2. La revolución literaria de Claribel Alegría: varias maneras ficticias de contar la
2.1. Elementos testimoniales en la escritura de Alegría 60
Lo testimonial adquiere diferentes formas en las manos de Claribel Alegría. Su primera novela, Cenizas de Izalco (1966) escrita en colaboración con su esposo D.J. Flakoll, contiene una variedad de discursos: la narración de la protagonista Carmen, el diario y la epístola de Frank por los cuales se retrata tanto la masacre de los campesinos de 1932 de El Salvador, así como la situación del país en los años sesenta y la opresión de la mujer salvadoreña. Además de esta confluencia de géneros, esta novela contiene elementos autobiográficos y testimoniales que
discutiremos más adelante en este capítulo. El libro híbrido18 Luisa en el país de la realidad (1987) contiene tanto elementos autobiográficos como testimoniales de la mujer salvadoreña durante las luchas armadas de los 70 y los 80, mientras que su texto también escrito a cuatro manos No me agarran viva: la mujer salvadoreña en la lucha (1983) se acerca más a un testimonio a la manera tradicional aunque también incluye elementos novelescos. Por “testimonio a la manera tradicional” me refiero a lo que Miguel Barnet definió inicialmente
como “novela-testimonio”.En este capítulo, a través del estudio de distintas manifestaciones del
testimonio en los tres libros mencionados, demostraré cómo algunos elementos testimoniales brotan en otros géneros y se mezclan con elementos ficticios para contar la historia (la misma historia) de otra manera. Para ello, me referiré tanto a las características formales como a las temáticas que acercan estos tres textos al testimonio a la manera tradicional, reconociendo de partida que estos libros no son testimonios propiamente dichos. De hecho, el estudio del
testimonio en estas obras adquiere relevancia por la naturaleza ambigua de los textos los cuales no aceptan un género literario fijo y tradicional.
Miguel Barnet, primer teórico del testimonio, estableció las bases de la teoría testimonial en su artículo “La novela testimonio: socio literatura” (1969). En este artículo clave Barnet elabora una definición a partir de criterios temáticos, pragmáticos y formales. Desde el punto de vista temático identifica la lucha contra los regímenes opresores. Igualmente importante es el criterio pragmático que anima la producción de la novela testimonial: la meta debe ser la de reproducir o recrear “aquellos hechos sociales que marcaran verdaderos hitos en la cultura de un país” (287). Los rasgos formales que menciona incluyen la narración por un sujeto real (no ficticio), testigo de y participante en los hechos narrados, y la labor de una tercera persona, el
editor, cuyo rol es seleccionar a un testigo apropiado, guiar su testimonio, adaptar su lenguaje, sin restarle autenticidad, organizar y publicar el material. Es importante mencionar que Miguel Barnet nunca se refiere al testimonio como género literario sino a la novela-testimonio.
Claribel Alegría reta los conceptos de géneros literarios fijos en los tres libros bajo discusión y hace uso de varios elementos de distintos géneros, como veremos más adelante. A continuación, analizaré los tres libros tomando en cuenta los criterios establecidos por Barnet y me enfocaré en los conceptos de veracidad y memoria que surgieron en la discusión testimonial de otros teóricos entre los que se hallan Randall, Prada Oropeza y Beverley. Para comprender la importancia de la veracidad en el testimonio es necesario adentrarse en el plano de la memoria. Al referirse a la disputa sobre la veracidad entre Stoll y Rigoberta Menchú, Beverley deja claro en su artículo “The Real Thing” que la memoria no es una ciencia exacta, sino que está sujeta a una caducidad desconocida, y que el testimonio la tiene como ingrediente principal:
