El sionismo y la Unión Británica de Fascistas
No hubo estado occidental que no presenciara el ascenso de movimientos pro- nazis luego de 1933, pero el grado de su influencia varió de país a país. Aunque las capitales occidentales preferían a la Alemania nazi antes que una toma del poder por los comunistas, nunca hubo tanto apoyo para Hitler como el que había para Mussolini, en los círculos de negocios. Hitler era demasiado revanchista en su actitud respecto a Versalles, y Alemania potencialmente demasiado poderosa, para que no hubiera una fuerte ambivalencia respecto a su último salvador anticomunista. Además, el antisemitismo de Hitler nunca fue popular entre los capitalistas. En tanto los judíos eran sólo un pequeño elemento dentro de sus sociedades, se asumía que serían finalmente asimilados. La emigración masiva desde Europa Oriental había revivido el antisemitismo en Occidente, pero si bien había más prejuicio contra los judíos en los círculos gobernantes británicos y norteamericanos en 1933 que, digamos, en 1883, nadie llegaría tan lejos como Hitler. Sin embargo, durante la Depresión, tanto Gran Bretaña como Norteamérica presenciaron el ascenso de movimientos antisemitas sustanciales que amenazaban físicamente a las comunidades judías.
En Gran Bretaña la amenaza venía de Sir Oswald Mosley y la Unión Británica de Fascistas (British Union of Fascists, BUF). La Junda de Delegados de los Judíos Británicos trató de conjurar el peligro ignorándolo. Desde el principio, le dijo a los judíos que no irrumpieran en las reuniones de Mosley. Los dirigentes insistían que los judíos, en tanto tales, no tenían motivos para disputar con el fascismo, y Meville Laski, presidente de la Junta y del comité administrativo de la Agencia Judía, enfatizó que “hay fascismo en Italia bajo el cual 50.000 judíos viven en amistad y seguridad... la comunidad judía, no siendo un cuerpo político en tanto tal, no debe ser llevada a la lucha contra el fascismo en tanto tal.” (1) La Federación Sionista Británica apoyó esta posición en el Young Zionist, con un artículo sobre la cuestión, en su número de septiembre de 1934. Los comunistas y el Partido Laborista Independiente habían estado peleando activamente con los mosleyitas en las calles, con al menos 12.000 manifestantes hostiles fuera del Olympia durante el encuentro de la BUF del 7 de junio, y no menos de 6.937 policías tuvieron que proteger a 3.000 fascistas de 20.000 opositores en Hyde Park el 9 de septiembre. La comunidad judía del East End consideraba al Partido Comunista como su protector contra los simpatizantes de la BUF, y había una disposición creciente entre los jóvenes sionistas a unirse a la campaña anti- Mosley. Sin embargo, la dirigencia sionista estaba determinada en que esto no ocurriera. ¿Qué podía pasar si los judíos combatían a Mosley y la BUF ganaba?
Suponiendo que bajo el régimen fascista sean utilizadas represalias contra los antifascistas, todos los judíos sufrirán... Así, la pregunta visible una vez más es ¿debemos hacerlo?... Entretanto, hay tres ideales que resuenan para el sostenimiento de todos los judíos... 1. La unidad del pueblo judío. 2. La necesidad de un fuerte orgullo judío. 3. La construcción de Eretz Yisrael. ¡Y estamos perdiendo el tiempo preguntándonos si debemos unirnos a las asociaciones antifascistas! (2)
El número siguiente reitera el caso más “metódica y correctamente”:
Una vez que hemos comprendido que no podemos erradicar el mal, que nuestros esfuerzos en ese sentido han sido en vano, debemos hacer todo lo posible para
defendernos contra la erupción de esa enfermedad infame. El problema del antisemitismo se convierte en un problema de nuestra propia educación. Nuestra defensa es el fortalecimiento de nuestra personalidad judía. (3)
De hecho, las masas judías ignoraron mayormente el consejo pasivo de los sionistas y respaldaron a los comunistas. Finalmente, la posición sionista fue revertida y algunos sionistas se unieron a un grupo de defensa de la comunidad denominado Consejo del Pueblo Judío (Jewish People’s Council, JPC), pero el antifascismo nunca se convirtió en una prioridad para el movimiento sionista.
