibidas por otro. (Principios. Punto 140).

La distinción entre noción e idea es importante para Berkeley y lo es más cuanto más avanza su obra. En la primera edición de los Principios la distinción se expone, tal y como lo hemos explicado, en el punto 140, pero en la segunda edición de los Principios

se aumenta la explicación de dicha distinción, introduciendo párrafos en los puntos: 27, 89 y 142. En concreto, en este último punto se nos llega a decir con respecto a la naturaleza del alma que:

[En rigor, no puede decirse, según pienso, que tenemos una idea de un ser activo o de una acción, aunque sí podría decirse que tenemos una noción de ellos. Yo tengo alguna noción o conocimiento de mi mente y de sus actos con respecto a las ideas, en cuanto que sé o comprendo lo que quiere decirse por esas palabras. de eso que conozco, yo tengo alguna noción.] (Principios, Punto 142).

Aunque la distinción entre tener una noción de algo y tener una idea de algo es muy clara en Berkeley y podemos observar que el propio Hume llega a hablar de cosas de las cuales no podemos tener una idea, Hume no recoge esta distinción entre tener una idea y concebir. Nos podemos preguntar porque esta distinción no aparece en la obra de Hume. Para contestar a esta pregunta, primero tenemos que analizar someramente la influencia de la obra de Berkeley en Hume, para ello, tenemos que tener en cuenta dos factores: primero, que solo hay tres apariciones de Berkeley en la obra de Hume y, segundo, que podemos constatar un conocimiento muy superficial de Berkeley por parte de Hume. Todo esto hizo pensar que posiblemente Hume no tuviera conocimiento directo de las obras de Berkeley. Así, R. H. Popkin en un controvertido artículo publicado en 1959 (Popkin, 1959, p. 535) sostenía que muy probablemente Hume no hubiera leído a Berkeley. R. H. Popkin decía que la vinculación entre Hume y Berkeley es posterior y que de hecho se efectúa en una recensión alemana del Tratado en Göttingische Zeitungen von Gelehrten Sachen en 1740 (Popkin, 1959, p. nota 18). Este punto de vista fue seguido por el propio A. Flew en un artículo (Flew, 1961) quien sostuvo que si Hume hubiera leído con mayor atención a Berkeley hubiera elaborado una teoría del significado mucho más precisa que la que había hecho. Puede que A. Flew tenga razón, porque una distinción entre tener una idea y tener una concepción nos hubiera facilitado mucho las cosas a la hora de establecer cómo es posible hablar del Yo. Así, con respecto a la identidad personal podríamos decir simplemente que aunque no tengamos una idea de un Yo unitario podríamos tener una noción del mismo.

Las propuestas de R. H. Popkin y de A. Flew fueron contestadas por P.P. Wiener (Wiener, 1959), en el mismo volumen en el que se publicó el artículo de R.H. Popkin, y por E. C. Mossner (Mossner, 1959) quien hace referencia a la galante batalla entre la posición a favor y en contra de la lectura de Berkeley por parte de Hume. Ninguno de los dos bandos tenía una prueba realmente solida para verificar ninguna de sus tesis hasta que una carta fue descubierta y anunciada por el mismo R.H. Popkin (Popkin, 1964). Se trata de una carta escrita por Hume el 31 de agosto de 1737 a su amigo Ramsey, en ella Hume cita a las Meditaciones metafísicas, junto a la Búsqueda de la verdad de Malebranche, los Principios del conocimiento humano de Berkeley y algunos artículos del Diccionario de Bayle, como unas obras básicas en metafísica. A partir de esta carta el tema queda zanjado y suponemos que Hume leyó a Berkeley con

mayor o menor atención, algo que también afirma R.H. Popkin en su último artículo citado.

Pero, tenemos que tener en cuenta que hay dos ediciones de los Principios de Berkeley. En la primera edición la distinción entre noción e idea se introduce en el párrafo 140 de dicha obra, dónde se dice que para comprender el significado de una palabra hemos de tener alguna noción de ella y no necesariamente una idea. Pero, es en la segunda edición, cuando se introducen los párrafos que amplían la diferencia entre noción e idea y ahondan en el tema, a raíz precisamente de la noción de mente. No sabemos qué edición fue la que Hume leyó, si la primera o la segunda, aunque, es posible que fuera la primera y que Hume no leyera los párrafos añadidos en la segunda edición con lo que no tuvo el suficiente conocimiento de esta distinción propuesta por Berkeley. Por otro lado, en la carta que hemos mencionado, Hume no cita los Diálogos de Berkeley, por lo que es posible que no los leyera en dicha fecha. Por ello, podemos deducir que aunque supongamos que Hume leyó los Principios de Berkeley, no por ello, tenemos que suponer que conociera todo el desarrollo de la diferencia entre tener una idea y tener una noción, de tal y como Berkeley la propone.

Aún nos podemos preguntar porque Hume no aceptaría la diferencia entre la noción y la idea de Berkeley. Aunque de hecho, podemos suponer que la acepta de manera implícita si aceptamos que existe una utilización del principio de la copia de manera no estricta y que esta utilización permite el que podamos tener "idea" de cosas de las cuales no podemos tener una impresión.