“[t]estimonio is both an art and a strategy of subaltern memory” (277). De esta manera, el mismo Beverley ve en el testimonio una relación de co-dependencia. El editor da voz a los que no la tienen y se identifica con los que hablan, pero no pierde su identidad de intelectual (31). Se evidencia así el criterio pragmático de esta escritura, cuyos objetivos son la solidaridad y llamar la atención sobre ciertos problemas de la sociedad en cuestión. El testimonio logra involucrar a los lectores al acudir a su sentido de justicia. Asimismo, este teórico se refiere al efecto de lo real. Beverley afirma que el testimonio no reproduce miméticamente la realidad, pero hace que el lector la experimente de manera diferente a los efectos de realidad producidos por los
documentales o la literatura realista. Por tanto, concuerda con lo que Jara apuntó en cuanto a este aspecto del testimonio, que revela “traces of the real” (2) de la historia que es inexpresable. Incluso si reconoce que existe un juego entre lo real y la fantasía en el testimonio (aquí da razón
a Sklodowska), no obstante, Beverley no quiere aceptar que el testimonio sea simplemente otra forma literaria de ficción, sino que es una forma literaria que cuestiona la institución de la literatura (35). Este crítico teoriza sobre lo que hace Alegría en la práctica ya que sus libros cuestionan los géneros tradicionales, como podemos ver con Luisa en el país que emplea una multitud de elementos literarios diferentes para alejarse de lo tradicional. Lo mismo hace con No me agarran viva en el cual tiene que imaginar el evento de la emboscada y de la muerte de Eugenia, subrayando que la verdad no es absoluta como sostenía el testimonio a la manera tradicional, sino que hay eventos que nunca se podrán reconstruir. Nadie sabe cómo murió Eugenia, pero esto no impide a Alegría y a su esposo imaginárselo. Asimismo, en su primera novela Cenizas de Izalco emplea una variedad de elementos pertenecientes a la escritura del yo (autobiografía, testimonio, epístola y diario) y el personaje Isabel de Rojas muestra que sólo podemos conocer una parte de la verdad ya que su hija, Carmen, se entera de la vida de su madre por el diario que escribe Frank, el amante de su madre.
El criterio temático que Barnet instaura en su definición sobre lo testimonial es la
urgencia de la situación, la lucha en contra de los regímenes opresores. Los tres libros hablan de la lucha del pueblo salvadoreño en contra de su gobierno autoritativo y fueron publicados
durante la lucha armada salvadoreña que se desarrolló entre los años 7019 y 80. Además de
referirse a la lucha armada, las tres obras son feministas y se enfocan en la lucha de las mujeres contra el machismo. Es importante apuntar que el criterio pragmático (animar la producción de testimonios) está presente intrínsecamente dentro de los tres libros. En Luisa en el país de la realidad, vemos cómo Luisa escribe otra obra ya que una gitana le dicta sus poemas haciendo
19 Alegría escribió Cenizas de Izalco en 1966 impulsada por la victoria de la revolución cubana. En una entrevista de
1996 esta escritora afirma: “Estábamos en París, y a mí los acontecimientos de Cuba me abrieron puertas en la conciencia… Entonces se me aflojaron los recuerdos de mi infancia. Y comencé a hablar casi de manera obsesiva de mis recuerdos del 32” (91).
referencia a los estratos marginalizados e iletrados de la sociedad. De otra manera, en No me agarran viva, los dos editores dejan que otras dos mujeres (Marina González y Mélida Anaya Montes) expongan su testimonio junto con el de Eugenia, la protagonista, de modo que el libro se convierte en un testimonio colectivo. Igualmente, en Cenizas de Izalco los dos autores
también presentan una multiplicidad de voces que se añaden a las dos principales: la femenina, la de la protagonista Carmen que es la narradora de la novela y la masculina, Frank, el amante de la madre de Carmen cuya voz se deja escuchar en su diario y en su carta.
Los últimos dos rasgos formales del testimonio están interconectados: la existencia de un sujeto real que vivió la historia que cuenta y el editor que se encarga de todo el proceso de escritura del testimonio.
