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LA AUTENTICIDAD DEL PROBLEMA Y LA CONSTITUCION DEL YO

La autenticidad del problema abre, pues, al analisis existencial la via hacia una consideracion positiva de la existencia humana como tal. Relacion, indetermina· cion, problematicidad, constituyen la existencia en su positividad fundamental. Esta positividad expresa la ca· pacidad que tiene la existencia de consistir en si misma y de decidirse y definirse por si. Tal capacidad se reve· la, en primer lugar, en la constitucion del yo como ter· mino final de la relacion del hombre consigo mismo. El planteamiento del problema de la existencia en el plano de la autenticidad conduce, en el acto, a plan. tear en el mismo plano el problema del yo. EI que

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existencia se constituya Intimamente como relacion problematica, implica inmediatamente que el homhre mismo se constituya interiormente como problema de la pro pia finitud, como problema del yo. La constj· tticion del yo no precede a la relacion problematic a, ni la determina, sino que se veri fica justo en tal reo lacion. El yo se constituye en el acto en que reconoce como autentico y afronta el problema existencial. Este acto es unponerse el yo frente a SI mismo, es un reconocerse en la pro}!ia problematicidad. A traves

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de tal reconocimiento 8e da el yo cuenta de que no es18 dado para si mismo, de que no goza de la placida y exclusiva posesion de sl. EI yo debe reconocene e individualizarse en la dispersion y la multiplicidad aparentemente irreductible de sus actitudes, y debe reducir esta dispersion a la unidad para ser un yo. EI yo solo es tal en el acto en que reduce sus actitudes a la unidad, y se retrae de la dispersion para concen· trarse en su verdadera finitud. El yo es, pues, el ter- mino final de la relacion en que vive y se concreta el problema existenciaI. Cuando el hombre reconoce que su modo de ser, esto es, su existencia, es funda· mentalmente problematicidad, y cuando c~mprende que solo como problematicidad puede realizarse au· tenticamente, solo entonces reduce a la unidad de su naturaleza la multiplicidad de susactitudes dispersas, y se realiza como un yo. Mientras, por el contrario, no se reconoce ni afronta la problematicidad de Ia existencia, permanece el hombre atado a sus actitudes multiples y abigarradas, cada una de las cuales se Ie presenta ilusoriamente como estable y definitiva. En tal caso, se reconoce el yo en todas ycada una de sus actitudes, en todas y cada una de las situaciones a que estii ligado. Cada una de sus encamaciones se Ie presenta como verdadera y definitiva. Cada una de sus situacionesse Ie presenta como legitima y forzos!l. EI yo se encuentra Ianzado, ora en una direccion, ora en otra, y no llega a centrarse ni a consolidarse en sl mismo. EI reconocimiento de su problematici· dad fundamental, revelandole el fondo y la condicion de su ser, Ie da la norma de su constitucion. EI yo vueive a SI mismo desde la dispersion. Comprende que sU si mismo esta mas alia de Ia dispersion y dell(> venir aun al ser. Sabe que es responsable ante

SI

de Ia pro pia unidad. Sabe que esta unidad tiene qu~ ser perseguida y reconquistada, y que aun cuando se la alcance y reconquiste, puede volver a dispersarse y

perderse. Por eso se identifica Ia autenticidad del

problema existencial con la busea y el encuentro, pl'r parte del yo, de su propia unidad, ,tel ser que Ie es propio.

7. LAUNlOAD DEL YO COMO FUNDAMENTO EXISTENCIAL DE LA RACIONALIDAD

Con el problema del yo, considerado y planteado en su autenticidad, esta en conexion el problema de la ra-

zon.

EI acto con que el yo se retrlJe de la dispersion de sus actitudes incoherentes a la unidad. sustancial de su problematicidad, es el mismo acto con que se pone frente a esas actitudes como principio 0 activi·

dad judicativa, como inteligencia 0 razon. Realizan·

dose como problematicidad originaria, se realiza como

razon judicativa.

Habiendo encontrado la norma de su constitucion, hace de esta norma el

criterio de un

juicio activo

r

constructivo de si mismo

r

del mu~

do.