La famosa batalla de Cable Street, del 4 de octubre de 1936, cuando más de 5.000 policías no pudieron canalizar una marcha de la BUF en medio de 100.000 judíos e izquierdistas, fue el punto de inflexión en la lucha contra Mosley. William Zukerman, uno de los periodistas judíos más distinguidos de la época y entonces todavía sionista, estaba presente y escribió un relato del acontecimiento para el Jewish Frontier de Nueva York:
Ninguna ciudad angloparlante ha nunca presenciado nunca algo igual a las escenas que señalaron a este intento de manifestación... Aquellos que, como yo mismo, tuvieron el privilegio de tomar parte en el evento nunca lo olvidarán. Porque este fue uno de esos grandes actos comunales de masas de gente unida por una profunda emoción o por un sentido de justicia ultrajada, lo que hace historia... Fue en realidad la gran épica del East End judío. (4)
Él relató que la manifestación había sido convocada por el JPC que incluía “sinagogas, sociedades de amistad, y Landsmanschaften (asociaciones de inmigrantes). Escribió acerca de la presencia de ex-conscriptos judíos. Continuaba: “A los comunistas y al Partido Laborista Independiente se les debe dar el crédito de ser los luchadores más activos contra el antisemitismo fascista de Mosley”. (5) Entre los sionistas locales otros pensaban como él y deben haber estado allí, pero es significativo que un periodista sionista, escribiendo para una revista sionista, ni siquiera menciona que los sionistas hayan estado allí. El libro de Gisela Lebzelter, “Antisemitismo Político en Inglaterra, 1918-1939”, menciona sólo que las “organizaciones sionistas” estaban presentes en la conferencia fundacional del JPC, el 26 de julio de 1936. (6) Ella permanece en silencio respecto a cualquier papel futuro que ellos puedan haber jugado en la campaña que continuó por varios años. Confirma las evaluaciones de Zukerman y reconoce completamente el papel de liderazgo de los comunistas.
El movimiento sionista de esos días no era pequeño. Envió 643 colonos a Palestina entre 1933 y 1936. Tenía la fuerza para jugar un papel prominente en la lucha callejera pero, en realidad, hizo muy poco para defender a la comunidad judía, incluso luego del abandono de su postura de 1934. Fue Cable Street –o sea la resistencia ilegal de los judíos, conducida principalmente por los comunistas y el ILP –la que obligó al gobierno a dejar de proteger los “derechos” de la BUF y finalmente prohibir las milicias privadas uniformadas.
El sionismo y el Bund germano-norteamericano
Las corrientes fascistas habían estado creciendo en Estados Unidos durante los años 30’. El tradicional Ku-Klux-Klan todavía era fuerte en el sur, y muchos de los
irlandeses de Norteamérica habían sido infectados por el fascismo clerical del padre Coughlan, en tanto los ejércitos de Franco irrumpían en Barcelona. Los barrios italianos presenciaron desfiles fascistas organizados, y muchas organizaciones de inmigrantes alemanes estaban bajo la influencia del Bund germano-americano de los nazis. El antisemitismo se estaba volviendo poderoso, y el Bund determinó mostrar su nueva fuerza con el anuncio de una reunión en el Madison Square Garden de Nueva York, para el 20 de febrero de 1939. Otras reuniones iban a continuar en San Francisco y Filadelfia. ¿Responderían los judíos?
Los judíos de Nueva York sumaban al menos 1.765.000 (19,56 por ciento de la población) y había cientos de miles adicionales en los suburbios cercanos; sin embargo ninguna organización judía pensó en organizar una contra-manifestación. Una, el derechista Comité Judío Americano, incluso envió una carta a los gerentes del Garden, apoyando el derecho de los nazis a tener su reunión. (7) Sólo un grupo, los trotskistas del Partido Socialista de los Trabajadores (Socialist Workers Party, SWP), emitió una convocatoria a una contra-manifestación. El SWP era un grupo débil, con no más de unos pocos miles de miembros pero, como explicó Max Shachtman, el organizador de la acción, explicó, sabía lo suficiente como para “hacer andar el pequeño engranaje que él representa dentro del gran engranaje que representan los obreros de Nueva York, poniendo así en movimiento a estos últimos” (8) El público se enteró de la manifestación del SWP cuando la ciudad anunció que la policía defendería a los nazis contra ataques, y la prensa anunció la posibilidad de violencia.
