1. Teoría de los géneros “anti-‐literarios”: influencia de la ficción en las escrituras del
1.5. Autobiografía y sus problemas de género 23
Como expuse anteriormente, el género literario de la autobiografía se clasifica bajo las así llamadas “escrituras del yo” junto con el testimonio, las memorias, los diarios, las crónicas, la picaresca y el costumbrismo. No obstante, el “yo” no puede ser el elemento exclusivo para definir una autobiografía ya que puede ser usado en una novela de ficción cuyo punto de vista es la primera persona singular. Por esto resulta relevante empezar la discusión sobre la
autobiografía con los rasgos que la distinguen de las otras escrituras tanto personales como ficticias.
Philipe Lejeune en su libro Le pacte autobiographique define la autobiografía como “le récit rétrospectif que quelqu’un fait de la propre existence, quand il met l’accent principal sur sa vie individuelle, en particulier sur l’histoire de sa personnalité” (14). De esta manera, Lejeune establece que tiene que ser una escritura en prosa y la perspectiva es retrospectiva sobre la vida de la persona que cuenta su vida y su personalidad. Para entender la escritura autobiográfica, Lejeune desarrolla su teoría del pacto autobiográfico que aboga por establecer una confianza entre el lector y el autor, esto es: “l’identité de l’élément auteur/ narrateur /personnage et l’assomption du caractère vérifiable su sujet traité par le texte” (25).
Al contrario de Lejeune que declara que la autobiografía existe solamente en forma de prosa, Paul de Man muestra que la autobiografía no se puede definir como género sino que puede ser escrita en versos de manera que enfatiza en “Autobiography as De-Facement” que
occurs to some degree, in all texts” (70). El mismo teórico apunta la variedad temática8 de este modo de escritura y concluye que el interés por las autobiografías aparece debido a la
imposibilidad de cierre del texto.
Igualmente, Gérard Genette en sus estudios Figures III y Nouveau discourse du récit estableció dos atributos claves de la narratología que se pueden aplicar a la narración dentro de la autobiografía: la amplitud y el alcance. La amplitud se define como la dimensión temporal de la historia personal recuperada mientras que el alcance es la distancia entre el tiempo de la vida y el momento de la escritura.
Al tomar en cuenta los atributos autobiográficos establecidos por Lejeune, Darío Villanueva en “Para una paradigma de la autobiografía” afirma las diferencias entre la autobiografía y las demás escrituras del yo:
Las memorias trascienden la esfera individual. La biografía escinde el papel de narrador y personaje. La novela personal – o lírica, diríamos nosotros-incumple la exigencia de la personalidad real del personaje que es a la vez sujeto en la enunciación. Al poema autobiográfico le pierde el uso del verso, así como el desarrollo coherente y con amplio aliento de su sustancia de contenido. Al diario íntimo, la dimensión temporal retrospectiva, lo mismo que al autorretrato, cuya forma discursiva es, por otra parte, más ensayística que narrativa. (205, énfasis del autor)
Y establece que la autobiografía es “una narración autodiegética construida en su dimensión temporal sobre una de las modalidades de la anacronía, la analepsis o retrospección. La función narradora recae sobre el propio protagonista de la diégesis, que relata su existencia
reconstruyéndola desde el presente de la enunciación hacia el pasado vivido” (207). Además, el crítico Fernando Alegría se enfoca en las diferencias entre las memorias y la autobiografía en términos del recordar y explica en su artículo “Memoria creadora y autobiografía en
Latinoamérica: Darío y Neruda” que: “los memorialistas, quienes, generalmente, recuerdan lo que les conviene, mientras el autobiógrafo se preocupa esencialmente de aquello que lo fue marcando a través del tiempo” (11).
Todorov en su libro Genres in Discourse también estudia la autobiografía y la distingue de los demás géneros al establecer dos componentes: “the author’s identification with the
narrator, and the narrator’s identification with the chief protagonist” (25). De esta manera, por la primera identificación, Todorov separa la novela de las escrituras del yo, no obstante, afirma “a given novel may be full of elements drawn from the author’s life” (25). Al contrario, Carlos Piña en “Tiempo y memoria. Sobre los artificios del relato autobiográfico” expone que el relato autobiográfico no es una narración fiel a la vida del autor sino que “es la vida narrada por un hablante para cuyo efecto el sujeto se desdobla y produce un narrador. En otras palabras, el hablante, al narrar su vida, se refiere a otro, deferente de sí mismo que enuncia” (76), de manera que Piña alude a la semejanza entre la novela y la autobiografía. Además, este crítico enfatiza el rol de la memoria en la escritura de la autobiografía y como vimos antes la mayoría de los
teóricos9 de la memoria coinciden en que ésta no es exacta e implica muchos otros procesos entre
los cuales están seleccionar, olvidar y combinar los recuerdos. De esta manera, el mismo Piña alega que “el significado está presente en la vivencia que recuerdo y en cómo ella es recordada. Por lo tanto no todas las vivencias son significativas, así como no todas las vivencias forman parte de un relato autobiográfico” (79).