Este juicio activo y constructivo, esta inteligencia de si que realiza el hombre, e8ta reorganizacion que emprende de las actitudes y las situaciones a las que esm ligado, constituyen su racionalidad, su inteli- gencia.

Racionalidad e inteligencia no pueden, pues, ex- presar ni expresan cosa distinta del acto de la cons- titucion autentica del yo en su problematicidad sUs- tancial, acto que es principio y tundamento de valo- racion y de juicio.

En realidad, la racionalidad no constituye por si el modo de entender y penetrar la naturaleza del hombre y de su situacion en el mundo. Considerada por si misma, se presenta, 0 como una organizacion

dialectica y objetiva, 0 como una subjetividad abso·

luta que seria el acto de esta organizacion. En uno y otro caso escapa el problema de la racionalidad al dominio de la racionalidad; y, sin embargo, este pro· blema es fundamental para la constitucion misma de la racionalidad, la cual no es activa y constructiva

sino porque se constituye problemat~can;t?nte, cmer- giendo de la dispersion y la dcsorgalllzaclUn del yo y del mundo. Si el yo y el mundo f ues~n por su natura· leza racionalidad, esta seria la ley. mmane.nte de la constitucion de ambos. Lo que qUlCre decu qu~ su constitucion se verificaria en virtud de una nec~sldad en la que el yo y su situacion en el mundo solo se encontraria como momentos, y sobre la cua~ no .ten. dria el yo mismo el menor poder. La raclOnahdad puesta como fundamento d~ si ~isma, esto es, de I~ inteligencia del yo y de su sltuaclOn en el mundo, q~I' taria de en medio la autenticidad del problema eXI~' tencial, porque privaria de sentido a la J?ro~l~matl. cidad de la existencia. La ley de la constltuclOn del hombre y del mundo estaria fijada .p.or anticip~d~. No Ie tocaria al hombre, no ya deCIdu, pero m Sl- quiera reconocer esta ley, que obrari~ in.f~liblemente en la interioridad misma de su constltuclOn. La au· tenticidad del problema de la existencia da cuenta, por el contrario y al mismo tiempo, del constituirse el yo y del constituirse la racionalidad. EI yo se rea- liza en el acto de reconocer la problematicidad origi- naria de su naturaleza, y en este mismo acto se erige en razon que juzga de si misma y del mundo. ~a unidad que sirve de fundamento a todo or-de~ raclO· naI, es la misma unidad del yo. P~ro esta umdad d~1 yo fundamento de toda racionahdad, no se constl' tu;e por la ley de la racionalidad, sino por el empeiio del yo que decide de 8i volviendo a conectarse con la problematicidad originaria de su naturaleza .. La ra· cionalidad es la revelacion de la alcanzada umdad del yo; mas la unidad del yo, condici?nando la racio.na. lidad, la trasciende y hunde sus ralces en la ~onstltu. cion existencial del yo. EI hombre no es razon: pue·

de ser razon. Esto es, puede retraerse a si mismo. a la unidad y juzgar, segun esta unidad, de las proplas actitudes y del mundo. Si el hombre fuese pol" ~u naturaIeza razon, y si fuese por su naturaleza razon

eI mundo, las actitudes del yo y los acontecimientos del Mundo estarian en to<1ocaso intrinsecamente de- terminados por la unidad; y tal unidad en llingun caso pod!"ia p~rde~ o. dispers~rse. No hahria pro- h!e~a .de la e.xIstencla. No habna ni problematicidad, m flDltud, m temporalidad. No habria hombre.

de la racionalidad no puede entender al hombr;. Pe.ro <plienparte de la consideracion del problema eXlstenclal y comprende en su autenticidad tal problema, encuen- tra abiertas delante de si las vias para entender todas las manifestaciones concretas de la racionalidad y el principio mismo de elIas. EI reconocimiento del pro- blema existencial permite la conservacion integra de los resultados conseguidos a

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largo de los siglos por la especuMcion filQaOfica que ha avan~ado pOTla. yia de la razon. Mas tales resultados se ennquecen y Slste- matizan cuando se fundan en una verdadera inteligen- cia del hombre.

8. LA

INTELIGENCIA DE LA RACIONALIDAD COMO