El sujeto real en Luisa en el país de la realidad es la autora misma que aparece bajo el nombre de Luisa. Sabemos que se trata de ella por una referencia clara que hace en la mitad del libro en la parte titulada “El ombligo de Jane” en la cual Luisa viene a enterrar el ombligo de su nieta Jane en la tierra de El Salvador, y aparece con su esposo Bud, quien claramente es el compañero de vida de Alegría con quien escribió muchas de sus obras. No obstante, en este libro que mezcla narrativa con poesía, la persona real queda escondida bajo un nombre inventado. Por otra parte, en el libro No me agarran viva se cuenta la historia de una mujer real, Ana María Castillo Rivas, bajo el pseudónimo (o nombre revolucionario) de Eugenia. Miguel Barnet expone la importancia de seleccionar bien el testigo y la necesidad de la historia contada por él mismo. En esta obra, la testigo está muerta y su historia la cuentan otras personas (su esposo, sus hermanas, su comandante, sus amigas e incluso mujeres que nunca la conocieron sino que escucharon de su caso excepcional): “Nuestra organización la considera como una de las pioneras revolucionarias, como una compañera que contribuyó en gran medida a encontrar las
formas y las fórmulas de cómo orientar la lucha revolucionaria de masas” (46). Encontramos la voz de Eugenia solamente al final en las cartas que escribe a su esposo: “[e]s 26, me acuerdo mucho de ti, todo avanza en medio de dificultades y problemas. A nivel interno las decisiones orgánicas han ido lentas y cambian” (133). De otra manera, la novela Cenizas de Izalco cuenta la vida de la madre de Isabel quien, como la protagonista de No me agarran viva, está muerta y otras personas relatan sobre su vida: su hija Carmen y su amante Frank. Esta novela, así como los otros dos escritos, presenta rasgos autobiográficos ya que la narradora, Carmen, tiene mucho en común con Claribel Alegría – tiene padre nicaragüense y madre salvadoreña, se casa con un estadounidense, viaja y lee mucho, además habla francés gracias a su madre – todos estos, elementos autobiográficos de Alegría. Al referirse a los personajes de esta novela, Claribel Alegría afirma en la entrevista con Tony Velázquez que
[m]uchos están basados en la gente que yo conozco. Hay incluso muchas cosas del carácter de mi padre en el doctor Rojas, también hay mucho de mi madre en la señora. Claro, sí, mira, el gringo no fue inventado totalmente, pero desde luego toda la historia de amor es totalmente inventada… (ríe). (332)
y continúa “[y]o pienso que en todas las novelas, en todas las narraciones hay mucho de uno; hay muchas experiencias. Es la realidad y la fantasía” (332). George Yúdice observó en su artículo “Letras de emergencia: Claribel Alegría” una cercanía entre Cenizas de Izalco y No me agarran viva en cuanto a los elementos autobiográficos y apunta en cuanto a las protagonistas de los dos libros: “[a]mbas son de extracción burguesa; ambas provienen de familias nicaragüenses- salvadoreñas progresistas y antisomocistas; ambas buscan encontrarse en la historia de su pueblo” (956). Sin embargo esta afirmación se puede aplicar también al libro Luisa en el país ya que Luisa también exhibe los datos autobiográficos de Claribel Alegría.
En cuanto a los editores, Luisa en el país y Cenizas de Izalco carecen totalmente de la voz del editor, pero contienen la voz de un narrador: Luisa en el país presenta un narrador omnisciente mientras Cenizas de Izalco exhibe dos narradores en primera persona, Carmen: la hija de Dr. Rojas e Isabel; y Frank, el amante gringo de Isabel. En cuanto al tipo de texto Cenizas de Izalco es una novela con matices autobiográficos ya que la misma autora expuso que sus padres prestaron sus personalidades a los personajes, el Dr. Rojas e Isabel de Rojas. Incluso Luisa en el país se podría considerar novela con matices autobiográficos, pero el libro contiene treinta y cinco poemas que se intercalan entre las partes narrativas. Por lo tanto, es imposible clasificar el libro de Luisa en el país como novela, testimonio o colección de poemas, pero sí está claro que la autora emplea los atributos de estos tres géneros para transmitir la historia de Luisa a la par con la historia violenta de El Salvador. En mi opinión, Alegría usa elementos poéticos, novelísticos y testimoniales para ofrecer una perspectiva completa de la revolución salvadoreña ya que ningún género literario tiene los atributos para contar lo complejo y terrible de la lucha armada salvadoreña. Por otra parte, No me agarran viva tiene dos editores (Claribel y su esposo
Bud) quienes en el prólogo explican la elección del sujeto,20 no obstante el primer capítulo
empieza como una novela, de manera que se construye el ambiente de guerra presente en el país y vemos a Eugenia tirándose al suelo para chequear si las armas están cubiertas bien. Este primer capítulo parece ser parte de una novela de combate con un narrador omnisciente, lo que contrasta con el acercamiento científico que exponen los editores con la elección del sujeto. El libro, además, tiene carácter circular porque termina con el mismo evento: Alegría/Flakoll describen la muerte de Eugenia en el operativo que se cuenta al principio del libro. Aún más, el final también
explica el título del libro ya que el esposo de Eugenia, Javier enfatiza que ella siempre dijo que no quería que la agarraran viva para que no la torturaran y le sacaran información.
