La Primera Guerra Mundial destruyó cuatro imperios y creó un cordón de nuevos estados en Europa Central. De todos estos, el menos racional era Austria. Su población era virtualmente alemana por completo y, en 1919, el parlamento austriaco, con sólo un voto disidente, votó por la unión con Alemania; los Aliados, sin embargo, rehusaron la aprobación de la fusión y la coalición, dominada por los socialdemócratas continuó gobernando con reluctancia. En el verano de 1920, los socialcristianos antisemitas tomaron el control del gobierno nacional, aunque los izquierdistas fueron capaces de mantenerse en la administración municipal vienesa.
Tres corrientes ideológicas competían por el poder en la república trunca. El Partido Comunista era uno de los más débiles de Europa, y los socialdemócratas consideraban como sus enemigos a la derecha de los socialcristianos católicos –el partido del campesinado y de la clase media baja urbana –y los nacionalistas alemanes antisemitas, con su base en los profesionales y los trabajadores de cuello blanco. Aunque ambos grupos burgueses eran hostiles a la democracia, la enorme fuerza de los socialistas en Viena y la dependencia financiera de Austria respecto a Gran Bretaña y Francia, no permitían un coup d’état. Pero tanto los socialdemócratas como los socialcristianos tenían el cuidado de mantener sustanciales milicias partidarias.
“Este gran patriota y líder de su país”
El principal dirigente socialdemócrata, Victor Adler, era un judío; también lo era su principal teórico, Otto Bauer, y los judíos comprendían casi la mitad de la dirigencia partidaria. Inevitablemente, el movimiento siempre consideraba a las amenazas contra los judíos como un peligro mortal para sí mismo y actuaba en consecuencia. Las filas obreras eran extremadamente leales a sus camaradas judíos y no tenían la menor hesitación en combatir físicamente a los antisemitas, como el propio Hitler señala en
Mein Kampf, al escribir sobre sus experiencias en su primer trabajo, un sitio de
construcción en la Viena de preguerra:
Esos hombres rechazaban todo: la nación, como una invención de las clases “capitalistas” (¡cuán frecuentemente me vi obligado a oír esta palabra!); la patria, como un instrumento de la burguesía para la explotación de la clase obrera; la autoridad de la ley, como un medio de oprimir al proletariado... No había absolutamente nada que no fuera arrojado al fango... Traté de permanecer en silencio. Pero finalmente... comencé a tomar una posición... un día ellos hicieron uso del arma que más rápidamente conquista a la razón... Unos pocos de los voceros de la postura opuesta me obligaron a dejar el edificio al instante o ser arrojado del andamio. (1)
Desde el principio los obreros socialdemócratas combatieron a los nazis cuando aparecieron en Viena, en 1923, las primeras señales del nuevo partido. Las bandas de matones portando la bandera de la svástica habían comenzado a apalear judíos y en una ocasión mataron a un obrero; esto condujo a que miles de socialdemócratas salieran a dar batalla. Un escritor para el Menorah Journal de Estados Unidos, una de las principales revistas judías de esa época, describió el resultado:
trabajadores organizados, socialdemócratas y comunistas, perturban frecuentemente las reuniones de los antisemitas, no por su amistad hacia los judíos, sino porque consideran que la vida de la república está en riesgo. (2)
La gran mayoría de los judíos austriacos se identificaban con los socialdemócratas. Entre los judíos que no lo hacían estaban los sionistas del Partido Nacional Judío (Jüdischenationale Partei, JnP). Pero los judíos eran solamente el 2,8 por ciento de la población austriaca total, y no más del 10 por ciento de los votantes de Viena, y el débil JnP sólo tuvo éxito en la elección de un candidato al parlamento austriaco. Fue él, Robert Stricher, quien emitió el único voto contrario a la unión con Alemania, en 1919, un movimiento que garantizó su derrota en 1920. Tres sionistas más fueron electos al consejo municipal a inicios de la década del 20’; en 1920 los sionistas reunieron el 21 por ciento del voto judío de Viena y en 1923 su porcentaje incluso se incrementó al 16 por ciento, pero luego de eso el voto sionista cayó fuertemente, y para 1930 reunía un mero 0,2 por ciento del voto total. (3)
Aunque el papel del JnP en la vida política austriaca era insignificante, su corta carrera es ilustrativa de la insularidad y del carácter pequeño-burgués del sionismo europeo. La mayoría de los simpatizantes del JnP nunca se consideró como emigrantes a Palestina. Muchos de los judíos de Viena habían arribado recientemente de Galitzia. El sionismo del JnP representaba el último vestigio de su mentalidad de gueto. No se trataba de una protesta contra los antisemitas; esa causa era combatida en las calles por la milicia socialdemócrata. El sionismo austriaco era una protesta pequeño-burguesa contra el socialismo, y los socialcristianos siempre se deleitaban al ver al JnP quitándoles algunos votos a sus adversarios radicales. Sokolow estaba en Durban, Sudáfrica, en 1934, cuando tuvo noticia del asesinato del Primer Ministro de Austria, Engelbert Dollfuss, durante el fracasado pustch de los nazis del 25 de julio; pidió a su audiencia en el Club Judío que se pusiera de pie en memoria de...