9 Ilan Stavans en “Memory and Literature” afirma que “imagination and memory are mental faculties which are
closely linked: to remember is to create. Remembering is not a return to the past but the adaptation of a past event to the circumstances of the present, it is a recognition and the giving of new meaning to what was lost” (84).
No obstante, es importante enfatizar que la autobiografía se define en comparación con los demás géneros literarios, sea por rasgos comunes o diferentes. Por ejemplo, Northrop Frye
clasifica la autobiografía como subgénero de la novela10 mientras George May afirma que es una
actitud literaria (320). Igualmente hay otros teóricos que no están satisfechos con el término autobiografía e intentan especificarla al nombrarla de diferentes maneras, no obstante, el prefijo “auto” es una constante de los nuevos nombres. Por ejemplo, en 1980, Michel Beaujour muestra que el género autobiográfico evolucionó y después discutir los términos “autographie”,
“autoscription” y “autoapécularisation”, decide que el mejor término para definir la “autobiografía” es el “autorretrato”. De esta manera, define “l'autoportrait est toujours, d'embel1é, discours et métadiscours” (339), una forma “qui, depuis nos origines, sépare les positions rhétoriques, issues de la sophistique, des positions d'une métaphysique de l'authenticité qui oppose obstinément la réalité a l'apparence” (344). Igualmente, más tarde, James Olney en “Autobiography: an Anatomy and a Taxonomy” fracciona la autobiografía en “autosociography, autoautography, auto- psychography, autophylography, autoobituography, and auto-
soteriography” (68) para demostrar que la autobiografía es un género híbrido que se compone de elementos literarios y extraliterarios.
La crítica costarricense Karen Poe Lang en su artículo titulado “Escrituras
autobiográficas: ¿Confesión o autoficción?” establece que la ficción es parte de las narrativas del yo y que la autobiografía se acerca al concepto de confesión. Poe Lang afirma que la confesión que Foucault definió como dispositivo de censura social de la sexualidad que obliga a decir la verdad está representada en la autobiografía: “parece ofrecer la posibilidad de devenir otro, de convertirse en un personaje de ficción que podría atenuar el sentimiento de fracaso ante lo
10 “Autobiography is another form which merges with the novel by a series of insensible gradations. Most
irrealizado, lo que no pudo ser, en la vida del escritor” (2). Esta autora coincide con otros teóricos al considerar Las confesiones de San Agustín la primera muestra de las escrituras en primera persona en la historia de la literatura. No obstante, con la ayuda de Hubier, Poe Lang establece que en el siglo XVIII surgen muchas novelas en primera persona que se enfocan en el aprendizaje del narrador; pero durante el Romanticismo las escrituras del yo son consideradas literatura sin autoridad ya que los que hablaban en estas obras eran “neuróticos, obsesivos o mujeres” (Catelli, 9). Hubier considera como primera autobiografía moderna Las confesiones de J.J. Rousseau y, de esta manera, el crítico francés establece como afirma Poe Lang “la
importancia de la infancia para comprender la vida adulta” (4). Hubier también apunta que las autobiografías llegaron a ser consumidas con mucho interés en Gran Bretaña en el año 1800 y esto pasa debido a la curiosidad del público en cuanto a las vidas de las personas famosas. Poe Lang afirma que “[l]as escrituras íntimas o personales, al inventar nuevas matrices diegéticas, han permitido la renovación de otros géneros y la novela en particular les debe bastante” (5). De esta manera llega a exponer el término de autoficción que fue introducido por Serge Doubrovsky en 1977 en la cubierta de su libro Fils. En cuanto a esta nueva designación, Vincent Colona teoriza que este nuevo concepto vino a sustituir la novela autobiográfica porque al mismo tiempo muestra una realidad de sí pero también una invención de sí. Jean Molino sigue el tren de
pensamiento de Colona y Doibrovsky y afirma rotundamente en su artículo “Interpretar la autobiografía” que “no hay actualmente género autobiográfico” (135) porque “la creación literaria juega a borrar las fronteras haciendo estallar los géneros” (135).