Las diferencias entre las tres obras vuelven a surgir cuando Claribel Alegría incluye el uso del prólogo en No me agarran viva para destacar la veracidad de la historia que va a contar. Sin embargo, en Luisa en el país y en Cenizas de Izalco no hay prólogo y no se habla de la veracidad de las historias que cuenta. Al contrario, Alegría hace referencia a la idea de falsedad en Luisa en el país en el capítulo “Los tíos mitómanos”: “[e]n la familia de Luisa abundaban los mitómanos, incluyéndola a ella por supuesto” (71) criticando, de este modo, la idea de una verdad absoluta en el testimonio tradicional. Igualmente, en la novela Cenizas de Izalco se enfatiza la idea de la falsedad de los datos con el personaje Frank, que miente sobre su oficio: “No, escritor – mentí para simplificar - , pero me interesa mucho la civilización maya y me gustaría explorar Centro América. Me servirá de fondo para una novela” (43). El texto de Luisa en el país comienza con la historia de un alemán, Wilf, el novio de una de sus tías. La historia de
Wilf es surrealista y aparentemente21 no tiene nada que ver con la historia de la gente de El
Salvador revolucionario. Para complicar más la comprensión de los relatos, Alegría decide truncar algunas historias. Por ejemplo, la historia de Wilf se cuenta en tres episodios esparcidos a lo largo del libro. Este truncamiento del texto nuevamente reta tanto la literatura testimonial como la realista puesto que Alegría juega con la memoria de sus personajes, ella continúa la historia de Wilf cuando los personajes lo recuerdan y la escribe en paralelo con la del país. El
texto termina con un poema titulado “Credo personal”22 que claramente habla de la situación de
El Salvador durante la revolución y presenta las creencias de la autora en cuanto a los eventos
21 Al decir la historia de Wilf, Alegría pone énfasis en los desaparecidos de la revolución salvadoreña. Cuando Wilf
desaparece, el padre de Luisa afirma “Debe haber sido alguien que estaba huyendo de las autoridades. Martínez ha dado orden de que se mate a cualquier sospechoso” (18)
22 Es importante mencionar que la edición en inglés termina con otro poema titulado “The Cartography of a
revolucionarios. Asimismo, en este poema Alegría expresa su esperanza por un Salvador mejor “no sé si creo / en el perdón/ de los escuadrones de la muerte / pero sí en la resurrección / de los oprimidos” (181). Vemos cómo Alegría hace uso de los poemas para decir su opinión
directamente y esta voz poética se multiplica en las voces de los demás personajes para brindar un texto especial que nos deja entrever no solamente un caso sino una multitud de casos que se posicionan para exponer sus historias y la historia de la lucha del pueblo salvadoreño en contra de la opresión y el machismo. Beverley en su libro The Margin at the Center: On Testimonio distingue como atributo esencial del testimonio la voz colectiva que se escucha en la voz individual del hablante, por esto, aconseja no prestar atención a la primera persona singular usada desde los títulos, sino escuchar las demás voces que se unen a la del o de la hablante. En palabras suyas, “testimonio constitutes an affirmation of the individual self in a collective mode” (29).