este gran patriota y líder de su país, a quien conocí muy bien y con quien me entrevisté muy frecuentemente... era uno de los amigos de nuestra causa. Él era uno de esos que establecieron, con mi ayuda, la organización de los Amigos Gentiles del Sionismo en la capital austriaca. (4)
Los Amigos Gentiles había sido establecida en 1927. En 1929, Fritz Loher Beda, antiguo presidente del sionista Club Atlético Hakoah, advirtió a los judíos que serían castigados por su apoyo a los socialdemócratas, cuando los reaccionarios terminaran con los socialistas. Continuó con una promesa de que los judíos apoyarían a la
Heimwehr fascista, si los derechistas solamente dejaban de lado su antisemitismo.
Alegaba que los socialistas, en tanto ateos, anti-nacionalistas y anti-capitalistas eran realmente los principales enemigos de los judíos. (5)
“Condenamos la diseminación en el exterior de historias atroces sobre Austria”
En tanto los socialcristianos temían al nazismo como una amenaza a su propio poder, el éxito de Hitler convenció a Dollfuss de que la dictadura era el porvenir, al menos en Europa central, y finalmente prestó atención al consejo constante de Mussolini y provocó a los socialdemócratas en un levantamiento en febrero de 1934, que fue aplastado en una batalla de tres días. Más de mil trabajadores fueron muertos
cuando la Heimwehr bombardeó el famoso proyecto de viviendas Karl Marx. La respuesta sionista a la masacre fue muy clara. Robert Stricker, en una charla sobre los eventos ante una reunión partidaria, denunció los informes que circulaban en el exterior concernientes a la persecución de judíos. Insistió en que esto era falso, diciendo que durante esos días desgraciados Austria había manifestado un alto nivel de cultura raramente hallable en otra parte. (6) En realidad el régimen de Dollfuss se embarcó en una política de discriminación severa contra los judíos, particularmente en el empleo público, y muchos profesionales fueron despedidos. Sin embargo, el antagonismo sionista contra los judíos socialistas asimilacionistas los convirtió en los apologistas locales e internacionales de los socialcristianos. En 1935, el gobierno anunció planes para segregar a los estudiantes judíos en casos de “superpoblación”. Mientras los dirigentes judíos asimilacionistas, naturalmente, se opusieron al plan como a un primer paso hacia la segregación escolar total, Stricker dio la bienvenida a las nuevas escuelas de gueto. (7) Ese mismo año, cuanto el ministro de relaciones exteriores austriaco clamó contra las “historias atroces” que aparecían en la prensa mundial, Der Stimme, el órgano de la Federación Sionista Austriaca, se apresuró a explicar que:
Es imposible hoy en día sellar herméticamente cualquier país y esconder los eventos incluyendo la agitación anti-judía. Condenamos la diseminación en el exterior de historias atroces sobre Austria. Sin embargo, esto nunca ha sido hecho por judíos sino por periódicos austriacos que son leídos en el exterior. (8)
Los socialcristianos sabían que, sin garantes exteriores, no eran contrincantes para Hitler. En tanto se dirigían a Mussolini para que los protegiera militarmente, también requerían préstamos de bancos de Londres y París y tenían que persuadir a potenciales aliados exteriores de que ellos no eran una imitación de los nazis. En mayo de 1934, Dollfuss designó a Desider Friedmann, un sionista veterano y dirigente de la organización de la comunidad judía vienesa, para el Consejo de Estado. Hubo otros gestos similares del régimen hacia el sionismo. A los revisionistas les fue permitido usar como centro de entrenamiento un terreno cedido a ellos por un miembro adinerado. Un escritor revisionista recordó luego la escena en el espacioso campo que tomaba “la apariencia de un disciplinado campo militar” y, en septiembre de 1935, el gobierno permitió a los revisionistas convocar en Viena al congreso fundacional de la Nueva Organización Sionista. (9)
Por razones de política exterior el régimen siempre negó que estuviera discriminando contra los judíos, en tanto salía con pretextos absurdos, como la supuesta superpoblación, para justificar su antisemitismo. Los judíos incluso estaban legalmente capacitados para unirse al Frente Patriótico, que había reemplazado, luego de 1934, a todos los partidos políticos incluyendo, técnicamente, a los socialcristianos. Sin embargo, una vez que Mussolini hubo decidido aliarse con Hitler, y era claro que él no estaba preparado para proteger a Austria durante más tiempo, el régimen tuvo que luchar desesperadamente para prevenir un golpe de estado nazi. En enero de 1938 los austriacos trataron de demostrar a Hitler que, aunque estaban determinados a permanecer independientes, sin embargo todavía eran un estado “germano-cristiano”, y establecieron una sección segregada en el Frente Patriótico para los jóvenes judíos. La
Encyclopedia Judaica remarca lacónicamente que “los sionistas aceptaron
voluntariosamente, pero esto enojó a los partidarios de la asimilación”. (10) Sin embargo, a pesar de que así se estaba convirtiendo en más antisemita, en sus esfuerzos para mantener fuera a los nazis, el régimen no tuvo hesitación en utilizar a los sionistas
para conseguir apoyo económico exterior. Desider Friedmann fue enviado a exterior, a inicios de 1938, en las últimas semanas antes del Anschluss. (11) El sucesor de Dollfuss, Kurt von Schuschnigg, intentó una última maniobra, anunciando el 9 de marzo un plebiscito acerca de la independencia para el 13 de marzo, y la organización de la comunidad judía dominada por los sionistas se apresuró a elaborar una lista de todos los judíos de Viena para contribuir a un fondo para pagar la campaña de Schuschnigg. Hitler tenía una apreciación mucho más realista de Herr Schuschnigg y simplemente le ordenó renunciar, lo que éste hizo el 11 de marzo, y el ejército alemán entró en Austria el 12 de marzo.