Había entonces dos diarios en yiddish que estaban identificados con el sionismo:
Der Tog, uno de cuyos editores, Abraham Coralnik, había sido uno de los principales
organizadores del boicot anti-nazi; y Der Zhournal, cuyo gerente, Jacob Fisherman, había sido uno de los fundadores de la Organización Sionista de América. Ambos diarios se opusieron a una protesta contra la presencia de los nazis. Der Tog suplicó a sus lectores: “Judíos de Nueva York, ¡no dejen que sus penas los guíen! Eviten el Madison Square Garden esta tarde. ¡No se acerquen al estadio! No den a los nazis la oportunidad de conseguir la publicidad que tanto desean.” (9) The Socialist Appeal, el periódico semanal del SWP, describió la plegaria del Zhournal combinando “el mismo lenguaje con un adicional toque nauseabundo de piedad rabínica”. (10) La respuesta de las organizaciones sionistas no fue mucho más militante. Durante los preparativos para el encuentro un grupo de jóvenes trotskistas fue al cuartel general del Hashomer
Hatzair en el Lower East Side, pero se les dijo: “Lo sentimos no podemos unirnos a
ustedes, nuestra política sionista es no tomar parte en la política fuera de Palestina.” (11) Entonces como ahora, el Hashomer reclamaba ser la izquierda del sionismo, pero sólo diez meses antes, la revista del Hashomer había defendido su rígida política de abstencionismo:
No podemos dividir nuestra posición de judíos de nuestra posición de socialistas; de hecho ponemos la estabilización y normalización de la primera condición como preferencia necesaria para nuestro trabajo por la segunda condición... así, no tomamos parte en las actividades socialistas en las que sólo podemos participar como elemento burgués, no-básico, inestable, no embebido en el verdadero proletariado y hablando “desde abajo”... Esto no convoca a la emisión de eslóganes, al programa de construcción de castillos de la organización “radical” usual... Somos, y debemos ser, esencialmente no-políticos. (12)
eran judíos, pero de ninguna manera todos ellos. Un contingente de la Asociación Universal para el Mejoramiento Negro, los seguidores nacionalistas de Marcus Garvey, llegó desde Harlem. Aunque la CPUSA rehusó su apoyo a la manifestación por su odio al trotskismo y su apoyo al alcalde demócrata, Fiorello La Guardia, cuyo policía estaba protegiendo al Bund, gran parte de sus multinacionales afiliados concurrieron. El área fue escena de una furiosa batalla de cinco horas en tanto la policía montada, parte de un contingente de 1.780 policías armados, cargó repetidamente contra los anti-nazis. Aunque los anti-nazis no fueron capaces de romper las líneas policiales, la victoria fue suya. Los 20.000 nazis y seguidores de Coughlan en el Garden habrían sido apaleados, si la policía no hubiera estado presente.
El SWP continuó inmediatamente su éxito en Nueva York convocando a otra manifestación en Los Ángeles, para el 23 de febrero, fuera de una reunión del Bund en la Deutsche Haus. Mas de 5.000 personas atraparon a los fascistas en su local hasta que llegó la policía en su rescate. La ofensiva del Bund pronto llegó a un fin, humillados por todo esto, tuvieron que cancelar sus reuniones programadas en San Francisco y Filadelfia.
El hecho de que, tan tardíamente como en febrero de 1939, el SWP estuviera solo en la convocatoria a una manifestación contra un acto provocador en la ciudad de Nueva York testifica de una realidad durante la época nazi: los sionistas individualmente ciertamente tomaron parte en la batalla del Garden, pero la dirigencia completa de las organizaciones judías –políticas o religiosas –nunca estuvo preparada para combatir a sus enemigos.
Notas
1. Gisela Lebzelter, Political Anti-Semitism in England, 1918-1939, p.142.
2. Raphael Powell, Should Jews join Anti-Fascist Societies?, Young Zionist (London, August 1934), p.6.
3. Should Jews join Anti-Fascist Societies?, Young Zionist (London, September 1934), pp.12, 19.
4. William Zukerman, Blackshirts in London, Jewish Frontier (November 1936), p.41.
5. Ibid., pp.42-3.
6. Lebzelter, Political Anti-Semitism in England, p.140.
7. Review of the Year 5699 - United States, American Jewish Year Book, 1939- 40, p.215.
8. Max Shachtman, In This Corner, Socialist Appeal (28 February 1939), p.4. 9. The Craven Jewish Press, Socialist Appeal (24 February 1939), p.4.
11. An End to Zionist Illusions!, Socialist Appeal (7 March 1939), p.4.
12. Naomi Bernstein, We and the American Student Union, Hashomer Hatzair (April 1938), p.16.