La tontería de la confianza sionista en los socialcristianos
¿Estuvo alguna vez justificado el apoyo sionista a la derecha austriaca? Uno puede alegar que los socialcristianos eran la única barrera entre los judíos y un golpe de estado nazi, pero la alianza con ellos había comenzado en los años 20’, cuando Hitler todavía no era una amenaza. El establecimiento de los Amigos Gentiles no puede defenderse en términos anti-nazis. De hecho, la derecha austriaca, Dollfuss y Schuschnigg, no fueron nunca un obstáculo a la toma del poder por los nazis, sino que eran una garantía de la victoria final de éstos. Joseph Buttinger, en los años 30’ líder de la socialdemocracia en la clandestinidad, describió la realidad en su libro, En el Ocaso
del Socialismo. Había una mayoría anti-nazi en Austria, pero Schuschnigg era “incapaz
de utilizar la oportunidad política inherente a esta circunstancia”. Tenía que prevenir cualquier “movilización de masas contra el fascismo pardo, porque en una verdadera lucha por la libertad él mismo sería aplastado inevitablemente”. Esta movilización de masas era lo que importaba, dice Buttinger, escribiendo sobre ese momento, “en lo que concierne del todo a Austria, porque en último análisis la suerte de Austria sería decidida por las fuerzas internacionales”. Hitler atacaría a Austria en un momento favorable, que estaba esperando deseosamente, con el régimen de Schuschnigg “como su garantía contra la organización, entre tanto, de una defensa. (12)
Los judíos de Austria tenían una única esperanza: una alianza resuelta, local e internacionalmente, con los socialdemócratas. A diferencia de los desacreditados socialistas alemanes, los socialdemócratas austriacos permanecieron mayormente intactos luego de su heroica, aunque pobremente organizada, resistencia de 1934. El régimen de Dollfuss era el más débil de los estados fascistas, e incluso antes de la masacre de los socialistas del 12 de febrero, el nuevo gobierno estaba sostenido, no tanto por su propio poder de policía, como por la presencia intimidatoria de los ejércitos italiano y húngaro en sus fronteras, que podían luchar a favor de Dollfuss, y la similar certeza de que el ejército alemán intervendría antes que ver llegar al poder a los socialdemócratas. Claramente, ni la difícil situación internacional ni la fuerza del régimen austriaco pueden ser minimizados, pero, en Europa y en América, había manifestaciones socialistas gigantescas referidas a Austria. Sin embargo, en lugar de dirigirse a los socialistas, en Austria y en el exterior, en busca de socorro, los sionistas locales se dirigieron hacia el régimen, lo que en definitiva era rendirse ante Hitler sin disparar un solo tiro. Nahum Goldmann, el representante de la WZO, desalentó conscientemente a los judíos del exterior de manifestarse contra el antisemitismo austriaco, eligiendo en su lugar entregar su confianza a las palabras dichas en voz baja, detrás de la escena, por Benito Mussolini.
Notas
1. Adolf Hitler, Mein Kampf, p. 40.
2. Eugen Hoeflich, Morale in Austria/, Menorah Journal (August 1923).
3. Walter Simon, The Jewish vote in Austria, Leo Baeck Institute Year Book, vol.XVI (1961), p.114.
4. Sokolow Honours Memory of Dollfuss/, PalestinePost (13 August 1934) p.4. 5. Herbert Solow, Unrest in Austria, Menorah Journal (February 1930).
6. Austria - the Key to Jewish Politics, South African Ivri (March 1934), p.1. 7. Austria, American Jewish Year Book (1935-6), p.189.
8. Vienna Papers take Issue on Press Threats, Jewish Daily Bulletin (11 January 1935), p.1.
9. Otto Seidman, Saga of Aliyah Beth, Tagar (Shanghai, I January 1947), p. 7. 10. Austria, Encyclopedia Judaica, vol.3, col.898.
11. Desider Friedmann, Encyclopedia Judaica, vol.7, col.191. 12. Joseph Buttinger, In the Twilight of Socialism, p.427.
16. Los partidos judíos de Europa Oriental